Jul 18 2023
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Política

Colombia, culto a la criminalidad

Varios sucesos, uno de vieja data y otras noticias recientes, nos permiten preguntarnos por nuestro ser cultural y con ello por las raíces que le dan espacio social a la criminalidad y a la ilegalidad en nuestro país, entre otros al narcotráfico, a la galopante corrupción, así como a la nefasta relación entre política, narcos, multinacionales y empresariado en general, todo lo cual aplasta mucho más la irrelevante democracia formal vigente en nuestro país.

Los sucesos van de lo cómico a lo trágico, aunque entre risas y llanto los poderosos de todos los matices que tensan las riendas del poder en Colombia, se blindan para prolongar el dominio real que ostentan hoy sobre los más de 50 millones que habitamos esta esquina de Suramérica, con puente sobre Centroamérica.

Lo cómico

Filtrado por Daniel Garc√≠a Arizabaleta, √ďscar Iv√°n Zuluaga, candidato presidencial por el Centro Democr√°tico en la campa√Īa del 2014, evidencia en sus propias palabras el nivel de ambici√≥n personal, descomposici√≥n √©tica, amoralidad, individualismo, capacidad teatral, que ostentan los pol√≠ticos profesionales, en especial de la derecha, como de una izquierda que de roja no tiene sino el tinte de las moras ‚Äďrecordar al difunto Samuel Moreno, a su hermano y otros tantos que de colectivo y servicio al pueblo no sab√≠an ni estaban interesados en saber nada, pero con lengua bien aceitada y cintura futbolera supieron endulzar o√≠dos y abrirse espacio como l√≠deres alternativos, un suceso vergonzoso que amerita un estudio riguroso sobre lo que debe ser la pol√≠tica de izquierda en los tiempos que cursan, en los que la supuesta defensa de lo p√ļblico parece rendirse ante el voto y el dinero.

El se√Īor Zuluaga, como antes otros de su estirpe ligados y financiados por narcos y el capital empresarial privado, defendi√≥ en diversidad de espacios p√ļblicos y privados su pulcritud ‚Äď‚Äúporque la mujer del C√©sar no solo debe ser honesta sino parecerlo‚ÄĚ.

Una pulcritud todavía más obligante para un militante del Centro Democrático, el altar de la santidad y el pacifismo en Colombia, así como paladines de la defensa de los derechos y de la vida en justicia de las mayorías nacionales.
Bien, como personaje debido a una colectiva donde lo particular es lo fundamental ‚Äďpara ser consecuentes con el neoliberalismo‚Äď sin acordarse de la defensa a la que oblig√≥ Ulises a sus marineros al paso frente a las sirenas, puso fino o√≠do a la oferta de millonario apoyo para su campa√Īa por parte de Odebrecht, empresa p√ļblica brasile√Īa que se abri√≥ espacio por diversidad de pa√≠ses aceitando con d√≥lares decenas de personajes de la vida p√ļblica. Y como todos lo hemos visto, los padres de la patria gringa que traen su rostro estampado en los billetes verdes le pican el ojo, de especial manera, a lo que hoy se conoce como CEO, son coquetos y conquistadores.

Rota su santa pulcritud al conocerse de viva voz que hab√≠a recibido cuantioso apoyo por debajo de la mesa, este personaje sali√≥ corriendo a notaria y traspas√≥ a su esposa parte de sus propiedades, y se deshizo por otras v√≠as de otras. R√≠ase, tres d√≠as antes de ser llamado a descargos, lo que m√°s le preocupa no es que lo encarcelen sino perder lo comprado con dineros que iban para la campa√Īa electoral pero que por arte del jueguito de la bolita ‚Äďaquella escondida entre tres tapas‚Äď termin√≥ en el bolsillo del vencido en justa electoral por Juan Manuel Santos, que todo parece indicar que no le hace justo honor a su apellido.

Y aunque la prueba reina de su violaci√≥n del c√≥digo penal descansa en su propia voz, una vez la fiscal√≠a lo inculpa el pulcro pe√≥n de Uribe y compa√Ī√≠a no se acoge a cargos, tampoco su gerente de campa√Īa, supuestamente ‚Äúgancho ciego‚ÄĚ en esta causa.

En un perverso juego de cu√°nto ofrezco ‚Äďa qui√©n delato o qu√© entrego‚Äď y cu√°nto me ofrece la Fiscal√≠a, este personaje calcula ahora entrar en un prolongado proceso judicial en medio del cual termine condenado a una pena no tan larga y posible de pagar ‚Äďcomo es debido para los honestos y brillantes l√≠deres y ricos de este pa√≠s‚Äď en casa, vigilado no por la guardia penitenciaria en cada uno de sus movimientos sino por su esposa y familia, sin riesgo de ser amenazado ante el m√°s peque√Īo desliz por quien porta el bast√≥n de mando ni obligado al sue√Īo tempranero en celda hacinada.

Es la recompensa ante la buena conducta de los pr√≥ceres de la patria. En justicia, ¬ŅDeber√≠a ser de otra manera?

Lo tr√°gico

Tras pagar 6 a√Īos y 8 meses de prisi√≥n por dejarse endulzar con los billetes del T√≠o Sam que Odebrecht le desliz√≥ en sus bolsillos (cohecho y tr√°fico de influencias), el ‚Äúl√≠der social‚ÄĚ, pol√≠tico y politiquero, conocido como ‚Äú√Ďo√Īo El√≠as‚ÄĚ, regres√≥ y fue recibido en Sahag√ļn (C√≥rdoba) como h√©roe. Con otros 8 a√Īos de encierro tambi√©n fue condenado por concierto para delinquir y lavado de dineros y ambas causas acumuladas. Favorecido, c√≥mo no, por buena conducta y colaboraci√≥n con la justicia. Seguro tambi√©n se favoreci√≥ por haber dictado clases diarias a sus compa√Īeros de presidio sobre c√≥mo enriquecerse sirviendo como pol√≠tico a los m√°s pobres. ¬°La justicia no desampara a quienes lideran este tipo de luchas!

El siete de julio no ser√° olvidado en esta regi√≥n del norte del pa√≠s, con seguridad ser√° tramitada iniciativa en el concejo municipal para que por ordenanza sea reservado como d√≠a de honor. Adelant√°ndose a ello, cientos de personas llenaron las calles para manifestarle su gratitud por haber engrandecido el nombre de su terru√Īo. As√≠, sus paisanos, tal vez movidos por los hilos secretos de la U, partido al cual pertenec√≠a, o por los poderes reales que controlan y amasan tierra, m√°s comercio y otros negocios por all√≠, vitorearon y celebraron que el hijo de esta ilustre comarca, que hab√≠a registrado en letras de molde y para la historia escolar de las nuevas generaciones y hecho realidad que ‚Äúel que menos corre vuela‚ÄĚ, regresara a la libertad, aunque por ahora condicional.

En todo caso, el encierro vivido no fue tan dr√°stico, no como el que padecen los de ruana, pues el personaje ‚Äď¬ŅC√≥mo podr√≠a ser de otra manera?‚Äď pag√≥ una parte de su condena en guarnici√≥n militar ‚Äďcon derecho, incluso, a participar de las jornadas matutinas de orden cerrado y gimnasia americana, y as√≠ guardar la forma‚Äď, y otra parte en prisi√≥n municipal, en la que, con seguridad, como amo y se√Īor en aquellas tierras no era vigilado por la guardia penitenciaria sino que √©l les pasaba revista y les indicaba qu√© traerle y c√≥mo custodiarlo.

¬°No hay derecho!

Con seguridad eso dijo El Osito, cuando fue conminado por autoridad municipal a que derrumbara la casa museo que había construido para guardar la insigne memoria de su hermano Pablo Escobar, prohombre que sembró de edificante ejemplo la memoria nacional.

El Osito, como buen negociante, aprovech√≥ el morbo que a√ļn despiertan las ‚Äúhaza√Īas‚ÄĚ de su hermano, no solo entre paisanos sino tambi√©n, y con especial curiosidad entre turistas extranjeros que desde hace a√Īos, y en creciente a√Īo tras a√Īo, llenan las calles de la capital paisa.

En el recorrido de la memoria de quien industrializ√≥ la coca e hizo del polvo blanco el basti√≥n para una colosal fortuna, ansiada por banqueros, industriales y comerciantes de todo tipo que le hicieron antesala y lo protegieron de diversas maneras, pod√≠an verse fotos del personaje ahora trasformado en protagonista de una pel√≠cula para ingenuos, que recog√≠an desde su ni√Īez y hasta su edad madura, incluyendo algunas de sus momentos iniciales como piloto fracasado en carreras de automovilismo. Pero tambi√©n, para alimentar m√°s el espect√°culo, ver partes de autos usados por el personaje y que hab√≠an sido impactadas por varios disparos, as√≠ como registros fotogr√°ficos de su estad√≠a en La Catedral, ‚Äúc√°rcel‚ÄĚ hecha a su medida, y de la cual sali√≥ cuando as√≠ lo vio necesario.

Como cualquier museo, todo bien ordenado, reposaban all√≠ todo tipo de amuletos como si fueran t√≥tems, para que al verlos el visitante dejar√° escapar un brillo en sus ojos y as√≠ comprara al final del recorrido suvenirs para llevar de regreso a su pa√≠s y mostrar con orgullo que hab√≠a estado en la casa del h√©roe paisa, que lleg√≥ a serlo de todo el pa√≠s, hasta que entr√≥ en desgracia con una oligarqu√≠a que te utiliza hasta cuando le eres √ļtil, y te suelta para que no te llegues a creer lo que no eres, para que no olvides que eres una ‚Äúcucaracha resucitada‚ÄĚ.

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