Dic 2 2020
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Econom铆aPol铆tica

Con pandemia y sin Maradona, el primer a帽o de Alberto Fern谩ndez

La despedida del querido futbolista coron贸 un a帽o signado por las oscilaciones del gobierno en la gesti贸n de la econom铆a y la pandemia. El oficialismo se ubica en el cuadrante m谩s conservador del progresismo frente a la derecha destituyente, en un marco de infrecuente desmovilizaci贸n. La nueva oleada de rebeliones en Am茅rica Latina impacta sobre el pa铆s facilitando el despegue de un proyecto popular.

El fallecimiento de Maradona a帽adi贸 otro pesar a un a帽o signado por la pandemia. Argentina qued贸 enlutada por la partida de un 铆dolo de multitudes. Con cualquiera de sus apodos -pelusa, cebollita, barrilete c贸smico, mano de Dios- el gran futbolista derram贸 felicidad en un pa铆s agobiado por el autoritarismo, la frustraci贸n y el empobrecimiento. No importa lo que hizo con su vida, sino c贸mo transform贸 la existencia de sus compatriotas.

Maradona fue un mito viviente que traspas贸 las fronteras. Era la principal figura identificada con Argentina en cualquier rinc贸n del planeta. Esa inconmensurable fama fue la pesadilla de su trayectoria, desgarrada por esc谩ndalos, fortunas, drogas y tomentosas familias.

El genio de la pelota trat贸 con presidentes, multimillonarios y capo-mafias sin abandonar nunca su origen de carencias. Siempre supo de d贸nde ven铆a. Fue un deportista comprometido con los oprimidos que reivindic贸 las causas populares desde su m谩gico v铆nculo con el bal贸n.

Diego se tatu贸 al Che Guevara para transmitir un mensaje de cr铆tica a las injusticias y desigualdades. Mantuvo una estrecha relaci贸n con Fidel y realiz贸 en Cuba un largo tratamiento de desintoxicaci贸n. Asumi贸 con fervor la identidad latinoamericana y exhibi贸 con orgullo sus v铆nculos con Ch谩vez y Evo. Tuvo un rol protag贸nico en la memorable cumbre de Mar del Plata que rechaz贸 el ALCA.

En el sofocante clima generado de la restauraci贸n conservadora denunci贸 el golpe en Bolivia y defendi贸 a Venezuela contra las conspiraciones del imperio. Siempre estuvo con Madres y Abuelas participando en las campa帽as de recuperaci贸n de los hijos de desaparecidos. En su 煤ltimo mensaje de apoyo al impuesto a las grandes fortunas descarg贸 furibundas cr铆ticas a Macri.

Los poderosos nunca le perdonaron esa rebeld铆a y arremetieron contra sus incontables contradicciones y flaquezas. No olvidaron sus denuncias del negocio del f煤tbol y sus cuestionamientos a la insensibilidad del Vaticano. En Argentina lo identificaron con todas las desgracias del pa铆s y esas tensiones afloraron en un ca贸tico velatorio, que no diluy贸 el 煤ltimo adi贸s a una figura tan querida.

Ambivalencias con la salud y la econom铆a

El final de Maradona coincidi贸 con el cierre del primer a帽o de Fern谩ndez, que asumi贸 el manejo de un pa铆s agobiado por d茅cadas de primarizaci贸n, endeudamiento y precarizaci贸n. Alberto afront贸 de entrada la dur铆sima carga legada por el vaciamiento financiero perpetrado por Macri. Imaginaba para esa adversidad un remedio similar al aplicado por el kirchnerismo durante la d茅cada pasada.

Concibi贸 introducir mejoras populares, sin cuestionar los privilegios de la minor铆a que lucra con la actual estructura regresiva y dependiente. Pero afront贸 la inesperada desgracia del coronavirus, en un marco de furibunda agresi贸n de la derecha. Todas sus respuestas a ese doble desaf铆o han estado signadas por el vaiv茅n y la indefinici贸n.

El gobierno intent贸 gestionar la pandemia con iniciativas progresistas. Propici贸 la protecci贸n sanitaria con la cuarentena y una acelerada inversi贸n en camas y hospitales, para evitar la saturaci贸n de las terapias intensivas. De esa forma logr贸 sortear el tremendo drama atravesado por Ecuador, Per煤 o Brasil. No hubo muertos en las calles, sepulturas colectivas, ni venta de ox铆geno a los desesperados. Esa activa intervenci贸n inicial aline贸 a todo el espectro pol铆tico con la emergencia, revitaliz贸 la auto-estima nacional y gener贸 mayor conciencia de los peligros de la infecci贸n.

Pero esos promisorios resultados duraron poco y el operativo sanitario qued贸 erosionado por la expansi贸n de la pandemia. El resguardo se diluy贸, la enfermedad se descontrol贸 y el n煤mero de v铆ctimas escal贸 en forma vertiginosa. Argentina ya se ubica entre los pa铆ses con m谩s contagios y promedios de fallecidos.

Nadie ha ofrecido hasta ahora una explicaci贸n satisfactoria de ese desenlace. En pa铆ses comparables -que generalizaron los testeos en forma m谩s amplia que Argentina- el porcentaje de decesos fue semejante. Lo 煤nico evidente ha sido la disoluci贸n de las normas de cuidado, bajo la incansable campa帽a de erosi贸n que motoriz贸 la derecha.

El discurso negacionista y los mensajes anticuarentena socavaron primero la contenci贸n de la pandemia en los grandes centros urbanos. Posteriormente facilitaron la propagaci贸n de la infecci贸n en el interior. El gobierno se manej贸 a tumbos y sin responder a ese sabotaje.

La segunda ola actualmente en curso en el hemisferio norte ha dejado sin argumentos a los derechistas. Las cuarentenas reaparecen en Europa y el desastre legado por Trump en Estados Unidos ilustra las consecuencias de obstruir las restricciones. En este marco la proximidad de la vacuna le permite al gobierno retomar la iniciativa. Pero ese impulso exigir谩 eficacia en el monumental operativo de inmunizar al grueso de la poblaci贸n.

El resultado de esa acci贸n incidir谩, a su vez, en el clima econ贸mico imperante. Tambi茅n en este campo el gobierno ha navegado entre dos aguas. Durante varios meses esper贸 retomar el crecimiento por el simple efecto de un arreglo de la deuda. Ese acuerdo fue alcanzado con los acreedores, pero no contuvo el desmoronamiento del nivel de actividad, ni suscit贸 la prometida 鈥渃onfianza鈥 de los mercados.

Como todos sus pares de la regi贸n Alberto intent贸 contrarrestar el Gran Confinamiento con la expansi贸n del gasto p煤blico. Mediante ese auxilio evit贸 una retracci贸n que habr铆a duplicado la ca铆da del PBI. La crisis igualmente potenci贸 el quebranto fiscal, el desplome de la recaudaci贸n y un desbarranque may煤sculo de la producci贸n.

La derecha aprovech贸 este colapso para doblarle el brazo al gobierno. Primero forz贸 la renuncia a la expropiaci贸n de Vicentin y asegur贸 la impunidad de los vaciadores, que ya desguazan la compa帽铆a para entregarla a un pulpo for谩neo. El mismo tipo de concesiones lograron los fondos de inversi贸n. Esperando alguna tregua de los financistas, Guzm谩n remat贸 las escasas divisas disponibles en pagos de la deuda p煤blica y privada.

Este adverso camino quedar铆a convalidado en la negociaci贸n con FMI, para posponer las erogaciones que legitiman el mayor fraude de la historia. La imaginaria benevolencia del Fondo no se verifica en esas tratativas. El Fondo exige recortes en el gasto social, que ya se verifican en la nueva f贸rmula de ajuste a la movilidad jubilatoria. Se elimina la incidencia de la inflaci贸n cuando el reconocimiento de esa variable permit铆a recuperar parte de lo perdido en los 煤ltimos tres a帽os.

Pero Fern谩ndez no acepta la megadevaluaci贸n que exige el establishment. Sabe que en un escenario social semejante al 2001 -con la mitad de poblaci贸n bordeando la pobreza- esa decisi贸n conducir铆a al precipicio. El gobierno resiste la presi贸n de los banqueros sin confrontar con el acoso cambiario que imponen al pa铆s.

Alberto busca tambi茅n contrapesos a ese ahogo con el impuesto a las grandes fortunas, que lleg贸 tarde y con alcances limitados pero con una n铆tida impronta progresista. Ese gravamen constituye un precedente de progresividad para futuros cambios en la recaudaci贸n y aporta recursos a varios proyectos populares.

El gobierno tolera la inflaci贸n y el deterioro del salario, pero ensaya atenuantes con bonos e incrementos en la tarjeta de los alimentos. Mientras recorta el IFE prorroga limitadamente los ATP. Descongela las tarifas con auxilios a los usuarios m谩s empobrecidos y permite la expansi贸n de los despidos que formalmente proh铆be.

En este mar de oscilaciones Fern谩ndez no implementa el ajuste, ni la redistribuci贸n. Pretende transitar por un camino intermedio pero potencia la agon铆a de la econom铆a. No satisface las necesidades populares y tampoco avala las exigencias de los poderosos. Por un lado soslaya medidas de disciplina cambiaria y freno a la carest铆a y por otra parte resiste el maximalismo de la derecha. Con emisi贸n, recortes de gasto y un nuevo endeudamiento va tirando a la espera del rebote econ贸mico del 2021.

Un perfil conservador dentro del progresismo

聽Tambi茅n la acci贸n pol铆tica del Albertismo est谩 regida por la oscilaci贸n. Durante gran parte del a帽o acept贸 la agenda de la derecha, con la esperanza de apaciguar a los odiadores seriales que dominan las pantallas de televisi贸n. Recurri贸 al discurso institucionalista y ofreci贸 la otra mejilla, esperando alguna respuesta 鈥渃ivilizada鈥 de sus oponentes. Pero esa conciliaci贸n envalenton贸 a la oposici贸n y desmoraliz贸 al oficialismo.

El desalojo de Guernica fue el punto culminante de ese sometimiento gubernamental a los poderosos. Los funcionarios cortaron las negociaciones para perpetrar el operativo de fuerza exigido por el establishment. Adoptaron esa decisi贸n de clase apaleando a los pobres y bendiciendo a los enriquecidos.

La incursi贸n se consum贸 con gases lacrim贸genos y destrucci贸n de modestas casillas. Se tumb贸 el refugio de quienes s贸lo demandan una tierra para vivir. El gobierno no adopt贸 la misma actitud con el apropiador ilegal extranjero John Lewis en el Lago Escondido. Limpi贸 con gendarmes un terreno de Guernica que ha sido sospechosamente adquirido por un ex funcionario de Videla.

Berni puso en pr谩ctica sus mensajes de brutalidad, desplegando el macartismo y una infame campa帽a de mentiras. Recibi贸 el expl铆cito aval de todos los medios, que suspendieron la grieta para difundir esas falsedades.

En vez de reconocer la desesperada b煤squeda de un techo, el gobierno criminaliz贸 la demanda social y culpabiliz贸 a las v铆ctimas por sus carencias. Esa violencia estatal ha generado serias dudas sobre el perfil del oficialismo, pero el operativo fue una acci贸n acotada que no inaugura un giro represivo o un curso de menemizaci贸n.

Lo sucedido en Guernica se inscribe m谩s bien en el tipo de atropellos que ya se registraron en forma puntual bajo el kirchnerismo. No modifican la naturaleza de un gobierno que en las 煤ltimas semanas ha propiciado iniciativas tan progresistas como el impuesto a las grandes fortunas, la ley de fuego y el tratamiento del aborto.

El impulso oficial de esa hist贸rica demanda del movimiento feminista puede desembocar en su aprobaci贸n. Por primera vez en mucho tiempo se han reunido las condiciones para conquistar esa ansiada meta. Para lograrlo habr谩 que recuperar la movilizaci贸n callejera.

Los vaivenes del gobierno han prevalecido tambi茅n en la pol铆tica exterior. La equidistante estrategia inicial de apuntalar el Grupo de Puebla fue seguida con cambiantes gui帽os hacia todos los p煤blicos. La principal ofrenda a la derecha fue la condena a Venezuela, aceptando un informe sesgado de Bachelet que desconoce la existencia de las mismas irregularidades en los pa铆ses que votaron la sanci贸n.

Alberto aval贸 los cuestionamientos al gobierno bolivariano para buscar un sost茅n del Departamento de Estado en las negociaciones con el FMI. Argentina pod铆a sumarse a la abstenci贸n de M茅xico, pero opt贸 por los consejos de Massa y la renuncia de Alicia Castro.

Fern谩ndez atemper贸 inmediatamente esa decisi贸n con el rechazo a desconocer las pr贸ximas elecciones de Venezuela. Posteriormente acentu贸 el alejamiento del Grupo de Lima, participando activamente en el regreso de Evo a Bolivia. Conviene recordar que en pleno golpe de estado, el presidente argentino le salv贸 la vida a su par del Altiplano, mediante un riesgoso operativo de auxilio internacional.

Frente a conductas tan cambiantes: 驴c贸mo deber铆a caracterizarse al gobierno actual? Es evidente que no comparte el signo derechista de su antecesor y que transita por sendero muy distante de la radicalidad de Evo o Ch谩vez. Es af铆n al rumbo que inauguraron N茅stor y Cristina, pero en un contexto econ贸mico-social muy diferente. Por el momento Alberto se ubica en el cuadrante m谩s moderado del progresismo.

Nadie sabe qu茅 tipo de peronismo prevalecer谩 con Fern谩ndez. El justicialismo incluy贸 hist贸ricamente variantes de nacionalismo con reformas sociales, virulencia derechista, virajes neoliberales y rumbos reformistas. Menem y Kirchner fueron los exponentes m谩s llamativos de ese pragmatismo, que a煤n no madur贸 una modalidad singular en Alberto.

El oficialismo contin煤a albergando a una coalici贸n de figuras derechistas y activos militantes de movimientos populares. Ese entramado ha coexistido bajo la ambivalente y pasiva conducci贸n presidencial. Pero ya se observan indicios de una estrategia m谩s activa que el simple aguante hasta las elecciones. El oficialismo se aleja de la resignaci贸n que sepult贸 a Dilma en Brasil y de la traici贸n que desbarranc贸 a Len铆n Moreno en Ecuador.

Destituyentes y desmovilizaci贸n popular

El rumbo del gobierno tiende a definirse por su conducta frente a las provocaciones de la derecha. Durante la mayor parte del a帽o la oposici贸n estuvo comandada por los sectores que propician acciones destituyentes. Con ese objetivo desestabilizador enervaron a su base social buscando instalar una agenda de caos.

La embestida fue incansable durante la pandemia. Los responsables de la degradaci贸n del Ministerio de Salud acusaron al gobierno de imprevisi贸n. Subrayaron ineficiencias sin ofrecer alternativas y omitieron la afinidad con el oficialismo en sus gestiones provinciales. Frente a la proximidad de la vacuna tantean nuevas opciones de des谩nimo (鈥渘ada funcionar谩鈥, 鈥渓a aplicaci贸n rusa es peligrosa鈥, 鈥渉ay corrupci贸n en las compras鈥), pero ya chocan con la generalizada esperanza de superar la infecci贸n.

La derecha no se limit贸 a denunciar la 芦infectadura禄. Convoc贸 marchas anti-todo para cuestionar la cuarentena, la falta de seguridad y la reforma judicial. Aglutin贸 una amplia variedad de energ煤menos e intent贸 deslegitimar el Parlamento, para judicializar su funcionamiento y poner en duda los comicios.

Trat贸 tambi茅n de voltear la reforma judicial para proteger los desfalcos de Macri y apuntalar un eventual poder sustituto del Ejecutivo. Foment贸, adem谩s, la rebeli贸n policial a trav茅s de la red de exonerados y retirados que administra los negocios de la Bonaerense.

Pero su carta predilecta ha sido la erosi贸n de la econom铆a. Incentiv贸 el terrorismo de mercado, el temblor del d贸lar y el p谩nico de los peque帽os ahorristas. Sugiri贸 incluso que el Banco Central se apropiar铆a de los dep贸sitos en divisas para resucitar la pesadilla del corralito entre la empobrecida clase media.

La derecha ha impuesto un clima de aturdimiento neoliberal cotidiano con las mentiras que difunden los principales medios de comunicaci贸n. Falsea una y otra vez el contenido del impuesto a las grandes fortunas, afirmando que penalizar谩 a la clase media cuando s贸lo afecta a menos de 10.000 personas. Tambi茅n despotrica contra un ajuste que atribuye al gobierno y que en los hechos siempre ha propiciado. Para socavar a su adversario se indigna con sus propias propuestas.

Pero los destituyentes afrontan serios l铆mites para lograr sus objetivos. La marginalidad pol铆tica del ej茅rcito les impide concebir el golpe militar que consumaron en Bolivia y el desprestigio del poder judicial anula el protagonismo que tuvieron los tribunales en Brasil. En el Congreso s贸lo pueden obstruir algunas leyes. Han logrado una in茅dita irrupci贸n en las calles, pero los banderazos sin norte se desgastan y ya son minoritarios.

El bloque reaccionario afronta, adem谩s, una seria crisis de liderazgo interno. El generalizado rechazo al par谩sito que ocup贸 la presidencia, qued贸 consolidado durante su paseo por Europa durante la pandemia. La disputa entre halcones (Macri, Bullrich) y palomas (Carrio, Larreta, Vidal) retrata los temores que suscita la pr贸xima ronda electoral. Esa falta de cohesi贸n incentiva el protagonismo de los delirantes que dividir谩n el voto opositor (Espert, Milei).

Los resquemores dentro de las propias filas derechistas aumentan tambi茅n con los insultos a los docentes. S贸lo a una tilinga el PRO puede presentar a los maestros como una subclase de pobres, viejos, zurdos y fracasados. Sin el sost茅n ideol贸gico de los grandes medios de comunicaci贸n, los desvar铆os elitistas de la derecha afrontar铆an repudios de mayor porte.

El lugar protag贸nico que ocup贸 todo el espectro de conservadores y reaccionarios se explica tambi茅n por la infrecuente desmovilizaci贸n popular que imper贸 durante el a帽o. La pandemia afect贸 a los sindicatos, en un marco de gran retracci贸n de las luchas y demandas de las organizaciones sociales.

La infecci贸n desarticul贸 el funcionamiento de esos movimientos, obstruy贸 la deliberaci贸n, impidi贸 las asambleas y acot贸 las manifestaciones. En este escenario la CGT y la UIA acordaron rebajas salariales del 25%.

Por primera vez en mucho tiempo tambi茅n el gobierno en funciones pudo desembarazarse de la presi贸n directa que impone la movilizaci贸n social. Si ese dato se revierte el panorama pol铆tico mutar谩 en forma s煤bita.

El viraje en Am茅rica Latina

El clima regional de restauraci贸n conservadora que rode贸 la asunci贸n de Fern谩ndez ha cambiado abruptamente en los 煤ltimos dos meses. Ese giro comenz贸 con el arrollador triunfo del MAS en Bolivia que super贸 la elecci贸n precedente de Evo. Los 20 puntos de diferencia confirmaron que el mismo triunfo se habr铆a verificado frente a una candidatura unificada de la derecha.

El golpe militar ha quedado revertido en forma fulminante y el retorno del gobierno derrocado se consum贸 en tiempo r茅cord.

La contundencia de la victoria electoral impidi贸 el fraude o desconocimiento de los comicios. Tampoco prosper贸 la amenaza de balcanizar el pa铆s con maniobras de los fascistas santacruce帽os. La dictadura qued贸 fagocitada por su desastrosa gesti贸n de la pandemia y por un festival de corrupci贸n que enfureci贸 a la clase media. El arrollador triunfo en las urnas fue a su vez el resultado directo de una gran batalla en las rutas. El ej茅rcito no se atrevi贸 a reprimir los masivos bloqueos que impusieron la realizaci贸n de los comicios.

Nuevamente qued贸 confirmada la enorme capacidad articuladora del MAS, que centraliza una coalici贸n de movimientos de lucha directa y acci贸n electoral. La derecha no pudo destruir ese archipi茅lago de organizaciones sociales, que mantuvo su presencia legislativa mayoritaria en medio del terror golpista. Una nueva generaci贸n de dirigentes accede ahora a la conducci贸n del gobierno, en el clima de euforia observado durante la masiva recepci贸n a Evo.

Los golpistas no s贸lo escapan en forma desbandada. El enjuiciamiento de los responsables de las masacres comienza a revertir el escenario de lawfare contra el progresismo. La verdadera justicia retorna a Latinoam茅rica.

聽El segundo epicentro de la transformaci贸n en curso se localiza en Chile. El resultado de la consulta sobre la Constituci贸n fue tan impactante como el festejo popular. Esa victoria es una consecuencia directa de las movilizaciones que persistieron en la adversidad de la pandemia. La infecci贸n no disuadi贸 la continuada presencia de los militantes en las calles y la consiguiente conquista de varios logros que anticiparon el 茅xito de la consulta (retiro del 10% de fondos de las AFP, prohibici贸n de la suspensi贸n de los servicios de luz).

Los j贸venes fueron los principales art铆fices de la victoria, en un plebiscito que alcanz贸 el 80- 90% de aprobaci贸n en las comunas populares. Ese triunfo ha costado decenas de muertos, centenares de mutilaciones y miles de atropellos cometidos por gendarmes, que dispararon a los ojos y lanzaron j贸venes al r铆o. Chile ha despertado definitivamente con manifestantes decididos a enterrar el legado del pinochetismo.

Ya empiezan a vislumbrarse los resultados de la larga lucha que iniciaron los ping眉inos (2006), continuaron los estudiantes (2011) y coron贸 toda la poblaci贸n en la insurrecci贸n social cotidiana del 煤ltimo a帽o.

Ahora se abre el camino para desmontar las trampas que obstruyen la instalaci贸n de la Constituyente soberana y democr谩tica, que sepultar谩 el r茅gimen neoliberal de desigualdad, educaci贸n privada y endeudamiento familiar.

La tercera pieza del nuevo panorama regional se sit煤a en Per煤. Un estallido espont谩neo y masivo de descontento impuso la fulminante renuncia del represor Merino. Tambi茅n all铆 los j贸venes convocados por las redes sociales fueron protagonistas de la sublevaci贸n contra el r茅gimen instaurado en 1992. Ese sistema asegur贸 la continuidad econ贸mica del neoliberalismo, mediante una expeditiva rotaci贸n de presidentes desplazados por el Parlamento.

Todas las falacias del crecimiento y la inversi贸n peruanos salieron a flote durante la pandemia. Se verific贸 la magnitud de la precariedad laboral, en el pa铆s que exhibe la mayor letalidad del planeta. La indignaci贸n popular estall贸 contra los fujimoristas, liberales y apristas que han disputado en forma despiadada la torta de los desfalcos. La descarnada codicia empuj贸 a cinco presidentes a la c谩rcel y a uno al suicidio.

Durante varios d铆as se vivi贸 en Per煤 un escenario parecido al 2001 de Argentina. La demolici贸n final de la presidencia fue precipitada por el asesinato de dos estudiantes. Pero al igual que en Chile la demanda de una Asamblea Constituyente empuja ahora al fin de un r茅gimen, que comenzar谩 a naufragar en las elecciones del pr贸ximo a帽o.

Las tres grandes irrupciones populares de la regi贸n han apuntalado tambi茅n las movilizaciones en Colombia, que retoma la interrumpida revuelta del 2019. Las protestas se extienden contra el terrorismo de estado de los grupos paramilitares que en el curso de este a帽o ultimaron a 225 militantes.

El polvor铆n latinoamericano tambi茅n impact贸 sobre Guatemala, que fue sacudida por multitudinarias protestas contra el recorte de las partidas sociales del presupuesto. En todos los rincones del hemisferio emerge la misma indignaci贸n callejera contenida durante la pandemia.

Este nuevo clima de la regi贸n tambi茅n se observ贸 en la derrota sufrida por el Bolsonarismo en las elecciones provinciales. La demagogia asistencialista del alocado mandatario no dio resultado y sus candidatos fueron aplastados, creando un nuevo marco para el desplazamiento del ex capit谩n. Ese viraje es apuntalado por la recuperaci贸n de la izquierda, bajo el nuevo liderazgo de j贸venes, movimientos sociales y partidos radicalizados (como el PSOL) que convergen con la continuada gravitaci贸n de Lula y el PT.

En este escenario las agresiones imperiales afrontan serios escollos. La derrota de Trump (y la consiguiente eyecci贸n de la ultraderecha) ponen en aprietos a muchos conspiradores. El escandaloso proceso electoral de Estados Unidos reduce los m谩rgenes del Departamento de Estado para impugnar los comicios en los pa铆ses hostilizados. A la OEA no le resultar谩 sencillo objetar esta vez las elecciones de Venezuela.

La actual secuela de alzamientos populares en Am茅rica Latina podr铆a marcar el reinicio de la oleada de rebeliones registrada a principio del milenio. La pandemia est谩 detonando ese mismo tipo de levantamientos. Bolivia repite su protagonismo, mientras que Chile o Per煤 comienzan a ocupar el lugar que hace dos d茅cadas tuvieron Ecuador, Argentina y Venezuela. Se aproxima un nuevo cap铆tulo del ciclo progresista.

Los efectos sobre Argentina

Las victorias populares en la regi贸n propinan un golpe demoledor a la restauraci贸n conservadora. Pi帽era gestiona en soledad, los funcionarios de 脕帽ez huyen para eludir los tribunales, Uribe pas贸 varias semanas en prisi贸n domiciliaria, Len铆n Moreno sobrevive en un tobog谩n descendente y Guaid贸 se ha quedado sin c贸mplices.

Este generalizado retroceso de los figurones de la reacci贸n socava dr谩sticamente los proyectos destituyentes en Argentina. Macri y Bullrich pierden aliados y comienzan a enfrentar un contexto adverso.

Pero el principal efecto de las rebeliones latinoamericanas se verifica en el movimiento social. Los 茅xitos obtenidos en pa铆ses tan pr贸ximos incentivan en Argentina la recuperaci贸n de la movilizaci贸n por abajo. Per煤, Bolivia y Chile han demostrado c贸mo obtener victorias en las calles.

Durante el 2020 ese 谩mbito de confrontaci贸n directa s贸lo estuvo ocupado en el pa铆s por los banderazos de la derecha y las respuestas del peronismo (17 de octubre, homenajes a N茅stor Kirchner). Se impone retomar ahora las movilizaciones por demandas sociales y democr谩ticas.

Argentina contin煤a careciendo de una referencia efectiva de la izquierda para apuntalar esos logros y avanzar en la construcci贸n del proyecto alternativo. Ese objetivo afronta actualmente dos obst谩culos sim茅tricos. Por un lado, existe una fuerte tendencia a la subordinaci贸n al gobierno con la consiguiente justificaci贸n de lo inadmisible.

Mantenerse en silencio frente al desalojo de Guernica o convalidar el recorte de las jubilaciones (con disparatados argumentos de irrelevancia de la inflaci贸n) constituyen ejemplos de esa actitud.

En el flanco opuesto se ubica la estrechez sectaria. Su manifestaci贸n m谩s reciente ha sido propiciar la abstenci贸n en el Parlamento frente al impuesto a las grandes fortunas a fin de 鈥渘o encubrir el ajuste鈥. Con ese criterio habr铆a que rehuir todos los logros democr谩ticos y mejoras sociales. Bajo la administraci贸n capitalista del estado esos avances son siempre insuficientes y es equivocado desconocerlos argumentando que 鈥渆ncubren鈥 la continuidad de la opresi贸n.

Conviene tambi茅n recordar que las propias conquistas obtenidas por la izquierda involucran la impl铆cita aceptaci贸n de otros males y ese dato no invalida lo conseguido. Estas disyuntivas reaparecen frente al inminente tratamiento del aborto. 驴Habr谩 que abstenerse y presentar un proyecto propio tambi茅n este caso para 鈥渘o enmascarar el ajuste鈥?

En el escenario actual resulta indispensable distinguir las vetas conservadoras de las iniciativas progresistas del gobierno. La construcci贸n pol铆tica de la izquierda s贸lo puede prosperar, combinando ese reconocimiento con el impulso de todas las iniciativas de movilizaci贸n.

Son tan valiosos los movimientos que no bajan sus banderas (asamblea de auto-convocatoria de la deuda externa), como las novedosas experiencias producci贸n agraria cooperativa que confrontan con los poderosos (proyecto Artigas de Entre R铆os). Con diversas acciones para apuntalar la redistribuci贸n del ingreso se ir谩 moldeando el proyecto popular que necesita el pa铆s.

* Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI.聽

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