Mar 15 2007
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Sociedad

Costa Rica. – DE LA DEMOCRACIA A LA CENSURA Y REPRESIÓN

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

I. Una exigencia ciudadana

En las últimas semanas, Diagnóstico, tuvo como panelistas a los más destacados representantes del empresario nacional, catedráticos universitarios, intelectuales y otras personalidades identificados con la noble causa de oposición total a la venta del país, de convertir a Costa Rica en una Banana Republic centroamericana más.

El gobierno de la república no soportó que en una televisora estatal como lo es Canal 13, pagada con los impuestos que pagamos los honestos, se discutiera la forma en que fue negociado el TLC con EEUU y menos aún reflexionar sobre el resultado de la grandiosa marcha Un día por la patria realizada el 26 de febrero del año en curso.

Un gobierno de un Premio Nobel de la Paz, que se ufana en criticar a otros país por decidir de la manera más democrática un camino diferente al marcado por el imperio del norte, fundamentado en el capitalismo salvaje del que nos habló el papa Juan Pablo II, no acepta que el ciudadano piense diferente, por eso ordena el cierre del programa televisivo Diagnóstico de Canal 13, el cual pertenece a todos los que pagamos cristianamente los impuestos en un país en donde, de acuerdo a Tributación Directa anualmente se cobran US$ 1.000 millones por esa causa. ¿Hace falta un TLC para atraer la inversión norteamericana que vende el país por unos dólares más?, No, un tratado que de «libre» es lo menos que tiene no nos hace falta.

Por este medio, en mi condición de ciudadano denuncio que el gobierno de la República de Costa Rica ha violentado el derecho a la libre expresión como derecho fundamental en una sociedad que al mundo le dice ser ejemplo de libertad y democracia; denuncio que el gobierno de la Republica de Costa Rica ha violentado el derecho de los ciudadanos al acceso a la información sobre temas de importancia nacional, máxime que la Televisora Estatal Canal 13 se paga con los impuestos de los honestos de este país; con el cierre del programa Diagnóstico, el gobierno de la Republica de Costa Rica ha violentado el derecho ciudadano a enterarnos de los pormenores en que se negoció un tratado de libre comercio que afecta el Estado Social de Derecho.

Con fundamento en lo anteriormente expuesto, invocando los principales instrumentos de Derechos humanos firmados por Costa Rica, así como la Carta Democrática y la Declaración de Chapultec, Proyecto Chapultepec, solicito una investigación sobre los hechos descritos y su intervención inmediata, asi como la reapertura inmediata del programa televisivo Diagnóistico, de la televisora Estatal Canal 13.

Ing. Carlos Manuel Vega Bolaños

II. La democracia oligárquica

Un acto de altísimo valor simbólico: Oscar Arias clausura, con la complaciente obediencia de Alicia Fournier, el programa Diagnóstico, que por tantos años Álvaro Montero dirigió desde la pantalla de Canal 13. He ahí sintetizado, en la plenitud de su decadencia, todo un concepto de democracia: el de las oligarquías criollas, más que simplemente el de Arias, ya que, a fin de cuentas, éste solo es vocero oficial de aquéllas.

Luis Paulino Vargas Solís

Y, en lo que a la prensa y los medios se refiere, esa democracia oligárquica impone el reino de la arbitrariedad a favor de los consorcios empresariales mediáticos, con lo que, de paso, privatiza lo que debería ser patrimonio colectivo e inalienable derecho individual: la libre expresión y circulación de las ideas. Acontece entonces lo que es usual cuando de una mercancía se trata: se ofrece en función de obtener ganancia y la adquiere quien tiene dinero para pagarla. O bien quien siendo «amable» con el dueño, se gana su favor y con este el regalito. Tal es la realidad actual de la prensa en Costa Rica, y la más reciente víctima de este proceso de privatización de la libertad de expresión ha sido Álvaro Montero.

Triste que doña Alicia Fournier permita que una cochinada tal ensucie su nombre.

Y si frente a la información-mercancía hemos logrado abrir espacios en la internet donde sobrevive la libertad de expresión, tengamos claro, y estemos vigilantes, porque, sin la menor duda, esa es la frontera siguiente hacia las que se enfilan los misiles del poder, en Costa Rica y en el mundo.

Y, por cierto, una buena andanada de granadas de fragmentación va contenida en el TLC y en los proyectos sobre propiedad intelectual que se discuten en la Asamblea Legislativa, donde tras el eufemismo leguleyo de «medidas tecnológicas efectivas para proteger derechos de autor y conexos», se esconden tecnologías diseñadas para restringir esa libre circulación de las ideas y el conocimiento que, todavía hoy, tiene lugar por vías electrónicas.

Esa misma idea de una democracia degradada, es la que subyace a las peroratas oligárquicas, cuando vociferan anatemas contra lo que llaman «la democracia callejera» y quieren hacer del parlamento y los poderes instituidos, fortalezas inaccesibles a la gente y reductos sagrados y monopólicos del poder. Quieren que sus decisiones sean inalcanzables, como si fuese un cónclave del Papa y sus cardenales. Y sus razones, supuesto que las hayan, tan ocultas como las del Kremlin en la plenitud del estalinismo.

Recordemos la frase publicitaria favorita del equipo de mercadeo de Arias en la pasada campaña electoral: tenemos más de mil personas pensando cómo resolver sus problemas. Cosa que traducida a lenguaje llano y directo significa: «ya que usted no es capaz de pensar ni de resolver sus problemas, yo (Arias-oligarquía) tengo más de mil cerebros pensando por usted como hacerlo».

Detrás de esto está la imagen de un pueblo costarricense infantilizado, carente de inteligencia para pensar, de sensatez para enfrentar y resolver los problemas de su vida y de madurez para tomar decisiones y hacerse responsable de las consecuencias resultantes.

Es la misma imagen de nuestro pueblo que subyace a la machacona afirmación de que en Costa Rica las decisiones las toman el presidente y la Asamblea Legislativa, porque «pa’ eso los eligieron». Que bien se ve que la receta se la acomodan a placer, porque, si no ¿cómo entender las atribuciones que son tomaron los no-electos negociadores del TLC?

El problema de fondo se sintetiza en la oposición polar que va emergiendo en Costa Rica, entre un concepto de democracia participativa con ejercicio pleno de la ciudadanía, y un concepto empobrecido de democracia representativa, cuya función es estrictamente ritual: legitima la dominación ejercida por elites oligárquicas que controlan, en tejido indiferenciado, el poder político, el poder económico y el mediático.

Observe usted cuánto les molesta las manifestaciones contra el TLC. Las peroratas higadosas de los dos Arias, el gesto furibundo del presidente de la Unión de Cámaras o los berrinches de Julio Rodríguez dan buen testimonio de ello. Y, al final, ¿qué les molesta más? ¿La expresión de oposición a ese lamentable Tratado o el hecho de que quienes la manifiestan son mujeres y hombres costarricenses que quieren tener voz y voto para decidir sobre el futuro de un país que es nuestro y al que amamos y, por ello mismo, no estamos dispuestos a dejar en manos de ningún tagarote angurriento?

Mucha de nuestra gente no opina sobre el TLC ni sobre ningún otro asunto importante. Tal es el sueño oligárquico: un pueblo infantilizado que, manso y sumiso, vote cada cuatro años por el candidato-mercancía que mejor se mercadee, y luego se dedique a lo suyo para dejar que los oligarcas hagan lo que les dé la gana.

La ciudadanía política y socialmente avanzada de Costa Rica, que no por casualidad es la misma que se opone al TLC, no se conforma con ese papel miserable. Queremos ser partícipes activos y actores relevantes en la construcción de este país y no estamos dispuestos a aceptar menos que eso.

III Carta a Alicia Fournier Vargas

La presidenta ejecutiva del Sistema Nacional de Radio y Televisión costarricense pertenece a una distinguida familia de periodistas comprometidos con la ética y la libertad de la prensa. El conductor del programa Diagnóstico lo dirigía por más de 17 años. El Colegio de Periodistas de Costa Rica le envío a Fournier la siguiente carta:

La libertad de expresión es un pilar fundamental de todo sistema democrático. Toda medida que tienda a quebrantarla o a debilitarla indudablemente viene a minar desde sus raíces el sistema de valores que le dan sustento.

Afortunadamente, los costarricenses hemos disfrutado históricamente de esta libertad garantizada en la Constitución Política, libertad que, junto a otros derechos individuales, ha sido orgullo para un país que tomó la decisión de resolver sus diferencias mediante el debate franco y el diálogo abierto, y no mediante la violencia.

Sin caer en alarmismos, hemos percibido con gran angustia síntomas que contradicen esa rica y larga tradición, precisamente cuando Costa Rica se dispone a tomar decisiones trascendentales que marcarán su futuro como nación, y en circunstancias en las cuales la diversidad de opiniones y el libre tránsito de las ideas se tornan imprescindibles y urgentes.

Hoy más que nunca, es responsabilidad de todos los costarricenses velar para que no se menoscabe este derecho, y, por el contrario, procurar su robustecimiento.

La célebre frase «los problemas de la democracia se resuelven con más democracia» debe ser aplicada también a la libertad de expresión, porque el perfeccionamiento de este derecho humano fundamental contribuye a mejorar la buena convivencia y la salud de una sociedad pluralista como la nuestra.

Por eso, como ciudadanos y, particularmente, como periodistas, nos preocupa enormemente el cierre de espacios en los medios de comunicación, sobre todo cuando se trata de programas que vigorizan el debate alrededor de temas centrales de nuestra agencia nacional, asegurándole su lugar a la disidencia, al pensamiento alternativo y al pluralismo de criterios y posiciones sobre dichos temas.

Por ello, la clausura de tales espacios, más allá de razonamientos administrativos o financieros, inevitablemente termina convirtiéndose en un golpe a ese sistema de libertades y a la convivencia democrática.

Es en este marco que deseamos referirnos al cierre del programa Diagnóstico, que por años ha producido y conducido por el señor Álvaro Montero Mejía en el Canal 13 -el canal del Estado-, para expresar a usted nuestra más honda preocupación ante tal medida adoptada por la dirección del Sistema Nacional de Radio y Televisión (SINART).

Respetuosamente recurrimos a usted, señora Directora, para solicitarle que abra un espacio de diálogo con el señor Montero Mejía, a fin de que este programa de análisis y opinión vuelva a ser transmitido por el Canal 13 como se ha venido haciendo desde hace tantos años.

La apertura de ese diálogo sería un acto de gran consecuencia con las raíces y los principios democráticos que usted ostenta y un ejemplo para una sociedad urgida de respeto y tolerancia.

El restablecimiento del programa Diagnóstico sería una hermosa muestra de madurez política que, en los tiempos que corren, tanto urge a nuestro país.

De usted con toda consideración,

Junta directiva del Colegio de Periodistas de Costa Rica,
Heriberto Valverde Castro, Presidente.

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