Costa Rica: una alianza del pueblo para el cambio

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Extra*

La magnitud de los problemas nacionales exige soluciones extraordinarias. Ir a un nuevo proceso electoral como si fueran tiempos normales solo servirá para hundir más las anclas en estas agitadas aguas. Quitar a unos para poner a otros, con la idea de que guiarán mejor al país, sin proponer un cambio real, es la manera de perpetuar los males. El principal problema del país es nuestra incapacidad para resolver problemas.

La crisis política cunde, y ya no queda más camino que una verdadera refundación de la República. El país necesita cambio. Debemos abrir paso a una nueva etapa. La dignidad sobre la corrupción, la gobernabilidad sobre la anarquía. La cooperación sobre el conflicto, la democracia sobre el fraude y la manipulación, la seguridad ciudadana sobre el miedo. El Estado Social de Derecho sobre los monopolios privados. La soberanía alimentaria sobre la importación. Que resplandezcan la
solidaridad, la igualdad, la calidad educativa. Volver al camino del
bienestar del mayor número, guía moral básica para dar legitimidad al ejercicio del poder.

Costa Rica logró importantes avances sociales con procesos electorales limpios. Sin embargo, desde hace más de dos décadas, se cayó en el dogma de creer que bastaba con el crecimiento económico para resolverlo todo.
 

Dejaron de contar la educación, la salud, la seguridad ciudadana, la infraestructura. La única realidad es la de índices económicos
engañosos. La sociedad empezó a retroceder, hasta crear un Estado inerme, incapaz de garantizar siquiera la tranquilidad de los ciudadanos.

En medio del espejismo economicista, surgen poderes de facto que han ido estrechando a las instituciones democráticas. Esto se ha unido a una catastrófica degradación de los partidos para dar paso a una nueva hegemonía de grandes empresas en medios, banca, agricultura a gran escala y comercio. Con ello, han podido articular una ofensiva por debilitar el Estado, como forma de imponer un orden orientado únicamente a negocios privados sin responsabilidad social, política ni ambiental. Para ello, cuentan con la ayuda de diputados oficiales que nunca habrían llegado a
ser electos, de no ser por la obra que ahora ayudan a destruir.

Empezaron pisoteando la Constitución Política para imponer la
reelección presidencial. Se siguió luego con oscuros manejos del Tribunal Supremo de Elecciones en las últimas elecciones y en el referendo sobre el TLC. La intervención del Poder Ejecutivo en los demás Poderes ha sido la tónica política de los últimos tiempos.

La carencia de ideas sobre una urgente reforma política y los
afanes autoritarios en la cúpula de Gobierno, nos trajo una sombría “tiranía en democracia”. El actual Gobierno ha utilizado la
intimidación del pueblo y la moral de la mentira, como evidenció el
conocido memorando, ha ordenado cerrar programas televisivos y radiales por tener opiniones contrarias, utiliza un sistema de espionaje para escuchar conversaciones privadas y controlar a sus opositores (como hacen las dictaduras), usa recursos públicos para comprar conciencias, y maneja fondos de origen externo con ocultamiento y secretismo.

Crecen las denuncias de corrupción, y después del drama que llevó a prisión a dos ex-Presidentes de la República, hechos escandalosos delatan un sucio contubernio entre el poder político y  negocios privados. Salvo excepciones, tampoco se siente una oposición legislativa acorde con la gravedad de lo que pasa.

Los resultados están a la vista. La economía no crece como esperaban. Solo crecen la desigualdad social, los problemas ambientales, la corrupción, la conflictividad, el caos vial, la carestía, la inflación y el crimen. El hambre azota, y el Gobierno no reacciona ante la crisis alimentaria, atizada por la dependencia de alimentos importados. No hay propuesta sobre la crisis energética.  Excelentes ciudadanos se han retirado de la política y cunde la incapacidad en las jerarquías del gobierno. Unos pocos mejoran, la mayoría empeora, pero los aduladores usan la ideología socialdemócrata como desodorante para disimular la
descomposición.

Los problemas actuales solo pueden resolverse con ideas transformadoras. Estamos de acuerdo en el mejoramiento de las condiciones para la actividad económica privada pero  rechazamos de plano colocar lo privado por encima de los intereses de la nación y los derechos soberanos del pueblo. Lo que no aceptamos es que pongan a Costa Rica, a su pueblo, a su Estado y a sus riquezas, al servicio de la vorágine capitalista de una globalización egoísta y excluyente.

Es preciso convocar a la ciudadanía a una lucha por rescatar al país, por devolverlo a los costarricenses, por extirpar el cáncer de la incompetente dirigencia de partidos moribundos. Es necesario unir al pueblo. Que nos unamos a esta lucha quienes amamos sinceramente a Costa Rica. El cambio es el pueblo mismo en trance de transformación, hacia el rescate de la auténtica vía costarricense para avanzar con esperanza hacia la abundancia y la plenitud del espíritu de esta nación.

* www.diarioextra.com
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