Jun 20 2022
291 lecturas

Economía

Crónica del caos, junio de 2022

Me gustaría comenzar con un post de resumen de cuál es la situación que nos encontramos en este primer semestre de 2022. Año que por lo que parece ya ha sido bastante agitado, y bastante más que lo va ser. Por eso mismo, preveo que tendré que escribir con cierta periodicidad este tipo de posts, «Crónica del caos». Ojalá me equivoque.

No hay ninguna duda que el evento que más ha marcado este semestre es la invasión de Ucrania por parte de Rusia que comenzó el 24 de febrero. No voy a entrar en el análisis de las causas de esta agresión, ni cómo está evolucionando la guerra: el lector interesado seguramente encontrará muchos textos que le resultarán mucho más adecuados en otros lugares. La parte que a mi me interesa es la de las consecuencias de esta guerra.

Al margen del coste de sufrimiento humano que ha supuesto y que va a suponer, sobre todo en Ucrania pero también fuera de ella, una consecuencia importante es que ha servido para disimular las tendencias en las que ya estábamos embarcados desde mediados del año pasado.

Efectivamente, ahora parece que todo lo que está pasando es culpa de Vladimir Putin y de la guerra, y aunque es innegable que la guerra en Ucrania está complicando, y mucho, la situación, sobre todo por lo que se refiere al abastecimiento energético de Europa y de cereales en amplias zonas del globo, no lo es menos que muchos de los problemas actuales comenzaron unos meses antes del 24 de febrero de 2022. Por lo tanto, creo que es importante poner en un contexto más amplio y general todo lo que está pasando y evidenciar que los problemas vienen de lejos.

Y es que otro de los motivos para escribir este post es para intentar desmontar la ficción de normalidad que está bastante instalada en Europa y particularmente en España. Como a España aún no han llegado los peores efectos de la crisis energética global en la que estamos inmersos, no es para mi extraño encontrarme con gente que, altanera, se burla de mis preocupaciones sobre el peak oil y el peak everything, a pesar de la fuerza con la que ambos fenómenos se están manifestando.

La escasez de diésel paraliza una vez más a Venezuela | Internacional | EL PAÍSQuerría que toda esa gente que dice «¿dónde está esa escasez de diésel de la que hablabas hace un par de meses?» sepa dónde, efectivamente, se está produciendo esa escasez de diésel y que vea que no tardando mucho podría llegar a producirse aquí, en España (y para mis lectores de otros países puede, por desgracia, ser ya evidente dónde se está produciendo la escasez de diésel).

Y es que una de las tendencias más preocupantes de nuestra sociedad es que, como dice el aforismo, se mueve sin solución de continuidad y sin paradas intermedias entre la autocomplacencia y el pánico. Pasamos de considerar que no hay ningún problema y que no tiene sentido tomar medidas preparatorias, tachando de alarmista a quien avisa de los peligros, a la histeria más absoluta, en la que todo el mundo quiere hacer cosas rápidamente para reaccionar, aunque no sabe muy bien el qué y si realmente las cosas propuestas sirven para su fin declarado.

Se añade a esto que los prejuicios, también ideológicos, no permiten ver la magnitud del problema: ya hace algún tiempo que me encuentro con excesiva frecuencia quien pretende desmontar mi argumentación sobre la base de mis presuntas predicciones fallidas cuando pocas hay en este blog, no porque yo no me equivoque, sino porque hago pocas predicciones concretas.

En vez de centrarse en la discusión técnica de las cosas que se presentan, en vez de intentar la imposible tarea de refutar que se está produciendo un pico en la oferta de petróleo o en la de diésel, se eluden las discusiones técnicas y se ataca a la persona, usando frases completamente fuera de contexto (ejemplo perfecto son los ataques basados en extractos de mis posts de finales de años sobre las previsiones para el año que entra, a pesar de que el párrafo inicial de descargo deja claro que no se puede acertar lo que va a pasar en tan breve plazo y que lo que se hace es un mejor ejercicio de prospectiva especulativa).

Pero quien está contaminado por los prejuicios no quiere saber nada de eso, y busca a posteriori los motivos que justifiquen su toma de posición a priori, y nada de lo que se le diga le hará cambiar de opinión, por más evidencia que se le presente. A estas personas que tienen tales anteojeras de prejuicios, sobre todo los ideológicos, recomiendo dejarlas aparte, porque discutir con ellas no sirve para nada y porque solo ellas mismas podrán salir del agujero en el que han caído, si es que así lo desean alguna vez.

Hechas todas esas aclaraciones iniciales, centrémonos en la descripción de la actual situación de creciente caos y desconcierto en la escena internacional,  los cuales son principalmente consecuencia de los problemas que genera la Gran Escasez, o peak everything.

Escasez de combustibles:

A finales de 2021 publicamos la actualización del post «El pico del diésel». En aquel post mostrábamos que la producción mundial de diésel había caído prácticamente un 15% desde los máximos de 2015, y que la disminución de la producción de diésel tenía mucho que ver con los problemas del transporte en general y con los de extracción minera en particular, agravando la escasez de materiales en la que aún seguimos instlados, a pesar de que tantos insistían entonces en que era pasajera y que en pocos meses volveríamos a «la normalidad».

Esta escasez de diésel viene motivada por el cambio de la proporción de los diversos hidrocarburos líquidos a los que llamamos petróleo y a la fuerte desinversión en todo el sector. Efectivamente, desde 2015 la única categoría de «petróleo» cuya producción crece es el petróleo ligero de roca compacta que se extrae con la técnica del fracking, sobre todo en los Estados Unidos. Al refinar este petróleo ligero se genera una mayor proporción de gasolinas y naftas y una menor de diésel y querosenos.

Este problema podría ser compensado introduciendo mezclas adecuadas de petróleos y haciendo adaptaciones en las refinerías, pero lo cierto es que la inversión en refinerías está disminuyendo. Y es que, consistentemente, las petroleras no solo han desinvertido en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos (recordémoslo, un 60% desde los máximos de 2014), es que además tampoco están invirtiendo en las refinerías, en algunos países desde hace décadas.

Así que incluso en países como los EU hay un problema de escasez de combustibles, aunque es un problema ahora mismo extendidísimo; por poner unos ejemplos: Reino Unido, Hungría, Sri Lanka, Laos, India, Paquistán, Kenia, Senegal, Nigeria (país que por cierto exporta petróleo a España), Sudáfrica, Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia o Argentina.

Y luego otros sitios donde sale el Gobierno a decir que «no hay escasez», como en Kazajistán. Muchos de estos países son productores de petróleo pero aún así se enfrentan a una situación de escasez de combustibles, en parte por el descenso de la producción de petróleo desde el máximo de noviembre de 2018, en parte por la cuestión de la desinversión en refinerías. La crisis, que afecta sobre todo al diésel, genera efectos rebote en el resto de combustibles, y particularmente en el queroseno, ya que se puede añadir una pequeña proporción de queroseno al diésel y se está haciendo para paliar la rampante escasez del mismo.

De hecho, el problema de escasez de combustibles es tan rampante ahora mismo en la mayoría del mundo que sorprende la enorme ceguera de los europeos (excepto los que lo viven en sus carnes, como los húngaros) sobre este tema, y cómo es que no anticipan que pronto les va a afectar a ellos, máxime cuando la Agencia Internacional de la Energía dice que van a faltar combustibles este mismo verano, «especialmente en Europa».

La escasez de energía en general, y de diésel en particular, está llevando a una situación de escasez de alimentos. Muchos países están tomando medidas proteccionistas porque no están seguros de contar con alimentos para su propia población: Rusia dejó de exportar cereales en marzo, y tampoco Ucrania puede exportar ahora mismo con la guerra que les ha traído Rusia devastando su territorio. También Kazajistán y la India han prohibido exportar trigo. Malasia ya no exporta pollo e Indonesia ha prohibido las exportaciones de aceite de palma.

Todo eso en un año en que la fuerte sequía en muchas regiones agrícolas de todo el planeta anticipa unas malas cosechas generalizadas, mientras en España vivimos la segunda ola de calor del año y ni siquiera ha llegado el verano. Todo eso en un contexto en el que a nivel mundial nos queda trigo para seis semanas más, justo para iniciar la próxima cosecha, pero ya no tendremos reservas, se acabó la despensa y seremos más vulnerables que nunca. Todo eso, tenemos. El pasado mes de octubre la FAO avisaba que íbamos hacia una crisis alimentaria mundial sin precedentes, con sus índices de precios en máximos históricos.

Actualmente, el Banco Mundial habla de «catástrofe humanitaria» que va a afectar al 40% de la población mundial este año. Aquí, en la próspera e indolente Europa, también se va a notar. Ya se está notando en una fuerte inflación de los alimentos, y probablemente de ahí no pasará la cosa, pero en otros países habrá hambrunas y revueltas, porque de hecho ya las está habiendo: repasen la lista de países que di más arriba hablando de la escasez de combustibles y verán que en la mitad de ellos ya hay revueltas del hambre. Y recen para que el comercio mundial no se vea excesivamente afectado, o que el mundo deje de considerar el euro una divisa fiable, porque si no quizá nosotros mismos también tendríamos algunos problemas con los alimentos…

En medio de esta crisis desatada, de este desastre en progreso, de este caos que solo crece, la desorientación de nuestros líderes es sangrante. En EU, la Administración Biden amenaza con utilizar una ley de tiempos de guerra para obligar a las petroleras a sacar más combustible de las refinerías, a pesar de que eso sea química y termodinámicamente imposible. Si esto falla, la última carta es prohibir la exportaciones de productos petrolíferos fuera de los EU, con consecuencias a escala mundial.

Al otro lado del Atlántico la desorientación no es mucho menor: en febrero la Comisión Europea declaró la nuclear y el gas como «energías verdes» (decisión ahora contestada por el Parlamento Europeo), pero lo que es peor es que en el reciente paquete de medidas REpowerEU se ha decidido incrementar el uso del carbón un 5% respecto a los niveles actuales, durante 15 años, para compensar la falta de gas ruso, tirando así a la basura tres décadas de legislación europea en la lucha contra el Cambio Climático.

Energía verde acaba de superar a combustibles fósiles en Europa | PerfilPorque, no nos engañemos, la transición energética nunca se basó en una preocupación por el clima y el medio ambiente: el telón de fondo era asegurar el mantenimiento del sistema económico actual, usando para ello las fuentes de energía que fueran necesarias; y si las renovables no valen, pues bueno es el carbón. Mientras tanto, se intenta dar un impulso desesperado a las renovables con los fondos NextGenerationEU, a ver si por casualidad suena la flauta y salvamos el capitalismo, aunque ya sabemos que son una falsa solución.

Atención a las próximas semanas, porque pronto, muy pronto, se va discutir sobre el racionamiento. Será interesante ver cómo se compatibiliza con el libre mercado, o cómo se pretende hacer ver que se ha hecho compatible.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


Añadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.