Crónica desde Caracas: Delcy Rodríguez apabulla con su ritmo político

Muestra muñeca política a un ritmo apabullante

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Los hechos se siguen precipitando en Venezuela, en el cierre de un enero abrumador que comenzó ni más ni menos que con el ataque estadounidense sobre Caracas y otros puntos del litoral central venezolano, que consumó el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama y diputada Cilia Flores.

Aún en una posición difícil, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, muestra muñeca política a un ritmo apabullante. El jueves que pasó, por caso, se aprobó en la Asamblea Nacional la reforma a la Ley de Hidrocarburos, para permitir participaciones más extensas de privados, nacionales y de afuera, en la explotación petrolera.

Apenas 24 horas después, Delcy Rodríguez anunció en la apertura del año judicial una Ley de Amnistía General «que cubra todo el período de violencia extremista desde 1999 hasta el presente”. “Aquí está el espíritu de Chávez y de Maduro”, aseguró. Rodríguez encargó a la Comisión para la Revolución Judicial y al Programa para la Convivencia y la Paz para que presenten la ley ante la Asamblea Nacional.

“Que sea una Ley que sirva para reparar las heridas que ha dejado la confrontación política desde la violencia, desde el extremismo, que sirva para reimplantar la justicia en nuestro país y que sirva para rescatar la convivencia entre los venezolanos”, remarcó. Enseguida aclaró que «quedarán exceptuados aquellos procesados, condenados por homicidio, por tráfico de drogas, corrupción y violaciones graves a los derechos humanos”.

En la misma línea, anunció que El Helicoide, un complejo sede de varias reparticiones de seguridad y lugar de detención en Caracas, se convertirá en un «centro social deportivo cultural para la familia policial y las comunidades aledañas».

De un plumazo, la presidenta encargada destrozó el relato construido sobre el lugar durante años, símbolo de la arquitectura brutalista de los años 50 y 60 del siglo pasado, devenido después según la narrativa hegemónica en mazmorra de la «dictadura» chavista.

Extraña dictadura la que no cae cuando en una operación comando secuestran a su líder. Extraña dictadura la que, después de un ataque terrorista que dejó más de 100 muertos en un combate tan desigual como sorpresivo, se erige como el único factor que puede garantizar la paz.

Extraña dictadura la de un gobierno que, aún en una situación de evidente vulnerabilidad, se erige como única garantía de paz y estabilidad. La aparente paradoja tendrá, seguramente, respuestas múltiples.

Una de las respuestas está en la apabullante iniciativa política del chavismo que sobrevivió, contra todo pronóstico de atildados analistas, a momentos de publicitada extremaunción. Recordamos claro, ante todo, la muerte del Comandante Chávez, hace más de una década.

Esa apabullante iniciativa política la ejerce ahora Delcy Rodríguez. Quien quiera desde machismos rancios colocarla en el lugar arquetípico de la mujer débil y menudita, correrá con los riesgos de un mal análisis de base. Raíz de pasos en falso posteriores. No sería la primera vez.

 

*Periodista argentino del equipo fundacional de Telesur. Corresponsal de HispanTv en Venezuela, editor de Questiondigital.com. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

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