Cuba, el factor subjetivo: duro de pelar

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Elsa Claro.*

Hay piedras que cuando se levantan descubren una repelente fauna,  que puede resultar muy nociva. La sugerencia visual, ilustra algo lo que está ocurriendo en Cuba y entorpece aquello por hacer y hasta pone en riesgo lo conquistado pues, por fortuna, no se parte de cero para las transformaciones. Lo malo es que junto con lo bien hecho perviven feas alimañas.

“Los problemas (…) sobre el modelo económico a desmontar, devienen desafíos que al igual que las causas que los generan, tienen un doble carácter: estructural-funcional y de corte axiológico e ideológico por adentrarse en factores subjetivos, en las conductas de las personas, en valores individuales y sociales, en sentimientos y actitudes y por supuesto en la ideología dominante”. Cito parte de lo  formulado por  la Dra. Olga Fernández Ríos, del Instituto de Filosofía, en su análisis sobre los retos a vencer.

Sabido es que todo lo subjetivo está entre los más duro de pelar cuando se emprenden mejoras y ciertamente es más fácil cambiar estructuras, por muy enmohecidas o deformadas que estén, que modificar el pensamiento o valores, algunos depreciados, o acogidos por vulgar conveniencia.

La mentalidad de pichón con el pico abierto para que le traigan alimento, sin moverse del nido, se generalizó. Por eso hay gente que considera tener más derechos que deberes.

Una de las características del nuevo escenario donde se reinventa el proceso cubano, es su capacidad para modificar normas, si es necesario. Se ha sido cauteloso al desinflar plantillas porque no es rasgo del socialismo insular el empleo de terapias de shock que, por ejemplo, están provocando enormes protestas en diferentes países. Se eliminan productos subsidiados de la cuota personal, pero se mantienen las ayudas a todo aquel  que lo requiera.

Una considerable rebaja en los precios de productos requeridos para la elaboración de alimentos por quienes se dedican por su cuenta a elaborar y venderlos ya procesados, fue seguida de acto parecido en lo que respecta a los insumos y herramientas que requieren los campesinos.

El estado flexibiliza y abre las opciones para nuevos tipos de propiedad y formas de organizar el trabajo. No deben tardar los anuncios sobre facilidades  para incrementar o darle vida a pequeñas empresas, sean organizadas como cooperativas industriales y de servicios o con el arriendo de algunas entidades ahora administradas por el estado pero susceptibles de una mejor gestión a cargo de colectivos de trabajadores independientes.

Hay más de un sector que carece de sentido mantener bajo la égida estatal. Como dijo el vicepresidente del consejo de ministros, Marino Murillo hace poco, se trabaja en el diseño de un modelo de gerencia económica que permita a las empresas estatales  estar estructuradas para la adecuada convivencia y armonización con otras fórmulas productivas, no oficiales, por supuesto.

A golpe de decreto se lograría cualquier plan muy rápido. Pero para que sea posible bien y sin retrocesos, hay que erradicar los vicios entronizados. La gente debe vivir de su trabajo y no del “invento” o de ese “resolver por la izquierda”, “luchar”, neologismos que sobran, que el castellano es riquísimo en adjetivos y para esos casos, llamarlos por su nombre es un modo de empezar a enfrentarlos. Me refiero al robo, la malversación y tantos, emparentados con la pérdida de vergüenza,  virtud a cuidar con celo.

Por supuesto que a nadie le pagan por trabajar mal o por usar su puesto de labor como medio para “redondear” sus ingresos con sustracciones de los recursos de su puesto de labor o cualquier otro.

Es verdad que los actuales salarios no se corresponden con los precios de numerosos productos. El asunto es que hasta tanto no aumenten la productividad y la eficiencia, no será sensato aumentar los sueldos. Por cierto,  ha tardado en aplicarse aquello de que cada cual obtenga según lo que aporte. ¿Rezago del paternalismo no eliminado por completo o carencia de condiciones para emprenderlo? Para llegar a ese punto es posible que deban recorrerse otros tramos, y ninguno parece fácil, lo admito.

La expectación por conocer qué es lo nuevo que Raúl Castro aseguró se sabría en breve, debería tener mayor impaciencia para emprender el cierre de los baches de esta vía por donde se transita hacia mejores horizontes.

Las 770 auditorías hechas por la Contraloría General de la República, entre  abril y mayo pasados, son espejo revelador de ciertos avances y, al mismo tiempo de las deficiencias que persisten. El 36% de las unidades examinadas tuvieron calificación deficiente o mala. Positivas el 88%, saldo atribuible a las empresas en perfeccionamiento empresarial.

Todo lo que se apruebe debe parecerse al futuro que queremos, Murillo y con él coinciden los equipos que escudriñan el modo de eliminar yerros, potenciar aciertos y emprender líneas de acción superiores, que no tarden en parir. Los beneficios deben sentirse desde ya, es el propósito, mientras se busca un mejor porvenir.

Para otras naciones, salir del atolladero de la crisis global no es fácil, pero hacerlo en el nuestro,  mientras se mantienen las conquistas sociales que en otros sitios es lo primero que se elimina, resulta mucho más arduo.

Comparar —lo he dicho—  es complicado y riesgoso. Aún así, no puedo abstraerme de hacer notar por igual, que a los banqueros, financistas y especuladores irresponsables que provocaron  la emergencia actual, se les ayuda y nadie les pide cuentas ni que rectifiquen el daño causado. En esta pequeña isla amenazada sí se les está exigiendo judicialmente a los que mal hacen.  No se caen hacia arriba, ni flotan como el corcho.

Se están acorralando las irregularidades con rigor y, para las provocadas por el esquematismo mental y acomodaticio o por la perversión de los principios éticos, no habrá excepciones.

* Periodista.
En http://progreso-semanal.com

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