Jul 29 2007
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Cultura

Cuba, prostituci贸n: – 驴CRIMEN O CASTIGO?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Un acercamiento a prop贸sito del Informe de tr谩fico de personas 2007 del Departamento de Estado norteamericano, que incluye a Cuba y a Venezuela a la cabeza de la lista negra. El dictamen anual 鈥搒e emite desde el 2001鈥 pr谩cticamente repite lo que viene diciendo desde hace siete a帽os. Reitera que mujeres y ni帽os son 芦traficados internamente禄 para explotaci贸n sexual y que el pa铆s, un importante destino para el turismo sexual, no hace nada para cambiar esta situaci贸n.

Tengo ante m铆 el diario de una mujer an贸nima que alguien hizo llegar hasta Juventud Rebelde, en los d铆as en que yo estaba escribiendo una serie de art铆culos[1] sobre la prostituci贸n[2] en Cuba. Mis trabajos, sazonados con el di谩logo de los lectores, eran el resultado de varios a帽os de obsesiva b煤squeda de un porqu茅 al fen贸meno que, a finales de los 80, emergi贸 en la vida nacional de un modo desconcertante. Sin esperarlo, una muchacha que no se identificaba 鈥搒alvo para decir que ten铆a 24 a帽os y hab铆a nacido en Villa Clara鈥, puso en mis manos su historia m谩s 铆ntima y el intento de justificar ante s铆 misma la decisi贸n de vender el cuerpo.

Era evidente que aquella mujer no quer铆a verse en el espejo como era y constru铆a una f谩bula propia, una versi贸n tropical de la Cenicienta, y de golpe me di de bruces con un elemento que, de tan evidente, no hab铆a visto hasta entonces en su justa trascendencia: cu谩nto pesan los mitos en la instituci贸n consagrada al comercio sexual.

Mi cuerpo no soy yo, escrib铆a la mujer en alg煤n momento, deslindando su 芦ser禄 de su 芦alma禄 para defenderse, en primer lugar, de su conciencia cr铆tica. 芦Mi cuerpo no soy yo禄 significaba un distanciamiento, el establecimiento de un 谩rea de peligro y extra帽amiento que le imped铆a desear y ser deseada, la demarcaci贸n de un espacio libre para ser sometido por otro.

Despu茅s de haber entrevistado a numerosas prostitutas y proxenetas, hasta ese momento nadie me hab铆a hablado de manera tan gr谩fica del drama del ser humano que se vende y que somete su existencia a una dualidad, a una esquizofrenia que, en la pr谩ctica, divide el cuerpo en dos. Nadie como el esclavo sexual vive con mayor violencia el drama del despojo de su yo m谩s 铆ntimo.[3] 芦Es posible 鈥搈e dec铆a un amigo鈥 vender el alma y mantener intocado el cuerpo. Pero es imposible vender el cuerpo, sin lastimar el alma禄.

La mercanc铆a es el placer o la imagen que se tiene del placer; la mercanc铆a son los valores y la cultura, la dignidad y los referentes sociales, y el enorme valor de este 芦producto禄 ubica a la prostituta[3bis] en una posici贸n m谩s desventajosa que la de quien est谩 sometido a la forma m谩s usual de esclavitud, que aliena la fuerza de trabajo, pero no la intimidad.

El mito es un componente esencial de la aventura er贸tica en el comercio del sexo 鈥揺s la publicidad de la 芦mercanc铆a禄鈥, pero es sobre todo la coartada que sostiene la doble moral sexista. Casi todos los mitos parten de un error, difundido en 茅pocas recientes, seg煤n el cual la profesi贸n femenina m谩s antigua del mundo es el comercio sexual. La frase sugiere que la prostituci贸n es un atributo innato en la mujer y, por lo tanto, definitivamente inevitable. Sin embargo, en muchas sociedades llamadas 芦primitivas禄 no se ha conocido y a煤n no se conoce esta pr谩ctica, algo que confirman la arqueolog铆a y la mitolog铆a populares, donde las mujeres suelen aparecer en pr谩cticas de nobles profesiones 鈥揳lfareras, artesanas, aurigas, maestras, recolectoras, porteadoras. Pero esto lo ignoraron los historiadores durante siglos de reinado patriarcal[4] y hoy sigue siendo una presunci贸n que se reproduce con ligereza, incluso en tratados de educaci贸n sexual.

Comprender la relaci贸n entre el mito y la prostituci贸n como forma de esclavitud conduce necesariamente a reconocer que esta pr谩ctica no es una tragedia aislada. Todos los actos de violencia sexual 鈥揷ualesquiera que 茅stos sean鈥 est谩n cuidadosamente entrelazados con estructuras econ贸micas de dominaci贸n, que pretenden hacer invisible o enmascarar la pr谩ctica y que difunden y entrecruzan los prejuicios a la orden de la moral reinante.

Patr贸n contempor谩neo

Cuba no est谩 aislada de este contexto. Entre nosotros circulan no pocos mitos y prejuicios en torno a la mujer y a la prostituci贸n. Algunos tan viejos como la historia moderna; otros reforzados por la subcultura que se va entretejiendo en el ambiente prostituido y que impone all铆 c贸digos que a veces desbordan lo marginal. Sobreviven mediatizados por la experiencia de un pa铆s que elimin贸 del 谩mbito social durante d茅cadas el comercio del sexo 鈥揳 la manera tradicional, como una transacci贸n directa entre prostituta y cliente鈥 y donde la prostituci贸n reapareci贸 hace poco m谩s de una d茅cada con caracter铆sticas singulares[5], pero no totalmente desligadas del referente internacional.

Adem谩s de 芦mi cuerpo no soy yo禄 o 芦la prostituci贸n es el oficio m谩s viejo del mundo禄, hay decenas de mitos de esta naturaleza que ilustran la doble realidad sexual y la calidad intercambiable de los t茅rminos 芦mujer禄 y 芦prostituta禄.

Mi trabajo como periodista me ha hecho detenerme m谩s de lo usual en el significado de las palabras, en la armaz贸n de las frases y, tal vez por eso, puse atenci贸n a algunas de 茅stas en las cartas que llegaban a la redacci贸n y en las entrevistas que realic茅 a especialistas y a hombres y mujeres dedicados a la prostituci贸n que reproduc铆an tales mitos sin detenerse en los nudos interiores de conceptos como 芦mujeres de vida f谩cil禄, 芦jineteras, s铆; prostitutas, no禄, 芦mujer perdida禄, entre otros que necesitar铆an una meditaci贸n sociol贸gica profunda a la luz de nuestra realidad social.

De todas formas, aventuro algunas opiniones porque una mirada desde este 谩ngulo puede ayudar a entender la naturaleza de la prostituci贸n en la isla. En particular, creo que ilustra un hecho todav铆a no suficientemente entendido entre nosotros: independientemente de las diferencias que el modelo econ贸mico y pol铆tico cubano impone al fen贸meno, quien se prostituye siempre es una v铆ctima.

1 – MUJERES DE VIDA F脕CIL

Llamar a las prostitutas 芦mujeres de vida f谩cil禄 o, peor, de 芦vida alegre禄, convenci贸n que tambi茅n es frecuente en Cuba, es una de las mentiras m谩s escandalosas que puedan decirse en este planeta lleno de mentirosos. Esas definiciones fueron, sin duda, acu帽adas por los clientes: pertenecen al 谩mbito del comprador, que se libera de culpas cuando paga; a la experiencia particular del cliente que encuentra en la prostituci贸n un lugar seguro, con personas que jam谩s dicen no y garantizan el placer o la imagen que se tiene del placer.

La vida de una prostituta no es ni f谩cil ni alegre, pero est谩n tan asentados los prejuicios sexistas, que a veces, hasta ellas mismas se apoderan de esa imagen fr铆vola que resta culpabilidad al cliente y al proxeneta, dos elementos de la cadena que para m铆 tienen igual o parecida peligrosidad social por su papel determinante en la institucionalizaci贸n de la explotaci贸n sexual.

Al igual que el proxeneta, el cliente es un corruptor: 芦La idea de que es posible comprar un ser humano como se compra un objeto que uno puede emplear a su antojo es completamente aberrada. Esta clase de sexo no tiene que ver con el placer, sino con el poder禄[6], afirma la Ley Sueca sobre la Prostituci贸n, emitida por el Parlamento de ese pa铆s, el primero en el mundo en penalizar al cliente.

En una investigaci贸n monumental[7], tal vez la m谩s ambiciosa que se haya hecho en Europa en cuanto a n煤mero de mujeres prostituidas consultadas 鈥1.700鈥, la presidenta de Honor de M茅dicos del Mundo, Pilar Est茅banez, registra algunos datos que prueban que el sino de la prostituta, lejos de ser alegre o f谩cil, es tr谩gico: El 83 por ciento solo tienen estudios primarios, 芦atienden禄 una media mensual de 77 clientes, el 20 por ciento son drogadictas, el 12 por ciento son portadoras del virus del sida, en general su conocimiento de los m茅todos anticonceptivos es notablemente inferior al de la media de las mujeres europeas…

Pero esto no es m谩s que la punta del iceberg: est谩n mucho m谩s enfermas de todo que el resto de los segmentos poblacionales. Tienen m谩s infartos, m谩s 煤lceras, m谩s diabetes, m谩s alergias, m谩s artrosis. 芦Tienen m谩s dolor de vivir禄, apunta Pilar, quien citaba el testimonio de una de las entrevistadas: 芦Lo peor no es el asco, y hay muchos que te dan asco. No, lo peor es el miedo que se pasa en ese trabajo. Un miedo horrible禄.

Marginadas, humilladas, indefensas y olvidadas, las prostitutas conforman uno de los grupos m谩s tr谩gicos de la vida moderna. Sea cual sea la legislaci贸n y la actitud de las autoridades, en el com煤n de las sociedades la prostituci贸n es una actividad socialmente devaluada y considerada como un mundo aparte del normal discurrir de la naci贸n[8]. Cuba no es la excepci贸n, por m谩s que en 谩mbitos marginales se intente encubrir o justificar el comercio sexual con estrategias de supervivencia econ贸mica y se interprete, como ascenso social, el matrimonio con un extranjero(a), relaci贸n interesada mediante.

Varias investigaciones y aproximaciones al fen贸meno de la prostituci贸n en Cuba realizadas en la d茅cada de los 90[9], coinciden en los enormes riesgos para la salud que corren los j贸venes, con independencia de las garant铆as sanitarias que ofrece el pa铆s a sus ciudadanos. El alcohol siempre est谩 presente, mientras la droga y la violencia no se descartan en una transacci贸n donde la posibilidad de contraer el sida mantiene la inquietud de la ruleta rusa como ingrediente esencial de la relaci贸n.

Si la trasgresi贸n sexual y de las lealtades sentimentales, el juego de dominaci贸n entre hombre y mujer, el consumismo y la ostentaci贸n son ingredientes esenciales de las sociedades competitivas y desestructuradas de las cuales suelen provenir los clientes[10], en la prostituci贸n nacional esos rasgos se marcan de modo muy acentuado y no suelen compensarse con el nivel de instrucci贸n relativamente alto de los actores, ni con una relaci贸n que puede llegar hasta ciertos niveles de afecto entre la prostituida y el prostituyente, a diferencia del comportamiento m谩s generalizado en la prostituci贸n tradicional en el mundo[11].

A las mujeres que entrevist茅, por ejemplo, las un铆an varios elementos que apuntan hacia una profunda laceraci贸n de su autoestima, a煤n cuando se empe帽aban en disimularlo. La mayor铆a era incapaz de lograr el orgasmo y las relaciones con el cliente siempre estaban bordeadas de angustia e inseguridad. Cuando les preguntaba qu茅 les molestaba del cliente, casi todas hablaban de incomprensi贸n, escenas de violencia, autoritarismo…

La felicidad es algo a lo que ya no aspiran, salvo la que proviene del poder de las cosas. Se establece una cadena de posesiones que enmascara los sentimientos de culpabilidad: el cliente posee el cuerpo de otro; gracias a eso, el cuerpo (芦mi negocio, que no soy yo禄) posee cosas que los dem谩s no tienen y, por tanto, lo hacen 芦superior禄 y envidiado en un contexto de escasez y diferencias sociales evidentes en la vida social del cubano.

Una l贸gica compensa la otra. La obsesi贸n del cliente, cuando transa con esta prostituta, es la misma en ambos: el sue帽o de la posesi贸n. El drama de las mujeres que entrevist茅 era haber llegado a la convicci贸n de que la felicidad 鈥搇a alegr铆a鈥 ya no estaba en sus planes y algunas s贸lo se aferraban al providencialismo de un pr铆ncipe azul (forrado de dinero) que las 芦estabilizara禄. La elecci贸n supon铆a para ellas, necesariamente, prescindir cada vez m谩s de la autonom铆a y del disfrute de su cuerpo. Con motivaciones diferentes, ellas terminan igual que aquellas otras a las que no les queda m谩s alternativa que entrar en la prostituci贸n para sobrevivir: 芦La sexualidad no existe; es imposible cuando una persona se encuentra en una situaci贸n sexual donde no hay reciprocidad y donde no est谩n juntos por voluntad de ambos禄[12].

2 – TODAS LAS MUJERES SON PUTAS

La identidad de una mujer que ejerce la prostituci贸n se construye en torno al estigma, al r贸tulo de ser diferente, de ser indigna de aceptaci贸n social. Pero no existe una imagen 煤nica de la prostituta. 芦No hay mujer que no resulte sospechosa de mala conducta. Seg煤n los boleros, todas las mujeres son ingratas; seg煤n los tangos, son todas putas (menos mam谩)禄, escribe Eduardo Galeano[13], mientras que para Marcela Lagarde[14] la prostituci贸n, en realidad, se incluye en un t茅rmino mucho m谩s amplio, el de 芦puta禄, el cual se utiliza para despreciar a cualquier transgresora en el 谩mbito de la sexualidad.

芦Ideol贸gicamente se identifica 鈥減uta鈥 con 鈥減rostituta鈥, pero 鈥減utas鈥 son adem谩s, las amantes, las queridas, las edecanes, las modelos, las artistas, las vedettes, las ex贸ticas, las encueratrices, las misses, las madres solas o madres solteras, las fracasadas, las que metieron la pata, se fueron con el novio, y se salieron con su domingo siete, las malcasadas, las divorciadas, las mujeres seductoras, las que andan con casados, las que son segundo frente, detalle, o movida, las robamaridos, las que se acuestan con cualquiera, las ligeras de cascos, las mundanas, las coquetas, las relajientas, las pintadas, las rogonas, las ligadoras, las f谩ciles, las ofrecidas, las insinuantes, las calientes, las cogelonas, las insaciables, las ninfoman铆acas, las hist茅ricas, las mujeres solas, las locas, la chingada y la puta madre, y desde luego, todas las mujeres son putas por el hecho de evidenciar deseo er贸tico, cuando menos en alguna 茅poca o en circunstancias espec铆ficas de sus vidas.禄[15].

En Cuba, donde las acciones en torno a la liberaci贸n de la mujer han sido calificadas como otra revoluci贸n en el interior de la Revoluci贸n[16] y sit煤an al pa铆s en posiciones de liderazgo en cuanto a regulaciones laborales que las benefician, ese mito de mujer-prostituta ha ca铆do totalmente en descr茅dito en el plano social, lo cual no significa que suceda lo mismo en el interior de todas las familias. Aqu铆 la superaci贸n de los estereotipos tradicionales va a paso mucho m谩s lento y, en algunos grupos, se manifiestan patrones socioculturales discriminatorios y estigmatizantes[17].

Sin embargo, el intento de enmascarar la pr谩ctica y el nombre de la prostituci贸n, tanto por parte de quienes se dedican al comercio sexual como por la de quienes se benefician directa o indirectamente de 茅ste, evidencia un distanciamiento de la memoria hist贸rica que condena al peor eslab贸n social a los que se dedican al comercio del sexo y, en cierto modo, un malestar por permanecer en una pr谩ctica a la que se vinculan a veces de modo muy inestable.

En las mujeres que entrevist茅 se observaban a simple vista conflictos de identidad: entre una identidad social marcada por el estigma de ser prostituta y una identidad personal que intentaba oponerse a 茅ste y elud铆a el t茅rmino con argucias que en apariencia les proteg铆an la autoestima. Acud铆an a relatos imaginarios, dif铆ciles de contrastar con la realidad, pero que las dignificaba frente a un cliente que desconoce el contexto cubano y las eval煤a por el referente social del que forman parte: 芦Yo le cuento al yuma[18] un drama, que si mi mam谩 est谩 loca y me bot贸 pa鈥 la calle, que si mi hijo no tiene qu茅 comer. Hay que ablandarle el coraz贸n pa鈥 que suelte el fula[19]. Nadie dice que es prostituta, 茅sa es una palabra muy fuerte y muy fea… 禄 (A. M., de Ciudad de La Habana).

En el caso cubano, no es en el plano social ni en el individual donde m谩s se revela este mito de 芦mujer = prostituta禄, sino en los medios de prensa internacionales. Cuba ha vivido la experiencia ins贸lita de la manipulaci贸n pol铆tica del drama de la prostituci贸n, al ser el centro de una campa帽a internacional en la cual se presenta a las cubanas, a todas ellas, como potenciales objetos de venta. 芦Te sentir谩s observado por cientos de mujeres asequibles禄, comienza un art铆culo de la revista Man[20], cuya tesis, por desgracia, no ha sido excepcional en los 煤ltimos diez a帽os de Per铆odo Especial.

En 1997, la revista italiana Viaggiare[21] propon铆a medalla de oro para Cuba 鈥揺l primer lugar鈥 como destino del turismo sexual. Seg煤n la publicaci贸n, la isla s贸lo fue superada en el 芦nivel er贸tico禄 por ocho pa铆ses africanos que lograron, en conjunto, 26 de los 30 puntos posibles. Esta visi贸n se ha mantenido pr谩cticamente inalterable en la 煤ltima d茅cada. La revista Deep, de M茅xico, que circula tambi茅n en Estados Unidos, dedica una de sus ediciones al tema. En un art铆culo aderezado con fotos de mujeres semidesnudas, 芦Cuba, sensualidad caribe帽a禄, dice el primer p谩rrafo:
芦Cuba es conocida como el burdel m谩s grande del mundo, donde los turistas pueden vivir noches de sexo indescriptibles. 隆No esperes m谩s y conoce con nosotros la zona m谩s caliente de esta sensual y er贸tica isla!禄[22].

Hace apenas unos d铆as, el diario espa帽ol El Pa铆s public贸 un reportaje titulado 芦Cuba: pa铆s de contrastes禄[23]., donde contrapone de manera maniquea la pobreza de los cubanos (directa o indirectamente prostituidos) frente al lujo de los turistas. Repite de forma simplista la ret贸rica que aparece en el informe sobre la trata de personas, difundido por Condoleezza Rice el 12 de junio de 2007.

Al vincular la reaparici贸n de la prostituci贸n en Cuba con las medidas puestas en vigor para fortalecer la econom铆a, en realidad lo que se ha intentado demostrar es la inviabilidad de su proyecto social. Sin matices y encubriendo el fen贸meno se ofrece, como prueba m谩xima de desintegraci贸n pol铆tica del sistema cubano, el regreso de un tipo de comercio desaparecido en las primeras d茅cadas de la Revoluci贸n. 芦Esa campa帽a pretende presentar a la cada vez m谩s elevada cifra de turistas que visitan la Isla, como una oleada de machos hambrientos de sexo, que encontrar铆an satisfacci贸n a sus deseos en una isla azotada por la miseria, cuyas mujeres se vender铆an por un plato de lentejas禄[24], dir铆a un periodista espa帽ol que protagoniz贸 una pol茅mica sobre el tema en la revista Cambio 16.

Es muy frecuente el intento por demostrar que la econom铆a crece gracias al mercado del sexo y no ha faltado quien, de forma temeraria, le adjudique a Cuba la patente de un 芦imperialismo er贸tico禄 al intentar explicar las se帽ales de recuperaci贸n econ贸mica de un pa铆s bloqueado[25]. En este tipo de an谩lisis, por supuesto, la imagen de la prostituta cubana aparece descontextualizada. Como por sistema el fen贸meno se se帽ala de manera superficial y se ofrece una informaci贸n parcializada, el extranjero asume que la prostituta de la cual se le habla no se diferencia, en lo esencial, de la que se vende en los prost铆bulos y en las calles de su ciudad y que se inserta en un mercado altamente organizado y lucrativo, algo que est谩 bastante lejos de la realidad cubana.

Como f贸rmula matem谩tica que se cierra en s铆 misma, la ecuaci贸n 芦mujer = prostituta = Cuba禄 ha terminado present谩ndose como otra versi贸n del mito seg煤n el cual todas las mujeres son putas: es la identidad estigmatizada de un pa铆s y la versi贸n tropical del fracaso del socialismo. Directa o indirectamente, lo que se vende como imagen es la posibilidad de someter a la naci贸n cubana.

La afirmaci贸n 芦todas las mujeres son asequibles禄 no s贸lo expresa que se puede comprar la sexualidad y el poder sobre otro ser humano 鈥搚, por extensi贸n, apoderarse de un pa铆s por un per铆odo de tiempo previamente establecido鈥, sino que se puede disponer de la intimidad, el 谩mbito de los seres humanos, sean de donde sean, que est谩 m谩s relacionado con la verg眉enza y el tab煤.

3 – JINETERA, S脥; PROSTITUTA, NO

Este mito es tal vez el m谩s socorrido en el 谩mbito de la prostituci贸n en Cuba. 驴Qu茅 es el jineterismo? Un concepto que no s贸lo involucra a la prostituci贸n, aunque la contiene, y que como t茅rmino de moda de una 茅poca todav铆a est谩 por ver si nos seguir谩 acompa帽ando. As铆 ha ocurrido con otras voces m谩s o menos coyunturales, d铆gase merolico y candi帽as, o fletera y carretillera 鈥揺stas 煤ltimas designaban a las prostitutas de baja categor铆a que se ocupaban de los fletes o flotas llegadas al Puerto de La Habana鈥, y que terminaron por caer en el olvido.

Jineteros fueron, en primera instancia, aquellos que en el mercado negro se dedicaban a cambiar la moneda cubana por la extranjera, cuando a煤n no estaba despenalizada la tenencia de divisas en Cuba[26], y por extensi贸n, el t茅rmino empez贸 a tipificar varias actitudes de un grupo marginal y heterog茅neo en el que se encontraban la muchacha y el muchacho que le pon铆an precio al cuerpo.

Palabra nueva que desde siempre los propios involucrados se negaron a asumir como un estigma, con una connotaci贸n peyorativa, ha terminado siendo en algunos 谩mbitos marginales o filomarginales un acomodo sem谩ntico de cierta cultura del resolver, de la lucha y, por lo tanto, se acepta y hasta se justifica, con ben茅vola y sospechosa condescendencia, en particular si se contrapone con el t茅rmino prostituci贸n. 芦隆Qu茅 va, prostitutas hab铆a antes, yo soy una jinetera, una luchadora!禄[27], era la respuesta com煤n entre las personas que entrevist茅.

En realidad, lo que se establece es un juego de m谩scaras que disimula simult谩neamente la palabra y el hecho. Adem谩s de la estrategia de encubrimiento del nombre, paralelamente la prostituta se inventa una historia sobre los diversos 芦oficios禄 que acompa帽an el 芦jineterismo禄 para dignificarlo. Esto no es excepcional: es una caracter铆stica de la prostituci贸n tradicional se帽alada por varios autores que tiende otro lazo de acercamiento a la prostituci贸n en Cuba. Se intenta evadir el estigma, impedir que otros lo reconozcan: 芦Siempre digo que soy bailarina禄 (M. P., de Holgu铆n) o: 芦Me protejo (…); y digo que soy enfermera禄 (Y. A., de Las Tunas).

Erving Goffman[28] asegura que, cuando existe el estigma, la identidad personal y la social dividen espacialmente el mundo de la persona. En la prostituci贸n tradicional hay un contexto de relaciones en el que ella (o 茅l) se muestran como son; y existe otro en el que la persona se manifiesta de acuerdo con el estatus social que se inventa. Ambos yoes necesitan ser diferenciados para resguardar el yo personal del dedo acusador de la sociedad. Para una mujer que ejerce el comercio sexual resulta muy perturbador encontrarse en un espacio de prostituci贸n con una persona que le desconoce esta faceta. Lo mismo le ocurre a la prostituta cubana: 芦Cuando estoy jineteando, siempre tengo miedo de que pase alg煤n conocido禄. (N., de Ciudad de La Habana).

Aunque algunos ejercen la prostituci贸n con la complicidad de los padres, la tendencia es que la familia, el vecindario, las relaciones sociales conformen un mundo aparte, al que se le ofrece s贸lo alg煤n tipo de informaci贸n sobre su vida y se omiten otros. Tratan de ocultar, a toda costa, el estigma, el yo estigmatizado, porque el descubrimiento perjudica no s贸lo la situaci贸n presente 鈥搎ue el cliente descubra que es una prostituta como cualquier otra鈥, sino tambi茅n las relaciones que ella considera importante y que involucran su mundo afectivo. Perjudica no s贸lo su presente, sino tambi茅n su futuro. La palabra jinetera ayuda a mantener esta distancia del estigma; pone un velo al rostro crudo de la prostituci贸n.

No son secundarias, ni insignificantes, las reacciones adversas al t茅rmino prostituci贸n. Hemos o铆do quien le dice en broma a una ni帽a peque帽a 芦qu茅 jineterita m谩s linda禄. Sin embargo, jam谩s se le ocurrir铆a llamarla 芦qu茅 putica m谩s linda禄. Por supuesto, eso tiene una ra铆z hist贸rica, un trasfondo cultural, una herencia aprehendida que asume la prostituci贸n como rasgo trasgresor de la dignidad de los seres humanos. 驴Es nueva esta conceptualizaci贸n del 芦jineterismo禄? 驴Una muestra folcl贸rica, inocente, electiva? No. Al mediar sexo por dinero, este comercio responde netamente al concepto de prostituci贸n. Si se valoran en su justo t茅rmino las investigaciones realizadas en estos a帽os en Cuba, podr铆a afirmase que tal pr谩ctica se afilia a la peor expresi贸n del comercio sexual.

Si reconocemos que aqu铆 tenemos una variante de prostitutas y prostitutos que se comportan m谩s como damas y caballeros de compa帽铆a, que poseen instrucci贸n y ambiciones materiales no perentorias, facilidad de palabra, que no se dejan extorsionar f谩cilmente e irrumpen en territorios ajenos con manifestaciones de alta autoestima, tambi茅n debemos admitir que este tipo de personas las hay en todo el planeta. Lo que distingue a Cuba de los dem谩s pa铆ses es un detalle esencial: la persona es responsable de su situaci贸n.

Amparo Comas[29] distingu铆a a dos tipos de personas prostituidas: la v铆ctima 鈥揳quella que ha sido inducida a ello y no puede resistirse por su fragilidad sicol贸gica y carencia de recursos elementales para subsistir鈥, y la responsable, que con independencia de su fragilidad interna, es audaz, asertiva y no lo hace tanto para cubrir sus necesidades b谩sicas, como para mantener una situaci贸n de consumo por encima de la media. En cualquiera de las dos variantes, la prostituci贸n pertenece al 谩mbito de la marginalidad y en 茅l permanece, a pesar de los esfuerzos de legitimarla con el t茅rmino 芦jineterismo禄: 芦Toda prostituci贸n es marginal en el sentido en que no se contabiliza en los balances econ贸micos… Marginado es quien est谩 apartado del com煤n de la sociedad en posiciones devaluadas, sea en el prestigio, sea en los recursos materiales. Lo es quien deja de ser considerada como compa帽era sentimental, aunque mientras se mantenga en la prostituci贸n pueda llevar un nivel de consumo alto y detente cierta consideraci贸n en ambientes que recurren a la 芦prostituci贸n perfumada禄[30].

Si estamos de acuerdo con que el jineterismo es prostituci贸n, ser铆a denigrante bendecirlo como una opci贸n laboral para las mujeres. Si bien predomina en Cuba una prostituci贸n no tradicional, en un sector de la marginalidad cubana impreciso a煤n y escaso num茅ricamente al compararlo con las estad铆sticas mundiales, eso no significa ni mucho menos que la isla sea la fundadora de una forma de trabajo remunerado leg铆timo, como vociferan los encargados de enlodar el nombre de Cuba.

Kathleen Barry[31] advert铆a que es preciso cuidarse de la tentaci贸n de concebir la prostituci贸n como una opci贸n laboral, porque quien la justifica como trabajo leg铆timo termina aceptando el comercio sexual como una entidad inamovible, eterna. La prostituci贸n ataca, en primer lugar, la dignidad del ser humano, porque la persona no es algo que se pueda usar y dejar. No se puede comprar a un ser humano, ni tampoco alquilarlo, sin da帽ar su dignidad. 芦Se olvida de que quien la ejerce siempre es v铆ctima de una violaci贸n de sus derechos fundamentales como ser humano禄[32].

Kathleen tambi茅n advierte: 芦Ser铆a injusto con nosotras mismas y nuestro sexo no pedir a la mujer que sea socialmente responsable de sus opciones禄. En otras palabras, cuando la prostituci贸n es aceptada como una opci贸n para la mujer trabajadora, insatisfecha con su remuneraci贸n, se puede concluir que, en contraste con las mujeres casadas, las prostitutas al menos reciben una remuneraci贸n adicional. 芦Este argumento 鈥揹ice鈥 respalda la posici贸n que considera al sexo y al cuerpo de la mujer como una mercanc铆a禄.

Todo este an谩lisis pasa por otro matiz: una cosa es ejercer la prostituci贸n, responsablemente o no, y otra elegirla libremente. Cuando decimos que una mujer opta por la prostituci贸n sobreentendemos que lo hace con entera libertad, pero 茅ste es otro gran mito asociado al enmascaramiento del fen贸meno. La prostituci贸n no es una causa, sino un efecto, de modo que la opci贸n de elegir la v铆a del comercio sexual para satisfacer ambiciones personales est谩 precedida de condicionantes sociales, educacionales, econ贸micos, familiares, que la predeterminan, y este an谩lisis es muy importante a la hora de concebir las estrategias de reinserci贸n social de la prostituta, para evitar actuar contra la v铆ctima en vez de hacerlo contra el mal.

Cuando una mujer o un hombre han sido v铆ctimas de abuso sexual en su ni帽ez o adolescencia, 驴condiciona o no esta realidad su elecci贸n hacia el comercio de su sexo? Si la persona ha crecido en un contexto familiar en el que las cosas materiales sustituyen el amor y se reverencia la cultura de la ostentaci贸n como expresi贸n de 茅xito social, 驴qu茅 pasa cuando pierde de pronto el acceso a esos atributos de poder econ贸mico y no puede adquirirlos por v铆as formales? Si vive en ambientes de violencia y machismo; si el alcoholismo y la droga son referentes cercanos; si el trabajo, que es un valor universal a partir del cual se forman otros valores, es reivindicado s贸lo como un negocio; si los patrones a los que se les rinde culto en el 谩mbito dom茅stico y grupal sufren de un ego铆smo advenedizo, sin escr煤pulos, donde todo se sacrifica en el altar de la nada, 驴es tan dif铆cil que se termine optando por la prostituci贸n, el delito, el alcoholismo, la droga u otro tipo de tendencias desintegradoras[33] que se manifiestan en la juventud?

Ahora bien, que se llegue a la conclusi贸n de que son prostitutas y no jineteras no debe ser un pretexto para recluirlas en el estigma. Se tiende a identificar la prostituci贸n con la figura de la prostituta, su cara m谩s visible y fr谩gil. Los personajes m谩s siniestros de esta historia, como hemos dicho antes, no suelen salir de las sombras. Pero la persona que pone en venta el cuerpo, la que especula con su dignidad, aunque no quiera admitirlo, est谩 marcada por una experiencia devastadora y por la tortura permanente de la culpa. La muchacha que me entreg贸 su diario lo hab铆a estado escribiendo para el d铆a en que su hija peque帽a, a煤n sin conciencia de la realidad, le preguntara por qu茅 hab铆a elegido ese camino. En la pr谩ctica m谩s com煤n del sexo rentado en Cuba, es cierto que la mayor铆a de las veces la prostituta es v铆ctima de s铆 misma, pero siempre v铆ctima, y el desd茅n hacia el ser humano no es la opci贸n elegida por la sociedad cubana[34].

Es un castigo, no un crimen, y es importante no perder esto de vista, porque ni antes, ni durante, ni despu茅s de haber elegido la venta del sexo ese ser humano deja de ser desdichado, aunque se niegue a admitirlo. Ser谩 esclavo, en primer lugar, de las cosas a las que aspira y que tal vez llegue a tener. 驴Qu茅 se siente exactamente? En la conversaci贸n que sostiene con su hermana Dunia, el personaje principal de Crimen y castigo[35], Raskolnikov, se acerca bastante a la respuesta que cualquier prostituta o prostituto podr铆a darnos: 芦Llegar谩s a tal l铆mite que, si no lo pasas, ser谩s desgraciada, y si lo pasas, quiz谩s ser谩s a煤n m谩s desgraciada禄.

(Sobre la prostituci贸n en Cuba puede leerse aqu铆, el art铆culo de Ilse Bulit De prostitutas a jineteras, asunto de realidades).

Notas

1. La serie fue publicada en 1996, en el entonces semanario Juventud Rebelde, y posteriormente se recogi贸 en el libro Flores desechables. 驴Prostituci贸n en Cuba? (Editora Abril, Cuba. 1996).

2. Existen m煤ltiples definiciones para el t茅rmino prostituci贸n y prostituta(o). Utilizaremos aqu铆 el concepto m谩s generalizado y abarcador: 芦Prostituci贸n: Actividad a la que se dedica la persona que mantiene relaciones con otras, a cambio de dinero u otros bienes禄 (Diccionario Ilustrado Oc茅ano de la Lengua Espa帽ola, p.800) y por prostituta(o) se entiende: 芦Mujer u hombre joven que por oficio tiene relaci贸n carnal con individuos de su sexo o del contrario禄. (Ib铆dem, p. 801).

3. V茅ase el an谩lisis de Katheleen Barry, La red define sus temas: Teor铆a, evidencia y an谩lisis de la esclavitud sexual femenina. (En: Informe del Taller Feminista Global para la Organizaci贸n contra el Tr谩fico de Mujeres. Centro de Investigaci贸n para la Acci贸n Femenina, Santo Domingo, 1985. p谩gs. 50-52).

3bis. A partir de aqu铆 el t茅rmino prostituta incluye tanto al g茅nero femenino como al masculino.

4. Mart铆n-Cano, F.: Causas de la prostituci贸n en la Prehistoria. Omnia. Mensa Espa帽a, N潞 92 y 93, Barcelona, 2001.

5. Abord茅 con amplitud este tema en el ensayo period铆stico 芦Jineteros en La Habana禄, publicado por la Revista Contracorriente, Nro 2, 1995, p谩gs. 49-64.

6. V茅ase la Ley sobre Prostituci贸n, aprobada en 1999 por el Parlamento Sueco. En: 1999 Swedish Law on Prostitution (que se encuentraaqu铆).

7. Est茅banez, Pilar: Exclusi贸n social y salud. Balance y perspectivas. Icaria-Antrazyt 179, Espa帽a, 2002.

8. V茅ase el excelente estudio de Amparo Comas La prostituci贸n femenina en Madrid. Direcci贸n General de la Mujer. Consejer铆a de la Presidencia. Madrid, 199?.

9. Fern谩ndez, E. La prostituci贸n femenina en los 90. Ponencia presentada en el Taller Internacional Mujeres en el umbral del siglo XXI, Universidad de La Habana, 1995. / Estudio sobre algunos valores morales de j贸venes con conducta social prostituida. Instituto de Medicina Legal/ Ministerio del Interior. Ciudad de La Habana, marzo de 1996. / Mar铆a Isabel Dom铆nguez y M.E Ferrer: Integraci贸n social de la Juventud cubana: Reflexi贸n te贸rica y aproximaci贸n emp铆rica. Informe de Investigaci贸n. CIPS, 1997.

10. En Cuba, la prostituci贸n est谩 asociada b谩sicamente al turismo internacional, principal fuente de ingresos del pa铆s despu茅s de iniciarse el llamado Per铆odo Especial con su considerable contracci贸n de la econom铆a. La isla perdi贸 en la d茅cada de los 90 a sus principales socios comerciales con el derrumbe del socialismo en Europa del Este y el recrudecimiento oportunista del bloqueo norteamericano. (V茅ase Jineteros en La Habana. Ob. Cit.).

11. V茅ase el an谩lisis de este tema que hace el psicoanalista argentino Germ谩n Garc铆a, en Piedra libre al cliente. (P谩gina 12, Argentina, 17 de abril de 1998).

12. Olsson, Hanna. Informe sobre prostituci贸n. Suecia, 1980.

13. Galeano, Eduardo: Patas arriba: la escuela del mundo al.rev茅s. Ediciones del Chanchito, Uruguay, 1999, p谩gs.72-73.

14. Lagarde, Marcela, Cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. Ed. Universidad Nacional Aut贸noma de M茅xico, colecci贸n posgrado, M茅xico D.F., 1990.

15. Lagarde. Ob.cit. p谩g. 543.

16. 芦El acceso masivo de la mujer a la educaci贸n; la incorporaci贸n al mundo del empleo; la salida del hogar paterno desde edades tempranas para cumplir tareas sociales (alfabetizaci贸n, becas, labores agr铆colas) que implica una fuerte movilidad geogr谩fica y social; la paulatina reducci贸n de mitos provenientes de una cultura sexista y con prejuicios raciales, ese ser铆a el nuevo marco de referencia para la mujer cubana a partir de 1959禄. Dom铆nguez, Mar铆a Isabel. La mujer en el contexto de la sociedad cubana a finales del Siglo (En: Gallopinto, Zaragoza, N煤mero 39).

17. Ar茅s, Patricia: Mi familia es as铆. Editora Pol铆tica, La Habana, 1990.

18. Yuma, pepe: en el habla marginal cubana, significa extranjero.

19. Fula: en el habla marginal, significa d贸lar norteamericano.

20. Man, Espa帽a. 18 de enero de 1996.

21. Viaggiare, Italia. 22 de marzo de 1995.

22. Ver Cuba, sensualidad caribe帽a (En: revista Deep. M茅xico, a帽o1. No.2, diciembre de 2002-enero de 2003. p谩g.30-33).

23. Garc铆a Ajofr铆n, Mar铆a Dolores. Cuba: pa铆s de contrastes. (En El Pa铆s, Espa帽a, 26 de junio de 2007.

24. Orozco, Rom谩n. (En Cambio 16, Espa帽a, 16 de diciembre de 1996).

25. Aparece en el reportaje publicado, sin firma, en el diario Svenska Dagblodet, Estocolmo, el 14 de mayo de 1998.

26. La tenencia de divisas se despenaliz贸 en 1993.

27. Elizalde, R. M.: Jineteros en La Habana. Ob. Cit.

28. Goffman, Erving. Estigma. La identidad deteriorada, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1970.

29. Comas, Amparo. Ob. cit., p.14.

30. Ib铆dem, p.15

31. Barry, Kathleen. Ob.cit, p谩g. 32.

32. Ib铆dem.

33. Mar铆a Isabel Dom铆nguez y M. E. Ferrer: Integraci贸n… Ob. Cit., p.16. Aqu铆 las autoras describen como tendencias desintegradoras en los j贸venes, entre otras, 芦aquellas que los distancia de las metas colectivas aprobadas por el consenso de la naci贸n禄.

34. Respuesta de Cuba a la Nota CU 2004/139, del Secretario General de las Naciones Unidas solicitando informaci贸n en virtud de la resoluci贸n 58/137 de la Asamblea General, titulada Fortalecimiento de la cooperaci贸n internacional para prevenir y combatir la trata de personas y proteger a sus v铆ctimas. Viena, 3 de noviembre del 2004. Se puede consultar aqu铆.

35. Dostoievski, Fiodor. Crimen y castigo. Editorial Raduga, Mosc煤, 1989. Primera Parte, Cap铆tulo 3, p谩g. 273.

El nuevo informe de Condoliza Rice

El 12 de junio pasado (2007) fue presentado el 鈥淚nforme sobre el tr谩fico y trata de personas del 2007鈥 elaborado por el Departamento de Estado, en el que incluyeron a Cuba por quinta ocasi贸n. En esta oportunidad, se le dedic贸 a la isla m谩s o menos la misma cantidad de palabras que se ha venido haciendo desde el informe del 2003, pr贸digas en calumnias y ofensas, que hacen 茅nfasis en el supuesto turismo sexual infantil, en el trabajo forzado y en la prostituci贸n de los menores de edad en Cuba.

Esta vez, al menos reconoce que la isla ha aplicado celosamente y con severidad la ley para prevenir y sancionar cualquier delito de tal naturaleza que pudiera ocurrir. Sin embargo, nada dice acerca de las conversaciones migratorias realizadas entre los dos pa铆ses a principios del a帽o 2000 y abortadas por la administraci贸n de Bush, en las que Cuba present贸 varias propuestas concretas de colaboraci贸n para el enfrentamiento al tr谩fico de personas, drogas, terrorismo, pornograf铆a infantil y delitos conexos. Estados Unidos las rechaz贸 entonces y en otras oportunidades posteriores.

El informe de Condoleezza Rice tampoco advierte que antes del triunfo de la Revoluci贸n de 1959, Cuba ten铆a una poblaci贸n de algo m谩s de 6 millones de habitantes y era conocida como el 芦burdel de los norteamericanos en el Caribe禄. Alrededor de 100 000 mujeres ejerc铆an de forma directa o indirecta la prostituci贸n, por pobreza, discriminaci贸n y falta de empleo. La Revoluci贸n las educ贸 y les busc贸 empleo

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*Periodista.
Aparecido originalmente en Cubadebate.

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