En una reciente marcha por las mujeres del 8 de marzo en Montevideo, en una de las consignas, se mencionaba el imperialismo. Horror, pecado, sacrilegio. Y la acusación más común: estamos anclados en las ideas del siglo XIX. Lo peor es que, obviamente y con sus diferencias, las acusaciones no surgen solo desde la derecha…

Victor Gillam, Un buen comienzo es la mitad del trabajo hecho (1899)
Victor Gillam, Un buen comienzo es la mitad del trabajo hecho (1899)

Otro imán para abordar este tema es Donald Trump, sus guerras, sus declaraciones, su reivindicación explícita de la doctrina Monroe. Eso sí, a lo bestia.

El imperialismo clásico (1870-1914)

Hablar de imperialismo es hablar de un fenómeno complejo que alcanzó su punto máximo entre finales del siglo XIX y principios del XX (aproximadamente entre 1870 y 1914). En términos sencillos, fue la era en la que las potencias industriales (principalmente europeas, pero luego también EE. UU. y Japón) compitieron por el control total de territorios en África, Asia y Oceanía. No se trataba solo de comerciar, sino de dominar.

Para entender qué sucedía en América Latina durante el auge del imperialismo global (1870-1914), debemos mirar más allá de las invasiones militares tradicionales. Mientras las potencias europeas se repartían África y Asia en la Conferencia de Berlín, en Latinoamérica se consolidaba un modelo de dominación económica, militar y diplomática.

Mientras, las economías latinoamericanas se integraron al mercado mundial, pero en una posición de subordinación. Eran proveedoras de materias primas baratas (carne y trigo en Argentina, café en Brasil y Colombia, caucho en el Amazonas, nitratos en Chile, banano en Centroamérica). A cambio de las materias primas, los países recibían productos manufacturados y tecnología (ferrocarriles, telégrafos). Aunque parecía «modernización», esto impidió que la región desarrollara su propia industria.

En este periodo, el Reino Unido era el principal inversor. Controlaba los bancos, los seguros y los ferrocarriles, creando lo que se llamó el «Imperio Informal».

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El puerto de Montevideo en 1900

Uruguay entre 1870 y 1914, aunque era un país pequeño, vivió de forma intensa las contradicciones del imperialismo. En esa época, Uruguay pasó de ser una «tierra de guerra» (caudillos y lanzas) a convertirse en la «Suiza de América», pero bajo una fuerte sombra británica.

Gran Bretaña no necesitaba nombrar un gobernador en Montevideo; el control era económico y de infraestructura. Las vías del tren no se diseñaron para conectar a los uruguayos entre sí, sino para conectar las estancias con el Puerto de Montevideo. El diseño era radial (todas las vías morían en el puerto), facilitando la extracción de lana y carne hacia Londres.

El gas, el agua corriente y los tranvías eran empresas británicas. Los uruguayos pagaban sus servicios básicos a compañías que enviaban sus ganancias directamente a Inglaterra. En 1865 se fundó la Liebig’s Extract of Meat Company en Fray Bentos (el «Anglo»). Uruguay se convirtió en la «cocina del mundo», alimentando a los ejércitos europeos y a la clase obrera británica con extracto de carne y corned beef.

El imperialismo necesitaba «orden» para que sus inversiones fueran seguras. Por eso, las potencias y los comerciantes apoyaron el ascenso de militares como Lorenzo Latorre (1876-1880).

Fue una «tecnología imperial» clave. Al cercar los campos con alambre importado, se terminó con el libre pastoreo, se consolidó la propiedad privada de la tierra y se dejó sin trabajo al «gaucho», que pasó a ser peón o marginado y el fusil Remington permitió al Estado central tener más poder de fuego que los caudillos rurales, asegurando que las revueltas no afectaran las exportaciones.

Una particularidad del Uruguay fue el batllismo, que fue una respuesta al imperialismo. A principios del siglo XX (1903-1914), surge la figura de José Batlle y Ordóñez, quien entendió perfectamente los riesgos de la dependencia extranjera:

José Batlle y Ordóñez | Uruguayan President & Political Reformer ...Batlle decía que los servicios públicos esenciales no debían estar en manos de extranjeros. Así nacieron empresas estatales (como la UTE o el Banco de Seguros) para competir o desplazar a las empresas británicas.

Fue un intento temprano de «nacionalismo económico» en América Latina, tratando de que las ganancias del progreso se quedaran en el país y no se fueran a Londres en forma de dividendos.

En 1914, Uruguay era un país rico (el PBI per cápita era de los más altos del mundo), pero esa riqueza era frágil, dependía totalmente de que Europa quisiera comprar carne y lana. No tenía industria pesada propia (todo el hierro y el carbón venían de afuera). Seguía siendo útil a los intereses británicos para mantener el equilibrio entre Argentina y Brasil.

El ascenso de Estados Unidos: de la doctrina al garrote

A finales del siglo XIX, Estados Unidos comenzó a desplazar a las potencias europeas como el «dueño» del hemisferio bajo dos conceptos clave:

  • La Doctrina Monroe (Reinterpretada): Originalmente era para evitar que Europa regresara a su dominio colonial y semicolonial. En esta época, se usó para justificar que solo EE. UU. podía intervenir en la región.
  • El corolario Roosevelt (1904) / «The Big Stick»: Theodore Roosevelt estableció que si un país latinoamericano tenía «desórdenes» o deudas, EE. UU. intervendría militarmente para «poner orden». Esto llevó a las Guerras del Banano y a intervenciones en Cuba, Nicaragua, Haití y República Dominicana.

CapítuloEl ejemplo más puro de imperialismo de esa época fue la separación de Panamá de Colombia (1903). EE. UU. quería un canal interoceánico para controlar el comercio mundial, ante la negativa de Colombia de aceptar las condiciones estadounidenses, EE. UU. apoyó la independencia de Panamá. A cambio, el nuevo gobierno panameño cedió a perpetuidad la Zona del Canal, un enclave colonial bajo bandera estadounidense en pleno corazón del continente.

A diferencia de lo que ocurría en el resto del mundo, en América Latina, no hubo colonización formal: las naciones ya eran independientes (en su mayoría).

El imperialismo funcionaba porque las élites latinoamericanas (terratenientes y políticos) se beneficiaban económicamente de venderle recursos a las potencias, aunque eso empobreciera al resto de la población. Entre 1870 y 1914, América Latina vivió una «independencia de papel» pero una «dependencia real». El poder pasó de las manos de los antiguos reyes españoles a los banqueros de Londres y los marines de Washington.

La Justificación Ideológica, para convencer a sus propias poblaciones de que invadir otros continentes era «bueno», las potencias usaron argumentos hoy considerados inaceptables. Se creía que el hombre blanco tenía el «deber moral» de llevar la religión, la educación y la tecnología a pueblos que consideraban «atrasados». El darwinismo social, se aplicó la teoría de la evolución de las especies a la sociedad. Se argumentaba que las naciones más «fuertes» debían dominar a las «débiles» para asegurar el progreso de la humanidad.

El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 marcó el principio del fin para el imperialismo clásico europeo y el nacimiento de nuevas formas de dominio que llegan hasta nuestros días.

El declive de Europa y el ascenso de EE. UU. (1914-1945)

La Gran Guerra fue, en esencia, una pelea entre imperios por el reparto del mundo. El resultado cambió el mapa del mundo para siempre. Cayeron el Imperio austrohúngaro, el Imperio otomano, el Imperio alemán y el Imperio ruso.

Las colonias de los vencidos no se liberaron, sino que pasaron a manos de los vencedores (Reino Unido y Francia) bajo la figura de «mandatos» de la Sociedad de Naciones. Europa quedó arruinada y endeudada. Estados Unidos pasó de ser un país deudor a ser el gran acreedor del mundo. El centro financiero se mudó de Londres a Wall Street.

Descolonización y Guerra Fría (1945-1991)

¿Qué fue la descolonización? - El Orden Mundial - EOMTras la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo territorial se volvió insostenible y hubo una Ola de Independencias: entre 1945 y 1975, casi todas las colonias en África y Asia lograron su independencia (India, Argelia, Vietnam, Congo). Sin embargo, muchas nacieron con fronteras artificiales que causan guerras hasta hoy.

Fue el tiempo del neocolonialismo, las antiguas metrópolis se fueron físicamente, pero mantuvieron el control a través de la deuda externa, la moneda y la tecnología. El mundo se dividió en dos esferas de influencia: la de EE. UU. (capitalismo) y la de la URSS (comunismo). Ya no se conquistaban tierras, sino gobiernos y mentes.

El imperialismo del siglo XXI (la Era de la Tecnología)

El imperialismo ya no necesita barcos de guerra, sino infraestructura crítica: el dólar como moneda global y el sistema SWIFT (1), el control del litio y las tierras raras para baterías, algoritmos, Inteligencia Artificial y almacenamiento en la nube.

En el siglo XXI, el control del petróleo ha dejado de ser una simple búsqueda de «barriles físicos» para convertirse en una herramienta de dominio geoeconómico. El imperialismo moderno no solo quiere el recurso para consumirlo, sino para decidir quién más puede acceder a él y a qué precio.

A diferencia del siglo XX, donde se invadían países principalmente para extraer el crudo (modelo colonial), hoy el control se ejerce mediante sanciones y bloqueos de rutas logísticas. El control de los «puntos de estrangulamiento» (chokepoints) como el Estrecho de Ormuz o el Canal de Suez, que tiene presencia militar allí, controla el flujo hacia potencias rivales (como China), ejerciendo una forma de imperialismo preventivo.

El imperialismo del siglo XXI se sostiene en que el petróleo se comercia mayoritariamente en dólares de los EE.UU. a pesar del avance de sistemas alternativos (como el CIPS chino) y el auge del bloque BRICS+, el dólar estadounidense sigue siendo el «lenguaje universal» de la energía. Sin embargo, en este 2026, estamos viendo una erosión histórica en los porcentajes que antes eran casi totales.

Históricamente, el petróleo se comerciaba en un 90-95% en dólares. Hoy esa cifra ha caído debido a que grandes productores (Rusia, Irán y parcialmente Arabia Saudita) han diversificado sus divisas. Aproximadamente el 80% – 85% se comercializa en dólares, el 15% – 20% restante se reparte principalmente en yuanes (petroyuán), rupias indias y rublos.

China ya liquida casi el 25% de sus propias importaciones de crudo en yuanes. Como China es el mayor importador del mundo, esto ha movido la aguja global significativamente.

El mercado del gas es más fragmentado que el del petróleo. Tradicionalmente, el gas se pagaba en dólares o euros (especialmente en Europa). Alrededor del 70% – 75%. Se comercializa en dólares. El 25% – 30% se comercializa en otras monedas. Rusia (segundo productor mundial) ahora exige rublos o yuanes para su gas. Además, países como Qatar están empezando a aceptar yuanes en contratos a largo plazo con Asia, y la Unión Europea ha empujado el uso del euro para sus propias compras de GNL para reducir la dependencia de la volatilidad del dólar.

Para tener una idea precisa al mes de marzo del 2026 el valor estimado del Comercio Mundial es de U$ 35 billones de dólares en español U$ 1.000.000.000.000 (Un 1 seguido de 12 ceros). Petróleo crudo $1.000.000.000.000 (Un 1 seguido de 12 ceros).

Combustibles Fósiles U$ 3.5 a $4 billones, un 10% al 12% el petróleo crudo U$2.2 billones un 6.5% y el gas (GNL y Tubería) U$ 0.9 billones un 2.5%. Los porcentajes de cada rubro corresponden a su comparación con el comercio mundial.

Cometeríamos un grave error si consideráramos el porcentaje del 10 al 12% de los combustibles fósiles sobre el comercio mundial, el petróleo y el gas natural no son solo «combustibles»; son la materia prima base de la civilización industrial moderna. Si el petróleo desapareciera mañana, no solo dejarían de moverse los autos, sino que dejaríamos de tener comida, ropa y medicamentos.

La cadena agroalimentaria (Sin petróleo no hay comida) es quizás la dependencia más crítica. La Industria Química y de Plásticos, aproximadamente el 12% del petróleo mundial no se quema, sino que se usa como insumo industrial: plásticos y polímeros: Desde el teclado de las computadoras hasta las fibras textiles, el poliéster, el nailon y la lycra son derivados del petróleo. Hoy representan más del 60% de la ropa que se produce en el mundo. El caucho sintético, vital para la industria automotriz (neumáticos).

Contaminación petrolera refinería de petróleo, anticontaminación ...La Industria Farmacéutica y de Higiene es la dependencia «invisible» más fuerte del petróleo, gran parte de los reactivos químicos para fabricar medicamentos, vitaminas, antibióticos son derivados del petróleo.

La industria de la construcción, el asfalto, es el residuo pesado del petróleo. Sin él, el mantenimiento de la red vial colapsa y muchos otros componentes y el GNL utilizado para generar diversos productos fundamentales para la construcción.

El GNL y la generación eléctrica, en países como Uruguay, cuando no hay suficiente agua en las represas, se quema gas o gasoil para generar electricidad.

Por ello el impacto del ataque a Irán por Estados Unidos e Israel y el cierre del estrecho de Ormuz, no solo impacta en el precio del combustible en los surtidores, sino en cadenas productivas fundamentales de nuestra civilización industrial. Al punto de que Japón y Alemania decidieron liberar una parte de sus reservas de petróleo para tratar de bajar o al menos mantener el precio del crudo.

El imperialismo cultural del siglo XXI ha mutado. Ya no se trata solo de que «todos veamos las mismas películas de Hollywood» (el modelo del siglo XX), sino de quién controla el algoritmo y los datos que deciden qué debemos ver, pensar y consumir.

En este 2026, el imperialismo cultural opera a través de varios ejes principales:algoritmo informatico

  • El algoritmo como «curador» de la realidad. Antes, el imperialismo era la exportación de contenidos. Hoy, es la exportación de infraestructura de atención. Plataformas como TikTok (China) o Instagram/YouTube (EE. UU.) no solo te muestran contenido, sino que moldean tu percepción del mundo. El imperialismo hoy es que un joven en Montevideo tenga un humor, un lenguaje y unas preocupaciones políticas dictadas por las tendencias de los algoritmos de Silicon Valley
  • La homogeneización del deseo. Todos aspiramos a los mismos estándares de belleza, viajes y éxito, diseñados para ser comercializables globalmente.
  • El «Soft Power» de las plataformas de streaming. Plataformas como Netflix, Disney+ o HBO Max han sustituido a las salas de cine locales. Estas empresas producen contenido en todos los idiomas, pero bajo los estándares narrativos y de ritmo estadounidenses. Se «traduce» la cultura local a un formato digerible para el mercado global, diluyendo lo que hace única a una cultura. Y la dependencia económica, las industrias culturales locales ya no dependen del público local, sino de que un ejecutivo en California o Londres dé «luz verde» a un proyecto.
  • Descubre cuáles son los idiomas más comunes en Internet - Globus ...El idioma y el «lenguaje de internet». El inglés ya no es solo un idioma, es el sistema operativo del mundo. Incluso cuando hablamos español, nuestro lenguaje está colonizado por términos corporativos y tecnológicos (streamingpostswiftalgoritmooutfit). Esto genera una jerarquía cultural: lo que no está en el ecosistema digital angloparlante (o ahora chino) parece no existir o ser «de segunda categoría».
  • La Inteligencia Artificial y el sesgo cultural. Las IAs son entrenadas mayoritariamente con datos del hemisferio norte. Las respuestas sobre ética, historia o política suelen reflejar la visión del mundo de las empresas que las crean. El imperialismo cultural ahora se «esconde» en las respuestas de los asistentes virtuales y los buscadores.
  • La justificación ideológica del imperialismo del siglo XXI es mucho más sutil que la del pasado. Ya no se habla de «civilizar a los bárbaros» (siglo XIX) o de «frenar el comunismo» (siglo XX). Hoy, la narrativa se disfraza de valores universales que parecen indiscutibles, pero que esconden una estructura de poder.
  • El «universalismo» de la libertad digital. La ideología dominante sostiene que el libre flujo de datos y el acceso a plataformas globales son sinónimos de libertad individual. La trampa es que se vende la idea de que «estar conectado» es un derecho humano. Bajo esta premisa, cualquier intento de un Estado por regular las grandes tecnológicas o proteger su mercado cultural interno es tachado de «censura» o «atraso autoritario». Se justifica que empresas privadas extranjeras tengan más poder sobre la opinión pública que las leyes de los propios países.
  • La teocracia de la eficiencia y el progreso. Se ha instalado la idea de que la tecnología es neutra. Existe una justificación ideológica basada en que «lo más eficiente es lo mejor para todos». Si una plataforma de streaming extranjera es más barata y eficiente que el cine local, su dominio se justifica por el «progreso». Esta ideología desactiva la resistencia cultural: oponerte al avance de una transnacional no es una postura política, sino que te hace parecer a alguien que odia el futuro.
  • Ecologismo imperial. Esta es una de las justificaciones más potentes de este tiempo. Las potencias utilizan la crisis climática para dictar quién puede desarrollarse y cómo. «Debemos salvar el planeta». Está muy bien, si fuera igualitario para todos y permitiera a los países planificar su desarrollo en base a un verdadero equilibrio mundial.

En realidad se imponen restricciones a los países en desarrollo (que necesitan petróleo y gas para crecer) mientras las potencias controlan la tecnología de la «transición energética». La ideología verde justifica que los países centrales sigan mandando, ahora bajo el título de «Protectores de la Tierra». Con excepción de EE.UU., que ignora totalmente la protección del planeta.

Esta ideología solo se aplica cuando el país en cuestión tiene recursos estratégicos o una ubicación geopolítica clave. Nunca verás una «intervención militar por la democracia» en un país sin valor estratégico. Venezuela, Irán, la pretendida invasión a Groenlandia. Donald Trump ha destruido totalmente toda sutileza y ha desnudado el carácter integralmente imperialista de su política exterior

A nivel político-militar (y muy ligado al control del petróleo), el imperialismo se justifica mediante la intervención humanitaria. Ya no se invade por recursos; se interviene para «restaurar la democracia» o «proteger los derechos humanos».

En resumen, ideológicamente se exporta la idea de que el éxito depende solo del talento individual en un mercado global interconectado. «Si sos bueno, Google te va a ver», esto oculta que las reglas de juego (patentes, SWIFT, propiedad intelectual) están diseñadas para que el valor siempre fluya hacia los mismos centros de poder. Convierte al ciudadano en un «cliente del imperio» que cree que es libre porque puede elegir qué aplicación bajar.