Abr 24 2023
398 lecturas

CulturaOpiniónPolítica

De nada vale

‚ÄúUna, salvarse solo, arrojar ciegamente los dem√°s de la balsa¬†y la otra,¬†un destino de salvarse con todos,¬†comprometer la vida hasta el √ļltimo n√°ufrago‚ÄĚ/¬† Armando Tejada G√≥mez

 

Siglos de praxis revolucionaria fueron necesarios para develar cuales son las causas de los males que sufre la humanidad. La lucha te√≥rica y pr√°ctica por exponer y derrotar a los explotadores no solo encuentra resistencia en las filas enemigas, sino tambi√©n, entre los que se pretenden aliados. Ya Lenin nos advert√≠a que ‚Äúla lucha contra el imperialismo es una frase vac√≠a y falsa si no va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo‚ÄĚ (p.88, 1916).

En esta categor√≠a se inscribe actualmente el fil√≥sofo surcoreano Byung-Chul Han, cuyas ideas se han extendido ampliamente en los c√≠rculos progresistas y de izquierda, principalmente desde la emergencia de la pandemia y el recrudecimiento de los dramas humanos que trajo aparejado.El dec√°logo de Byung-Chul Han en el primer a√Īo de pandemia: ‚ÄúEstamos conectados digitalmente, pero sin ninguna experiencia comunitaria que nos haga felices‚ÄĚ - La Tercera

Aunque seductor en muchos de sus postulados teóricos, que a primera vista parecen explicar las causas de los padecimientos actuales, éstos no hacen más que seguir ocultando, y hasta frustrando a priori, cualquier iniciativa verdaderamente transformadora.

Proponemos un recorrido por algunos de sus planteos, intentando ir al fundamento de su propuesta, con el fin de demostrar nuestra afirmaci√≥n sobre las intenciones del fil√≥sofo. Comenzaremos¬† por el de¬†autoexplotaci√≥n,¬†concepto propuesto por Han para referirse a la idea de que las personas se someten voluntariamente a la explotaci√≥n y al autocontrol en la era del capitalismo tard√≠o. Seg√ļn Han, en lugar de ser explotadas por un jefe o una empresa, las personas se convierten en su propio jefe y se explotan a s√≠ mismas.

Más allá del enfoque individualista y su énfasis en la responsabilidad particular, lo que el intelectual no explica es que la explotación siempre ha sido una característica intrínseca del capitalismo, donde la clase capitalista se beneficia de la producción de plusvalía a expensas de la clase trabajadora.

El trabajador y la trabajadora, desde los or√≠genes del sistema, no han tenido m√°s opci√≥n que vender su fuerza de trabajo al capitalista para sobrevivir. Por lo tanto, cualquier forma de explotaci√≥n, incluida la autoexplotaci√≥n, se deriva de la necesidad de la clase trabajadora de trabajar para ganarse la vida, o, mejor dicho, las m√≠seras condiciones de supervivencia. Este fen√≥meno, en el que las personas trabajan cada vez m√°s, bajo el autocontrol y la autoexigencia sin necesidad de una presi√≥n externa, es un logro del mismo capital que niega, justamente, esta necesidad creada por el sistema y la oculta tras un aparente ‚Äúcontrato social‚ÄĚ entre capital y trabajo.

Lo que sí se observa en la actualidad es un aumento de la tasa de explotación y un perfeccionamiento de los mecanismos que sostienen la apariencia de la relación de clase como contrato entre sujetos libres. El capital ha revolucionado las necesidades mismas del trabajador en relación al proceso productivo, ya no solo condicionado por la necesidad de dirigirse al mercado a vender su fuerza de trabajo, sino también, y paradójicamente, con la aparente necesidad de trasladarse a lo que ocurre al margen del proceso productivo propiamente dicho.

Esta transformaci√≥n supone adem√°s que el capital, a trav√©s de la socializaci√≥n de los medios de producci√≥n (los m√ļltiples dispositivos digitales), se apropia del tiempo que en la etapa anterior el trabajador utilizaba para reponer su fuerza de trabajo. Tiempo que el obrero, tras una extendida y agobiante jornada laboral, usaba para recomponer su fuerza f√≠sica, alimentarse, educarse, desarrollar sus necesidades espirituales y afectivas, dormir y prepararse para estar en condiciones, al d√≠a siguiente, de enfrentar una nueva jornada para no morir.

En t√©rminos generales, podemos pensar en 8 horas de jornada laboral, 8 horas de sue√Īo y 8 horas para el resto de las necesidades enunciadas. Durante esas 16 horas fuera de la jornada laboral, sin embargo, el capital no lograba disponer de la mercanc√≠a fuerza de trabajo en relaci√≥n a un instrumento para la producci√≥n de plusval√≠a. De alguna manera, se interrump√≠a el proceso hasta la pr√≥xima jornada, considerando por supuesto, al obrero individual.

La posibilidad actual de apropiarse del producto de la actividad humana en relaci√≥n a los ‚Äúinstrumentos digitales‚ÄĚ, que ya forman parte constitutiva de la vida cotidiana, materializan lo que Marx anunciaba como la subsunci√≥n formal y real del trabajo al capital. Esto puede darse principalmente por dos razones: por un lado, debido a una disminuci√≥n del desgaste f√≠sico de la actividad productiva, donde el tiempo antes destinado a la reposici√≥n de dichas fuerzas ya no es necesario y, por otro lado, a la creaci√≥n de nuevas necesidades espirituales o morales.

Para esto, el capital crea los elementos materiales para dicha actividad y a la vez, construye los mecanismos para que la misma no se presente como trabajo, sino como tiempo de ocio, esparcimiento, juego, socialización, educación, necesidades humanas que hoy se están trasladando al territorio de la virtualidad. En síntesis, todos los tiempos, tanto el de trabajo como el de reposición de fuerzas físicas y necesidades espirituales, quedan bajo un proceso de subsunción total al capital, tanto formal como real.

No solo se genera la posibilidad de una forma superadora del obrero global a trav√©s de la interconexi√≥n de personas y cosas, sino que, de esta manera, se habilita la extracci√≥n de plusval√≠a fuera del proceso productivo concebido de manera tradicional. La disminuci√≥n al m√≠nimo de la parte necesaria de la jornada social de trabajo para la producci√≥n material, posibilita al capital ampliar el tiempo de trabajo ajeno apropiado, ahora por fuera de dicho proceso productivo. Pero lo que se habilita tambi√©n, seg√ļn el mismo Marx, es la liberaci√≥n de un tiempo posible de conquistar ‚Äúpara la libre actividad intelectual y social de los individuos‚ÄĚ (p. 643, 2009), siempre y cuando se logre desde la clase apropiarse del producto de su propio trabajo y de su tiempo, que hoy es tiempo de no trabajo para unos pocos.

Han ofrece otro concepto para describir esta capacidad del sistema económico de apropiarse de nuestro tiempo y particularmente, de los datos que generamos, por este proceso de subsunción total. Habla de Infocracia para definir al régimen de la información como la forma de dominio actual en la que la información y su procesamiento mediante algoritmos, sumado a la inteligencia artificial, determinan de modo decisivo los procesos sociales, económicos y políticos de nuestro tiempo.

A diferencia del r√©gimen disciplinario que dejamos atr√°s a fines del siglo pasado, en lugar de cuerpos y energ√≠as, lo que se explota ahora seg√ļn el fil√≥sofo, es informaci√≥n y datos en este capitalismo de la informaci√≥n devenido en capitalismo de la vigilancia, degradando as√≠ a las personas a la condici√≥n de datos y de ganado consumidor. Concepci√≥n altamente cuestionable, no solo por su evidente posicionamiento pol√≠tico contra el gobierno chino¬† -obviando otros actores del tablero global que comandan las reglas del r√©gimen que cuestiona- , sino por la visi√≥n fatalista a la que nos tiene acostumbrados.

Porque si bien estos argumentos parecieran acertados, lo que el filósofo vuelve a obviar es lo que realmente ocurre en el silogismo del proceso productivo, reduciendo en cierta medida sus explicaciones solo a la esfera de la circulación y el consumo; es decir, no solo que no hemos dejado de ser cuerpos y energía, sino que reducirnos conceptualmente a datos y consumo nos niega como sujetos de conocimiento y transformación.

Yendo a los fundamentos mismos del sistema y sus transformaciones guiadas por sus propias leyes, podemos decir que el desarrollo de las fuerzas productivas ha permitido que el conocimiento se convierta en fuerza productiva inmediata, es decir, el trabajo directo inmediato deja ser base de la producción, y la que se presenta como productora es la combinación de la actividad social.

En otras palabras, ‚Äúla ciencia, en vez de estar en manos del obrero para acrecentar sus propias fuerzas productivas […], en casi todos lados se le enfrenta. El conocimiento deviene un instrumento que se puede separar del trabajo y contraponerse a √©ste.‚ÄĚ (Thomson en Marx, p. 440). Las potencias intelectuales del proceso material de producci√≥n se le contraponen al trabajador como propiedad ajena y poder que los domina. Lo que ya se consuma en la gran industria y se observa en su punto m√°ximo en la actualidad es la separaci√≥n del trabajo de la ciencia, haciendo de esta √ļltima potencia productiva aut√≥noma e instrumento de explotaci√≥n del primero.

Como ya mencionamos, este proceso es lo que Marx llama subsunci√≥n real del trabajo al capital, m√°s all√° de la subsunci√≥n formal. ‚ÄúEl capital se desarrolla en todas aquellas formas que producen plusval√≠a relativa, a diferencia de la absoluta. Con la subsunci√≥n real del trabajo en el capital se efect√ļa una revoluci√≥n total (que se prosigue y repite continuamente) en el modo de producci√≥n mismo, en la productividad del trabajo y en la relaci√≥n entre el capitalista y el obrero‚ÄĚ.

En esta revolución total, no es el obrero individual sino cada vez más una capacidad de trabajo socialmente combinada lo que se convierte en el agente real del proceso laboral en su conjunto, donde las diversas capacidades de trabajo que cooperan y forman la máquina productiva total participan de manera muy diferente en el proceso inmediato de la formación de mercancías o de productos, sin embargo, son “directamente explotados por el capital y subordinados en general a su proceso de valorización y de producción.

Si se considera el trabajador colectivo, en el que el taller consiste¬† de manera directa en un producto total que al mismo tiempo es una masa total de mercanc√≠as, es absolutamente indiferente la funci√≥n de tal o cual trabajador, mero eslab√≥n de este trabajador colectivo‚ÄĚ (p. 79, 2009).

Si se considera el trabajador colectivo,¬†en el que el taller consiste¬† de manera directa en un¬†producto total¬†que al mismo tiempo es una masa total de mercanc√≠as, es absolutamente indiferente la funci√≥n de tal o cual trabajador, mero eslab√≥n de¬†este trabajador colectivo‚Ä̬†(p. 79, 2009).

Es en este sentido que Marx propone una ampliaci√≥n, y a la vez una restricci√≥n, del concepto de trabajo productivo. El mismo es definido en una primera instancia como todo trabajo que sea productivo para el capital, es decir, que genere plusval√≠a. Pero Marx, al analizar las transformaciones en el desarrollo de la gran industria, establecer√° que el aumento en la cooperaci√≥n y productividad del trabajo ampl√≠an necesariamente este concepto, ya que¬† ‚Äúpara trabajar productivamente, ahora ya no es necesario hacerlo directa y personalmente, basta con ser √≥rgano del obrero global‚ÄĚ (p. 616, 2008).

En los inicios de la gran industria como fase capitalista propiamente dicha, ya Marx vislumbraba esta transformaci√≥n estructural: hac√≠a su aparici√≥n el trabajo social, donde para trabajar productivamente ya no era necesario hacerlo de manera directa, sino que bastaba llevar adelante cualquier funci√≥n parcial. Es decir, la definici√≥n de trabajo productivo s√≥lo es v√°lida para el obrero global como totalidad, pero ya no aplicable a cada uno de sus miembros. Significa adem√°s que el concepto de trabajador productivo ya no implica una relaci√≥n entre actividad y efecto √ļtil, sino que se basa esencialmente en una relaci√≥n social espec√≠fica y surgida hist√≥ricamente, que hace al trabajador un mero medio de valorizaci√≥n para el capital (2008).

En el momento actual, se observar√≠a que los √ļltimos avances tecnol√≥gicos han permitido la ampliaci√≥n del car√°cter cooperativo del proceso laboral a partir de una radical reorganizaci√≥n de la fuerza de trabajo que se pone en relaci√≥n a los medios de producci√≥n, con la virtualidad como su nueva espacialidad,¬† proceso que ha supuesto adem√°s una transformaci√≥n cualitativa en el sentido desarrollado por Marx.

Esta ampliaci√≥n y restricci√≥n a la vez del concepto de trabajo productivo nos permite arrojar luces sobre los tiempos de extracci√≥n de plusval√≠a, es decir, de los tiempos de plustrabajo, y por ende, preguntarnos por la categor√≠a misma de jornada laboral, considerada como la suma del tiempo de trabajo necesario y plustrabajo. Nos permite preguntarnos sobre c√≥mo el capital ha logrado ‚Äúatravesar las paredes‚ÄĚ de la f√°brica y construir mecanismos de extracci√≥n de plusval√≠a del obrero social como totalidad, en los tiempos en los que, en apariencia, las y los millones de trabajadores individuales creemos estar fuera de la jornada laboral tradicional.

Aqu√≠ podr√≠amos considerar que hay puntos en com√ļn con Han. Este afirma que el ‚Äútiempo es dinero‚ÄĚ, algo que no supone novedad alguna, pero agrega como novedoso que ‚Äúaquel tiempo que antes era considerado personal (y que a√ļn hoy suele considerarse propio e intransferible) est√° siendo mercantilizado m√°s all√° de nuestra conciencia‚ÄĚ.

Ya hemos establecido que durante este tiempo los usuarios interact√ļan en la red digital, permitiendo que a partir de esas interacciones se desarrollen mejoras en las plataformas y dispositivos que se emplean en dicho proceso. Para ser a√ļn m√°s claros, este tiempo en el espacio virtual es materializado en mejoras en el capital constante utilizado, cuyo desarrollo se expresa en la ampl√≠sima variedad y complejidad de los procesos productivos en los que estos dispositivos se encuentran integrados.

Considerando el tiempo que transcurrimos en el espacio virtual, como tiempo de trabajo productivo, cae de lleno que el mismo se encuentra bajo la categoría de plustrabajo, ya que supone un tiempo que excede al tiempo de trabajo necesario. El mismo entonces sería aprovechado por el capital para la generación de plusvalía, pudiendo ser comprendido entonces como tiempo de trabajo productivo, en tanto permite al capital ampliar la base del proceso de producción hacia el tiempo libre liberado por el desarrollo de las fuerzas productivas, y de esta manera, amplificar su proceso de autovalorización.

A esta combinaci√≥n de la actividad colectiva tenemos que¬†sumarle el an√°lisis de la parte constante del taller colectivo,¬†con el fin de poder explicar el proceso en desarrollo que describimos como socializaci√≥n de determinados medios de producci√≥n.¬†Por ello es importante poder definir qu√© forma asumen los medios en la actualidad,¬†¬†y aqu√≠ lo novedoso de la nueva fase del sistema, seg√ļn Rosdolsky en su an√°lisis de los Grundrisse, residir√≠a en lo siguiente:

‚ÄúEn contraposici√≥n a la manufactura, en la gran industria el revolucionamiento del modo de producci√≥n parte no de la fuerza de trabajo, sino de los medios de trabajo. Pero ello modifica de ra√≠z la relaci√≥n originaria entre el obrero y el medio de trabajo. En lugar del oficio sometido al trabajador aparece ahora un ¬ęmonstruo¬†animado¬Ľ¬†que¬†‚Äúobjetiva el pensamiento cient√≠fico y es de hecho el coordinador‚ÄĚ, de modo que, en lo sucesivo, el obrero individual ya s√≥lo existe como accesorio vivo, y aislado, de esa unidad objetiva‚ÄĚ (p. 275, 2004).

En este sentido¬†aclara Marx: ‚Äúel trabajo s√≥lo puede ser absorbido en la medida en que el capital adopta la forma de los medios de producci√≥n espec√≠ficos requeridos para procesos laborales determinados‚ÄĚ. (p. 40, 2009)

Ahora bien, este proceso también ha tenido sus implicancias en los mecanismos de compra-venta de la fuerza de trabajo. La socialización de la producción, ha tomado una nueva configuración en esta fase del capital, en donde pareciera que algunos medios de producción son entregados al trabajador para su empleo.

En este marco de an√°lisis podemos pensar el fen√≥meno de socializaci√≥n de los m√ļltiples dispositivos digitales, hoy puestos a disposici√≥n de millones de personas que, por medio de su acci√≥n humana, interact√ļan con √©stos como instrumentos -bajo l√≥gica capitalista-, permitiendo de esta manera la producci√≥n de valor, y por ende, de su extracci√≥n y apropiaci√≥n. La interconectividad lograda entre ‚Äúlas personas y las cosas‚ÄĚ, con un nivel de penetraci√≥n del internet en el 60% de la poblaci√≥n mundial, con un promedio de 6 horas diarias de exposici√≥n a pantallas y con la materializaci√≥n de f√°bricas, casas y ciudades inteligentes, es un fen√≥meno que le permitir√≠a al capital expandir los l√≠mites del plustrabajo, y por ende, de generaci√≥n de plusval√≠a, objetivo central del capital como clase.

Lo que define esta nueva revoluci√≥n industrial ser√≠a entonces la posibilidad de integrar las m√ļltiples tecnolog√≠as de punta con los trabajadores, una nueva ‚Äúasociaci√≥n de brazos e instrumentos‚ÄĚ, una fase superior de la cooperaci√≥n que, durante la √©poca de la gran industria, permiti√≥ la combinaci√≥n de trabajadores parciales con instrumentos en un mecanismo colectivo, un m√©todo especial de producir plusvalor relativo o de aumentar a expensas de los obreros la autovalorizaci√≥n del capital.

Los or√≠genes del proletariado como clase, supuso entre otras transformaciones, la ‚Äúmigraci√≥n‚ÄĚ del campesino que trabajaba la tierra bajo l√≥gica feudal a la constituci√≥n del asalariado. En dicho proceso, aparec√≠an los trabajadores asalariados agr√≠colas, que ‚Äúvalorizaban su tiempo libre trabajando en las fincas de los grandes terratenientes‚ÄĚ (Marx, p. 896). Podr√≠amos entonces pensar en esta valorizaci√≥n del tiempo libre de los trabajadores, en una nueva espacialidad que se constituye bajo l√≥gica del capital.

Esta sociabilización de los medios es por demás compleja, ya que consiste en una combinación de instrumentos tanto físicos como intangibles y a una escala global nunca antes vista. Es importante destacar que no podemos reducir el proceso general al fenómeno de un simple aparato en manos de un individuo, sino de un proceso revolucionario que contempla una multiplicidad de factores y transforma radicalmente las estructuras sociales.

Estos medios de producción como las multiplataformas, la inteligencia artificial, el 5G, el internet de las cosas, etc. son producto del saber social extraído de la elaboración de científicos, matemáticos, programadores, que se objetivan casi en un tiempo inmediato en el mejoramiento del capital constante, en combinación  con la actividad de los miles de millones de usuarios y usuarias que accionan sobre los instrumentos y, por dicha interconexión, contribuyen a ese perfeccionamiento de los medios. Es decir, una conjunción de sujetos productores que entran en relación con los instrumentos a partir de su pertenencia al cuerpo social y aportan al proceso total de valorización del capital.

El concepto de infodemia del fil√≥sofo surcoreano oculta, por un lado, los fundamentos mismos de un sistema que se transforma ante una profunda crisis de su propia base de sustentaci√≥n y por el otro, nos ofrece una visi√≥n fatalista, donde la √ļnica salida ‚Äúal mandato cultural de la productividad permanente‚ÄĚ es la ‚Äúinactividad‚ÄĚ. Han plantea lo siguiente: ‚Äúhemos olvidado que la inactividad, que no produce nada, constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida‚ÄĚ, raz√≥n por la cual ‚Äúa la obligaci√≥n de trabajar y rendir se le debe contraponer una pol√≠tica de la inactividad que sea capaz de producir un tiempo verdaderamente libre‚ÄĚ.

Una propuesta que, finalmente, supone un ‚Äúescape‚ÄĚ individual a los m√°rgenes del sistema, s√≥lo habilitado a ciertas fracciones de clase con el privilegio de arrojarse a una visi√≥n contemplativa y nihilista de la vida, que adem√°s oculta, tras su atractiva propuesta de ‚Äúganar tiempo para no hacer nada‚ÄĚ, un renunciamiento a disputar los instrumentos, la ciencia y la tecnolog√≠a, productos del trabajo de la humanidad toda, que ofrecen adem√°s la posibilidad de terminar con viejos males que nos aquejan como seres humanos hist√≥ricamente. Niega que el problema no es el desarrollo cient√≠fico y tecnol√≥gico, sino qui√©n lo instrumenta y para qu√© fines.

La relación de las clases subalternas con las tecnologías de punta ofrece la posibilidad de aumentar exponencialmente la circulación de información densa para la lucha, para construir las condiciones objetivas y subjetivas que aumenten la escala organizativa y para el intercambio de tácticas exitosas para las luchas de calle y la disputa teórica.

Un renunciamiento que es contrarrevolucionario,  que nos empuja a la pasividad, y nos aleja de la posibilidad de disputar poder real desde las grandes mayorías para transformar las bases mismas del sistema. Han se transforma así en el teórico de la imposibilidad, ocultando de esta manera los sobrados ejemplos de luchas populares que se despliegan a lo largo y ancho del mundo, donde las tecnologías se transforman en armas centrales para la producción de poder.

De esta manera, conceptos a√ļn m√°s peligrosos que el de auto explotaci√≥n son los que propone en su √ļltimo libro:¬†Vida contemplativa. Elogio de la inactividad. Si bien acertadamente Han plantea que el tiempo se convirti√≥ en una mercanc√≠a, su respuesta a la cultura como fiesta niega a la lucha necesaria como v√≠a para llevar adelante las transformaciones sociales. Desde su perspectiva, promover la vida contemplativa y la introspecci√≥n individual, ignora el papel de la acci√≥n y la intervenci√≥n activa en el mundo. La vida contemplativa se presenta de esta manera, como una forma de escapar de los problemas del mundo en lugar de enfrentarlos directamente y trabajar para resolverlos.

Cuando Han plantea que el origen de la cultura no es la guerra sino la fiesta, el filósofo parece contemplar sólo una parcialidad, el aspecto espiritual de la cultura, olvidando que la parte más preciosa de la cultura se deposita en la conciencia humana: un acumulado de métodos y costumbres adquiridos y desarrollados  a partir de la cultura material preexistente, y que a su vez, son resultados de sí mismo. Es decir, la cultura debe concebirse como producto de la lucha de la humanidad por la supervivencia y el afán de mejorar sus condiciones de vida, tanto en sus aspectos espirituales como materiales. Es, finalmente, el producto de la lucha por el aumento del poder.

Como conclusi√≥n, podemos establecer que la visi√≥n de Han, aunque llamativa y seductora en lo que respecta a la interpretaci√≥n de las formas de explotaci√≥n en nuestras sociedades actuales, nos arroja finalmente con su -para nada inocente- ‚Äúelogio a la improductividad‚ÄĚ, a un estado de pasividad y contemplaci√≥n, una invitaci√≥n a la indiferencia, que como fue advertido por Gramsci, s√≥lo funciona como peso muerto de la historia.

A su concepci√≥n oponemos firmemente la posibilidad objetiva de construir nuevas relaciones sociales, donde el ser humano sea el fin √ļltimo, donde la dignidad sea realidad efectiva para las grandes mayor√≠as del mundo. Y aqu√≠ no cabe la indiferencia ni la pasividad. Como claramente lo escrib√≠a el poeta Tejada G√≥mez, y lo hac√≠a canci√≥n Mercedes Sosa, con toda la potencia creativa que hace s√≠ntesis en la cultura popular, ¬†‚ÄúDe otro modo es in√ļtil, de otro modo es absurdo ensayar en la tierra la alegr√≠a y el canto. Porque de nada vale si hay un ni√Īo en la calle‚ÄĚ.

Bibliografía

  • Aguilera, L. (2022, 15 de julio). Econ√≥micamente √ļtiles, pol√≠ticamente potentes. Nodal. Recuperado de:¬†https://www.nodal.am/2022/07/economicamente-utiles-politicamente-potentes-por-lucas-aguilera/
  • Aguilera, L. (2022, 3 de junio). La sed del dinero sin dinero. Estrategia.la. Recuperado de:¬†https://estrategia.la/2022/06/03/la-sed-del-dinero-sin-dinero/¬†Lenin V. (1916). El Programa Militar de la Revoluci√≥n Proletaria¬† en Obras Completas. Tomo XXIV. Akal Editor.
  • Byung-Chul Han¬†(2023). Vida Contemplativa. Elogio a la Inactividad.¬†Penguin Random House Grupo Editorial Espa√Īa
  • Byung-Chul Han¬†(2022). Infocracia. Ediciones Taurus.
  • Byung-Chul Han¬†(2012). La Sociedad del Cansancio. Pensamiento Herder. Barcelona.
  • Marx, C (2009) Libro I, cap√≠tulo VI in√©dito, Resultados del proceso inmediato de producci√≥n. Editorial Siglo XXI, M√©xico
  • Marx, C. (2008). El Capital. Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1867)
  • Rosdolsky, R. (2004). G√©nesis y Estructura de El Capital de Marx. Siglo XXI Editores.
  • Rosdolsky, R. (2004). El Capital de Marx. Estudios sobre los Grundrisse. (7¬į Ed.). Siglo XXI Editores.
  • Trotsky, L. (1938). Su moral y la nuestra, En defensa del marxismo y otros art√≠culos. Obras escogidas. CEIP.

 

* Mag√≠ster en Pol√≠ticas P√ļblicas y Desarrollo (FLACSO). Analista senior del Centro Latinoamericano de An√°lisis Estrat√©gico (CLAE, www.estrategia.la).

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


A√Īadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.