Ene 22 2023
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Política

Desigualdad social y gobiernos de izquierda

Una constante que se prolonga con los a√Īos: en el mundo siguen aumentando la riqueza y la pobreza extremas. Al d√≠a de hoy, el uno por ciento de los m√°s acaudalados acapara las dos terceras partes de la riqueza mundial, por lo que el crecimiento econ√≥mico no logra acortar las brechas de la desigualdad. Seg√ļn el √ļltimo informe de la Oxfam al Foro Econ√≥mico Mundial de Davos, la fortuna de los multimillonarios aumenta en 2 mil 700 millones de d√≥lares cada d√≠a, mientras que el sueldo de unos 1.700 millones de trabajadores crece por debajo de la inflaci√≥n. Solo en nuestra regi√≥n latinoamericana, m√°s de 131 millones de seres humanos no acceden a una dieta saludable y balanceada, seg√ļn un reciente informe de la FAO.

Debieran bastar estas cifras para concluir que el capitalismo y las ideas neoliberales que rigen en buena parte del orbe son las responsables de que actualmente existan unos 820 millones de seres humanos que pasan hambre y, con ello, enfermedades y tragedias que los enfrentan masivamente a la desnutrición y la muerte. En buenas cuentas, estamos frente a una situación inaudita que, por supuesto, amenaza contra la estabilidad política de las naciones, fomenta las guerras y alimenta las más variadas formas de delincuencia. Y Chile no escapa, por supuesto, a esta dramática realidad, manteniéndose entre las naciones más desiguales de la Tierra.

Es también la triste condición humana la que se impone y se transforma en el principal peligro para nuestra convivencia. Mucho más que las pandemias y los cataclismos naturales que, dicho sea de paso, vienen aumentando con el calentamiento global y el muy lento desarrollo de energía sustentable. Hay serios analistas a quienes ya no les satisfacen los esfuerzos por erradicar la pobreza: para salvarnos, aseguran, se hace imprescindible que los ricos dejen de ganar tanto y rebajen considerablemente su colosal y desmedido consumo.

No puede escapar a nadie que algunos de los pa√≠ses que tienen reg√≠menes progresistas o de izquierda, que abogan de palabra por la igualdad social y el cuidado de la naturaleza, van a ser los √ļltimos en reemplazar el carb√≥n y el petr√≥leo, recursos que tienen en abundancia y, desgraciadamente, contribuyen a sostener sus econom√≠as. Por otro lado, ya se ve que las medidas correctivas que adoptan los pa√≠ses m√°s ricos son muy m√≠nimas en comparaci√≥n a las urgencias establecidas por la comunidad cient√≠fica, que alertan constantemente sobre los inminentes peligros del consumo depredador de sus poblaciones. En este sentido, por ejemplo, sigue siendo inmensa la brecha entre lo que hay que hacer y lo que se hace, realmente, para descarbonizar nuestras formas de producci√≥n y h√°bitos sociales.

A pretexto de la guerra ruso ucraniana, constituye un verdadero rev√©s que Alemania y otros pa√≠ses de Europa mantengan y hasta repongan sus termoel√©ctricas, as√≠ sea que nuestros pa√≠ses tercermundistas den pasos importantes al respecto, como la reciente resoluci√≥n del gobierno de Gabriel Boric de oponerse a un mega proyecto minero portuario ecocida como el de ‚ÄúDominga‚ÄĚ en el norte de nuestro pa√≠s.

A pesar de las dudas que se instalan en el mundo respecto de la posibilidad de lograr mayor equidad social, está claro que estamos en América Latina en una coyuntura otra vez favorable a los regímenes progresistas, los que todavía podrían hacer mucho para frenar las flagrantes injusticias y las amenazas medioambientales. En Chile y otros países de nuestra Región se discuten diversas iniciativas tributarias que les permitan a sus estados recaudar recursos e implementar medidas para fomentar el empleo, invertir en educación, vivienda y salud donde las cifras de la desigualdad son cada vez más escandalosas.

Estas reformas, como se sabe, deben obtener el apoyo de los gobiernos y parlamentos a fin de que se conviertan en Ley y se sobrepongan a los millonarios lobbies de los m√°s poderosos empresarios nacionales como extranjeros que todav√≠a postulan la hip√≥crita idea que si les va bien a ellos necesariamente les ir√° bien a los millones de trabajadores. Postura que hace varias d√©cadas fuera bautizada como la ‚ÄúLey del Chorreo‚ÄĚ, que ya sabemos solo provoc√≥ m√°s desigualdad aqu√≠ y en el mundo. Con esto queremos afirmar que las reformas tributarias deben ser mucho m√°s estrictas de lo que ahora se plantean, as√≠ como deben obligarse los pa√≠ses a imponer impuestos severos al enorme patrimonio y grosero consumo de los m√°s ricos. Es decir, de ese dos por ciento de los multimillonarios.

Un gobierno de izquierda solo tiene la posibilidad de ser exitoso y digno si logra avances sustantivos en acabar con la desigualdad extrema y redistribuir más justamente la riqueza nacional. Su gestión, en este sentido, así como la misma consolidación de sus democracias, solo puede probarse con el mejoramiento real de los salarios, la construcción acelerada de viviendas populares, así como en avances reales en el acceso a la salud y la educación. El liderazgo de nuestros mandatarios debe probarse en su fortaleza para impulsar las reformas sociales y no en su capacidad de mantenerse y enterar períodos de gobierno en connivencia con los grandes capitales y poderes fácticos. Por otro lado, es preciso que los líderes de verdadera sensibilidad social emprendan urgentemente formas de colaboración y acción mancomunada, por lo mismo que la globalización nos tienen a todos enfrente de los mismos poderes transnacionales.

Al respecto, es lamentable que el derrocamiento del gobierno elegido democr√°ticamente en el Per√ļ haya causado tan d√©biles reacciones en los pa√≠ses de su entorno gobernado por l√≠deres auto declarados izquierdistas. Pareciera que la OEA y otros referentes multinacionales solo se activan a la hora de poner en jaque los cambios pol√≠ticos y sociales que amenazan al imperio y a los poderosos intereses econ√≥micos regionales y nacionales.

Es preciso, adem√°s, que los gobiernos progresistas cumplan su cometido respald√°ndose siempre por pueblos organizados, activos y movilizados. Definitivamente no es en las componendas legislativas y cupulares donde se pueda derivar alg√ļn cambio real. Como tampoco en la complacencia con los poderosos medios de comunicaci√≥n que sirven a las poderosas entidades que los financian para bloquear la diversidad informativa y procurar ciudadanos ignorantes y pasivos.

No est√° dem√°s agregar que el combate al narcotr√°fico, la delincuencia com√ļn y el crimen organizado es tarea primordial de los gobiernos, sus polic√≠as, adem√°s de la solvencia de los Tribunales. Esto significa que, junto con la represi√≥n, ejercida sin claudicaciones en contra de los grupos delictuales, es en el progreso efectivo de las ciudades, pueblos y barrios donde se pueden conjurar muchos de los cr√≠menes que hoy asolan a nuestros pa√≠ses.

* Periodista y profesor universitario chileno de vasta trayectoria. Premio nacional de Periodismo y, Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.

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