Dic 11 2021
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Política

Deuda, lawfare, Lula, Mujica, los Fernández y un pueblo conmemorando 38 años de democracia

Junto a los expresidentes de Brasil Lula da Silva y de Uruguay José Mujica, el presidente argentino Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner hablaron ante una multitud reunida la Plaza de Mayo. La negociación con el FMI y el lawfare estuvieron entre los temas centrales, en un interesante diálogo de gobernantes con pueblo.

Ante una multitud emocionada que ocupaba la histórica Plaza de Mayo de Buenos Aires y las avenidas y calles adyacentes se recordó el Día Internacional de los Derechos Humanos y de la Democracia, además de celebrarse el 38 aniversario del restablecimiento del orden democrático en 1983 y el segundo año del actual gobierno, ofreciendo una gran foto de unidad ¿pospandémica?: volvieron los abrazos, el baile, el festival, los cantos.

Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo acompañaron a los cuatro dirigentes, que en sus discursos destacaron la importancia de la unidad latinoamericana y alertaron sobre los nuevos peligros que acechan a las democracias de los países de la región, signados por los golpes orquestados desde los medios de comunicación en complicidad con el poder judicial.

El presidente y la vicepresidenta se refirieron al inminente acuerdo con el Fondo Monetario Internacional sobre el pago de la deuda externa y ambos prometieron que se negociará sin perjudicar el crecimiento del país. “La Argentina del ajuste es historia”, dijo Alberto Fernández. En 2018 el FMI entregó 44 mil millones de dólares al gobierno derechista de Mauricio Macri, que en su mayor parte fueron fugados del país.

Las nuevas autoridades tuvieron que reconocer públicamente que este préstamo violó leyes argentinas, por lo que ante la derrota de la coalición de derecha en 2019, el macrismo dejó al país en cesación de pagos. Cristina señaló que el FMI puso 57 mil millones de dólares para ganar las elecciones y no pudieron torcer la voluntad del pueblo. Las políticas de ajuste siempre colapsan. El FMI vivió condicionando a la democracia argentina, añadió.

“Presidente, yo sé que tenemos muchas dificultades, pero siempre digo que ante las grandes adversidades grandes acciones”, dijo Cristina, que le pidió al mandatario “que los partidos le digan al FMI que no se va a aprobar ningún acuerdo que no contemple la recuperación de la economía” y “cada dólar que se encuentre en el exterior”, producto de la fuga de capitales durante el gobierno de Cambiemos, “se lo lleve para pagar la deuda con el Fondo”.

“Tranquila, Cristina, no vamos a negociar nada que ponga en riesgo eso; no tengas miedo”, respondió Alberto quien dijo que “muchas veces el FMI les soltó la mano a presidentes y así puso en crisis la institucionalidad de la Argentina. Si el FMI me suelta la mano, voy a estar tomado de la mano de cada uno de ustedes, de cada argentino y argentina”.

Sobre los riesgos que sufren hoy las democracias señaló que “bajo el rótulo de los libertarios aparecen los xenófobos. La democracia es también no olvidar a los genocidas y a los que nos endeudaron”.

Cristina les dio la bienvenida a Lula y Pepe Mujica: “Bienvenidos a la Argentina y a la Plaza de Mayo, el escenario donde transcurrieron nuestras grandes alegrías y tragedias. Pepe y Lula, no se sientan extranjeros porque ustedes también caminaron esta plaza. Con ellos y Néstor Kirchner la cruzamos entre millones de argentinos. No había custodia porque éramos presidentes de gobiernos populares y democráticos que caminábamos las calles”, recordó.

Nuevo golpismo

En los 38 años de democracia argentina, que se cumplieron precisamente este viernes 10, los derechos humanos fueron protagonistas en casi todos los terrenos. Este aniversario, que durante los cuatro años del macrismo pasó inadvertido, se produjo en un contexto borrascoso en el mundo y en el país, en un resurgimiento pospandémico accidentado, con economías golpeadas, grandes desigualdades y el resurgimiento de fuerzas ultraconservadoras.

Poco antes del acto, el presidente Alberto Fernández habló en la Cumbre de la Democracia, una conferencia organizada por el hegemonismo mundial estadounidense, un foro muy tendenciado, donde advirtió que la democracia no se impone, cuestionó que no se haya invitado a países como Bolivia y defendió el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

De todas formas, no dejó de ser polémica la participación argentina en una reunión destinada a consolidar el hegemonismo estadounidense, con poca relación con el pretendido título de democrática. Esta participación se produjo a partir de una invitación especial del presidente Joe Biden, y teniendo en cuenta que su influencia sobre el FMI es decisiva en la negociación que lleva el gobierno por la deuda que dejó el gobierno neoliberal anterior, evalúan los analistas locales.

“En Latinoamérica vino la noche y a diferencia, Lula, de lo que pasaba cuando nosotros éramos jóvenes, que los gobiernos nacionales y populares eran desalojados por golpes de Estado, esta vez no vinieron con uniformes ni con botas, vinieron con togas de jueces y medios hegemónicos para construir imágenes y juzgar en los medios”, dijo Cristina  sobre las nuevas formas de atacar a las democracias.

“Ahora no es necesario desaparecer a nadie, ni torturarlo con la picana, sino que lo hacen todos los días con tinta en los diarios o con micrófonos en la TV. No logran la desaparición física, sino política de los dirigentes”, añadió la vicepresidenta y concluyó que aquello “no importa” porque “acá estamos otra vez”. “Esto no es cuestión de personas, el pueblo siempre vuelve y encuentra los caminos para hacerlo”, señaló.

Cuando empieza a despejarse el horizonte para la acción política que había encorsetado la pandemia, el gobierno enfrenta numerosos desafíos, parecidos a los que tenía en 2019, pero agudizados por el año y medio de epidemia. En el plano de los derechos humanos, los gobiernos macristas dejaron un Poder Judicial encastrado por el lawfare, por la mesa judicial macrista y por la utilización de sectores de la justicia para perseguir judicialmente a los opositores del macrismo.

La respuesta presidencial al señalar que no tiene todos los resortes institucionales para resolver estas situaciones que se desarrollan en un poder independiente, no alcanza para disipar el malestar y las críticas a las situaciones injustas, como la prisión de la militante popular jujeña Milagro Sala.

La vicepresidenta historió los condicionamientos que impuso el Fondo a los gobiernos radicales de Raúl Alfonsín e incluso al de Fernando de la Rúa, la forma en que les soltó la mano para provocar sus caídas y, en contrapartida, el enorme respaldo que le dio el radicalismo a Mauricio Macri. Y Alberto se comprometió ante la multitud: “Me apuran a que firme un acuerdo, pero yo no voy a firmar nada que comprometa el crecimiento del país y el futuro de los argentinos”.

Si los medios hegemónicos compiten para encontrar fisuras entre Cristina Kirchner y el Presidente, la articulación de textos y contratextos entre ambos dirigentes configuró una unidad por encima de las características, donde la vicepresidenta reafirmó su liderazgo y lo volcó en su respaldo al gobierno, como si el acto hubiera sido convocado con ese fin.

Sin duda, la presencia de Lula tuvo una significación geopolítica muy concreta más allá de lo simbólico. Lula es precandidato para las elecciones presidenciales del año próximo en Brasil y las encuestas lo muestran con más del doble de respaldo que el presidente Jair Bolsonaro y cuatro veces más que el juez del lawfare que lo condenó, Sergio Moro.

Seguramente, Brasil con Lula como presidente, en sintonía con el gobierno argentino, volvería a proyectarse con mucha fuerza hacia el resto del continente con el ideal de la Patria Grande.

* Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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