Deudas: nuevamente «paga Moya»

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Wilson Tapia Villalobos*

¿Quién pagará los platos rotos esta vez? Seguramente será "Moya", fulano, perico de los palotes. Siempre ha sido así. Pero ahora la crisis viene con aires históricos. Tiene marca posmoderna y se desarrolla en un escenario completamente inédito. Sus características han sorprendido a todos. Y los que hasta hace poco se mostraban flemáticos 228 miembros de la Cámara de Representantes norteamericana se encargaron de dejarlos atónitos.

El salvataje preparado por George Bush también tiene características monumentales. Destina US$ 700.000 millones como salvavidas. La cifra es tan colosal que se necesita medirla en comparaciones. Representa el total de 4,3 años del PIB chileno o la comida de 850 millones de seres humanos hambrientos por 14 años. Sin embargo, el intento fue abortado por los propios camaradas del Presidente.

La argumentación de los dos tercios de los miembros republicanos de la Cámara pareciera ser ideológica o permeada por la sensibilidad social. Al rechazarlo, manifestaron posturas tales como su oposición al “socialismo financiero”, a la injerencia del Estado en un tema que debe quedar bajo las reglas de la libertad de mercado o a que el costo de la debacle se traspase al contribuyente.

Sin embargo, es imposible separar la postura de los republicanos del momento que vive el país. En noviembre se llevan a cabo elecciones presidenciales. Y los republicanos se encuentran en mal pie. El manejo de la economía por parte de la administración Bush ha culminado con este capítulo cuyo final se anuncia apocalíptico. Por lo tanto, tal como ha hecho el candidato republicano, el senador John MacCain, hay que marcar distancias. Dejar a Bush como un paria que se alejó del ideario impoluto del Partido.

Mientras los republicanos sacan sus conejos de la chistera, el resto del mundo tiembla empujado por la realidad y, en gran parte, por el temor a lo desconocido. El desplome de las bolsas es un telón de fondo que tendrá que esperar hasta que los parlamentarios norteamericanos vuelvan de su feriado por una festividad judía, el próximo jueves. Y mientras más tarde la resolución, el daño se incrementará.

Sólo en un día, Wall Street, la Bolsa de Nueva York, perdió el doble de lo que trae consigo el plan de salvataje.

Pese a la magnitud de los estropicios, este no parece ser el mayor problema. Economistas connotados como Joseph Stiglitz, Premio Nobel 2001, sostienen que nos encontramos sólo en el inicio. Lo que vendrá será peor, ya que la crisis se adentraría en el área productiva. Stiglitz llegó a decir que el plan de Bush es monstruoso y que lo ocurrido, hasta ahora en el campo financiero, demuestra el fracaso total del sistema neoliberal.

Si tal visión es correcta, el tiempo lo dirá. Pero lo que ya ha quedado claro es un doble discurso respecto al papel del Estado. En definitiva, el plan de Bush, con algunos remozamientos, será aprobado. Y el Estado, una vez más, sacará del atolladero a privados que dieron muestras de avidez e irresponsabilidad.

En otras palabras, cuando los negocios van bien, son los empresarios y banqueros los que se benefician. Cuando van mal, la cuenta la pagan todos.

Chile se encuentra en la periferia de la crisis. Su buen manejo fiscal y la solidez de su economía le permiten mirar con cierta tranquilidad lo que viene. Esta es una aseveración relativa, obviamente. Sin duda, las exportaciones se verán afectadas. Y eso redundará en una baja de la actividad productiva, por tanto, en desempleo. Pero habrá que ver hasta qué profundidad llega la crisis para saber exactamente cuanto será el daño.

El ministro de Hacienda, Andrés Velasco, se muestra tranquilo. Con un aire de suficiencia muy suyo, llama a guardar la calma y a actuar con mesura. Ojalá estas recomendaciones basten. De no ser así, no me lo imagino diciendo que la hecatombe es producto del sistema.

De cualquier manera, en Chile o en otro perdido lugar del orbe, ya sabemos quienes pagarán los platos rotos. No los que los rompieron, obviamente.

* Periodista.
 

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