Feb 10 2023
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Opini贸n

Discusiones en la izquierda latinoamericana

El futuro de la regi贸n no depende s贸lo de la lucha social, la confrontaci贸n con la derecha y los desenga帽os con el progresismo de baja intensidad. Tambi茅n ser谩 determinado por la consolidaci贸n de alternativas pol铆ticas de izquierda, que demuestren inteligencia y capacidad para lidiar con las complejas disyuntivas que se avecinan.

S贸lo esas vertientes podr铆an abrir un curso superador de la nueva oleada de gobiernos de centroizquierda, mediante din谩micas de radicalizaci贸n pol铆tica. Ese curso permitir铆a desenvolver la perspectiva anticapitalista que requiere un proyecto emancipador.

Justificaciones del progresismoQu茅 es la izquierda hoy en Am茅rica Latina?

Para forjar un rumbo de victorias populares hay que exponer los cuestionamientos al progresismo sin verg眉enza, timidez o culpa. Ninguna de esas cr铆ticas favorece a la derecha, si es expuesta desde un campo de confrontaci贸n con las fuerzas reaccionarias y en un frente de batalla contra ese enemigo principal. No se puede construir un proyecto popular en silencio o con maniobras que eludan el debate. Los caminos alternativos no brotar谩n en forma espont谩nea, sin clarificar divergencias, ni asumir el costo de incomodar a los propios aliados.

La forma m谩s corriente de soslayar este desaf铆o es la presentaci贸n de los gobiernos progresistas como acontecimientos auspiciosos, en comparaci贸n a las opciones reaccionarias. Esa obviedad deber铆a ser simplemente se帽alada como punto de partida, para evaluar las enormes falencias de esas administraciones. Pero esta segunda parte del problema es frecuentemente omitida, a la espera que el propio curso de la vida pol铆tica corrija las carencias de esos gobiernos. Esa expectativa carece de asidero, puesto que el simple paso del tiempo suele agravar esas insuficiencias.

S贸lo encarando una acci贸n decidida contra las capitulaciones de los mandatarios de centroizquierda, se puede evitar la canalizaci贸n derechista del descontento popular. Esa captura por parte de las fuerzas conservadoras es muy probable, si no existen alternativas de izquierda construidas con propuestas oportunas y factibles. Este 煤ltimo curso se forja en la pol茅mica con los desaciertos del progresismo.

plebiscito constitucional de Chile 2022: gan贸 el "rechazo" - Diario Jur铆dicoEs evidente, por ejemplo, que el triunfo de la derecha en el plebiscito de Chile demostr贸 la capacidad de los l铆deres conservadores, para difundir mentiras y ocultar sus propias trayectorias. Pero esos enga帽os prosperaron por el vac铆o imperante en el otro bando, como consecuencia de incontables capitulaciones.

Esas agachadas son la t贸nica predominante en el progresismo light, que no inicia las rupturas pendientes con el neoliberalismo. El esperado avance hacia un estadio posliberal no se consum贸 en el ciclo anterior, ni irrumpir谩 en la oleada actual, si persisten las pol铆ticas de sometimiento a las clases dominantes. Estas adversas orientaciones deben se帽alarse para conquistar las metas del movimiento popular.

Una forma habitual de soslayar este problema es el elogio al progresismo cuando obtiene triunfos y el silencio ante los escenarios inversos. En el primer caso se comparte acertadamente el gran fervor que suscitan las buenas noticias. Pero lo m谩s importante son los pronunciamientos en la adversidad. Aqu铆 no basta con reproducir la descripci贸n de lo sucedido. Hay que exponer abiertamente las causas del retroceso que generan las pol铆ticas de perpetuaci贸n del statu quo (Azn谩rez, 2021).

Miradas complacientes

Lo ocurrido en Argentina ilustra las negativas consecuencias de convalidar la sumisi贸n del progresismo a los poderosos. Toda la gesti贸n de Alberto Fern谩ndez estuvo signada por ese sometimiento, desde su renuncia a expropiar una estrat茅gica y quebrada empresa de alimentos (Vicentin). Posteriormente suscribi贸 un acuerdo con el FMI que afianz贸 el modelo actual de deterioro salarial, desigualdad y precarizaci贸n. Favoreci贸 a los grandes exportadores en desmedro del desarrollo interno y acept贸 las presiones de la derecha para preservar el poder de una casta judicial, sostenida por los grandes medios de comunicaci贸n.

Los cr铆ticos de ese rumbo dentro de la coalici贸n oficialista expusieron muchas quejas, pero no ofrecieron otro camino. Nunca exhibieron decisi贸n para revertir la impotencia gubernamental. Al contrario, paulatinamente transformaron sus objeciones en meras justificaciones. El argumento m谩s frecuente de esa convalidaci贸n fue la 芦adversidad de las relaciones de fuerza禄 para confrontar con la derecha y cumplir con el electorado. Afirmaron que Alberto debi贸 aceptar los chantajes del poder dominante por la ausencia de un contrapeso equivalente en el campo popular (Aleman, 2022).

Pero esa mirada describe las relaciones de fuerzas como un dato dominante e invariable del escenario pol铆tico, como si hubiera sido depositado en ese contexto por alguna mano divina. Se omite se帽alar que los presidentes, ministros y legisladores de un gobierno, no son ajenos a esa puja entre contendientes. Los protagonistas de la vida pol铆tica forjan o socavan con su acci贸n cotidiana, el balance de fuerzas con los antagonistas. El inmovilismo y la mansedumbre de Fern谩ndez influy贸 directamente en la generaci贸n de un marco favorable a los derechistas. Si se divorcia esa actitud de sus consecuencias, lo sucedido en Argentina se torna inexplicable.

Los justificadores de la rendici贸n del gobierno avalaron tambi茅n el acuerdo con el FMI, repitiendo la extorsi贸n difundida por la derecha para forzar ese compromiso (芦nos quedamos fuera del mundo禄). En lugar de subrayar las nefastas consecuencias de ese convenio, propagaron fantas铆as sobre su viabilidad (芦podemos pagar, crecer y distribuir禄). Adem谩s, el deterioro del nivel de vida que gener贸 ese pacto fue equivocadamente atribuido a otras causas, como la pandemia o la guerra (Katz, 2021).

Esa postura de resignaci贸n ante los financistas determin贸 la acotada resistencia en las calles contra los acreedores. El broche final de esa inacci贸n fue la aprobaci贸n legislativa (en forma expl铆cita o disimulada) de un fraude que hipoteca el futuro de varias generaciones.

Muchos progresistas reconocen las terribles consecuencias de esa pol铆tica oficial, pero relativizan sus efectos en comparaci贸n al virulento ajuste que propicia la derecha. Pero en esa caracterizaci贸n escinden ambos cursos, como si conformaran dos universos desconectados. Lo cierto es que la capitulaci贸n del gobierno facilita los atropellos de los neoliberales. La derecha ha recuperado pujanza electoral por el desenga帽o que gener贸 el oficialismo.

Los desaciertos del progresismo son tambi茅n justificados con apreciaciones sociol贸gicas. En Argentina es muy frecuente culpar a toda la 芦sociedad禄 en forma indistinta por las agachadas que consuma el oficialismo, como si los gobernados tuvieran la misma responsabilidad que los gobernantes en las decisiones de una gesti贸n. Con ese razonamiento se intenta explicar las consecuencias pol铆ticas negativas del rumbo gubernamental.

Un planteo semejante fue expuesto en Brasil durante la d茅cada pasada para evaluar la desilusi贸n con el PT. Se afirm贸 que esa decepci贸n fue consecuencia de la irrupci贸n de una nueva clase media con valores individualistas. El consumismo de ese segmento habr铆a afectado al gobierno que facilit贸 la propia mejora de ese sector. Esa parad贸jica sanci贸n a los padrinos de un ascenso social fue enunciada como la principal determinante del retroceso sufrido por el lulismo (Natanson,2022).

Pero ese abordaje situ贸 un problema pol铆tico en el diferenciado universo de las conductas sociales. De esa forma se eludi贸 indagarla responsabilidad de los gobernantes en la p茅rdida de influencia sobre sus viejos adherentes (Katz, 2015:173-176). Este balance tiene enorme actualidad en el comienzo del tercer mandato de Lula. Si en esta nueva oportunidad se repiten las pol铆ticas favorables al gran capital, volver谩n a emerger las frustrantes consecuencias de esas orientaciones.

Problemas del 鈥減osprogresismo鈥

El generalizado resurgimiento de gobiernos de centroizquierda refuta el influyente diagn贸stico de extinci贸n de esa vertiente que expusieron muchos analistas. Resaltaron un ocaso definitivo de la centroizquierda que ha quedado totalmente desmentido.

De esa evaluaci贸n tambi茅n surgieron convocatorias a forjar proyectos 鈥減osprogresistas鈥, con acertadas cr铆ticas a las limitaciones de esas experiencias (Modonesi, 2019). Pero esas objeciones incluyeron caracterizaciones muy discutibles de esos gobiernos.

Particularmente pol茅mica fue la tesis de una 鈥渞evoluci贸n pasiva鈥 consumada por esas administraciones, para apuntalar nuevos modelos de las clases dominantes, disciplinando o desmovilizando a las clases subalternas. Esa mirada objet贸 el postulado opuesto de un 鈥渆mpoderamiento popular鈥 incentivado por esos gobiernos.

En los hechos no prevaleci贸 ninguna de esas dos situaciones contrapuestas. Los pueblos no asumieron el control del sistema pol铆tico, pero tampoco fueron inmovilizados o anulados como sujetos activos. En realidad, se verific贸 una variedad de escenarios en los distintos pa铆ses de la regi贸n.

El protagonismo popular conquistado en Bolivia nunca se diluy贸, la presencia callejera de los sindicatos y los movimientos sociales argentinos tampoco se extingui贸 y el indigenismo ecuatoriano retom贸 la iniciativa una y otra vez. Por el contrario, en Brasil se registr贸 un efectivo reflujo de la acci贸n popular, pero sin derivar en la estabilizaci贸n de la derecha.

Es cierto que la restauraci贸n conservadora advino por las frustraciones que generaron los gobiernos progresistas. Pero ese negativo impacto no sepult贸 el largo ciclo de luchas populares, que desemboc贸 en las rebeliones de los 煤ltimos a帽os y en la presencia de un renovado contexto de centroizquierda gobernante. El desalentador diagn贸stico del 鈥減osprogresismo鈥 no se condice con esta realidad.

Si la experiencia de la d茅cada pasada hubiera desembocado en la regimentaci贸n o en la desmoralizaci贸n de los pueblos, Am茅rica Latina afrontar铆a un cuadro de inactividad por abajo y no de revueltas. Tampoco se habr铆a verificado un retorno tan generalizado del progresismo al gobierno. En la din谩mica de la 鈥渞evoluci贸n pasiva鈥, esa modalidad habr铆a desaparecido o empalmado con alguna vertiente de la restauraci贸n conservadora.

La ultraderecha justamente irrumpe con furia en la actualidad contra el progresismo, porque esa fuerza persiste como un oponente de los grupos reaccionarios. Am茅rica Latina no ingres贸 en un per铆odo 鈥減osprogresista鈥, sino en un nuevo round de la experiencia anterior.

Estas evaluaciones son importantes para recordar que la opci贸n de la izquierda se forja subrayando que la derecha es el enemigo principal y que el progresismo falla por impotencia, complicidad o cobard铆a frente a su adversario. De ninguna manera se asemeja a las corrientes reaccionarias. Esta distinci贸n es clave y su omisi贸n obstruye la gestaci贸n de una alternativa.

El desconocimiento de este principio fue el principal problema que afront贸 en la d茅cada pasada la tesis del Consenso de Commodities. Ese enfoque pon铆a un signo igual en todos los gobiernos de la regi贸n por su compartido aliento a la exportaci贸n de materias primas.

Con esa mirada se equiparaba a las administraciones enfrentadas y sometidas a Estados Unidos. Se asemejaba tambi茅n a los gobiernos en conflicto con los amoldados a las clases dominantes y finalmente se igualaba a los mandatorios sensibles a las demandas de los empobrecidos, con los presidentes manejados por los enriquecidos. Todos quedaban identificados en el mismo casillero por la mera prioridad que asignaban a la explotaci贸n de los recursos naturales. Con esa miop铆a, Evo Morales, Macri, Ch谩vez, Uribe, Lula, Pi帽era, Correa, Bolsonaro o Kirchner eran colocados una misma bolsa de gobiernos extractivistas (Katz, 2015: 63-75).

Los errores de esa evaluaci贸n deben ser asimilados en el nuevo per铆odo. La experiencia de la d茅cada pasada fue muy aleccionadora y ahora corresponde distinguir con criterios pol铆ticos, a los gobiernos de centroizquierda de sus enemigos derechistas. Esa diferenciaci贸n es decisiva para desarrollar estrategias que permitan el avance de la izquierda.

M茅xico y Ecuador

La tesis de una etapa ya ulterior al progresismo es expuesta a veces a partir de la experiencia mexicana, en una pol茅mica con el rol jugado por el nuevo gobierno de AMLO en la conjura de las luchas de Ayotzinapa y los movimientos del 2014 (Oprinari, 2022).

Las cr铆ticas a los desaciertos de esa administraci贸n abarcan un amplio n煤mero de t贸picos econ贸micos, sociales y geopol铆ticos (Aguilar Mora, 2023). Pero a diferencia de los precedentes sudamericanos, el progresismo en ese pa铆s es un acontecimiento muy reciente que incluye mejoras, expectativa popular y capacidad de movilizaci贸n contra la derecha. Las caracterizaciones que acertadamente subrayan las significativas diferencias de AMLO con sus enemigos de la reacci贸n, estiman que ese mandatario presenta un perfil de bonapartismo progresivo (Hern谩ndez Ayala, 2023).

Su consolidaci贸n en la centroizquierda se ha consumado, frente al techo que alcanz贸 al cabo de 28 a帽os la experiencia alternativa del zapatismo. En el pico de su popularidad (2001), esa vertiente reuni贸 multitudes en la principal plaza del pa铆s. El declive posterior estuvo signado por el aislamiento en campa帽as auto centradas. Ese curso permiti贸 su consolidaci贸n en varias comunidades ind铆genas, pero diluy贸 su peso como referencia nacional. La presentaci贸n de AMLO como un enemigo equivalente a las tradicionales fuerzas conservadoras contribuy贸 a ese debilitamiento (Hern谩ndez Ayala, 2019).

Estas dificultades presentan un estrecho parentesco con los problemas del enfoque autonomista, que en la d茅cada pasada contrapuso la din谩mica contestaria de los movimientos sociales, con el amoldamiento de los gobiernos de centroizquierda al statu quo. Ese contrapunto inspir贸 la teor铆a de 鈥渃ambiar el mundo sin tomar el poder鈥, que no pas贸 la prueba de alguna experiencia exitosa en la regi贸n. En ning煤n pa铆s se demostr贸 la factibilidad de concretar conquistas sociales o avances democr谩ticos, soslayando la disputa por el poder luego de acceder al gobierno.

En esa mirada se inspir贸 tambi茅n la err贸nea identificaci贸n de las administraciones progresistas con sus enemigos de la derecha. Esa equivalencia tuvo consecuencias electorales negativas, cuando implic贸 convocatorias al voto en blanco, en las disputas entre ambas fuerzas.

El caso m谩s reciente de este desacierto se registr贸 en el balotaje ecuatoriano entre el progresista Arauz y el derechista Lasso. El llamado al voto nulo permiti贸 la conversi贸n del candidato de las fuerzas reaccionarias en presidente del pa铆s. Por ese resultado, Ecuador qued贸 marginado del mapa centroizquierdista que impera en Sudam茅rica.

Ese caso confirm贸 cu谩n equivocada es la equiparaci贸n de las dos fuerzas diferentes, como variantes an谩logas de una misma dominaci贸n de los poderosos. Un gobierno que frustra las expectativas populares no se asemeja a otro que reprime manifestaciones, encarcela dirigentes y asesina a los militantes. Salta a la vista la mayor adversidad de este segundo escenario para cualquier proyecto popular.

Es cierto que la hostilidad de Correa hacia los movimientos sociales y su estrategia de transformaciones por arriba (鈥渞evoluci贸n ciudadana鈥) crearon un fuerte resentimiento en grandes sectores populares. Pero esas tensiones no justifican la neutralidad electoral frente al enemigo derechista. Se ha corroborado que la izquierda no puede apuntalar su propio proyecto, facilitando el triunfo de personajes tan reaccionarios como Lasso.

La fulminante derrota del presidente ecuatoriano en los comicios de medio t茅rmino confirma ese diagn贸stico. Lasso fue aplastado por el corre铆smo -con un alto n煤mero de votantes- en las principales ciudades y provincias. Los electores sepultaron adem谩s el refer茅ndum sobre la seguridad, que el mandatario introdujo con improvisada demagogia para conquistar adhesiones. El resultado de estas elecciones sintoniza con las tendencias pol铆ticas imperantes en toda la regi贸n y corrobora el desacierto previo de la postura abstencionista.

Definiciones t谩cticas en Brasil

La postura de la izquierda frente a la segunda vuelta electoral se ha transformado en un problema muy corriente por la frecuencia de esos balotajes. En muchos casos, esas definiciones de la presidencia incluyen un gran protagonismo de la ultraderecha. Esa gravitaci贸n, tuvieron tres nefastos personajes en los recientes comicios de Colombia (Hern谩ndez), Chile (Kast) y Brasil (Bolsonaro). Esta 煤ltima elecci贸n suscit贸, adem谩s, importantes debates en la izquierda.Cu谩l es el nexo entre Jos茅 Antonio Kast y Jair Bolsonaro - NODAL

Las controversias en el PSOL -la formaci贸n pol铆tica que se alej贸 del PT en el 2004 cuestionando el amoldamiento de Lula al neoliberalismo- han sido particularmente aleccionadoras. Ese partido se desarroll贸 con candidaturas propias y cuando apareci贸 Bolsonaro, mantuvo sus figuras en la primera vuelta, para apoyar al representante del PT (Haddad) en la ronda final.

Pero en la reciente compulsa opt贸 por otro curso. Decidi贸 sostener a Lula en las dos instancias electorales, renunciando a la presentaci贸n de sus propios postulantes. Esa decisi贸n fue tomada al cabo de una intensa discusi贸n interna, que termin贸 priorizando el peligro creado por la eventual reelecci贸n de un personaje con proyectos represivos y discursos neofascistas.

La mayor铆a del PSOL entendi贸 que Bolsonaro pod铆a conseguir un nuevo mandato, a partir de la fuerza social construida por el ex capit谩n. Comprendi贸 que la batalla contra esa amenaza requer铆a conformar un bloque en torno a Lula, para apuntalar la respuesta callejera a la ultraderecha.

Ese diagn贸stico tambi茅n registr贸 el dr谩stico cambio de escenario que introdujo la liberaci贸n del l铆der del PT y la consiguiente recuperaci贸n de ese partido (Arcary, 2022a). Con estos fundamentos, el PSOL decidi贸 relegar su propia construcci贸n para asegurar la derrota del enemigo principal. Percibi贸, adem谩s, el peligro de confinarse a la marginalidad si optaba por sostener su candidatura, chocando con la voluntad colectiva de llevar nuevamente a Lula a la presidencia.

Esa postura prevaleci贸 frente a un enfoque minoritario, que propuso mantener la presentaci贸n de papeletas propias en la primera vuelta, para marcar distancias con la designaci贸n de Alckmin como vicepresidente (Sampaio J煤nior, 2022). La cr铆tica a esta regresiva alianza fue un谩nime dentro del PSOL, pero la mayor铆a rechaz贸 dividir el voto antibolsonarista, frente al peligro de un triunfo ultraderechista.

El resultado de las dos vueltas confirm贸 el acierto de este enfoque. El inmenso caudal de sufragios conseguidos por el ex capit谩n corrobor贸 que estuvo muy cerca de la reelecci贸n. Esa pesadilla fue evitada por la pujante movilizaci贸n que suscit贸 el liderazgo de Lula. Adem谩s, el acuerdo concertado con el PT le permiti贸 al PSOL obtener 12 diputados y el principal dirigente de esa formaci贸n (Boulos) consigui贸 una excelente votaci贸n en Sao Paulo.

Actualmente se desenvuelve otro debate en el PSOL que opone a los partidarios y cr铆ticos de ocupar cargos en la nueva gesti贸n. El primer enfoque sostiene, que en un gobierno en disputa corresponde apuntalar desde adentro esa pugna con posturas radicales. El segundo planteo considera que la defensa de la nueva administraci贸n frente a las agresiones de la derecha, no implica asumir puestos oficiales. Entiende que ese ingreso neutralizar铆a la acci贸n de la izquierda, impidi茅ndole exigir el cumplimiento de lo prometido en la campa帽a (Arcary, 2022b).

Pero ambas vertientes coinciden en destacar que la derrota del Bolsonaro en las urnas, inaugura una batalla que prosigue en las calles, con una n铆tida agenda de demandas sociales y democr谩ticas (Boulos, 2022). Esa meta puede ser planteada porque se consigui贸 la victoria electoral. Es evidente que esas iniciativas ser铆an t铆midas, defensivas o inexistentes, si Bolsonaro hubiera persistido como presidente de Brasil.

Anticipos en la izquierda argentina

El debate en Brasil fue seguido con gran atenci贸n por la principal coalici贸n de la izquierda argentina (FIT-U), que proces贸 una gran variedad de posturas (convergentes y divergentes) con la desenvuelta por el PSOL.Brasil: 驴a d贸nde va el PSOL? 鈥 MST ::

Un sector objet贸 la decisi贸n adoptada por esa corriente en Brasil, se帽alando que correspond铆a votar en blanco en el balotaje, a pesar de la potencial continuidad de un mandatario ultraderechista (Heller, 2022). Basta observar el escaso margen de diferencia en el conteo final, para notar las dram谩ticas consecuencias de ese planteo, si hubiera tenido incidencia en el desenlace de la elecci贸n.

Ese enfoque reconoci贸 las diferencias entre Bolsonaro y Lula, pero destac贸 que el militar no hab铆a logrado forjar un r茅gimen fascistizante. Omiti贸 destacar que ese fracaso no garantizaba el mismo resultado en una segunda gesti贸n. Desconoci贸 cu谩n suicida resultaba consentir esa posibilidad con el voto en blanco.

El segundo argumento para postular la indiferencia entre ambos candidatos al momento de emitir el voto, fue se帽alar que la clase capitalista de Brasil (y del imperio) sosten铆an a Lula y a su conservadora versi贸n de un tercer mandato. Pero si esa actitud de los poderosos fuera determinante de la postura electoral de la izquierda, corresponder铆a sufragar por Bolsanaro, que de acuerdo a esa interpretaci贸n carecer铆a de sost茅n entre los acaudalados.

En los hechos prevaleci贸 una divisi贸n entre los dominadores locales, acorde a la fractura entre Biden (pro Lula) y Trump (pro Bolsonaro). Pero esa fractura o unanimidad del bloque dominante no aporta ninguna gu铆a para la izquierda. El principal bar贸metro de ese espacio es la potencial vigencia o anulaci贸n de las conquistas democr谩ticas. Con esa br煤jula, el voto en blanco y el consiguiente peligro de continuidad de Bolsonaro equival铆a a un harakiri.

Esta definici贸n es importante en Argentina frente a la eventualidad de disyuntivas del mismo tipo. Hasta ahora esa encrucijada no se avizora, pero es una posibilidad siempre presente en el incierto escenario del 2023.

Lo ocurrido en Brasil tiene gran impacto en Argentina. Bolsonaro perdi贸, pero la derecha argentina tom贸 nota del enorme basamento forjado por el ex capit谩n y repite el mismo discurso ultraliberal y represivo. Milei es un clon del militar que logr贸 gran predicamento y se perfila como una figura de peso en la pr贸xima elecci贸n.

El peronismo estaba muy entusiasmado con la victoria de Lula, hasta la reciente (y siempre eventual) renuncia de Cristina a participar en los comicios. Hay muchas analog铆as entre las dos figuras. Ambos han sido perseguidos por el poder medi谩tico y judicial y gozan de una arrolladora centralidad, tanto entre sus seguidores como en la vida nacional.

Pero existe una obvia diferencia que obstruye la repetici贸n de mismo proceso. Mientras que Lula gan贸 como opositor denunciando las penurias ocasionadas por Bolsonaro, Cristina es vicepresidenta y no logra despegarse de la fracasada gesti贸n actual.

En la tremenda crisis econ贸mico social de Argentina, nadie puede pronosticar lo que suceder谩 en los pr贸ximos meses. La comparaci贸n con Brasil interesa en la izquierda, para analizar la pol铆tica del FIT-U en relaci贸n a la experiencia transitada por el PSOL. Esta 煤ltima formaci贸n debati贸 en el momento acertado el voto a Lula, mientras que en el primer frente suele postular la abstenci贸n en esas disyuntivas.

Confirmaciones en Chile

La postura de la izquierda frente a los balotajes -que oponen a los vacilantes candidatos progresistas con los agresivos exponentes de la ultraderecha- cobr贸 dramatismo en el desenlace chileno entre Boric y Kast. El primer candidato arrastraba duros cuestionamientos en su propio espacio, pero el segundo exaltaba sin ning煤n disimulo la trayectoria de Pinochet.

Tal como ocurri贸 en el primer contrapunto regional de este tipo -Bolsonaro contra Haddad en 2019- la gran mayor铆a de la izquierda vot贸 por Boric, exponiendo numerosas prevenciones (Boron,2021).

Posteriormente, algunos sectores que hab铆an sumado su voto contra la ultraderecha, modificaron esa actitud en el plebiscito sobre la Constituyente. Evaluaron que el Apruebo y el Rechazo constitu铆an dos v铆as para restaurar la misma hegemon铆a de la clase dominante y optaron por el voto en blanco (T贸toro 2022). Esa postura ilustr贸 la ambivalencia y las contramarchas que suscitan las definiciones electorales en el escenario latinoamericano.

La experiencia acumulada frente a esos desenlaces en los 煤ltimos a帽os, no deber铆a dejar ninguna duda sobre conveniencia de votar contra la derecha, en las frecuentes polarizaciones de los comicios finales.

Esa actitud es cuestionada por las corrientes que suelen denunciar las afinidades entre dos sectores pertenecientes al mismo segmento burgu茅s. Objetan la resignaci贸n y destacan el da帽o que genera a la construcci贸n de un proyecto revolucionario cualquier apoyo al reformismo.

En el caso chileno, ese cuestionamiento se asienta en forma valedera en la total adaptaci贸n de Boric al establishment y en la objetable permanencia de fuerzas de izquierda en su gabinete. En la dura batalla cultural que se desenvuelve en ese pa铆s, contra los arraigados prejuicios neoliberales que instal贸 el Pinochetismo (y preserv贸 la Concertaci贸n), resulta indispensable exponer sin rodeos las cr铆ticas al gobierno actual.

Pero esas objeciones nunca deben equiparar a las corrientes reaccionarias con las vertientes progresistas. En esa igualaci贸n se confunde a los enemigos con los adversarios, como si fueran dos partes de una misma totalidad.

A veces se justifica esa equivalencia afirmando que no existe un 鈥渕al menor鈥. Pero se olvida que esa misma calificaci贸n podr铆a aplicarse a las ponderadas victorias sindicales, sociales o pol铆ticas, que se consiguen sin consumar el ideal socialista. Ninguna de esas metas es despreciable por permanecer distanciada del objetivo hist贸rico de la izquierda.

El voto al progresismo contra la derecha -en los plebiscitos o balotajes- simplemente contribuye a frenar la restauraci贸n conservadora. Permite limitar los atropellos econ贸micos y contener la violencia contra los oprimidos. De esa forma, se generan escenarios m谩s favorables para el avance de la izquierda y se forjan relaciones de fuerzas m谩s afines a ese objetivo. Esta estrategia resulta adem谩s comprensible a la mayor铆a de la poblaci贸n, que nunca capta los enmara帽ados razonamientos expuestos para justificar la abstenci贸n.

El categ贸rico se帽alamiento de la derecha como enemigo principal, no se limita a las encrucijadas electorales. Es un principio igualmente decisivo frente a las maniobras golpistas de los reaccionarios en el Parlamento. Lo ocurrido recientemente en Per煤, donde un sector de la izquierda convalid贸 con su voto el operativo del fujimorismo y los conservadores para derrocar a Castillo, es ilustrativo del mareo que irrumpe en los momentos decisivos (Azn谩rez, 2022).

En esas circunstancias emerge a la superficie la ausencia de una br煤jula estrat茅gica, esa orientaci贸n debe ser retomada revisando los avances y las dificultades que afrontan los proyectos radicales en la regi贸n, que analizaremos en el pr贸ximo texto.

Resumen

Una alternativa de izquierda es indispensable para superar la tibieza del progresismo actual. Esa opci贸n s贸lo emerger谩 exponiendo cr铆ticas a la inconsecuencia de ese espacio. Para modificar las relaciones de fuerza hay que compartir alegr铆as y objetar capitulaciones.

La derecha es el enemigo principal que el progresismo no enfrenta con contundencia. La omisi贸n de esa diferencia ha sido problem谩tica en M茅xico o Ecuador. La acertada decisi贸n de sostener a Lula en las dos vueltas, contribuy贸 a crear un escenario m谩s favorable para las demandas populares. En Argentina se afrontan din谩micas semejantes. En Chile y Per煤 ha quedado corroborada la necesidad de distinguir a los enemigos de los adversarios.

Referencias

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* Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz

 

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