Nov 10 2004
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Opinión

Divagaciones sobre un mundo peor

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Ya no existen pol√≠ticas de izquierda. Alguna vez el planeta estuvo dividido en dos y la derecha y la izquierda de alg√ļn modo conviv√≠an cada cual cercada por sus respectivos l√≠mites. Poco a poco esos l√≠mites se fueron corriendo y asistimos al banquete en el que la derecha se comi√≥ -de manera literal- a la izquierda, o lo que quedaba de ella. Desapareci√≥ tambi√©n la disidencia.

Esto fue por varias causas. Se instal√≥ en la cabeza de quienes cohabit√°bamos en el lado de las pol√≠ticas de derecha que ser de izquierda era vergonzante. No exist√≠a la libertad de ser de izquierda sin el acompa√Īamiento de la culpa, se agregaba un velo como de verg√ľenza al apoyar sus causas y estaba, como un prejuicio, ser mal visto por el resto de la sociedad.

Se había también instalado a nivel social un temor parecido, si se hablaba de política, al actual cuando se habla de los judíos (o más precisamente de los israelíes): hay que hacerlo con cuidado, midiendo las palabras para no herir susceptibilidades.

Se puede decir -por lo menos en la Argentina- ¬ęgallego¬Ľ o ¬ętano de porquer√≠a¬Ľ, y resulta, m√°s que un insulto, hasta amistoso; pero si una expresi√≥n parecida se utiliza con un jud√≠o arde la Troya del antisemitismo. Ya con lo dicho muchos jud√≠os deben estar pensando que soy un ac√©rrimo antisemita y los derechistas, para no quedarse atr√°s, que soy una persona con las ideas volcadas a la izquierda m√°s extrema.

Nada más equivocado, pero así funciona este mundo. Equivocado. Los judíos, con Hitler, contaron seis millones de muertos en los tiempos de la segunda guerra mundial. No ignoremos los 27 millones de alemanes, los 12 millones de italianos, los 22 millones de rusos -todos ellos víctima de la insanía- y tampoco olvidemos que toda guerra conlleva atrocidades indecibles, como ahora a ratos nos prmite atisbar la televisión en Iraq.

En 1959 -o tal vez 1960- vi en Milán un museo itinerante del horror, promovido por una sociedad judía. Había cosas terribles. Panes horneados con harina y aserrín de madera, veladores hechos con piel humana y jabones de grasa humana. De veras un horror nauseabundo.

En mis recuerdos qued√≥ grabado un dato de esa muestra de entonces: los muertos en las c√°maras de gas a manos de los alemanes eran dos millones quinientos ochenta mil seg√ļn un cartel expuesto en la misma horrenda exposici√≥n. C√≥mo esta cifra lleg√≥ a ser seis millones es un misterio. La explicaci√≥n m√°s cre√≠ble que encuentro es que tal vez en esa √©poca los datos no estaban actualizados.

Quizá sea bueno aclarar que un solo judío, negro, blanco -de cualquier religión- asesinado de esa manera es un horror. Negros y blancos, creyentes o no también conocieron muertes horribles, quemados vivos en hogueras, devorados por feras a las que hambreaban ex profeso para la ocasión.

Otros grupos, etnias y culturas han sufrido atrocidades y tremendas injusticias. Los pueblos de √Āfrica tratados como animales, deportados esclavos a Am√©rica y otras regiones del planeta, masacrados de manera salvaje cuando no serv√≠an m√°s, protagonizaron una emigraci√≥n tan violenta como silenciosa. Los ind√≠genas de Am√©rica del Norte, exterminados juntos a los bisontes, sin posibilidad de defensa, en su suelo nativo a manos de colonos recien instalados en su territorio. Y las grandes civilizaciones de Am√©rica del Sur, aztecas e incas, borradas sin piedad por los conquistadores espa√Īoles y europeos con su sed de conquista, para no hablar de los pueblos caribe√Īos o de las masacres que en pleno siglo XX se orquestaban en Amazonia.

En todas las geografías del planeta encontraremos muchísimas culturas saqueadas o exterminadas. Y sus sobrevivientes y herederos apenas -con el paso de los siglos- dejaron huella de sus reclamos, devorados por lo que llamamos Occidente, por el esplendor de nuestra imperial civilización judeocristiana.

Diferente es la reacción de los judíos: conservan viva memoria de lo padecido y esgrimen el Viejo Testamento como una salvaguarda y pasaporte para su regreso a la tierra de la leche y miel. Sólo que al leer con frialdad ese libro descubrimos un Dios que, por ejemplo, acepta y justifica que un reyezuelo, David -él de Goliat-, haga pillajes, asesine a mansalva y reduzca a cenizas pueblos enteros, llevando a la práctica un genocidio de proporciones sólo para no tener testigos de sus actos. A este bandido -terrorista diríamos en la actualidad- los sacerdotes de entonces, como fieles representantes de la voluntad divina, lo coronaron.

Ese libro todavía es sagrado y se lo considera el faro de nuestra civilización. Con la mano sobre él juramos decir toda la verdad. Pues bien, amparados en ese libro se lleva a cabo una guerra mentirosa y cruel en Iraq.

Winston Churchill pregunt√≥ alguna vez con despectiva ret√≥rica: ¬ę¬ŅQu√© tienen los √°rabes?¬Ľ Y se respondi√≥: ¬ę¬°S√≥lo son capaces de producir esti√©rcol de camello!¬Ľ Una frase premonitoria para el futuro Estado de Israel que se instalar√≠a a√Īos despu√©s. Y una plataforma de punta en contra de los √°rabes con sus in√ļtiles y anacr√≥nicos camellos.

Parece que esta es la realidad de hoy. Aunque la plataforma se convirtió en guerra abierta contra aquellas regiones -y musulmanes- que no se doblegan a la voluntad de los israelíes, en primer término, y luego a la de Washington, que parece a estas alturas lacayo de los intereses de Israel.

¬ŅQu√© m√°s se puede hacer con pueblos cuya habilidad es producir esti√©rcol de camello, sino invadirlos para tomar sus bienes naturales, representados por sus inmensos campos petrol√≠feros? Nada debe asombrarnos. ¬ŅAcaso no ocurri√≥ de la misma manera con toda cultura de menor desarrollo tecnol√≥gico cuando otra m√°s poderosa le puso los ojos encima? Cabe preguntarse cu√°ndo China juzgar√° que est√° en condiciones de intervenir.

Desde hace generaciones el virulento capitalismo, apoyado en las Sagradas Escrituras, se defiende y se difunde sembrando muertes (que no siempre vemos o queremos ver) y se expande como mancha de aceite sobre la faz de la tierra. En Iraq y Afganist√°n era necesario dar se√Īales claras sobre qui√©n es el que manda en el planeta. Los chinos vienen -al menos por ahora- con las armas de la no violencia. Son temibles competidores. Y est√° Europa que deber√° jugar a ser grande, pero falta todav√≠a para eso.

La expansión del nacionalismo y desarrollo económico chino por su solidez es un balde de agua fría sobre los banqueros que no dudaron en conquistar el mundo con la astucia de una moneda imperial, en apariencia fuerte -pero en realidad débil y basada en la especulación-. El enfermo dólar de hoy provoca dudas en los mercados. Hay 6.031 billones de dólares en circulación en el mundo entero, respaldados por el PBI de EEUU, que es de 10,6 billones. 6021 billones de dólares sin respaldo, falsos entonces, sustentados en la sola confianza que despiertan.

As√≠ lo confirman las palabras de Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, que dice: ¬ęCuando es necesario ponemos en movimiento la maquinita de fabricar d√≥lares¬Ľ. Con eso pagan deudas.

Todo declarado, sin tapujos, para que no haya dudas. Con esa ¬ęmaquinita¬Ľ hacedora de d√≥lares, utilizada sin escr√ļpulos, se adue√Īaron del mundo entero, inclusive de buena parte de la regi√≥n donde imperaba el socialismo sovi√©tico. Poder del dinero f√°cil que utilizado con astucia da resultados insuperables. ¬ŅQui√©n puede hacerle frente a este gigante imperial? Nadie. La vieja Europa unida, obligada a obedecer vetustas normas √©ticas y sociales, no tiene el vigor de esa econom√≠a pr√°ctica, cruel (y enferma) que es la estadounidense. Tampoco los emergentes chinos, ocupados en desarrollarse en lo tecnol√≥gico.

Escuch√© decir alguna vez que los pol√≠ticos comunistas eran personas muy inteligentes. Nada m√°s errado. Algunos deben de haberlo sido, pero los verdaderos inteligentes son los capitalistas. Es una inteligencia planificada que se transmite merced a sus archivos de datos y objetividad. Conocen como nadie la naturaleza humana. Han hechos estudios serios sobre el comportamiento del hombre como sujeto social, saben como reaccionamos frente a las emergencias, al p√°nico, a las manifestaciones de j√ļbilo o de terror. Conocen los l√≠mites de nuestras tolerancias, saben en que medida la religi√≥n nos inmoviliza, nos seda, nos convence.

Los capitalistas, aquellos de los grandes capitales, los que fomentan las guerras y firman la paz, tienen toda la esencia de nuestras conciencias en sus bases de datos y saben como moldearlas y seducirlas para responder ciegamente a sus intereses. Hombres astutos versus hombres ingenuos. Eso es.

Ahora asistimos los movimientos finales de una revoluci√≥n totalitaria en marcha acelerada que nos aprisiona a todos, como una gran boa, y nos quita poco a poco la respiraci√≥n. Somos un reba√Īo conducido hac√≠a un horizonte de felicidad ecl√©ctica, despersonalizada y digital. En esta fase de la revoluci√≥n conservadora lo que importa es comprar el alma de la gente que tenga influencia sobre la poblaci√≥n para que la convenza de que el futuro tan temido ser√° harto feliz, a√ļn cuando no tengamos fuerza para respirar de manera abierta y padezcamos un d√©ficit de oxigenaci√≥n cerebral.

Justo para no pensar que la hecatombe ser√° terrible cuando esta civilizaci√≥n, levantada sobre las Sagradas Escrituras, comience a mirar a los chinos como ahora ve a los √°rabes, simples productores de esti√©rcol de camellos. Pero para eso tenemos a√ļn algunos a√Īos de espera. Por ahora sent√©monos tranquilos a ver desde una ventana quien gana en el orden de las superaciones tecnol√≥gicas. Ese es un punto importante y es ah√≠ donde ¬ętenemos¬Ľ a√Īos de ventaja. Pero los chinos, se sabe, son esforzados.

Como se ley√≥ el √ļltimo domingo en el diario Clar√≠n, de Argentina – una columna firmada por Henry Kissinger, que de eso entiende-: ¬ęFue Emanuel Kant quien mejor sintetiz√≥ hace 200 a√Īos el dilema de nuestra √©poca. En su ensayo La Paz Perpetua se√Īal√≥ que el mundo estaba destinado a la paz perpetua. Esta sobrevendr√≠a ya fuera por previsi√≥n o por una serie de cat√°strofes que no dejar√≠an otra opci√≥n. Cu√°l de los dos caminos se har√° realidad es la pregunta que deber√° abordar, en √©ste y todos los temas de pol√≠tica exterior, el reelecto presidente George W. Bush¬Ľ.

Escalofriante, sin comparaciones históricas, el futuro que nos espera.

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