Oct 6 2004
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Opinión

EEUU: uso (torpe) de la fuerza y terrorismo

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

fotoTal como explic√≥ Colin Powell ante el p√ļblico hostil del Foro Econ√≥mico Mundial en septiembre de 2002, seg√ļn su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), Washington se adjudica la ¬ęsoberana potestad de utilizar la fuerza para defenderse¬Ľ de aquellas naciones que poseen armas de destrucci√≥n masiva (ADM) y que cooperan con terroristas: pretextos oficiales para invadir Iraq.

La falsedad de tales pretextos es bien conocida, pero hubo poca reacci√≥n ante su secuela m√°s importante: la manera en que se ampli√≥ el concepto de ¬ęagresi√≥n¬Ľ en la ESN. La urgencia de establecer v√≠nculos con el terrorismo fue discretamente soslayada. M√°s a√ļn, Bush y sus colegas manifestaron su derecho de recurrir a la fuerza incluso si el pa√≠s de marras no posee ADM o planes para fabricarlas. Basta con que revele ¬ęla intenci√≥n y capacidad¬Ľ para lograrlo.

Casi todos los pa√≠ses cuentan con la capacidad, y la intenci√≥n depende seg√ļn qui√©n la juzgue. La doctrina oficial, entonces, es que cualquier pa√≠s est√° en posibilidad de lanzar un ataque devastador.

Colin Powell ampli√≥ los conceptos todav√≠a m√°s al decir que la raz√≥n asist√≠a al presidente (Bush) en su ataque a Iraq debido a que Saddam no s√≥lo ten√≠a ¬ęla intenci√≥n y capacidad¬Ľ, sino que ya antes hab√≠a ¬ęutilizado esas terribles armas contra sus enemigos en Ir√°n y contra su propio pueblo¬Ľ; olvidando mencionar que aqu√©l lo logr√≥, como de costumbre, con el apoyo y la subvenci√≥n del propio Powell y sus socios.

Condoleezza Rice aport√≥ una versi√≥n similar. Con tales razonamientos, ¬Ņqui√©n est√° exento de la agresi√≥n? No sorprende que, seg√ļn Reuters, ¬ęsi los iraqu√≠es vieran a Saddam Hussein encadenado, quisieran asimismo ver a sus aliados estadounidenses a su lado¬Ľ.

En su desesperado af√°n por fabricar justificaciones a medida que cada pretexto iba cayendo por tierra, la administraci√≥n y sus comentaristas evadieron el verdadero motivo de la invasi√≥n: establecer las primeras bases militares fijas en un pa√≠s socio, ubicado en el eje de los principales recursos energ√©ticos del mundo y se√Īalado desde la Segunda Guerra Mundial como una ¬ęgenerosa fuente de energ√≠a estrat√©gica¬Ľ, cuya importancia, seg√ļn pron√≥sticos, ser√≠a mayor en el futuro.

No es novedad que la administraci√≥n (EEUU) planeaba atacar Iraq antes del 11 de Septiembre y que mengu√≥ su ¬ęguerra contra el terror¬Ľ en favor de este objetivo. En el di√°logo interno, las evasivas son innecesarias. Mucho antes de llegar al poder, el club privado de estadistas reaccionarios hab√≠a decidido que ¬ęla necesidad de una fuerte presencia militar estadounidense en el golfo antecede la oposici√≥n al r√©gimen de Saddam Hussein¬Ľ. A trav√©s de los vaivenes en materia pol√≠tica desde que los actuales dirigentes tomaron el poder en 1981, una noci√≥n com√ļn se mantiene inmutable: el pueblo iraqu√≠ no debe gobernar Iraq.

La Estrategia de Seguridad Nacional de 2002 y su puesta en pr√°ctica en Iraq se considera sin lugar a dudas un separador de aguas en asuntos internacionales. ¬ęEl nuevo m√©todo es revolucionario¬Ľ, escribe Henry Kissinger, aprobando la doctrina -aunque con cierta reserva t√°ctica y una aseveraci√≥n cardinal: no puede ser ¬ęun principio universal disponible para toda naci√≥n¬Ľ-.

El derecho de agresión debe reservarse para los Estados Unidos y quizás sus socios elegidos. Debemos rechazar el más elemental de los axiomas morales, el principio de la universalidad, una postura generalmente soterrada en discursos de intenciones altruistas y tortuosa legalidad.

Arthur Schlesinger admite que la doctrina y la puesta en pr√°ctica son ¬ęrevolucionarias¬Ľ, pero desde una posici√≥n diametralmente opuesta. Cuando las primeras bombas cayeron sobre Bagdad, record√≥ las palabras de F. D. Roosevelt despu√©s del ataque a Pearl Harbor: ¬ęuna fecha que vivir√° en la infamia¬Ľ. Ahora son los estadounidenses quienes viven en la infamia, escribe Schlesinger, ya que su gobierno ha adoptado la estrategia del imperio japon√©s. Agreg√≥ que George Bush hab√≠a convertido un ¬ęalud global de condolencia¬Ľ para Estados Unidos en un ¬ęalud global de odio a la arrogancia y el militarismo estadounidense¬Ľ.

Un a√Īo m√°s tarde, el ¬ędescontento hacia Estados Unidos y su pol√≠tica, lejos de declinar, se ha intensificado¬Ľ. Incluso en Inglaterra el apoyo a la guerra ha decrecido una tercera parte.

La invasión a Iraq y el terrorismo

Seg√ļn lo previsto, la guerra aument√≥ la amenaza del terrorismo. Fawaz Gerges, experto en asuntos del Medio Oriente, opina que resulta ¬ęsencillamente inusitado c√≥mo la guerra renov√≥ el clamor por un Islam combativo, lo cual estaba en verdadero declive despu√©s del 11 de Septiembre¬Ľ. El reclutamiento para las redes de Al Qaeda aument√≥ e Iraq se convirti√≥, por primera vez, en ¬ęrefugio de terroristas¬Ľ. Los ataques suicidas en 2003 alcanzaron el nivel m√°s alto de la √©poca moderna; Iraq sufri√≥ su primer caso desde el siglo XIII. La opini√≥n competente en general concluye que la guerra tambi√©n condujo a la proliferaci√≥n de armas de destrucci√≥n masiva.

Durante la víspera del aniversario a la invasión de Iraq, la Estación Central de ferrocarriles de Nueva York estuvo vigilada por policías armados con metralletas, quizá como respuesta a los bombardeos del 11 de marzo en Madrid, el peor crimen terrorista en Europa, donde murieron 200 personas.

D√≠as despu√©s, el electorado espa√Īol destituy√≥ al gobierno que opt√≥ por la guerra a pesar de una abrumadora oposici√≥n popular. A los espa√Īoles se les reproch√≥ por ceder al terrorismo al votar por el retiro de sus tropas sin previa autorizaci√≥n de la ONU; o sea por asumir una posici√≥n similar al 70 por ciento de la poblaci√≥n estadounidense, que exigi√≥ que la ONU tomara cartas en el asunto de Iraq.

Bush asegur√≥ a los estadounidenses que ¬ęhoy el mundo est√° m√°s seguro porque en Iraq nuestra coalici√≥n termin√≥ con un r√©gimen que cultivaba v√≠nculos terroristas y constru√≠a armas de destrucci√≥n masiva¬Ľ. Los asesores del presidente saben que cada palabra es falsa, pero tambi√©n saben que las mentiras pueden convertirse en verdad, si se repiten con la frecuencia adecuada.

Existe amplio consenso entre los expertos acerca de cómo reducir la amenaza del terrorismo -y me refiero a la subcategoría genérica políticamente aceptada, es decir: el terrorismo contra Estados Unidos-, pero también existe acuerdo acerca de cómo provocar ciertas atrocidades terroristas, que pueden llegar a ser realmente espantosas. Jason Burke ha explicado bien dicho consenso en su estudio sobre el fenómeno de Al Qaeda, y nos brinda la investigación más detallada y mejor informada sobre ese desperdigado revoltijo de musulmanes radicales de quienes Ben Laden es apenas un símbolo (quizá más peligroso después de muerto, al convertirse en mártir que inspire a otros a unirse a su causa).

Una ayuda para Al Qaeda

El papel de los actuales inquilinos de Washington, en su fase reaganoide, que consiste en forjar redes isl√°micas radicales, es un lugar com√ļn. Menos divulgada ha sido su tolerancia a la inclinaci√≥n de Pakist√°n hacia el extremismo radical de Islam y su desarrollo de armas nucleares.

Como se√Īala Burke, los bombardeos de Clinton en 1998 sobre Sud√°n y Afganist√°n erigieron a Ben Laden como un s√≠mbolo y propiciaron nexos filiales entre √©ste y los talibanes, provocando un aumento tangible en la ayuda, el reclutamiento, y el subsidio de Al Qaeda, organizaci√≥n que hasta entonces era virtualmente desconocida.

Otra contribuci√≥n importante al auge de Al Qaeda en beneficio de Ben Laden fue el bombardeo de Bush sobre Afganist√°n despu√©s del 11 de Septiembre, emprendido sin un pretexto factible como m√°s adelante fue morosamente reconocido. Por tanto, el mensaje de Ben Laden ¬ęse difundi√≥ alrededor del mundo, entre decenas de millones de gentes, sobre todo, entre la juventud y los desesperados¬Ľ, escribe Burke, examinando el aumento en el terrorismo global y la creaci√≥n ¬ęde un nuevo tropel de terroristas¬Ľ afiliados a lo que consideran una ¬ęlucha entre el bien y el mal¬Ľ, visi√≥n que comparten Bin Laden y Bush. Seg√ļn lo observado, la invasi√≥n de Iraq ha tenido el mismo efecto.

Tras citar numerosos ejemplos, Burke concluye que ¬ęcada vez que se hace uso de la fuerza se otorga otra peque√Īa victoria a Ben Laden¬Ľ, quien ¬ęest√° ganando¬Ľ, ya sea vivo o muerto. Muchos analistas comparten el criterio de Burke, incluyendo a varios previos jefes de los Servicios Generales de Seguridad y de la inteligencia militar israel√≠.

Existe tambi√©n amplio consenso sobre la acci√≥n indicada frente al terrorismo. Debe tener dos frentes: dirigida tanto a los terroristas en s√≠ como a las reservas de posible apoyo. La respuesta adecuada a los embates terroristas es la el trabajo polic√≠aco que ha demostrado su eficacia en el mundo entero. M√°s importante a√ļn es el amplio electorado que los terroristas, qui√©nes se consideran vanguardia, procuran movilizar, ya que no obstante que muchos de ellos odian y temen a los terroristas, piensan que √©stos luchan por una causa justa.

Podemos ayudar a que esta vanguardia movilice esta reserva de apoyo por medio de la violencia, o podemos reconocer los ¬ęinnumerables agravios¬Ľ, muchos de ellos leg√≠timos, que son ¬ęlas causas medulares de la militancia isl√°mica moderna¬Ľ. Eso pudiera reducir de manera perceptible la amenaza del terrorismo, y se debiera emprender al margen de dicho objetivo.

Una espiral de armanentismo y violencia

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La violencia puede tener √©xito, tal como los estadounidenses han demostrado con la conquista del territorio nacional. Pero a qu√© precio. Puede tambi√©n provocar violencia en respuesta, y mucha. Enardecer el terrorismo no es el √ļnico recurso. Existen otros a√ļn m√°s peligrosos.

En febrero de 2004, Rusia efectu√≥ los ejercicios militares m√°s prominentes en dos decenios, luciendo flamantes ADM bastante avanzadas. Los militares rusos y el ministro de la Defensa Sergei Ivanov anunciaron que respond√≠an a la estrategia de Washington de ¬ęfabricar armas nucleares como instrumentos para resolver tareas militares¬Ľ, incluyendo el desarrollo de novedosas armas nucleares de ¬ębajo rendimiento¬Ľ, a su juicio ¬ęuna empresa peligrosa en demas√≠a, que est√° vulnerando la estabilidad global y regional…, aumentando la posibilidad de su implementaci√≥n en la pr√°ctica¬Ľ.

El analista estrat√©gico Bruce Blair escribe que Rusia sabe de sobra que los nuevos ¬ęrompeb√ļnkers¬Ľ estadounidenses est√°n dise√Īados para penetrar los ¬ęrefugios antinucleares de comandos de alto nivel¬Ľ que controlan su arsenal nuclear. Ivanov y los generales rusos han divulgado que, en respuesta a la escalada de los Estados Unidos, Rusia est√° desplegando ¬ęel misil m√°s avanzado del mundo¬Ľ, virtualmente imposible de destruir, algo que ¬ęalarma mucho al Pent√°gono¬Ľ, dice el ex subsecretario de la Defensa estadounidense Phil Coyle.

Los analistas de los Estados Unidos sospechan que Rusia está duplicando su proyecto de un vehículo hipersónico que puede reentrar en la atmósfera desde el espacio y lanzar ataques devastadores sin previo aviso; dicho vehículo forma parte de sus planes para reducir la dependencia de bases de ultramar y para evitar las enfadosas negociaciones de rutas aéreas.

Los analistas estadounidenses estiman que los gastos militares rusos se han triplicado durante la gestión de Putin, en gran medida como reacción a la militancia y a la agresividad de la administración Bush.

Putin e Ivanov citaron la doctrina de Bush del ¬ęataque preventivo¬Ľ -la nueva doctrina ¬ęrevolucionaria¬Ľ de la Estrategia de Seguridad Nacional-, pero ¬ęagregaron un detalle decisivo, al mencionar que la fuerza militar puede ser utilizada si existe una tentativa de restringir el acceso de Rusia a las regiones que son esenciales para su supervivencia¬Ľ, adaptando as√≠ para Rusia la doctrina de Clinton que los Estados Unidos tienen derecho a recurrir al ¬ęuso unilateral de la fuerza militar¬Ľ para asegurarse ¬ęacceso ilimitado a los mercados vitales, a las fuentes de energ√≠a, y a los recursos estrat√©gicos¬Ľ.

El mundo ¬ęes un lugar mucho m√°s inseguro¬Ľ ahora que Rusia ha decidido seguir el ejemplo de los Estados Unidos, dijo Fiona Hill, de Brookings Institution, agregando que otros pa√≠ses ¬ęquiz√° seguir√°n el ejemplo¬Ľ.

Se ha dado ya el caso en los sistemas automáticos de emergencia rusos que han estado a minutos de lanzar un ataque nuclear: se evitaron sólo por intervención humana. Dichos sistemas se han deteriorado; y si bien los sistemas estadounidenses son mucho más eficaces, también resultan más peligrosos, ya que dan un plazo de tres minutos para el juicio humano después de que las computadoras advierten sobre un ataque de misiles, como lo hacen con frecuencia.

El Pent√°gono tambi√©n ha encontrado defectos graves en sus sistemas de seguridad computacional que pueden permitir que alg√ļn hacker terrorista tome control y simule un ataque; ¬ęun accidente que s√≥lo aguarda el momento para suceder¬Ľ, escribe Bruce Blair. Estos peligros siguen aumentando debido a las amenazas y el uso de la violencia.

Y la preocupaci√≥n s√≥lo aumenta ante el reciente descubrimiento de que los presidentes de los Estados Unidos han estado ¬ęsistem√°ticamente¬Ľ mal informados acerca de los efectos de una guerra nuclear. El nivel de destrucci√≥n ¬ęse ha subestimado de manera grave¬Ľ debido a la carencia de investigaci√≥n cient√≠fica por parte de las ¬ęburocracias aisladas¬Ľ que proporcionan an√°lisis ¬ęsobre una guerra nuclear limitada y con posibilidades de triunfo, la miop√≠a institucional que predomina puede resultar catastr√≥fica¬Ľ, mucho m√°s que la manipulaci√≥n de datos sobre Iraq.

La administraci√≥n de Bush program√≥ el despliegue inicial de un sistema de defensa a base de misiles para el verano de 2004, un acto criticado como ¬ętotalmente pol√≠tico¬Ľ, ya que emplea tecnolog√≠a a√ļn no probada, a un alto costo. Una cr√≠tica m√°s a fondo revela que el sistema pudiera parecer confiable, pero en la l√≥gica de la guerra nuclear, lo que cuenta es la opini√≥n.

Tanto los estrategas de Estados Unidos como sus objetivos potenciales consideran la defensa con misiles como la primera línea de ataque, ya que pudiera proporcionar mayor libertad para la agresión, incluyendo un ataque nuclear. Y todos saben cómo Estados Unidos respondió ante el despliegue ruso de un sistema muy elemental de misiles antibalísticos (MAB) en 1968: apuntando al sistema con la mirilla de armas nucleares para asegurarse de eliminarlo en un instante. Los expertos advierten que los planes actuales de los Estados Unidos también provocarían una reacción de China.

La historia y la l√≥gica de la disuasi√≥n ¬ęnos recuerdan que los sistemas de defensa a base de misiles conducen a la elaboraci√≥n de programas de ofensiva nuclear¬Ľ: la iniciativa de Bush despertar√° otra vez la amenaza contra su pa√≠s y el resto del mundo.

T√°cticas de la era nuclear

La reacción de China puede ocasionar respuestas similares en India, Pakistán, y aun más allá. En Asia Occidental, Washington está incrementando la amenaza que suponen las armas nucleares de Israel y otras ADM, al dar a Israel más de cien aviones bombarderos, anunciando que éstos pueden llegar a Irán y regresar, ya que son una versión avanzada de los que Israel utilizó para destruir un reactor iraquí en 1981.

La prensa israel√≠ agrega que Estados Unidos est√° proveyendo de armamento ¬ęespecial¬Ľ para la fuerza a√©rea israel√≠. No hay razones para dudar que Ir√°n y otros servicios de inteligencia observan muy de cerca y quiz√°s est√©n llegando a la peor conclusi√≥n: que se trata de armas nucleares. Los subterfugios y el env√≠o de aviones se pudieran considerar un cebo para confundir a la dirigencia iran√≠ y quiz√°s provocar una maniobra que pudiera utilizarse como pretexto para un ataque.

En septiembre de 2002, inmediatamente después de que se diera a conocer la ESN, Estados Unidos se aprestó a cerrar negociaciones de un acuerdo ejecutivo sobre armas biológicas y bloqueó esfuerzos internacionales para prohibir ataques biológicos y la militarización del espacio.

Un a√Īo m√°s tarde, en la Asamblea General de la ONU, los Estados Unidos vot√≥, sin apoyo alguno, contra la implantaci√≥n del Tratado para la Prohibici√≥n Completa de Ensayos Nucleares (TPCEN) y s√≥lo con su nuevo aliado, la India, vot√≥ contra los planes para la eliminaci√≥n de armas nucleares.

Los Estados Unidos tambi√©n fue el √ļnico en votar en contra del ¬ęestablecimiento de normas ambientales¬Ľ, en acuerdos de desarme y del control de armamentos, y s√≥lo con el apoyo de Israel y Micronesia en contra de propuestas para evitar la proliferaci√≥n nuclear en el Oriente Medio: el pretexto para invadir Iraq.

La resolución para evitar la militarización del espacio se aprobó con 174 votos contra 0, con cuatro abstenciones: Estados Unidos, Israel, Micronesia, y las islas Marshall. Como ya se ha dicho antes, un voto negativo o una abstención de los Estados Unidos constituyen un doble veto: la resolución se bloquea y se elimina de la agenda y de la historia.

Los estrategas de Bush saben tan bien como cualquiera que al recurrir a la fuerza se aumenta la amenaza terrorista, y que su postura y actos bélicos provocan reacciones que aumentan el riesgo de una catástrofe. No aspiran a tales resultados, sino que les asignan poca prioridad en comparación con los intereses domésticos e internacionales que hacen tan poco esfuerzo en ocultar.

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* Este artículo se publicó en www.tomdispatch.com, una bitácora electrónica del Nation Institute, fuente de recursos, noticias y opiniones alternativas en inglés dirigida por Tom Engelhardt, autor deThe End of Victory Culture y de The Last Days of Publishing.

La versión castellana apareció en www.zmag.org/Spanish traducido por Miguel Alvarado.

Noam Chomsky es profesor de Ling√ľ√≠stica y Filosof√≠a en MIT. El presente art√≠culo es una versi√≥n abreviada y ligeramente adaptada del ep√≠logo para la reci√©n publicada edici√≥n en r√ļstica de su Hegemony or Survival, America’s Quest for Global Dominance (parte de The American Empire Project series, Metropolitan Books). Las notas al pi√© de p√°gina para el ¬ęEp√≠logo¬Ľ con referencias han sido eliminadas en esta versi√≥n.La version completa del ep√≠logo se puede encontrar en an expanded e-book version of Hegemony or Survival.

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