
Recuerda una escena extraordinaria de la película Hamburger Hill, basada en una historia real durante la guerra de Vietnam, donde un reportero pregunta a un joven soldado estadunidense en el campo de batalla qué mensaje mandaría a la gente a 50 años en el futuro y responde: “que no envíen a sus hijos a acabar lo que inician los políticos”.
Todos saben que la intervención fue ilegal y que se llama otra cosa. El profesor de leyes y experto constitucional David Cole, de la Universidad de Columbia, escribe en The New York Review que la invasión no es aplicación de la ley tal como argumenta el gobierno, sino que viola las leyes nacionales e internacionales, concluyendo que “es imperialismo, puro y sencillo”.
Lo que el mundo acaba de atestiguar no es nada novedoso, más allá de algunos detalles de la operación, sino una intervención más del “país más violento del mundo durante los últimos 50 años”, tal como lo califica el reconocido analista Jeffrey Sachs, recordando decenas de intervenciones e invasiones militares desde fines de la segunda guerra mundial (según un proyecto de la Universidad de Tufts, van más de 200 (https://sites.tufts.edu/css/?page_id=1582).
Más aún, Estados Unidos mantiene una red de más de 750 bases militares en unos 80 países –ninguna nación en la historia ha tenido algo parecido y es tres veces el número total de bases en el extranjero que todos los otros países combinados (China sólo tiene cinco), según una investigación del Quincy Institute de 2021.
Vale recordar que la “proyección” del poder estadunidense –en guerras, intervenciones, invasiones, cambios de régimen, golpes de Estado y operaciones encubiertas– no sólo no tiene igual en la historia moderna, sino que se ha llevado a cabo de una manera bipartidista durante décadas. Tal vez lo único novedoso es que ahora se hace de manera abierta y sin vergüenza.
“Trump y su gobierno han dejado claro que desean revivir la Doctrina Monroe… No debemos dudar en llamar esta política lo que es. Esto es imperialismo. Recuerda los capítulos más oscuros de las intervenciones de Estados Unidos en América Latina, las cuales han dejado un legado terrible. Será y debería ser condenado por todo el mundo democrático”, declaró el senador Bernie Sanders.
“Tiene pánico a la invasión el país que nadie ha invadido jamás, y que sin embargo tiene la mala costumbre de invadir a los demás”, escribió hace tiempo Eduardo Galeano. Eso sigue siendo más que relevante en el contexto actual –el gobierno de Estados Unidos acusó a Venezuela de invadirlo con drogas letales y sus peores “reos y pacientes de manicomios”, parte de la “invasión” de inmigrantes del Sur global.
Una y otra vez este régimen acusa que los inmigrantes pobres y la droga que proviene de sus países representan una amenaza a la “seguridad nacional” de Estados Unidos– ese término que no tiene nada de “nacional”, ya que se aplica a todo el planeta”.
Pero tampoco es nada nuevo la oposición al proyecto imperial desde adentro. Vale recordar a Frederick Douglass y su oposición a la guerra con México; a Mark Twain y su Liga Antimperialista Americana, a Eugene Debs, Emma Goldman, a Martin Luther King Jr, a los opositores contra intervenciones en Sur y Centroamérica, contra las guerras en Irak y Medio Oriente hasta hoy día quienes insisten “no en mi nombre”.
Esas voces del pasado al presente son las claves para que ya no se repita el más de lo mismo.
* Corresponsal de La Jornada de México en Estados Unidos
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