Rubén Armendáriz
El gobierno libertario argentino de Javier Milei se ve obligado a enviar al Congreso su proyecto de adhesión al Board of Peace (Junta de la Paz), puesta en marcha por Donald Trump en Davos, la semana pasada, pese a que el canciller Pablo Quirno intentó saltar esa instancia alegando que no se firmó un tratado, lo que fue desmentido por la Consejería Legal Internacional (DICOL) de la Cancillería, que señaló que se trata un tratado firmado por el presidente Javier Milei.

En la controversia, señala la prensa argentina, pesa mucho la decisión que tomó la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, que trasladó la cuestión al Congreso y, mientras tanto, no adhirió a la organización de Trump. El argumento de Meloni es impactante: sostiene que hay una cuestión constitucional porque Italia no puede firmar tratados que no sean igualitarios y el Board no es igualitario. Hay un presidente vitalicio (Donald Trump) que decide a qué país se invita a participar y a cuál no hy, además, paralelo, el presidente es también quien maneja los fondos y los planes.
El anuncio extraoficial de la presidencia argentina se produjo al adpia siguiente de que el sitio del Board -@BoardOfPeace, en X- le dio la bienvenida a Argentina como miembro fundador, algo que originalmente sólo estaba reservado a los países dispuestos a poner los mil millones de dólares, condición que implicaba la membresía permanente. La prensa argentina insiste en que el país no pondrá el dinero “porque hay otras prioridades”.

Para la prensa argentina esto evidenciaría que los manejos en el Board son absolutamente arbitrarios: Trump decide quién entra y quién no entra, qué país pone el dinero y cuál no. Pero no es de extrañar hay que la bienvenida oficial del Board -supuestamente un organismo de paridad internacional- tiene una bandera estadounidense y otra argentina (lo mismo sucede con los otros países).
La bienvenida oficial de Argentina al Board es casi escandalosa: pese a que, supuestamente, es un organismo de paridad internacional, el anuncio tiene el dibujo de una bandera norteamericana y una bandera argentina. Lo mismo con los otros países a los que se dio la bienvenida (26): bandera de Estados Unidos y bandera del país correspondiente. O sea, son 26 bilaterales entre el país del norte y los demás. Expresión de que manda el presidente que ocupa el Despacho Oval, en Washington.

Entre los 27 países a los que se les dio la bienvenida, sólo hay dos europeos (Hungría y Bulgaría) y no ingresaron Canadá, a quién se le retiró la invitación, ni Brasil ni México y no está ninguno de los países que integran el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: China, Rusia, Reino Unido, Francia. El único, obviamente, Estados Unidos. La gran mayoría son regímenes considerados híbridos por The Economist o directamente autoritarios: por ejemplo, Qatar en el puesto 117, Emiratos Arabes en el 119, Egipto, 128, Vietnam, 133, Bahrain en el 138, Arabia Saudita en el 148, Bielorusia en el 152 de du índice de nivel democrático.
Tras las amenazas de Trump para quedarse con Groenlandia, el primer ministro sueco Ulf Kristersson advirtió que Estados Unidos actuó «de una manera que dañó la confianza mutua» e instó a fortalecer la autonomía de defensa europea. Recordó la vigencia del compromiso de todos los aliados en seguridad. Aclaró que, si bien la OTAN se asocia principalmente con Estados Unidos, los miembros europeos constituyen la columna vertebral de la cooperación en seguridad en el norte de Europa y a nivel general.
En Estados Unidos distintos medios calificaron el Board como una junta de dictadores de Trump, con más reyes que presidentes elegidos democráticamente. Obviamente se trata de un intento de competencia desleal a las Naciones Unidas. Si bien se publicitó como un proyecto de Occidente respecto de la Franja de Gaza, en el «organismo» no están la mayoría de los países importantes de Occidente.
*Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
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