Jun 8 2021
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Sociedad

El deporte como analgésico para los males sociales

«La religión es el opio del pueblo». Esta frase de Carlos Marx, fue utilizada por mucho tiempo para mostrar el desprecio a la religión y a la fe que, se supone, tienen todos quienes abrazan las ideas de Marx y de otros que, a cara descubierta, hablan de la liberación del pueblo respecto del yugo del capital. Se cuidan mucho de decir que hay otros pensadores que escribieron cuestiones similares.

Sin ir más lejos Moses Hess, filósofo alemán de origen judío, en un ensayo publicado en Suiza en 1843 escribió: «La religión puede hacer soportable […] la infeliz conciencia de servidumbre… de igual forma el opio es de buena ayuda en angustiosas dolencias».foot

Pasó el tiempo y los interesados en que el pueblo se mantenga sumiso y aceptando dádivas, ya no pudieron sacar beneficios de este argumento falaz y se dieron a la tarea de buscar otras cosas para seguir idiotizando a las masas y sacarlas de cualquier intento de redención y cambio social.

Y así aparecieron todo tipo de drogas, se potenció el consumo de alcohol asociándolo a bienestar y placer, se promovió el individualismo y el consumismo, pero faltaba más. Un nuevo opio.

Y se llegó a la mercantilización de los deportes, siendo el ejemplo más claro el del fútbol. Aquí los pases de los jugadores son avaluados en decenas y cientos de millones, y algunos escogidos ganan en minutos el sueldo de un año entero de un obrero. Son productos finos, adquiridos siempre por grandes capitalistas.

En los seguidores de estos equipos la cosa es peor. No hay sano cariño por la enseña. En nombre de las banderas del club se destruyen bienes y servicios, se agrede seriamente e incluso se busca causar la muerte a los adversarios. Y sin embargo muchos de estos «hinchas» son incapaces de luchar por sus derechos y los de sus familias.

Hace ya muchos años que el fútbol pasó a ser una empresa transnacional, donde la corruptela y los negocios oscuros son el pan de cada día. Aunque de vez en cuando tanto va al cántaro el agua que se desborda, se aplican algunas medidas de parche por aquí y por allá y el negocio sigue floreciente.

Por eso no resultó extraño que ante la renuncia de Colombia a realizar la copa América, toda vez que un pueblo entero está en pie de lucha contra tanto abuso y discriminación, Argentina llegara a figurar, incluso, como único organizador del certamen. No obstante, el aumento de los contagiados y las medidas de restricción obligadas hicieron imposible jugar la copa allí. Intentaron traerla a Chile pero la negativa a exenciones tributarias solicitadas por la Conmebol anularon la posibilidad.

Entonces, para dejar claro que el negocio es millonario y que hay compromisos ineludibles, apareció Brasil como sede. Uno de los países con mayor cantidad de infectados y muertos por Covid en el mundo y para allá se va la copa América. Sin embargo, los privilegiados trabajadores del fútbol no se han puesto los pantalones como corresponde. Pese a que los propios futbolistas brasileños han dejado entrever su malestar e incluso su decisión de no jugar la copa, el resto de los equipos no han tenido, hasta ahora, la misma firmeza.

Cobardes, gallinas, en vez de reunirse todos los capitanes y exigir la suspensión del torneo hasta cuando sus pueblos salgan de la pandemia, han preferido guardar silencio y dejarse llevar de la manito por los grandes capitales, que son en definitivas los que auspician el negocio.

*Secretario CGT Chile

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