Sep 8 2022
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Política

El despotismo de Isaias Afewerki, el dictador de Eritrea

Ning√ļn pa√≠s en el mundo tiene una autocracia m√°s pura que Eritrea. El estado de Eritrea es un hombre, Isaias Afewerki, quien durante veinte a√Īos fue el l√≠der de un formidable ej√©rcito insurgente que gan√≥ una guerra de liberaci√≥n contra Etiop√≠a en 1991, y quien desde entonces ha gobernado como presidente sin restricciones en su poder. Tres d√©cadas despu√©s de la independencia, Eritrea no tiene constituci√≥n, elecciones, legislatura ni presupuesto publicado. Su poder judicial est√° bajo el pulgar del presidente, su prensa no existe.

Las √ļnicas instituciones que funcionan son el ej√©rcito y la seguridad. Existe el servicio nacional obligatorio e indefinido. Los generales del ej√©rcito, los asesores presidenciales y los diplom√°ticos se han mantenido esencialmente sin cambios durante veinticinco a√Īos. El pa√≠s tiene una poblaci√≥n de 3,5 millones y m√°s de medio mill√≥n han huido como refugiados, la proporci√≥n m√°s alta del mundo despu√©s de Siria y Ucrania.

El √ļltimo giro del despotismo de Isaias es su intento de tramar una guerra entre el gobierno federal de Etiop√≠a y sus antagonistas en la regi√≥n de Tigray. Quiere ver a ambos debilitados, y a Tigray tan maltratado que pueda eliminarlo como una entidad pol√≠tica viable, de una vez por todas.

La l√≥gica de Isa√≠as es genocida. En noviembre de 2020, cuando el mundo estaba distra√≠do por las elecciones estadounidenses, Isaias envi√≥ a su ej√©rcito a unirse a las fuerzas del primer ministro et√≠ope Abiy Ahmed en una guerra para ‚Äúaplastar‚ÄĚ a los tigrayanos. Abiy le dio cobertura pol√≠tica, mintiendo sobre el papel de Eritrea. Despu√©s de un a√Īo de asesinatos en masa, violaciones y hambrunas infligidos en Tigray, as√≠ como estragos en Etiop√≠a y el Cuerno de √Āfrica en general, la guerra de Tigray lleg√≥ a un punto muerto. Se rompi√≥ a fines del mes pasado con una feroz batalla entre las fuerzas de Tigrayan y el ej√©rcito federal et√≠ope. Los tigrayanos ganaron la primera ronda.

En la ma√Īana del 1 de septiembre comenz√≥ la segunda ronda. La artiller√≠a de Eritrea lanz√≥ enormes andanadas, disparando contra las defensas de los tigrayanos mientras los reclutas et√≠opes se preparaban para recibir la se√Īal de Isaias para cargar a la batalla.

Eritrea era una colonia italiana, excavada en los confines del norte del imperio feudal de Etiop√≠a durante la lucha por √Āfrica de finales del siglo XIX. Isaias naci√≥ en 1946, cinco a√Īos despu√©s de la derrota italiana en la Segunda Guerra Mundial. Los eritreos de su generaci√≥n tienen una relaci√≥n de amor y odio con su antiguo colonizador. Los italianos explotaron a los eritreos como trabajadores y les negaron la educaci√≥n.

Pero el poder imperial también hizo especial a Eritrea. El interés inicial de Italia estaba en la costa del Mar Rojo, entonces como ahora una costa estratégica. Después de la apertura del Canal de Suez en 1869, una octava parte del comercio marítimo mundial pasó por el canal entre Eritrea y Yemen. Lo mismo es cierto hoy, y todas las potencias globales quieren una presencia en el Mar Rojo: la primera estación de ultramar de China está en la vecina Yibuti.

Benito Mussolini so√Īaba con un nuevo Imperio Romano en √Āfrica, incluyendo Libia, Somalia y Etiop√≠a, con Eritrea como modelo. La colonia se convirti√≥ en el segundo centro manufacturero m√°s grande de √Āfrica despu√©s de Johannesburgo. Los historiadores de la arquitectura salivan por la capital de Eritrea, Asmara, considerada una obra maestra de los edificios Art Deco.

Su gasolinera Fiat Tagliero modelada en un avi√≥n es especialmente apreciada por los aficionados, de los cuales se dice que Isaias es uno. Las sucesivas guerras han dejado la ciudad intacta y sin urbanizar, un museo del modernismo. Cuando en 1994 se construy√≥ un bloque de apartamentos contempor√°neo alto y feo que eclipsaba el garaje futurista de Fiat, se dice que el presidente intervino para insistir en que el centro de Asmara mantuviera su car√°cter. Es uno de los pocos lugares donde permanece el emblema fascista del haz de palos en los edificios p√ļblicos.

El nuevo Imperio Romano de Mussolini fue el ‚Äúprimero en ser liberado‚ÄĚ por los Aliados en 1941. La Administraci√≥n Militar Brit√°nica desmantel√≥ gran parte de la industria de Eritrea en nombre de las reparaciones de guerra y remiti√≥ el estatus futuro del territorio a las Naciones Unidas, que propuso la delicada y soluci√≥n ambigua de ‚Äúfederaci√≥n bajo la Corona de Etiop√≠a‚ÄĚ. Los brit√°nicos se marcharon en 1952, recordados por empobrecer el territorio pero introduciendo un parlamento y peri√≥dicos. La f√≥rmula federal requer√≠a que el emperador Haile Selassie gobernara con moderaci√≥n, pero despu√©s de diez a√Īos de unificaci√≥n artificial con el resto de Etiop√≠a, disolviendo el parlamento aut√≥nomo de Eritrea, se intensific√≥ una peque√Īa rebeli√≥n. Los primeros disparos se realizaron en septiembre de 1961, y el Frente de Liberaci√≥n de Eritrea (ELF), fundado en El Cairo el a√Īo anterior, comenz√≥ sus operaciones de guerrilla poco despu√©s.

Isaias era un estudiante de ciencias en la universidad de Addis Abeba cuando cruz√≥ la frontera con Sud√°n y se uni√≥ al ELF. Se dedic√≥ a aprender √°rabe Isa√≠as Afewerki: caudillo perenne en el Cuerno de √Āfricaporque los rebeldes depend√≠an en gran medida del apoyo de los pa√≠ses √°rabes. En 1967, viaj√≥ a China para recibir entrenamiento militar. Al regresar al campo, se sinti√≥ consternado por la falta de consistencia del ELF en la aplicaci√≥n de sus principios revolucionarios y por no seguir el modelo mao√≠sta de consolidar una base de apoyo: cualquier nacionalista eritreo pod√≠a unirse, y las diferencias de opini√≥n se resolv√≠an poniendo personas de diferentes tendencias pol√≠ticas en diferentes unidades o realizando reuniones inconclusas. Junto con otro izquierdista formado en China, Ramadan Mohammed Nur, Isaias cre√≥ en 1970 el Frente Popular de Liberaci√≥n de Eritrea (EPLF). Era nacionalista pero tambi√©n revolucionario.

Los sucesivos reg√≠menes et√≠opes, imperiales y comunistas, libraron sus guerras en Eritrea a gran escala y con una brutalidad incesante. Una o dos veces al a√Īo, lanzaban vastas ofensivas terrestres. Las fuerzas del emperador quemaron aldeas y seleccionaron a los presuntos simpatizantes nacionalistas para detenerlos y torturarlos. Haile Selassie fue derrocado en una revoluci√≥n en 1974 y el jefe de la junta militar, el coronel Mengistu Haile Mariam, pas√≥ al bloque sovi√©tico. La URSS suministr√≥ un arsenal y capacit√≥ a oficiales et√≠opes en su uso.

Montaron bombardeos de artillería en los bastiones de las laderas controlados por el EPLF, después de lo cual las brigadas de infantería masivas los asaltaron, una y otra vez, con una futilidad implacable. Los ataques aéreos diurnos diarios significaron que el EPLF se volvió nocturno: todas las actividades, desde el transporte de suministros hasta cocinar y lavar la ropa, se llevaron a cabo durante las horas de oscuridad.

El esp√≠ritu del EPLF era igualitario y ultradisciplinado. Eso fue lo que asegur√≥ su supervivencia bajo el ataque implacable. Sus l√≠deres insistieron en que los musulmanes, los cristianos y los miembros de los nueve grupos etnoling√ľ√≠sticos de Eritrea eran considerados iguales. En lugar de posponer su agenda revolucionaria hasta despu√©s de la guerra, promulg√≥ la reforma agraria y la emancipaci√≥n de la mujer en sus ‚Äú√°reas liberadas‚ÄĚ, y estableci√≥ escuelas y hospitales para combatientes y civiles por igual. Durante sus veinte a√Īos de lucha armada, no tuvo rangos formales, solo puestos de comandante para tareas espec√≠ficas. Despu√©s de la liberaci√≥n, cuando erigi√≥ un monumento a sus combatientes m√°rtires, el EPLF eligi√≥ un monumento en forma de sandalia de pl√°stico. Fabricado en una f√°brica subterr√°nea excavada en la ladera de una monta√Īa, al abrigo de los ataques a√©reos diarios.

Esta fue la imagen que Isa√≠as proyect√≥ al mundo: un revolucionario austero, primero entre iguales entre camaradas. Menos mencionado fue el hecho de que ERITREA: EPLF From Nakfa to Sawa: FREEDOM FIGHTERSel EPLF tambi√©n era leninista en estructura y disciplina. Las decisiones del comit√© central, una vez adoptadas, deb√≠an implementarse sin cuestionamientos. El EPLF tampoco dud√≥ en matar. En muchas otras ocasiones, los miembros del EPLF fueron ejecutados por la mera sospecha de que pudieran ser esp√≠as. Decenas de eritreos fueron ¬ęsacrificados¬Ľ en estas purgas, y cientos perecieron en la feroz guerra interna con el ELF m√°s viejo y fis√≠paro. En un episodio de los primeros d√≠as del EPLF, se purg√≥ a un grupo de voluntarios bien educados porque se atrevieron a desafiar a Isaias.

Conocido como el Menqa -o ‚Äúmurci√©lagos‚ÄĚ- porque supuestamente conspiraron en la oscuridad, el apodo dice tanto de los verdugos como de sus v√≠ctimas. (Entre ellos estaba Mussie Tesfamichael, uno de los amigos cercanos de Isaias de sus d√≠as de escuela). Los Menqa fueron al menos sujetos a un proceso de investigaci√≥n, y su destino se convirti√≥ en tema de debate susurrado. No as√≠ para el pr√≥ximo desaf√≠o a Isaias, de un grupo apodado Yamin -‚Äúderechistas‚ÄĚ en √°rabe-, muchos de ellos altamente educados, que simplemente desaparecieron sin dejar rastro. La eliminaci√≥n despiadada de la disidencia es el pecado original de muchos movimientos revolucionarios, una mancha oscura que no se puede borrar.

En √ļltima instancia, los posibles disidentes se alinearon porque el EPLF era una maquinaria militar asombrosamente eficaz. Llamarlo un movimiento de ‚Äúguerrilla‚ÄĚ ser√≠a un nombre inapropiado. Se convirti√≥ en un ej√©rcito convencional, defendiendo sus √°reas de base en trincheras de monta√Īa y librando enormes batallas blindadas. La ciudad de Nakfa en las colinas del desierto cerca del Mar Rojo, bombardeada hasta quedar en ruinas por los ataques diarios de los aviones de combate et√≠opes, pero nunca cedida por el EPLF, se convirti√≥ en el s√≠mbolo de su resistencia. (La moneda posterior a la independencia de Eritrea se llama Nakfa).

Despu√©s de a√Īos de combate implacable, el EPLF cambi√≥ el rumbo militar. En los combates en la ciudad portuaria de Massawa en 1990, el EPLF captur√≥ noventa y nueve tanques suministrados por los sovi√©ticos e infligi√≥ miles de bajas. Obtuvieron una victoria decisiva en 1991, que fue debidamente seguida por un 99 por ciento de votos a favor de la independencia.

Los miles de j√≥venes que huyen de Eritrea, uno de los pa√≠ses m√°s herm√©ticos del mundo - BBC News MundoLos siete a√Īos posteriores a la liberaci√≥n fueron un per√≠odo de esperanza para Eritrea. Los combatientes dirigieron sus energ√≠as a la reconstrucci√≥n. La di√°spora regres√≥, con profesionales de Europa y Am√©rica iniciando negocios, ense√Īando en la universidad y construyendo casas de retiro. La ayuda fluy√≥. Eritrea ten√≠a la buena voluntad del mundo.

Sin embargo, los signos de una incipiente autocracia fueron evidentes desde el principio. La estructura de mando secreta y centralizada que hab√≠a sido tan eficiente en tiempos de guerra no desapareci√≥ cuando el EPLF se convirti√≥ en un gobierno aparentemente civil. D√≠as antes de la declaraci√≥n de independencia, los combatientes protestaron por la decisi√≥n de que deb√≠an continuar sirviendo sin paga por dos a√Īos m√°s. Un grupo de veteranos discapacitados march√≥ -no hay verbo que transmita el decidido movimiento colectivo de sus sillas de ruedas, pr√≥tesis y bastones- hacia la capital para reclamar sus pensiones. Les dispararon con munici√≥n real. Algunos fueron asesinados, otros fueron arrestados y desaparecidos. En una convenci√≥n pol√≠tica en 1994, el EPLF se disolvi√≥ y estableci√≥ el Frente Popular por la Democracia y la Justicia como partido pol√≠tico civil. Aparentemente iba a ser uno de muchos en un sistema multipartidista, pero en la pr√°ctica, el PFDJ no se distingu√≠a del estado mismo. La sombr√≠a red financiera del EPLF, creada para la compra clandestina de armas, se transform√≥ en Red Sea Trading Corporation, propiedad del partido, y m√°s tarde el foco de las investigaciones de la ONU por una serie de actividades il√≠citas.

Los veteranos empezaron a votar con los pies. Ramadan Nur abandon√≥ la pol√≠tica. El ministro de Relaciones Exteriores, Petros Solomon, un h√©roe de la guerra de liberaci√≥n, pidi√≥ ser degradado para dirigir el Ministerio de Recursos Mar√≠timos. Luego de elaboradas consultas en todo el pa√≠s, se redact√≥ una constituci√≥n, pero despu√©s de que la Asamblea Constituyente la ratific√≥ y se la entreg√≥ al presidente en una ceremonia en el estadio nacional, no se supo m√°s sobre elecciones, un poder judicial independiente o libertad de prensa. Isaias ten√≠a la reputaci√≥n de conocer a los eritreos uno por uno, sin olvidar a nadie, con una extra√Īa habilidad para espiar sus secretos. Su red de inteligencia era a la vez invisible y omnipresente.

En mayo de 1998, Isaias intensific√≥ una escaramuza fronteriza en una guerra con Etiop√≠a, que en ese momento estaba gobernada por un movimiento revolucionario hermano, el Frente Democr√°tico Revolucionario del Pueblo Et√≠ope (EPRDF). Etiop√≠a ten√≠a una tradici√≥n de imperialismo marcial que el l√≠der eritreo hab√≠a aprendido a temer. La incursi√≥n fronteriza de Isaias, reclamando un peque√Īo pueblo conocido como Badme, volvi√≥ a despertar el esp√≠ritu militarista de Etiop√≠a.

La batalla que se estaba desarrollando era tanto una guerra de camaradas como un conflicto de primos. Las dos partes se conoc√≠an √≠ntimamente. La coalici√≥n EPRDF estaba dominada por el Frente de Liberaci√≥n del Pueblo Tigrayan (TPLF), fundado durante la revoluci√≥n de 1974-1975. Durante los siguientes diecisiete a√Īos, el EPLF y el TPLF lucharon literalmente en las mismas trincheras contra el ej√©rcito de Mengistu, que emple√≥ t√°cticas sovi√©ticas de aniquilaci√≥n implacable mediante ataques de artiller√≠a y a√©reos y ataques masivos de infanter√≠a.Video: Etiop√≠a, Eritrea, y un conflict√≥ sanguinario al que el Nobel de la Paz puso fin - 11/10/2019 - Clar√≠n.com

Durante ese tiempo, el EPLF y el TPLF resistieron con un estoicismo asombroso. Pero tambi√©n discutieron sobre doctrina y t√°ctica. Mientras el EPLF cavaba trincheras para defender su base en las monta√Īas des√©rticas del norte de Eritrea, el TPLF libraba una guerra de guerrillas de manual entre las aldeas campesinas, retir√°ndose cuando el ej√©rcito del gobierno atacaba y contraatacando cuando pod√≠an luchar en sus propios t√©rminos. Tambi√©n discreparon sobre doctrinas pol√≠ticas, en arcanos debates que una generaci√≥n despu√©s parece pertenecer a los seminarios de los te√≥ricos marxistas. ¬ŅFue la Uni√≥n Sovi√©tica un ‚Äúsocialimperialista‚ÄĚ o, en √ļltima instancia, un aliado, a pesar de que fue el principal patrocinador de Mengistu? ¬ŅLos diversos grupos √©tnicos de Etiop√≠a, conocidos en la terminolog√≠a marxista como ‚Äúnacionalidades‚ÄĚ, ten√≠an derecho a la autodeterminaci√≥n?

La peor disputa ocurri√≥ en las profundidades de la gran hambruna de 1985, cuando el EPLF cerr√≥ la carretera principal que tra√≠a ayuda humanitaria desde el vecino Sud√°n. Pero tres a√Īos m√°s tarde, arreglaron sus diferencias para derrotar a Mengistu, logrando la tarea en mayo de 1991. Durante los siguientes siete a√Īos, el EPLF en Asmara y el TPLF/EPRDF en Addis Abeba parec√≠an ser los mejores amigos. Pero sus diferencias eran m√°s profundas que el faccionalismo de la pol√≠tica de izquierda.

Isa√≠as ten√≠a un desprecio especial por el TPLF y sus l√≠deres. √Čl y muchos de los l√≠deres eritreos proced√≠an de las tierras altas de Eritrea, hist√≥ricamente colindantes con Tigray.

Hablan el mismo idioma, el tigrinya, y comparten la misma historia, que se remonta al reino axumita del siglo I d.C., que estaba dividido por la frontera colonial trazada a principios del siglo XX. Muchas familias de Eritrea y Tigrayan est√°n casadas entre s√≠. Isaias creci√≥ en la zona urbana de Asmara, donde su padre fue uno de los primeros eritreos en ir a la escuela secundaria. Las sirvientas de clase media de Asmarinos a menudo eran del distrito m√°s al norte de Tigray, Agame, al igual que los barrenderos y los ni√Īos que vend√≠an chumberas. Su Tigrinya tiene un acento diferente. En privado, los miembros de la √©lite de Asmara menosprecian al TPLF, incluidos sus l√≠deres, como ¬ęAgames¬Ľ, los hijos de sus sirvientas.Las claves del fin de la guerra entre Etiop√≠a y Eritrea - Voz Libre

La raz√≥n aparente de la guerra de 1998 fue una disputa territorial menor sobre la ciudad de Badme. Debajo estaba la cuesti√≥n de qui√©n deber√≠a ser el n√ļmero uno en el Cuerno de √Āfrica: Isaias nunca se contentar√≠a con ser otra cosa. Unas semanas antes, cuando el presidente Bill Clinton viaj√≥ para reunirse con la ‚Äúnueva marca‚ÄĚ de l√≠deres de √Āfrica (los otros tres eran Yoweri Museveni de Uganda, Paul Kagame de Ruanda y Meles Zenawi de Etiop√≠a), la Casa Blanca eligi√≥ a Kampala como sede. Para consternaci√≥n de los empleados de la Casa Blanca, Isaias rechaz√≥ la invitaci√≥n. Sab√≠a que no dominar√≠a la reuni√≥n y no quer√≠a unirse a una coalici√≥n que no liderar√≠a.

Unas semanas despu√©s del estallido de esa guerra, fui a ver a Isaias con Paulos Tesfagiorgis, quien dirig√≠a la Asociaci√≥n de Socorro de Eritrea durante la guerra de liberaci√≥n y, despu√©s de la independencia, supervis√≥ la √ļnica organizaci√≥n de derechos humanos del pa√≠s, el Centro Regional para los Derechos Humanos y el Desarrollo, por un breve per√≠odo hasta que se cerr√≥. Isaias maneja cuidadosamente cada encuentro y le gusta reunirse solo sin personal para llevar un registro. Pero la guerra de Badme parec√≠a haberlo sacudido. Al llegar a su oficina, los guardias vest√≠an y se comportaban de manera informal. Los controles de seguridad eran m√≠nimos. La recepcionista, vestida con su uniforme de faena, nos indic√≥ que subi√©ramos las escaleras. Persisti√≥ la austera camarader√≠a de los d√≠as de la guerrilla, pero todos los visitantes eran vigilados.

La oficina presidencial era un edificio corriente de la época italiana con los pasillos espaciosos y los techos altos preferidos por los arquitectos mediterráneos de la época anterior al aire acondicionado. La oficina de Isaias era espaciosa, estaba amueblada con sencillez y estaba oscura. Las cortinas estaban corridas y solo había una luz tenue brillando en una mesa de café. El propio Isaías se sentó ante un gran escritorio, con la cabeza entre las manos. Levantó la vista solo para indicarnos que nos sentáramos. Llevaba un traje de safari caqui y sandalias de plástico.

Nos sentamos, esperamos. Entonces Isaias se puso de pie, m√°s pesado de lo que su cuerpo parec√≠a justificar (es alto pero delgado) y se uni√≥ a nosotros. Sus pocos pasos eran cansados ‚Äč‚Äčy se dej√≥ caer en la silla baja, pidi√≥ caf√© y suspir√≥. Su rostro es normalmente inescrutable. En ese momento parec√≠a cansado y herido. Parec√≠a haberse quedado sin palabras. Lo que dijo a continuaci√≥n fue la √ļnica vez que alguien puede recordar alg√ļn indicio de remordimiento o duda. Si fue una actuaci√≥n para nuestro beneficio, fue convincente. ¬ę¬ŅQu√© hemos hecho?¬Ľ pregunt√≥. ¬ę¬ŅQu√© he hecho?¬ĽSe confirma el genocidio en Tigray | NR | Periodismo alternativo

Pero la actitud melanc√≥lica de Isaias no dur√≥ m√°s de un minuto. Mientras hablaba, se transform√≥, centr√°ndose y energiz√°ndose. Durante m√°s de una hora examin√≥ el panorama pol√≠tico y militar, el estado de la geopol√≠tica mundial y los fracasos de los siete a√Īos anteriores. Su caf√© permaneci√≥ intacto. Desvi√≥ su mirada en√©rgica de Paulos a m√≠ y de regreso. √Čl estaba al mando de nuestro encuentro, y nuestras tazas de caf√© tambi√©n se enfriaron.

Eritrea hab√≠a hecho los primeros avances en el campo de batalla. Por el mon√≥logo enciclop√©dico de Isaias, batall√≥n por batall√≥n, parec√≠a absolutamente confiado en la victoria. Sin embargo, se enfrentaba a un pa√≠s mucho m√°s grande y, a medida que Etiop√≠a incrementaba su movilizaci√≥n militar, superar√≠a en n√ļmero y armamento a su vecino m√°s peque√Īo. Por otra parte, superar grandes obst√°culos militares era una situaci√≥n familiar para Isaias, incluso c√≥moda. Desde que dej√≥ sus estudios universitarios por el campo en los a√Īos sesenta, forj√≥ el ej√©rcito insurgente m√°s eficiente de √Āfrica, superar a los et√≠opes en la lucha fue justo lo que hizo. No sab√≠amos si cre√≠a en su propia m√≠stica, pero ciertamente era convincente: no hab√≠a ning√ļn detalle en el que Paulos o yo pudi√©ramos desafiarlo.

Así como Isaias detalló el despliegue de sus tropas, su logística y capacidades de combate, también se presentó a sí mismo como estratega, diplomático, intendente y táctico militar. Todos los demás comandantes que habían dirigido combatientes en la guerra anterior se desvanecieron de su narración. Y, de hecho, muchos fueron apartados de cualquier papel activo en el mando. Isaías estaba decidido a que la victoria fuera sólo suya. Salimos de la reunión con una clara sensación de la microgestión maníaca y enfocada de Isaias de la guerra, y un atisbo del oscuro vacío que yacía detrás de ella. Tampoco había una visión más allá de la victoria en el campo de batalla y la elaboración inexorable de la inevitabilidad histórica.

Isa√≠as corri√≥ su guerra y la perdi√≥. Quiz√°s ochenta mil soldados murieron en ambos lados en batallas que se asemejaron al frente occidental de la Primera Guerra Mundial. En mayo de 2000, los et√≠opes invadieron las trincheras de Eritrea y comenz√≥ la derrota. Los veteranos comandantes del EPLF se hicieron cargo r√°pidamente de las unidades desorganizadas y organizaron una defensa de √ļltima hora que ralentiz√≥ el avance et√≠ope. Isaias, que anteriormente se hab√≠a burlado de cualquier sugerencia de un alto el fuego, llam√≥ desesperadamente a Washington, DC, para rogar por uno. El primer ministro Meles luego orden√≥ a sus tropas que se detuvieran. El jefe del Estado Mayor del ej√©rcito et√≠ope, el general Tsadkan Gebretensae, lament√≥ esa orden durante veinte a√Īos. Ahora es miembro del comando central de Tigrayan, organizando la defensa contra el ataque de Eritrea.

How Meles Zenawi rules Ethiopia - By Richard Dowden | African ArgumentsEl c√°lculo de Meles era que Isaias ser√≠a derrocado o contenido, lo que parec√≠a posible al principio. Los veteranos eritreos sab√≠an qui√©n hab√≠a arruinado la guerra y qui√©n hab√≠a salvado algo de honor en la derrota. Las demandas de cambio se hicieron m√°s fuertes. Paulos organiz√≥ un grupo de eritreos independientes para pedir derechos humanos y democracia. Se conocieron en Alemania, escribiendo una carta a Isaias, reflexionando sobre la situaci√≥n de su pa√≠s y pidiendo que Eritrea se encamine hacia el camino de la democracia. (La historia se cuenta v√≠vidamente en el libro de Stephany Steggall, The Eritrean Letter Writers). En noviembre de 2000, el ‚ÄúGrupo de los 13‚ÄĚ (G-13) se reuni√≥ con Isaias en Asmara.

Este no era un encuentro que Isaias deseaba y para el cual parec√≠a asombrosamente mal preparado. Reuni√©ndose solo con el grupo, comenz√≥ acus√°ndolos de traicionar a Eritrea y dar consuelo a sus enemigos, luego exigi√≥ que se disculparan y se retractaran de la carta. Ellos por supuesto se negaron. Uno de los G-13, el eminente m√©dico Haile Debas, ley√≥ el contenido de su carta, observando de cerca las reacciones de Isaias. El presidente estaba inc√≥modo e incapaz de manejar un desaf√≠o bien articulado. Al salir de la reuni√≥n, Haile le coment√≥ a Paulos: ‚ÄúTenemos un problema m√°s grande de lo que pensaba. Es mentalmente inestable‚ÄĚ.

Unos meses m√°s tarde, quince altos l√≠deres del EPLF, el ‚ÄúG-15‚ÄĚ, formularon demandas similares. Isa√≠as los ignor√≥. Cometieron el error fatal de esperar. En conversaciones privadas (algunas de ellas relatadas en el libro de Dan Connell, Conversaciones con presos pol√≠ticos de Eritrea) compartieron su consternaci√≥n por c√≥mo Isaias hab√≠a traicionado sus sue√Īos y su remordimiento por no haberlo confrontado por sus abusos. Por su parte, Isa√≠as estaba esperando su momento. Una semana despu√©s del 11 de septiembre, con la atenci√≥n del mundo distra√≠da, golpe√≥ con su crueldad caracter√≠stica.

Petros Solomon regres√≥ de su trote matutino y se encontr√≥ con hombres de seguridad esper√°ndolo afuera de su casa. Sus hijos peque√Īos se estaban despertando adentro. No lo han visto ni sabido nada de √©l desde entonces. Su madre, Aster Yohannes, estaba estudiando en los Estados Unidos en ese momento. Despu√©s de negociar con la oficina del presidente, vol√≥ a casa. Cuando el vuelo de Aster aterriz√≥ en el aeropuerto de Asmara, los agentes de seguridad abordaron el avi√≥n y la llevaron directamente a un campo de prisioneros. Sus hijos esperaron en la llegada con sus flores hasta que el aeropuerto se vaci√≥. Tampoco se ha visto ni o√≠do hablar de ella desde entonces. Su hija Hanna ha hecho campa√Īa pacientemente para que sus padres no sean olvidados. Ella cont√≥ su historia en Escaping Eritrea de PBS Frontline el a√Īo pasado.

Uno de los disidentes del G-15 se retractó. Tres estaban en el extranjero. Los otros once, entre los líderes más célebres de la lucha por la liberación, desaparecieron en el gulag de Isaias. Algunos se temen muertos, otros incapacitados. Nadie sabe. No se han publicado cargos.

C√≥mo Abiy Ahmed pas√≥ de ganar el Nobel de la Paz a declarar una guerra civil en menos de un a√Īo - InfobaeAbiy Ahmed se convirti√≥ en primer ministro de Etiop√≠a en 2018. Reformador y relativamente novato en pol√≠tica, le ofreci√≥ una rama de olivo a Isaias. Un diplom√°tico veterano lo compar√≥ con un conejo que le pide una cena a una cobra. Los dos hombres declararon el fin del conflicto con Eritrea y Abiy recibi√≥ el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, los detalles del acuerdo no fueron revelados a la Uni√≥n Africana ni al parlamento et√≠ope. La mejor pr√°ctica, y el procedimiento est√°ndar en la Uni√≥n Africana, es que un acuerdo de paz incluya disposiciones para la democratizaci√≥n, los derechos humanos y la desmovilizaci√≥n de ej√©rcitos de gran tama√Īo, todo sujeto a monitoreo e informes internacionales.

En este caso, todo se arriesg√≥ con palabras de buena voluntad. El Premio Nobel fue un triunfo para las ilusiones, pero el comit√© noruego no fue el √ļnico culpable de credulidad. El trato fue engrasado por el pr√≠ncipe Mohamed bin Zayed de Abu Dhabi. El subsecretario de Estado estadounidense para asuntos africanos, Tibor Nagy, anticip√≥ una relaci√≥n ‚Äúc√°lida y cordial‚ÄĚ con Eritrea. Isaias logr√≥ que se levantaran las sanciones, un pacto de seguridad con Etiop√≠a y un eje emergente de aut√≥cratas que llev√≥ a Somalia a su esfera de influencia.

Despu√©s de que sacaron a Eritrea del fr√≠o, Isaias no afloj√≥ su agarre. En lugar de desmovilizar a su vasto ej√©rcito, compr√≥ nuevas armas. En lugar de permitir que su gente se moviera libremente, envi√≥ agentes de seguridad a Addis Abeba. Cuando lleg√≥ el Covid-19, aprovech√≥ la oportunidad para un confinamiento riguroso. Entren√≥ fuerzas especiales para el ej√©rcito somal√≠, supuestamente con el objetivo de que el presidente Mohammed Abdullahi ‚ÄúFarmaajo‚ÄĚ pudiera prescindir de las molestias de una elecci√≥n. Sin embargo, los somal√≠es son h√°biles para contener a los aspirantes a aut√≥cratas y lograron celebrar sus elecciones en mayo, eliminando a su aspirante a dictador. Isaias tambi√©n est√° pescando en las aguas turbulentas de Sud√°n.

Para Isa√≠as, esto presagia una decisi√≥n final por la fuerza de las armas. Luchar√° sin piedad. Si prevalece, su ambici√≥n de toda la vida de convertirse en el amo del Cuerno de √Āfrica estar√° a su alcance. Si Isa√≠as cae, una comunidad internacional complaciente no podr√° reclamar el cr√©dito por el fin de su dictadura y desestabilizaci√≥n. Con suerte, despu√©s de una generaci√≥n perdida, los eritreos podr√°n disfrutar de su ansiada libertad.

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