El proceso productivo es una actividad inherentemente perturbadora de las condiciones materiales y energ茅ticas de los ecosistemas. Esta lecci贸n fue magistralmente expuesta por Nicholas Georgescu Roegen (1971) quien concibi贸 al sistema econ贸mico sujeto a leyes que rigen el mundo energ茅tico. La entrop铆a, tercera ley de la termodin谩mica, es un l铆mite energ茅tico a la fabricaci贸n ilimitada de mercanc铆as.

A medida que se dispone de energ铆a para la elaboraci贸n de bienes, disminuye el nivel de energ铆a disponible capaz de convertirse en mercanc铆as y trabajo para el siguiente periodo. Por lo cual, cada ciclo productivo se enfrenta a las leyes energ茅ticas y no s贸lo a las leyes econ贸micas vinculadas a la oferta, demanda y costos de producci贸n.

Tal descripci贸n del proceso econ贸mico situ贸 a la econom铆a en una relaci贸n de interdependencia de los flujos materiales y energ茅ticos que dota la naturaleza. Por consiguiente, los flujos econ贸micos -adem谩s de salarios, ganancias, capital y trabajo- integran balances energ茅ticos vinculados al consumo energ茅tico, generaci贸n de residuos, entre otros, teniendo as铆 un enfoque bioecon贸mico de la generaci贸n de mercanc铆as. Una visi贸n dual del sistema econ贸mico y ambiental en interacci贸n ha sido el soporte de la econom铆a ecol贸gica, disciplina que considera a la econom铆a como un subsistema del mundo natural finito. Si bien esta relaci贸n no suena extra帽a para la mayor铆a de las personas, desde la ortodoxia econ贸mica existe un distanciamiento entre la esfera econ贸mica y el medio natural.

En efecto, desde el consenso de la disciplina, la econom铆a neocl谩sica, ha desarrollado instrumentos te贸ricos para un 鈥渕undo vac铆o鈥 tal como afirm贸 Daly (2005). Es decir, hacer un modelo econ贸mico considerando al planeta infinito y con poca influencia de los humanos sobre la naturaleza donde no resulta relevante considerar sus acciones sobre los balances materiales.

Desde este punto de vista, epistemol贸gicamente el sistema econ贸mico se considera un sistema cerrado (sin interacciones ni retroalimentaci贸n con otro sistema) en donde el mecanismo de precios permite la coordinaci贸n entre oferentes y demandantes. El equilibrio de la oferta y la demanda garantiza el 贸ptimo social donde el bienestar social es m谩ximo. Esta interpretaci贸n argumenta que el 鈥渂ienestar鈥 est谩 determinado exclusivamente por las cantidades ofrecidas y demandadas que maximizan la utilidad subjetiva de los 鈥渁gentes鈥, cuyo comportamiento humano se limita a la racionalidad econ贸mica, es decir, el consumo de aquellos bienes que reportan satisfacci贸n personal.

Desde este enfoque se reconoce la posibilidad de perturbar el equilibrio de mercado debido a la existencia de fallas de mercado o 鈥渆xternalidades鈥, refiri茅ndose a fen贸menos secundarios a la producci贸n de mercanc铆as y que no forman parte central del ciclo productivo. Entre las externalidades m谩s estudiadas se encuentran los problemas asociados al medio ambiente. Por ejemplo, la escasez de agua para la fabricaci贸n de un bien obliga a las empresas a producir por debajo del nivel 贸ptimo. La asignaci贸n ineficiente se asocia a la falta de un mercado que determine los precios 贸ptimos y reflejen la disponibilidad de los bienes naturales.

De modo que gran parte de los economistas que tratan los problemas ambientales como 鈥渆xternalidades鈥 dentro de la ortodoxia econ贸mica se dedican al desarrollo de m茅todos de valorizaci贸n de la naturaleza y servicios ambientales para 鈥渋nternalizar las externalidades鈥, determinaci贸n de impuestos a la contaminaci贸n, evitar las fallas de mercado y garantizar la eficiencia productiva.

Esta forma de concebir el modelo econ贸mico refleja su limitada comprensi贸n de la esfera ecol贸gica. Describe al mundo econ贸mico capaz de funcionar de manera aut贸noma de la base f铆sica y material sin plantear l铆mites f铆sicos (脕lvarez-Cantalapiedra, 2011). Se plantea una reproducci贸n de las formas vigentes de producci贸n sin cuestionar el da帽o al ambiente que nos sit煤an dentro de la actual crisis ecol贸gica y clim谩tica en el Antropoceno. Basta con la implementaci贸n de alg煤n impuesto a la contaminaci贸n para evitar las fallas de mercado y garantizar el equilibrio eficiente. Asimismo, la naturaleza es un factor impl铆cito de la producci贸n del cual no interesa saber nada m谩s que su precio. Los bienes y servicios ambientales entran a la l贸gica de una mercanc铆a cualquiera y de los cuales ser铆a posible garantizar su disponibilidad con adecuadas medidas intervencionistas.

La visi贸n de un mundo econ贸mico ilimitado se ha respaldado con indicadores bastante difundidos en foros acad茅micos y literatura especializada. La hip贸tesis llamada curva de Kuznets desarrollada en 1955 plantea una relaci贸n en forma de 鈥淯 inversa鈥 entre ingresos y la desigualdad. Dicha relaci贸n emp铆rica se ha utilizado adem谩s para vincular el crecimiento econ贸mico y el nivel de contaminaci贸n. A medida que los pa铆ses incrementan su riqueza en sus primeras etapas elevan su nivel de emisiones contaminantes y posteriormente se reduce cuando se estabilizan las tasas de crecimiento.

A partir de esta relaci贸n se ha construido una narrativa sobre el crecimiento econ贸mico y el cuidado ambiental. Por un lado, la posibilidad de seguir expandiendo el potencial industrial y continuar en el sendero del crecimiento econ贸mico sin modificar las pautas productivas y, por otro lado, el incremento de la riqueza genera un despertar de la conciencia ambiental y el cuidado del medio ambiente.

A煤n cuando la curva de Kuznets medioambiental es sujeto de diversas cr铆ticas debido a su falta de robustez emp铆rica (v茅ase el excelente trabajo de Husnain et al. 2021) y cuya relaci贸n causal depende principalmente del m茅todo de estimaci贸n, en la discursiva internacional parece imperar una visi贸n que confirma el hecho: las naciones desarrolladas tienen una conciencia ambiental superior a los pa铆ses de ingreso medio y bajo. Incluso, la llamada maldici贸n de los recursos naturales establece una relaci贸n entre el bajo nivel de desarrollo y la abundancia de bienes naturales ligado adem谩s a una falta de cuidado hacia la naturaleza.

鈥淯na visi贸n dual del sistema econ贸mico y ambiental en interacci贸n ha sido el soporte de la econom铆a ecol贸gica, disciplina que considera a la econom铆a como un subsistema del mundo natural finito鈥

As铆, la discursiva medioambiental cotidianamente se concentra en personajes como Greta Thunberg, mujer europea que representa la conciencia ambiental y respalda los esfuerzos ecol贸gicos de pa铆ses desarrollados como Suecia. Si bien no es inter茅s debatir los aportes de esta joven activista, muestra una tendencia maliciosa sobre qui茅nes son los culpables del da帽o ambiental y qui茅nes son los salvadores de la naturaleza.

Resulta importante destacar algunos elementos. Desde una perspectiva global los pa铆ses desarrollados han consolidado su potencial gracias a las tasas de extracci贸n de minerales, combustibles y biomasa de otras regiones del mundo. De acuerdo con los datos del Global Material Flows Database, durante 2019 Asia import贸 54% de los flujos materiales existentes, Europa represent贸 13%, Norteam茅rica 12%, Am茅rica Latina y el Caribe 9%, 脕frica 6% y el oeste de As铆a 3%.

Es decir, no puede olvidarse la dependencia energ茅tica de las regiones avanzadas y en proceso de industrializaci贸n de la extracci贸n de bienes del resto de econom铆as y regiones del mundo. Adicionalmente, la huella ambiental de la poblaci贸n de mayores ingresos es diferencial. El 10% m谩s rico de la humanidad fue responsable de m谩s de la mitad (52%) de las emisiones acumuladas en la atm贸sfera entre 1990 y 2015 (OXFAM, 2020).

Posicionar el papel de los pa铆ses desarrollados y los segmentos de ingresos altos respecto al da帽o ambiental permite replantear las responsabilidades diferenciadas, volviendo a estos grupos de ciudadanos igual o mayormente responsables del da帽o ecol贸gico y no s贸lo a la poblaci贸n de aquellos pa铆ses proveedores cuya ventaja competitiva son los bienes naturales. Asimismo, rompe con la idea heredada de la curva medioambiental de Kuznets donde elevados niveles de ingreso inciden sobre mejoras en la calidad ambiental y mayor responsabilidad-conciencia ecol贸gica.El ecologismo popular

Uno de los problemas del discurso medioambiental desde pa铆ses desarrollados es su intento por deslindarse de culpas y responsabilidades ambientales, as铆 como posicionarse como 煤nicos ciudadanos de vanguardia sin reconocer que gran n煤mero de sus empresas se vuelven exitosas gracias a la debilidad institucional en materia del cuidado medioambiental en los pa铆ses receptores. Si no fuera por la posibilidad de contaminar y depredar a la naturaleza fuera de sus territorios, seguramente el valor agregado y los niveles de empleo y est谩ndares de vida distar铆an de las condiciones actuales.

Frente a esta visi贸n dominante del activismo ecol贸gico se posiciona una corriente que surge del conflicto distributivo. El 鈥渆cologismo popular鈥, tambi茅n conocido como 鈥渆cologismo de los pobres鈥, es un concepto que se encuentra en Ramachandra Guda (2002) y Joan Mart铆nez-Alier (2004) y quienes reconocen luchas por la defensa del territorio frente a proyectos econ贸micos destructivos de la naturaleza. Estas personas, en palabras de Alier (2007), son activistas ecol贸gicos incluso sin que ellas tengan conciencia.

Desde la econom铆a ecol贸gica, el proceso econ贸mico se concibe a partir del metabolismo social. Este marco de referencia principalmente desarrollado por Toledo (2013) se refiere al espacio donde interact煤an la naturaleza a fin de analizar simult谩neamente los procesos sociales y ambientales. Cada sociedad cuenta con flujos de entrada, internos y salida de energ铆a y materiales. Paralelamente, al interior ocurren ciclos de apropiaci贸n, transformaci贸n, consumo, distribuci贸n y excreci贸n de los flujos energ茅ticos y materiales disponibles. Mientras cada sociedad incremente la cantidad de servicios y mercanc铆as generadas demandar谩 mayores intercambios metab贸licos interna y externamente, consolidando asimetr铆as del consumo, en las responsabilidades con el medio natural y entre naciones.

Por lo tanto, el conflicto ecol贸gico-distributivo est谩 ligado al crecimiento del metabolismo social de los pa铆ses desarrollados y actualmente zonas de creciente industrializaci贸n como Asia. Las tensiones provocadas por el incremento en la demanda de bienes naturales no son resueltas desde la asignaci贸n de un precio de mercado o la valoraci贸n econ贸mica de cada bien en la naturaleza. Desde la ortodoxia econ贸mica no se cuenta con mecanismos de resoluci贸n de conflictos pues se trata de situaciones ajenas al mercado.

En efecto, la mayor铆a de los conflictos ambientales acontecen en regiones diversas en ecosistemas, flora y fauna donde la mayor铆a de la poblaci贸n es pobre. De acuerdo con 脕lvarez-Cantalapiedra (2011), el 75% de la poblaci贸n pobre del mundo vive en 谩reas rurales donde los medios de vida dependen principalmente de las condiciones clim谩ticas. En consecuencia, la perturbaci贸n de los territorios a causa de actividades extractivas crea inconformidades en la poblaci贸n por vulnerar los significados y valorizaciones culturales apropiadas a la naturaleza.

Estas relaciones en el metabolismo socioambiental no caben en la l贸gica racional de la econom铆a ortodoxa y la econom铆a ambiental (Leff, 2003). Por este motivo, corrientes heterodoxas como la econom铆a ecol贸gica y la ecolog铆a pol铆tica son campos de estudio y de acci贸n para el an谩lisis de las controversias creadas por la asimetr铆a en el uso de los bienes naturales y los conflictos creados por la homogenizaci贸n de la naturaleza como un valor mercantil.

El ecologismo popular es un movimiento de reapropiaci贸n de la naturaleza, exigencia por la justicia social y mayor igualdad entre la poblaci贸n pobre afectada por la creciente demanda energ茅tica-material y mayormente vulnerables frente a las consecuencias del cambio clim谩tico. A diferencia del movimiento ecol贸gico 鈥渃ulto silvestre鈥 donde los partidarios se interesan estrictamente en la preservaci贸n de la naturaleza por su est茅tica, el ecologismo popular es una lucha protagonizada principalmente por gente ind铆gena y campesina por el uso, acceso, y defensa de los bienes naturales (Mart铆nez-Alier, 2004).

鈥淟as tensiones provocadas por el incremento en la demanda de bienes naturales no son resueltas desde la asignaci贸n de un precio de mercado o la valoraci贸n econ贸mica de cada bien en la naturaleza鈥

Considerando este proceso, el ambientalismo latinoamericano se nutre profundamente del conocimiento de las poblaciones originarias que intenta crear servicios con valor agregado, enfrentarse a la desaparici贸n de los valores culturales a consecuencia de las pr谩cticas extractivistas y preservar el acceso a los bienes naturales (Mart铆nez-Alier et al. 2012). En Am茅rica Latina desafortunadamente cientos de activistas han sido asesinados por la defensa de su territorio y por la protesta activa contra proyectos predatorios. Tambi茅n, existen diversos proyectos locales para la recuperaci贸n de especies end茅micas y la creaci贸n de esquemas econ贸micos comunitarios enfocados en los cuidados del territorio, creaci贸n de empleo y excedente.

Conocer el activismo ecol贸gico popular radica en la difusi贸n de herramientas y medios informativos que den cuenta de los sucesos m谩s actuales. Se cuenta con el Atlas de Justicia Ambiental, disponible gracias al trabajo de Joan Mart铆nez-Alier, Leah Temper y Daniela del Bene. El mapeo informa sobre los conflictos ambientales en todo el mundo clasificados por origen:聽 1) Nuclear, 2) Extracci贸n de minerales de construcci贸n, 3) Gesti贸n de residuos, 4) Biomasa y conflictos por la tierra (gesti贸n forestal, agr铆cola, pesquera y ganadera), 5) Combustibles f贸siles y justicia clim谩tica/energ茅tica, 6) Gesti贸n del agua, 7) Infraestructura y ambiente construido, 8) Turismo y recreaci贸n, 9) Conflictos por biodiversidad/conservaci贸n, 10) Conflictos industriales o servicios. Para conocer m谩s al respecto, recomiendo a la audiencia un trabajo de mi autor铆a Visibilizando los conflictos ecol贸gicos: el Atlas de Justicia Ambiental.

Un espacio muy valioso donde se visibilizan los avances del ecologismo popular y desafortunadamente las batallas que enfrenta esta forma de activismo es Mongabay Periodismo Ambiental Independiente en Latinoam茅rica. El espacio dedica cotidianamente una serie de notas informativas sutilmente detalladas sobre la defensa del territorio en nuestra regi贸n. Adicionalmente, visibiliza el nombre de las y los protagonistas apoy谩ndose en entrevistas, videos y material de muy alto valor.

Poner sobre la mesa el ecologismo popular no trata de menospreciar las diversas formas de protesta ambiental sobre la problem谩tica clim谩tica que como especie estamos viviendo. Al final, en una realidad convulsa se agradece todo intento positivo de crear conciencia entre la poblaci贸n. Tampoco se busca romantizar e idealizar la relaci贸n entre las sociedades rurales latinoamericanas y la naturaleza ni deslindar a ning煤n segmento social ni pa铆s de la responsabilidad del cuidado del medio ambiente (sin olvidar las responsabilidades diferenciadas). Desafortunadamente, algunas comunidades y pa铆ses de ingreso bajo a partir de la mercantilizaci贸n de los servicios ambientales y pautas son responsables del da帽o ecol贸gico.El ambientalismo y ecologismo latinoamericano. Parte VII 鈥 EcoPol铆tica

Hablar del ecologismo popular muestra una de las m煤ltiples formas de activismo medioambiental desde las regiones marginadas de nuestro territorio y que no s贸lo desde los pa铆ses desarrollados es posible hablar de un activismo ambiental. Sin necesidad de autonombrarse activistas, son personas que dedican su tiempo y esfuerzo a la defensa de su cosmovisi贸n con relaci贸n al espacio natural. Corrientes heterodoxas como la econom铆a ecol贸gica y ecolog铆a pol铆tica son campos te贸ricos para avanzar en la comprensi贸n.聽 A medida que los foros internacionales y debates actuales integren y visibilicen a este grupo de activistas se podr谩 avanzar fuertemente en la soluci贸n de las problem谩ticas socioambientales.

*Bibliograf铆a

脕lvarez-Cantalapiedra, S. (2011). La civilizaci贸n capitalista en la encrucijada.聽En S. 脕lvarez-Cantalapiedra (Coord). Convivir para perdurar. Conflictos ecosociales y sabidur铆as ecol贸gicas (pp.17-36). Icaria Editorial

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OXFAM (2020). Combatir la desigualdad de las emisiones de carbono. Disponible en https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/621052/mb-confronting-carbon-inequality-210920-es.pdf

Toledo, V. (2013). El metabolismo social: una nueva teor铆a socioecol贸gica.聽Relaciones. Estudios de historia y sociedad,聽34(136), 41-71.

*Doctorando en Ciencias Econ贸micas en la Universidad Aut贸noma Metropolitana en M茅xico, forma parte de la Sociedad Mesoamericana de Econom铆a Ecol贸gica y del Caribe. Se especializa en temas de econom铆a ecol贸gica, conflictos ambientales y transici贸n energ茅tica. Cuenta con art铆culos cient铆ficos y de divulgaci贸n publicados en pa铆ses como Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Espa帽a y Reino Unido.