El éxito de una negociación

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Desde que ingresé a la vida pública entendí muy bien que la política es negociación permanente. En muchos de mis libros he escrito que el uso de las armas debe ser el último, último recurso; que antes de lanzar un cohete o dejar caer una bomba se debe intentar la solución del conflicto en la mesa de negociación. Esta, lamentablemente, nunca ha sido la costumbre de los gobiernos norteamericanos.  Estados Unidos, como muchos otros, desde su creación ha sido un país imperialista, y emergió al final de la segunda guerra mundial como la nación más poderosa, tanto desde el punto de vista económico como militar.

 Es opinión generalizada de políticos, militares, analistas y académicos que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una “guerra de elección” y no una “guerra de necesidad”, como sí lo fue la guerra contra Hitler. Tal como Putin lo hizo hace cuatro años en Ucrania, esta también es una guerra que viola el derecho internacional. Es muy triste admitir que el Derecho Internacional si no es universalmente aceptado pierde fuerza al ser violado impunemente por las naciones más poderosas. Como señalaba Tucídides en la Historia de la Guerra del Peloponeso, “los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”.Presidentes centroamericanos celebran 20 aniversario de acuerdos de paz ...

 Recuerdo que varias semanas antes de la reunión programada para el 6 de agosto de 1987 en Ciudad de Guatemala, donde nos reuniríamos los presidentes centroamericanos para tratar de llegar a un acuerdo entorno al Plan de Paz que había presentado mi gobierno, visité la Kennedy School en la Universidad de Harvard, donde debía dictar una conferencia. Ahí conocí al profesor Roger Fisher, catedrático de dicha universidad, quien me regaló su libro “Getting to Yes”. De su lectura aprendí que la negociación es más que el arte de la persuasión y de Franklin D. Roosevelt aprendí que cuando sus ministros no se ponían de acuerdo sobre un tema fundamental, el presidente los encerraba en un cuarto hasta que hubiesen llegado a un acuerdo. Tenía presente esas ideas cuando entré en la suite del hotel Camino Real junto con mis colegas centroamericanos.

 La vida me enseñó que para tener éxito en una negociación son indispensables algunos atributos: en primer lugar, tener una estrategia, así como paciencia, humildad, flexibilidad y estar dispuesto a otorgar concesiones. Es casi imposible alcanzar acuerdos si no estamos anuentes a transigir, ya que en toda negociación se obtiene lo que ambas partes pueden y no lo que quieren. Una negociación en la que los términos de una de las partes son rígidos no conduce a un acuerdo.

La arrogancia del vicepresidente JD Vance al manifestar: “Han optado por no aceptar nuestras condiciones” no son propias de un negociador que anhela tener éxito. Además, una reunión de 16 horas para discutir temas tan complejos como los que conlleva una negociación con un estado terrorista y opresor de su pueblo como Irán evidentemente no es el tiempo suficiente cuando se trata de dos naciones que están en medio de una guerra.

 En el año 1993 la reunión entre los equipos negociadores israelíes y de la OLP duraron varios meses hasta llegar a un acuerdo. Como en algún momento me lo manifestó Shimon Peres, el éxito de la mediación de los noruegos en Oslo consistió en dar el tiempo suficiente para construir un vínculo de confianza entre las partes que les permitiera alcanzar el acuerdo. Confiemos que en estos días en que se ha acordado un cese al fuego las partes reflexionen sobre las desastrosas consecuencias que tiene el reinicio de la acción armada para el mundo entero.

 

*Abogado, economista, politólogo costarricense. Asumió el cargo de presidente de la República de Costa Rica en dos períodos: 1986-1990 y 2006-2010. Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1987 por su plan diseñado para poner fin a las crueles guerras civiles que devastaban Centroamérica.

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