Para Lula, que el viernes pasado habló con el presidente chino Xi Jinping, la ofensiva armada de EU contra Caracas representa una agresión a la “soberanía” regional.
Lo efímero de la “química”. El presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva puso fin el viernes pasado durante una visita al estado de Bahía, en la región nordeste, al breve deshielo diplomático con Donald Trump, que comenzó cuatro meses atrás en Nueva York.

El inicio de esa distensión había sido anunciado por el gobernante estadounidense durante la Asamblea de la ONU cuando habló del surgimiento de una inesperada “química” entre él y su, hasta entonces, denostado colega brasileño. Así se iniciaría una aproximación que parece estar agonizando. Aunque en política externa nada suela ser definitivo ni taxativo.
Lejos de Davos
En ese contexto de distanciamiento de la Casa Blanca, Lula no adhirió, hasta el momento, al Consejo de Paz para Gaza, lanzado por el magnate norteamericano durante el Foro Económico de Davos, ni dio señales de estar dispuesto a hacerlo en el futuro. Considera que esa iniciativa es como una suerte de capricho imperial de su colega y una amenaza a la ONU.
A través de su plan para Gaza «el presidente Trump quiere crear una nueva ONU, una nueva ONU donde él será el único dueño”, planteó Lula el viernes. Lo hizo un día después de haber declarado que el empresario del sector inmobiliario y jefe de estado estadounidense “quiere gobernar al mundo a través de Twitter”. “Cada día él dice algo nuevo por Twitter y todo el mundo termina hablando de eso”, dijo y luego hizo un comentario, con un tono sutilmente corrosivo, sobre la salud del líder al cual supo reprocharle sus ínfulas de “emperador”.
Dos veces China
Ese mismo jueves, luego de que Trump y su secretario de Estado Marco Rubio desembarcaran con atraso en los Alpes suizos –debido a un desperfecto en el Air Force One– Lula telefoneaba a otro los grandes ausentes en Davos, el presidente chino Xi Jinping. Lula y Xi coincidieron en respaldar el multilateralismo y poner de relieve el peso creciente del Sur Global en el establecimiento de un nuevo orden en el que predominen la paz y la cooperación, como contracara del modelo trumpista, pese a que el nombre del jefe la Casa Blanca no fue citado en los comunicados oficiales divulgados por Brasilia y Beijing.
China, que sigue interesada en sumar a Brasil al proyecto de la Ruta de la Seda, este año comienza a implementar su decimoquinto Plan Quinquenal. En ese sentido Xi mencionó las posibilidades para ampliar el comercio bilateral que superó los 170 mil millones de dólares en 2025. Esto hace del gigante asiático el primer socio de Brasil desde 2009, cuando desplazó a Estados Unidos.
Ahora bien, las ventas brasileñas avanzaron un 8 por ciento el año pasado debido al boicot comercial decretado por Trump contra el gobierno lulista, como forma de repudio al juicio contra Jair Bolsonaro, responsable por el intento de golpe de Estado de 2023.
El chantaje resultó ser un tiro por la culata para el trumpismo: buena parte de los embarques que antes se destinaban a los puertos estadounidenses fueron absorbidos por Beijing que de esa forma aumentó en un seis por ciento sus compras de productos brasileños. Esto llevó a que el total de las exportaciones e importaciones chinas hacia Brasil haya superado en más de un 100 por ciento a lo negociado por Estados Unidos.![]()
Ese retroceso comercial ayuda a explicar por qué Trump sintió una repentina “química” hacia Lula, y le soltó la mano a su incondicional seguidor Jair Bolsonaro. Esa afinidad, que fue correspondida por Lula en su momento, está dando claras señas de agotamiento en razón de las medidas con las que Donald Trump inició 2026: el citado plan para Gaza y antes de ello la invasión armada contra Venezuela, ocurrida el 3 de enero.
El rol del Vaticano
En la rueda de llamadas telefónicas para analizar el proyecto sobre Gaza, Lula también habló con los líderes de la India, Turquía y la Autoridad Palestina. Y envió a su canciller, Mauro Vieira, al Vaticano con cuyo secretario de Estado, Pietro Parolin, hay un intercambio fluido desde que ese cardenal servía como jefe de la política externa del fallecido Papa Francisco. Según trascendidos, no está descartada la posibilidad de que Brasil y el Vaticano se manifiesten de forma conjunta sobre el proyecto trumpista para Gaza.
El viaje del canciller Vieira a Roma, organizado como parte de los festejos de los 200 años de relaciones entre ambos estados, señala que, en principio, la sintonía existente durante el papado del argentino Jorge Mario Bergoglio
sobrevive bajo el mandato de su sucesor, el norteamericano Robert Prevost, León XIV. Claro que la afinidad o la “química”, por usar la expresión de Trump, entre Lula y Bergoglio, tal vez no se repita ahora con el menos carismático Prevost.
Lula no dudaba en llamar “amigo” al religioso argentino, de quien nunca olvidó el gesto de haberlo recibirlo en la residencia de Santa Marta, en febrero de 2020, pocos meses después de recuperar la libertad tras casi dos años de prisión ilegal dictada por el exjuez y exministro bolsonarista Sergio Moro, y cuando pocos mandatarios se mostraban dispuestos a fotografiarse con el líder del Partido de los Trabajadores.
La continuidad diplomática vaticana, encarnada por la permanencia de Parolin al frente de la Secretaría de Estado, a quien Lula supo recibir en el Planalto, también repercute en un tema relevante para Brasil, como es Venezuela. La situación en el país bombardeado el 3 de enero pasado por aeronaves estadounidense ha sido tratada más de una vez por Parolin con diplomáticos brasileños en actividad y con el excanciller, Celso Amorim, principal formulador de la política exterior lulista.
Ocurre que antes de ser secretario de Estado, ese cardenal sirvió como nuncio apostólico en Caracas, donde conserva buenos contactos con el gobierno bolivariano y la oposición.
Venezuela y Panamá
Para Lula la ofensiva armada contra Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro fueron más que una agresión a un país vecino: representaron una agresión a la “soberanía” regional. El mandatario, que en su momento llegó a bromear sobre su aproximación con el líder de extrema derecha, al decir que más que una “química” lo que surgió entre ambos fue una “industria petroquímica”, expresando su intención de profundizar el diálogo, dejó de lado ese discurso amistoso después del 3 de enero.
Siguiendo esa misma línea su consejero Amorim dijo que es poco probable que haya un encuentro en la Casa Blanca, viaje que había dado como cierto hasta diciembre, aunque no cerró por completo esa posibilidad. “Venezuela es un país vecino, lo que ocurre en Venezuela repercute en Brasil”, tanto es así que Lula se comunicó con la presidenta Delcy Rodríguez el mismo sábado 3 de enero, destacó Amorim.
Esa comunicación se inscribe en una relación normal en el marco de la cual Brasil “nunca cerró su embajada en Caracas” y acaba de enviar toneladas de medicamentos e insumos para suplir la falta de estos debido al bombardeo de depósitos sanitarios.
La crisis en Venezuela estará en las conversaciones que Lula mantendrá este martes con algunos presidentes latinoamericanos durante un encuentro regional que tendrá lugar en Panamá. Este será su primer viaje al exterior del año y reviste un significado particular en la actual coyuntura marcada por la militarización del caribe sumada a la pretensión trumpista de retomar el control del Canal de Panamá.
En ese sentido el Ministerio de Relaciones Exteriores informó que Lula envió al Congreso un proyecto de ley por el cual Brasil refrenda el tratado firmado en 1977 por los presidentes Omar Torrijos y Jimmy Carter, en el que se acordó que el país centroamericano asuma el control del paso interoceánico.
* Comunicador y periodista. Corresponsal de Página12 en Brasilia
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