El final del último tratado nuclear entre Estados Unidos y Rusia

¿Se abre la puerta a un rearme atómico?

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Cinco meses después de firmar un tratado sobre armas nucleares crucial para apaciguar el miedo a la hecatombe, Mijaíl Gorbachov, presidente de la Unión Soviética, telefoneó a su homólogo en Estados Unidos, George H. W. Bush. Era el día de Navidad de 1991. El tono fue cariñoso. Gorbachov llamó para contarle a su “querido amigo” que iba a dimitir. “Nuestros cometidos pueden cambiar, pero te aseguro que lo que hemos conseguido no cambiará”, escribió Gorbachov. “Estoy convencido de que lo que has hecho será historia”, le respondió Bush al aparato.

Este jueves, más de tres décadas después, aquella arquitectura de seguridad sellada en las postrimerías de la guerra fría dilapida su último pilar con el fin del Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New Start, en sus siglas en inglés), que limitaba a 1.550 el número de ojivas nucleares desplegadas por las dos grandes potencias —tanto montadas en misiles como en bombarderos—.ΟΗΕ: Το τέλος της New START «δεν θα μπορούσε να έρθει σε χειρότερη ...

Y no hay más, por el momento. Estados Unidos y Rusia, la heredera de aquella URSS que desaparecía al tiempo que Gorbachov renunciaba al cargo, han dejado que el único acuerdo que resistía con vida para el control de armas nucleares expirara sin que se atisbe negociación a corto plazo.

Antes perecieron otros pactos, como el de sistemas de misiles antibalísticos (ABM, en sus siglas en inglés), o el de fuerzas nucleares de alcance intermedio (INF). Gorbachov y Bush pusieron la primera piedra de este sistema de limitación del arsenal atómico con la firma en Moscú del Start, el 31 de julio de aquel 1991. El objetivo de ese primer pacto era restringir el poderío armamentístico de largo alcance, denominado estratégico por estar concebido para atacar al enemigo en su territorio. Se diferenciaba así de las armas tácticas, de corto alcance, utilizadas en el campo de batalla.

El presidente estadounidense Barack Obama y el ruso Dmitri Medvédev dieron a este control un nuevo empujón con la rúbrica en Praga en 2010 del New Start, renovado en febrero de 2021 para que estuviera en vigor cinco años más. “La principal ventaja de las conversaciones sobre control de armamentos de la era de la guerra fría es que generaron un conocimiento institucionalizado tanto en Estados Unidos como en Rusia sobre la otra parte”, señala en un correo Paul van Hooft, del centro de análisis estadounidense Rand.

Sobre el papel, junto al tope de 1.550 ojivas y bombas, el tratado establecía un límite de 800 lanzaderas para este tipo de armas (desplegadas y no desplegadas), y de 700 misiles balísticos intercontinentales (ICBM), balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) y bombarderos pesados asignados a misiones nucleares.

Comunicación entre Washington y Moscú

Pavel Podvig Interview - YouTubeMás importante aún, el acuerdo permitía realizar hasta 18 inspecciones al año de los arsenales entre las partes. Se trazó así un nuevo hilo de comunicación de Washington a Moscú y, por tanto, se construyó un clima de cierta previsibilidad, esencial para la desescalada bélica. “Sin transparencia, cada parte se pondrá en el peor escenario, y eso definitivamente no contribuirá a un mayor grado de confianza”, señala al teléfono Pavel Podvig, director del Proyecto de Fuerzas Nucleares Rusas, con sede en Ginebra. “Antes tenían que demostrar que no estaban haciendo nada sospechoso, pero sin este tratado, sin todo este sistema, sin el mecanismo de verificación, simplemente no tienen las herramientas para hacerlo”.

El pacto ha funcionado durante muchos años, no solo para la disuasión mutua, sino también para contener de algún modo al resto de países con armamento nuclear (el Reino Unido, Francia, China, la India, Pakistán, Corea del Norte e Israel). El punto final del New Start llega, sin embargo, en un momento de rearme global.

El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri, en sus siglas en inglés) alertó el pasado año de que “los arsenales nucleares del mundo se están ampliando y modernizando”. Según los registros del Sipri, el inventario total supera las 12.200 ojivas, más de 9.600 operativas para su uso. Entre el 80% y 90% del arsenal, almacenado o desplegado, está en manos de Washington y Moscú.

El centro de investigación sueco calcula que tanto Estados Unidos como Rusia superan las 1.700 ojivas desplegadas en total, ya sea montadas en un proyectil balístico o dispuestas para ser lanzadas por un bombardero. Esta cifra no superaría el límite del tratado ahora extinto debido a que en el texto firmado en Praga, cada bombardero, pese a poder llevar entre 16 y 20 de estos artefactos, solo cuenta como una sola ojiva.Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) – DW

“Es probable que ambas partes respeten en mayor o menor medida el tratado como si aún estuviera operativo, al menos por ahora, ya que causaría la menor perturbación”, continúa Van Hooft. El clima en lo que va de década ha sido de cierta continuidad. Las inspecciones entre los dos países se cortaron de raíz durante la pandemia. En febrero de 2023, un año después del inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, Moscú se desligó del New Start ante el apoyo de la Administración de Joe Biden a Kiev. Se sucedieron las amenazas de uso de armamento nuclear, muchas proferidas precisamente por Medvedev, en la cúpula hoy del Consejo de Seguridad ruso, pero sin que se haya materializado en ataque alguno.

El pasado septiembre, el presidente ruso, Vladimir Putin, mencionó que se podría mantener el statu quo durante otro año. Washington no ha contestado a la propuesta. El inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, que sin duda mantiene cierta relación con su homólogo en Moscú, algo deteriorada en los últimos meses y lejos de la sintonía entre líderes de los noventa, ha alertado del riesgo de estas armas, pero poco más. “Si expira, expira”, dijo recientemente Trump.

Barack Obama estrellaba la mano de Dmitri Medvedev, en Praga, el 8 de abril de 2010, tras la firma del Tratado New START
“Incluso cuando parecía haber voluntad política, no fue suficiente para superar el desacuerdo sobre si el control de armas bilateral debería incluir también sistemas no nucleares, como la defensa contra misiles, que tienen un impacto en la disuasión nuclear”, apunta la investigadora del Sipri Tytti Erästö. Consecuencia: la desaparición del New Start aumenta el riesgo de arsenales más nutridos, así como la posibilidad de que el mundo sea menos seguro. “La carrera armamentista cualitativa ya está en marcha desde hace bastante tiempo y sin regulación también es posible una carrera armamentista numérica”, continúa Erästö.

La pescadilla que se muerde la cola se llama China. Estados Unidos considera que el gigante asiático es mayor amenaza que Rusia, así que cualquier acuerdo debería incluir a Pekín en la mesa de negociación. El pasado 24 de diciembre, el Pentágono publicó un informe sobre las capacidades militares chinas en el que alertaba de un arsenal nuclear “creciente” y en expansión. Según los datos del Sipri, el Ejército Popular de Liberación de China cuenta con un total de 600 ojivas, de las que 24 estarían operativas para su uso inmediato. Pero más allá de la cifra global, a Washington le preocupa el ritmo de producción de estas cabezas nucleares, el mayor en todo el mundo: un centenar al año desde 2023.

Un mes antes del reporte estadounidense, Pekín publicó un documento sobre control de armas en el que manifestó que son las grandes potencias nucleares las que tienen que reducir drásticamente sus almacenes. “Cuando las condiciones sean propicias”, decía el papel, “todos los Estados poseedores de armas nucleares deberían sumarse al proceso multilateral de negociación sobre desarme nuclear”. Este arreglo a tres bandas, entre Washington, Moscú y Pekín, resulta poco probable a corto y medio plazo. “Rusia quiere un acuerdo con Estados Unidos porque para Rusia es importante el valor simbólico de ser un socio igualitario”, apunta Podvig.

Last nuclear treaty between the US and Russia
Lanzamiento de un misil intercontinental ruso desde las instalaciones de Plesetsk

“Toda la atención de Estados Unidos está puesta en China, pero esta se muestra reacia a firmar cualquiera de estos acuerdos porque no siente que los necesite. Sería prácticamente imposible un tratado entre los tres, pero quizá sí podemos imaginar acuerdos entre China y Estados Unidos”, prosigue el analista.

Allá por 1945, Albert Einstein y J. Robert Oppenheimer, junto a otros científicos del Proyecto Manhattan, que condujo a las primeras bombas nucleares, fundaron el Boletín de los científicos atómicos. Esta organización actualiza periódicamente lo que llama el Reloj del juicio final, que mide lo cerca que está la humanidad de la catástrofe, fijada en la medianoche. Según la última revisión, el pasado 27 de enero, el mundo está a 85 segundos de esa medianoche, lo más cerca que ha estado de la hecatombe. Entre los motivos apuntados está sin duda la defunción del New Start entre Estados Unidos y Rusia.

 

* Periodista de la sección Internacional de El País de España, especializado en temas relacionados con terrorismo yihadista y conflicto. Coordina la información sobre el continente africano y tiene siempre un ojo en Oriente Próximo. Es licenciado en Periodismo y máster en Relaciones Internacionales

 

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