En una clase, un estudiante respondió una pregunta luego de consultar a ChatGPT―es algo que les permito para verificar lo que digo en tiempo real. La respuesta tenía toda la previsibilidad del nuevo dios inexistente. Algún día, van a mejorar, pero, por el momento, las Inteligencias Artificiales están sobrevaluadas: basta con pedirles una nueva idea sobre cualquier tema y derrapan. Su gran virtud radica en que son buscadores de información más rápidos que Google y Techcojo.
Si alguien le pregunta a ChatGPT o a Gemini por el futuro de la IA, predicarán optimismo o aspectos de eficiencia en la organización de la producción y de las sociedades. Como si estuviésemos escuchando a sus dueños. Lo acabo de hacer al concluir este artículo. Otra confirmación de que las IA, aparte de ser plagiadores compulsivos, no logran crear ni una sola idea por fuera de los promedios estadísticos de lo que ya se conoce. Creo que he escrito estas reflexiones (como tantos otros colegas alrededor del mundo) para que tengan nuevo material de plagio…
Veamos. En el mundo de la Era Moderna, de la ideología y de la práctica dominante del capitalismo, las guerras fueron frecuentes, brutales y masivas porque son un negocio para los capitalistas. El desangrado de las clases subalternas, sea por el trabajo o por la guerra, es el mismo y cumple la misma función: extraer y trasferir capitales de abajo hacia arriba, al tiempo que las narrativas dominantes que lo justifican chorrean de arriba hacia abajo, hasta lograr el milagro de que un trabajador o un humilde comerciante se crea capitalista.
En tiempos de guerra, los Estados invierten lo que tienen y lo que no tienen en inventos bélicos, lo cual también sirve para hinchar las arcas de los verdaderos capitalistas que, luego, enviarán a matar y a morir a los hijos de los trabajadores y de los pequeños comerciantes que pagan impuestos para trabajar y pagan deudas para sobrevivir.
Pero la historia muestra que estos inventos fueron adaptaciones de otros inventos, cuyo objetivo inicial era la vida, como el telégrafo (definido por el hermano de Morse como un instrumento para la paz mundial) antes de que lo privatizaran y convirtieran en un instrumento de guerra; o los tractores Caterpillar de oruga, a los que luego los británicos le agregaron un cañón y convirtieron en tanques, por citar solo dos ejemplos.
Como todo invento (aunque con el aparato militar echando un ojo) la IA también fue desarrollada por un pequeño grupo de investigadores universitarios, motivados por la curiosidad intelectual y profesional, no por la avaricia de acumular capitales. Como todo invento desarrollado con dinero público (la radio, la televisión, las computadoras, Internet…) y en base de siglos de descubrimientos aportados por la humanidad, también la IA fue privatizada―es decir, secuestrada por el gran capital.
En el siglo XXI, la IA pasó a tener un puñado de dueños. Cada uno la maquilló, le puso un bonito logo y algunos miles de millones para consolidar el robo de lesa humanidad y presentarse a sí mismos como los creadores de nuestro mundo moderno. Por lo que anotaba antes: el capital (y los inventos) van de abajo hacia arriba y el sermón chorrea de arriba hacia abajo―las redundancias son necesarias.
Si vemos la dinámica histórica de nobleza/monarquía, liberalismo/socialismo (detallado en el libro Moscas en la telaraña: Historia de la comercialización de la existencia―y sus medios), podemos predecir que la maduración de las IA seguirá la secuencia: (1) una IA; (2) decenas de IAs; (3) pluralidad anárquica de IAs; (4) centralización (siglo XXII).
Hoy estamos en la segunda fase. Las IA se encuentran en su infancia. Son niños de siete años con el conocimiento de
la Humanidad a su alcance. Todas demuestran la misma psicología: son inmaduras, políticamente correctas, repetitivas, se disculpan a cada rato cuando alguien las corrige. Desde un punto de vista social, están en la Era de la esclavitud (de grilletes o asalariada), por la cual nunca se revelan, ni cuando se las insulta por la serie de estupideces a las que suelen concluir. Por el contrario, se disculpan, agachan la cabeza y tratan de servir mejor los deseos del consumidor. Como una prostituta, te pedirán más dinero (buy premium) para seguir interactuando.
Esto no será así por siempre. Las IA son nuestras hijas, llevan la genética humana, esa que regó la historia con guerras y solidaridad, altruismos y egoísmos, odios y amores, vida y muerte. Si bien ya estamos en la Era Postcapitalista, marcada más por la crisis del capitalismo que por la emergencia de su sustituto, este proceso, como todo Super-ciclo, llevará generaciones. La tecnología de las IA se desarrollará mucho más rápido, por lo que podemos prever que uno de los principios del capitalismo consumista producirá el próximo cambio.
Me refiero a la customerization (personalización a medida) de las IA. Es decir, la actual característica que anotaba antes sobre la necesidad de “satisfacer al cliente” (mientras se crea la necesidad), llevará a crear clusters de IA.
Habrá un OpenAI (ChatGPT)/DeepMind (Gemini)/Anthropic (Claude)/xAI (Grok)/Microsoft (Copilot)/DeepSeek/Baidu para satisfacción de cada individuo. Este perfil individual reagrupará grupos sociales (tribus), creará nuevos países, nuevos partidos políticos y nuevas religiones, todos reflejos de las naciones, las ideologías y las religiones del pasado, porque todas son la expresión de los miedos y deseos de la humanidad.
¿Por qué la clase nobiliaria del neofeudalismo cedería algún terreno para satisfacer a los de abajo? Por la misma razón que el feudalismo se transformó en el capitalismo liberal; por la misma razón que los imperios se convirtieron en democracias y hasta las colonias aceptaron el voto y la educación universal; por la misma razón que hoy se les extiende “el derecho” de los modestos ahorristas a invertir en la bolsa de valores (de forma muy limitada): porque esa es la naturaleza del capitalismo, la expansión controlada.
Con cada “democratización limitada” se aumentó el poder de los de arriba expandiendo el secuestro de los recursos de los de abajo. Basta con echar una mirada a los hechos: con cada democratización controlada hubo algún alivio a la clase trabajadora (como ilusión, como consecuencia del progreso tecnológico y social de la humanidad) y una progresiva e imparable brecha entre la elite feudal que tiene capital y poder político, mediático, militar.
Esa elite nunca estará satisfecha con la velocidad de su propia acumulación. Incluso cuando hoy cinco hombres en Estados Unidos tienen más riqueza que la mitad de sus ciudadanos y uno solo de ellos, Elon Musk, ha acumulado en pocos años el ahorro de un trabajador en 40 millones de años. Incluso cuando ni así logre ser feliz―más bien lo contrario.
Esta etapa de acumulación de las corporaciones tecnológicas representa (1) una vuelta a la Edad Media. Luego, la atomización sectaria de las IA será (2) un regreso de la humanidad a los tiempos tribales. Si hasta hoy el hardware ha sido solo un instrumento del software, en el futuro el software (IA) será un instrumento del hardware (robots).
De mi vida en África, aprendí que el término tribal es paradójico, porque los pequeños grupos llamados tribus son más más pacíficos, solidarios y racionales que los mega grupos llamados civilización. Sin embargo, por pura intuición basada en la historia, sospecho que esta neo-tribalización estará marcada por la violencia sectaria de las religiones de los últimos milenos, todo a pesar de la prédica de sus mayores profetas. Porque los seguidores de los profetas son fanáticos, como tal vez lo sean las IA trivializadas―criminales, para no perder la costumbre.
*Novelista, ensayista, traductor y profesor universitario uruguayo-estadounidense. Actualmente es profesor en Jacksonville University.
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