Ago 10 2009
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Pol铆tica

El golpe de oro negro: Alguien consigui贸 petr贸leo tras caer Zelaya

Julio Escoto*
 
Según diversidad de enfoques, para que se activaran los resortes del golpe de Estado de Junio 28 en Honduras bastó la propuesta de instalar una cuarta urna que decidieran si se convocaba a una asamblea constituyente, motivo este sospechosamente primario y elemental. La defenestración, ejecutada a dos tiempos, inclina a dudar si el rápido golpe se originó en exclusivo por razones políticas o si hubo otras.

De acuerdo con fuentes avaladas, al oscurecer del jueves 25 se abortó al primer intento de rebelión, cuando el entonces presidente del Congreso, Roberto Micheletti, recibió dos llamadas a su móvil: una del embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens, quien le advirtió en manera categórica sobre la inconveniencia de romper el orden institucional. Y la segunda supuestamente del jefe del Estado Mayor, Romeo Vásquez, quien le expresaba que si había golpe alguno las fuerzas armadas estaban obligadas a participar. Esa y subsiguientes noches el presidente Manuel Zelaya se fue a dormir con la confianza de haber conjurado la sedición.

El segundo tiempo ocurrió el domingo 28 de Junio, día del golpe, exactos tres meses después de que Diario la Prensa insertara en su espacio de “Negocios” (edición de 29.03.09), como al azar, dos extraordinarias noticias de su redactora Yessile Ponce: una era que según el novato Ministro de Recursos Naturales y Ambiente, Tomás Vaquero, la empresa estatal Petróleos de Venezuela, Pdvsa, estaba interesada en explorar petróleo en Honduras.

Lo cual luciría como información usual si no fuera por el antecedente registrado en la misma sección, que informa: “Noruegos ya iniciaron exploración. Honduras firmó un convenio con la Petroleum Geo Services, PGS, que realizará estudios en 10 mil kilómetros de líneas sísmicas del mar territorial de Honduras, para posteriores exploraciones de crudo durante los próximos diez años. A finales de febrero pasado iniciaron las primeras exploraciones a través de un barco equipado con sensores de búsqueda geológica [buque Falcon Explorer]. Al concluir el proceso, el Gobierno determinará a qué empresa concederá derechos de explotación en caso de hallarse petróleo en el subsuelo marino. PGS invertirá en la realización de los estudios en Honduras alrededor de 23 millones de dólares, que recuperará al vender los estudios a cualquiera de las firmas que manifestaran interés de hacer exploraciones, indicó Vaquero. El gerente de desarrollo de PGS, George Buzan, explicó que los análisis se llevarían a cabo entre febrero y marzo próximos, y que su duración [máxima legal] será de diez años”

El gobierno zelayista se obliga a otorgar la explotación a alguna empresa y, segundo, los primeros análisis están listos a 90 días de iniciarse la investigación. O sea que si el buque Falcon Explorer arranca en Marzo, para Junio produce ya resultados [algún informe preliminar debió estar accesible en Mayo]. En Junio sucede el golpe de Estado, exacto a tres meses. ¿Se percibe alguna relación?

Para acrecentar la sospecha sobre intereses particulares, y conforme a la edición del citado diario, Gustavo Coronel, ex-miembro del Consejo de Petróleos de Venezuela, Pdvsa, afirmó que “lo peor que pudiera pasar a Honduras en este momento es que Petróleos de Venezuela logre explorar y explotar”. O sea que ya existía, a nivel de cúpulas inversionistas y empresariales, temor de que, hallándose petróleo en Honduras, a cualquiera escala de calidad, la concesión se diera, por factores políticos, a Pdvsa.
 
Probar y certificar ya son verbos políticos

Cláusulas del Convenio hondureño con PGS (que esta redactó pero que revisó el costoso asesor Robert Meyerling) obligan a que tal compañía provea al Estado información fidedigna sobre reservas “certificadas” (de acuerdo al Act. 404 de la Ley Sarbanes Oxley, de EUA, 2002), o sea reales de petróleo, no sólo en torno a reservas potenciales o “probadas” (medio especulativas). Dice Fernando Travieso Lugo que las mega empresas cotizantes a Bolsa se obligan a sustentar su producción en reservas “certificadas”, muy superiores a los flujos de caja de estados contables (medio entre “tener y querer tener”).

De allí que PDVSA sea la empresa más sólida del planeta ya que posee la mayor reserva de petróleo del mundo ––la faja del Orinoco dispone en total de un billón trescientos sesenta mil millones [1 360 000 000 000 000 000] de barriles de petróleo “certificados”. Hablamos de que posee más de lo que el hombre consumió desde su primera flama petrolífera, en 1859, hasta hoy.

Cuando se conoce esto se comprende el por qué de la rabiosa campaña concreta y mediática en contra de Hugo Chávez, a quien se acusa de todo pero cuyo gobierno ha estatuido rígidamente que el petróleo de Venezuela es y será siempre exclusivo beneficio para venezolanos e iberoamericanos… No de lucrantes compañías internacionales o transnacionales del orbe, conste.

Lo grave, empero, fue que Honduras se integrara a la red geopolítica de influencia de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) impulsada por el presidente Hugo Chávez, y que comprendía a la vez la asociación del país con la empresa Petrocaribe de la República Bolivariana de Venezuela.

La ALBA se caracteriza por impulsar empresas tipo “gran-nacionales” –bi o multinacionales– que son propiedad de sus países miembros, no de trasnacionales capitalistas, para explotar y administrar petróleo y productos derivados del mismo, tal como lo atestigua el convenio de adherencia suscrito en Tegucigalpa. Un año más tarde la cuota de suministro de petróleo venezolano a Honduras era de 20 mil barriles diarios de hidrocarburos.

Al transcurrir el tiempo y aproximarse el momento en que la contratista noruega Petroleum Geo Services debía aportar un informe primero, en Junio 2009, y cuando debía iniciarse los trámites para el pitazo inicial, el nerviosismo se apoderó de las trasnacionales. El entonces viceministro de Recursos Naturales y Energía, Valerio Gutiérrez, asistió por la época a un seminario titulado “Sí hay petróleo en Honduras”, celebrado en Houston, Texas, que contó con representantes de 17 compañías del mundo “pendientes de las concesiones que Honduras estaría haciendo en los próximos meses”. En realidad no se otorgarían concesiones sino permisos de exploración y posteriormente se autorizaría la explotación en caso de encontrarse hidrocarburos. O sea que restaba mucho por andar previo a clamar ¡eureka!

Y el nerviosismo no era por los riesgos de perder al ajedrez energético de Centroamérica ––que no sería escaso pero tampoco fenomenal–– sino por la cercanía del lobo que rondaba. Del lobo bolivariano, que otro podía ser, personalizado en la alianza de Chávez con Zelaya, capaz de condicionar, según las petroleras, expertas en ello, la asignación de la concesión, manipulándola o falseándola políticamente. Coronel, el contrachavista ex-miembro de Petróleos de Venezuela, corrió a denunciar esa posibilidad ante los medios de comunicación: “está el peligro de que se asigne la licitación a una empresa por razones que no sean de naturaleza técnica y financiera”. El bloque constituido por Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Antigua y Barbuda, Honduras y San Vicente y las Granadinas, desde luego que procuraría que fuera la ALBA la que se hiciera con la autorización, a fin de fortalecer su composición estratégica, recaudar mayores recursos para proyectos sociales, combatir a las transnacionales imperiales e instaurar en América nuevos conceptos y frescos equilibrios de democracia, justicia económica y dignidad humana.
 

Para conjurar ese alto riesgo intermediarios de Chevron, Exxon Mobil y Shell debieron comisionar a militares, políticos y financistas hondureños ejecutar con brevedad quirúrgica, aunque igual lo hicieron con torpeza, la operación del golpe, probablemente el inicial petrolero y el debutante para la clase empresarial de América en el siglo presente. Si este tiene triunfo habrá muchos otros triunfos más; si este falla será inevitable una recomposición de las potencias energéticas del mundo, donde el protagonismo de Latinoamérica, y luego de otras regiones tercermundistas, impondrá una moderna ética, nuevas ideas de gobierno societario pero, particularmente, a la negociación —y no a las guerras ni los golpes de Estado— como fórmulas consuetudinarias de paz. Tanto es lo que se decide hoy en Honduras que no se puede descansar un minuto hasta no ver —y hasta no contribuir— a su buen final.

*Escritor hondureño

 

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