Mar 31 2005
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Opinión

El líder en la actual situación de Venezuela

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Venezuela necesita un líder que convoque, que respete, que no agreda ni desvalorice, que llame a la unión solidaria de todas las voluntades, los esfuerzos y las capacidades existentes, tolerante de las diversas ideologías, dispuesto a luchar por el país sin esperar recibir nada a cambio.

Además de carisma y personalidad, no debe cultivar el populismo, debe adecuarse a los nuevos tiempos y tener una visión moderna y de futuro. Es preciso que tenga la voluntad de retirarse a tiempo cuando las circunstancias así  lo indiquen.

Se requiere un guía que, como Moisés, conduzca a su pueblo hasta la Tierra Prometida y que, una vez cumplida la tarea, no le importe morir ante sus puertas sabiendo que su misión está cumplida. Eso equivale a una demostración de amor por el país y el nombre de ese líder, como recompensa, quedará grabado en la historia.

Recordemos que un líder, es aquel que sabe oír, que exhibe normas éticas elevadas y se convierte en modelo de eficacia y honestidad. Preconiza el nivel general de la conducta moral, y cuando descubre que se ha obrado mal, no sólo sanciona al responsable, sino que hace publico el hecho y muestra el resultado para que sirva de ejemplo restaurador de la ética ciudadana.

Los líderes exitosos se adelantan a los acontecimientos, explotan oportunidades positivas con vigor, motivan a sus seguidores para alcanzar grados mayores de productividad, corrigen el mal rendimiento y tienen objetivos bien definidos. Están plenamente entregados a sus actividades, con decisión y perseverancia, por lo que al final, simplemente actúan y muestran un camino atractivo que alcanza el triunfo.

El líder sensato se rodea de gente competente para no tener que ordenar ni mandar personalmente lo que se tiene que hacer. Hace las cosas sin imponerlas, con ejemplo, y recibe apoyo. A la gente le interesa lo que dice y lo que hace. Tiene algo que atrae: coherencia y veracidad.

Hay quienes aspiran a ser dirigentes y adquirir poder sobre las personas, pero no son capaces de pensar en ellas porque se preocupan por sí mismos. No se logra ninguna autoridad si no se escucha y se valora a los individuos y los hechos, tanto o más que a uno mismo. La supremacía se adquiere cuando uno se da a los otros. Esto es lo que hace el guía. El liderazgo no se confiere desde arriba –o se concede como si fuera una medalla–. Caudillos con poder y autoridad de mando hay muchos, pero líderes capaces muy pocos.  

La dirigencia no se consigue sólo con inteligencia, talento y trabajo intenso y ordenado. Se obtiene con generosidad y con algo más difícil: con humildad. El respeto del conductor hacia los demás no es una actitud blanda o de escasa exigencia, es más bien una demostración de grandeza y una buena disposición para hacer las cosas. Cuando cualquier persona conoce que su dirigente es capaz de hacer y alcanzar su objetivo no duda en seguirlo.

Líderes son aquellos que van adelante, no los que critican lo que se hace mal, ni aquellos que hablan de lo que se debería hacer. Es quien si se cae se levanta, si comete errores rectifica, aprende y reconoce cuando está equivocado, empuja, arrastra y para avanzar rompe el orden establecido.

El liderazgo se logra por tener conocimientos, razonar bien y usar correctamente la lógica. Pero principalmente por las actitudes de enfocar la vida con un sentido positivo; el líder ante los fracasos crece y aparte de las respuestas estratégicas, tiene recursos interiores, morales y espirituales.

El líder es un mentor que despierta en los demás motivaciones trascendentes, usa el poder en beneficio de  todos, no en el propio, aunque esto último pudiera ser lo más fácil.

El líder moderno debe conocer el uso moderado y eficaz de los medios de comunicación social, y en su lenguaje eliminar toda frase discriminatoria –étnica, social, religiosa, etc.–, porque esta práctica rompe los estereotipos de encantamiento que puedan existir hacia su persona. Ningún concepto que hiera la susceptibilidad del receptor puede ser utilizado por quienes ejercen el liderazgo social.

La historia también nos enseña que los grandes líderes que han gobernado países, no lo logran en forma repentina, sino después de un largo proceso de aprendizaje y maduración, de una dilatada e intensa carrera política. Y que toda la vida se han preparado, en una u otra forma, para ese destino.

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