Sep 28 2005
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Opinión

El momento costarricense y latinoamericano

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

I

La especificidad centroamericana consiste, en primer lugar, en que se sali√≥ de una lucha armada (que Costa Rica vivi√≥ como odio intransigente e hipocres√≠a) en la que los sectores populares ‚Äďcampesinos, pobladores, j√≥venes, mujeres, ind√≠genas, obreros, militantes‚Äď pod√≠an al menos optar por morir saludando con tiros su dignidad, para pasar a una guerra (econ√≥mico-pol√≠tico, cultural) en la que estos mismos sectores son privatizados, excluidos, discriminados/postergados, segmentados y burlados en nombre del necesario ajuste estructural y de la mundializaci√≥n de los ¬°buenos negocios! realizados al ritmo de las tecnolog√≠as de punta, las preferencias de los consumidores de los pa√≠ses centrales y el voraz dominio del capital financiero y especulativo. < El lema de esta guerra no es morir con dignidad, sino perder desesperadamente la esperanza para ser una v√≠ctima que no s√≥lo no a√ļlla, sino que no aspira a reconocer su dolor. Dicho desde el lado de las v√≠ctimas (¬Ņno lo somos, de diversa manera, todos?), doloroso tiempo de la sobrevivencia en el l√≠mite. Sobrevivir hoy adapt√°ndose reactivamente, es morir ma√Īana. Sobrevivir sin perder valores para resistir desde ellos, es la posibilidad de vivir ma√Īana para transformar. Sobrevivir para transformar. Suena, a la vez, para un centroamericano, nuevo y gastado.

II

Nueva y gastada es la necesidad de una integración centroamericana desde las necesidades humanas de sus pueblos. Costa Rica, o sea sus empresarios, políticos, líderes pastorales y medios masivos, se opone incluso a una relación integradora determinada -desde arriba!, impulsada, por ejemplo, por los gobiernos de El Salvador y Guatemala.

Es posible imaginar el asco que entre las antiguas y nuevas oligarquías (gestadas sobre la apropiación excluyente, el rencor y desprecio comunes hacia lo popular, los matrimonios articuladores y las alianzas estratégicas) consigue despertar una articulación constructiva desde las necesidades humanas de las mayorías. Hasta Dios se haría presente para admirar y convocar esas relaciones. Y ya no sería necesario que el Papa se presentase nunca más en Nicaragua para condenar y escarnecer la resistencia y lucha de estos pueblos.

III
Las necesidades humanas no son infinitas (como se ense√Īa en las exiguas escuelas de Econom√≠a y repiten tenazmente los periodistas para quienes no parece haber escuelas), sino que son operativamente identificables. Un texto, en cierta forma fuera de toda sospecha, las se√Īala, atribuyendo el discurso a Jes√ļs de Nazaret: ‚Äú… tuve hambre y no me dieron de comer, (…) tuve sed y no me dieron de beber; era forastero y no me recibieron en su casa: no ten√≠a ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron!‚ÄĚ (Mateo, 25: 42, 43).

Para quienes no han cumplido sus cr√©ditos de ex√©gesis, las necesidades, dice Jes√ļs, son: comida, bebida, vivienda, vestido, salud, acompa√Īamiento y reconocimiento. Podr√≠a a√Īadirse ‚Äď¬Ņpor qu√© habr√≠a de ser exhaustivo el ser humano Jes√ļs?‚Äď la necesidad de crecer desde las ra√≠ces (socializaci√≥n desde las ra√≠ces y la memoria de autoproducci√≥n, para decirlo en dif√≠cil). Como se advierte, las necesidades est√°n bien determinadas. Las que podr√≠an ser infinitas son las preferencias y tambi√©n los deseos.

Centroam√©rica viviendo en casas humanas, sin hambre ni desnutrici√≥n, sin muertes por enfermedades m√©dicamente curables pero social y pol√≠ticamente letales. Cada centroamericano acompa√Ī√°ndose y reconoci√©ndose en las necesidades del otro para ser y crecer sin disminuci√≥n. Obviamente, habr√≠a que hacer una Reforma Agraria que contribuyese a la desconcentraci√≥n de la riqueza y el poder y menguara la devastaci√≥n ambiental.

Dejemos aqu√≠ el programa propuesto por Jes√ļs. Desde luego, Centroam√©rica no es cristiana. Hoy ni siquiera, por hacer un mal chiste, socialcristiana.

IV
Lo peculiar local es la casi inexistente Costa Rica social organizada, la est√≥lida bravuconer√≠a rapaz de su clase pol√≠tica, la machacona conspiraci√≥n malinchista de sus medios masivos, el servilismo de sus tecn√≥cratas, el silencio de sus universidades estatales, la bober√≠a de su iglesia jer√°rquica oficial y el deterioro irreversible de sus partidos pol√≠ticos que, sin embargo, se recomponen vigorosamente enfatizando sus peores rasgos de maquinarias electorales que potencian clientelismos cada vez m√°s degradados: el falso bono de vivienda, un desayuno, empleos que no existen y que si existieran ser√≠an borrados por el FMI, y de saqueadores de una administraci√≥n p√ļblica que se acerca cada vez m√°s al l√≠mite de ser exclusivamente un bot√≠n electoral.

Si en el resto de Am√©rica Central los pueblos ‚Äďy en cierta medida sus dirigentes‚Äď fueron sorprendidos por las concertaciones que quisieron poner fin las guerras, s√≥lo para enterarse que la paz consist√≠a en quedar inermes ante el mercado transnacionalizado e internacionalizado, en Costa Rica la globalizaci√≥n es saludada como per√≠odo de ¬°oportunidades! en el que se conseguir√°n buenos accesos si se cambia la educaci√≥n y se captan inversiones.

En realidad Costa Rica no tiene problemas educacionales, puesto que existen escuelas y liceos privados y universidades en el extranjero. Ese es el camino que siguen los hijos de los poderosos.

Quienes tienen problemas con la educaci√≥n que reciben (curriculum abierto y oculto) y que no protagonizan son los sectores sociales populares. A ellos la nueva escuela les ense√Īar√° ingl√©s y obediencia, computaci√≥n elemental y obediencia, la Patri√≥tica y obediencia. La idea es que cada bachiller sea no servicial (funcional) sino servil. Y est√© contento.

El sumiso perfecto es el que est√° agradecido y ufano. Figueres el Bueno llam√≥ a este pueblo ‚Äúdomesticado‚ÄĚ. Y es que en Costa Rica pasa de todo, pero es como si no pasara.

En lo que respecta a las inversiones, sólo se consiguen abriéndose nacionalmente de piernas. Cada vez que el gobierno se abre de piernas, se concentra la riqueza aquí y en el mundo. Cuando se concentran la riqueza y el poder aumentan asimismo los empobrecidos y la impotencia fragmentarios. Los economistas le llaman a estas violaciones y destrucciones consentidas, aunque sin venia nacional ni popular, inversiones no sistémicas.

V

Como en toda Am√©rica Latina, Costa Rica sufre su transici√≥n inducida ‚Äďsu globalizaci√≥n bajo esquema neoliberal‚Äď aderez√°ndola con una intensa corrupci√≥n de su √°mbito pol√≠tico. La corrupci√≥n del √°mbito pol√≠tico no es la delincuencia que se aprovecha de sus posiciones de poder. Esto es sencillamente delito y deber√≠a estar penado por las leyes (de hecho, suele estarlo, pero puestos en situaci√≥n los tribunales acostumbran mostrarse ineficaces).

La corrupci√≥n del √°mbito pol√≠tico es su independizaci√≥n de la sociedad civil y su transformaci√≥n en un mercado aut√≥nomo de intercambio de privilegios donde opera la norma del ‚Äúhoy por m√≠ ma√Īana por ti‚ÄĚ. Es la corrupci√≥n del √°mbito pol√≠tico la que enardece la delincuencialidad de los pol√≠ticos y sus clientelas (Banco Anglo, Direcci√≥n de Aviaci√≥n Civil, por ejemplo).

Independizado el √°mbito pol√≠tico de la gente, los partidos pierden la necesidad y capacidad para ser interlocutores sociales, mediadores de conflictos, educadores y condensadores de aspiraciones, programas y sue√Īos de su poblaci√≥n.

Los partidos políticos dejan de ser ideológicos (es decir de hacer diagnósticos, de imaginar un deber ser y de proponerse alcanzarlo organizando a los ciudadanos y al pueblo y distribuyendo los costos sociales). Para dejar de ser ideológicos, los dirigentes de los partidos declaran muertas las ideologías y se proclaman pragmáticos. Pragmático es, por supuesto, el nombre de una ideología cuya gran ventaja es su facilidad reactiva para acomodarse a las demandas y presiones de un mundo internacionalizado (FMI, Banco Mundial) y transnacionalizado (Intel, Coca Cola, CNN).

Autodeclarados pragm√°ticos, los pol√≠ticos devienen dirigentes t√≠teres apetentes que hacen buenos negocios y trafican alianzas estrat√©gicas en el marco que les permite la exigencia de competitividad fundada en la precarizaci√≥n de la fuerza de trabajo, la subasta de los activos p√ļblicos y el saqueo de los recursos naturales. Su pragmatismo les demanda estar a la cabeza para ganar hoy y presionar ma√Īana. Esta continuidad en el protagonismo de un particular descaro antinacional y antipopular los conduce a los pactos locales y al sue√Īo de la sostenibilidad de la clase pol√≠tica que los ampara y aplaude y que ellos gestan, conducen y reproducen.

El pragmatismo, cuyos efectos partidistas ‚Äďsangrienta rapi√Īa por los puestos desde los que se pueda robar‚Äď y gubernamentales (la sistem√°tica venta de una imagen que no guarda ninguna relaci√≥n con lo que se vive), torna opacos los antiguos carismas y precipita nuevos y degradados clientelismos que no pueden sino generar repugnancia en los electores y en los diversos sectores sociales populares de la poblaci√≥n: es un factor de desencanto.

En Costa Rica, esta repugnancia/desencanto (por primera vez en su historia moderna los costarricenses empiezan a darse cuenta que viven en un sistema de dominaci√≥n) no se traduce en hostilidad, sino en un ensimismamiento que es una urgida forma de sobrevivir ‚Äďla globalizaci√≥n bajo esquema neoliberal aprieta, la precarizaci√≥n aprieta, la informalizaci√≥n aprieta‚Äď y de reconocer que el sistema de expoliaci√≥n y descaro cada vez m√°s bravuc√≥n no puede, hoy por hoy, ser cambiado.

Cierto. No debe permitirse que el desencanto se transforme en desesperada desesperanza. A este ensimismamiento, para nada divorciado de las protestas sociales puntuales, de los reclamos particulares por defender nichos conseguidos con lucha ‚Äďlos neoliberales los califican de privilegios indebidos‚Äď, y de un malestar generalizado que se expresa como fastidio, sorna o sarcasmo, los pol√≠ticos administradores p√ļblicos, t√≠teres golosos y mezquinos, le ponen el nombre de ingobernabilidad.

Ingobernabilidad es el nombre de la relaci√≥n entre sus apetitos y el temor de que su manera de hacer pol√≠tica no sea, finalmente, sostenible. Puesta aunque sea indirectamente ante el espejo social de su rapacer√≠a, la clase pol√≠tica percibe ingobernabilidad. Comprueba, en efecto, su propio car√°cter y destino. A los truhanes y bellacos menores la mundializaci√≥n derivada de un capitalismo de piratas no puede asegurarles ni puestos ni funciones relevantes ma√Īana. Los soci√≥logos a la moda han bautizado esto como provisoriedad. Precariedad, un malestar que no consigue materializarse pol√≠ticamente como oposici√≥n, y provisoriedad, un rol que es pol√≠ticamente autodestructivo, nutren de forma diversa la ingobernabilidad.

La ingobernabilidad resulta no de la urgida presión de las demandas, sino de la imposibilidad estructural y autodestructiva para potenciar respuestas.

VI
Como no tiene respuestas ‚Äďporque √©sa es hoy su forma particular de dominio‚Äď, la clase pol√≠tica reinventa las elecciones. Llama democracia a una institucionalidad en la que el ciudadano elector, debidamente empadronado, vota pero no gobierna. Y sufraga de acuerdo al mercadeo de imagen. La venta de imagen desplaza a los programas. Los programas mismos pasan a ser un factor del mercadeo de imagen.

La democracia reiventada transforma al antiguo ciudadano elector en un actual consumidor de candidatos. En el mercado democr√°tico la degradada clase pol√≠tica posee el monopolio de la oferta y construye ‚Äďapoyada en los medios masivos, socios indispensables‚Äď el imaginario de la demanda. En tiempo de votaciones democr√°ticas cada elector/consumidor deber√≠a caminar con el trasero contra la pared para evitar que lo copulen.

Aunque el acto coactivo obsceno y criminal (la violaci√≥n) se perpetra incluso sin el sufragio. La clase pol√≠tica promociona a sus fichas, las exhibe, las llama a competir por el voto, excita y decide las demandas, recoge y cuenta los resultados ‚Äďen algunos lados, adem√°s, los cuenta con fraude‚Äď y luego gobierna atendiendo sus propios negocios y con impunidad. Aqu√≠, hasta 4 a√Īos. No es extra√Īo que se realicen conversaciones para prolongar el mandato. En realidad, el problema no es este Gobierno, el de Figueres Junior, por ejemplo, sino la manera como se gesta y controla toda la administraci√≥n p√ļblica en el actual clima degradado de la pol√≠tica.

Tiempos de desamparo social, de desencanto y de revitalizaci√≥n del enga√Īo. Tiempos de transnacionalizaci√≥n e internacionalizaci√≥n hostilmente concentradoras, coactivas, depredadoras y transparentes que se traducen como globalizaci√≥n bajo esquema neoliberal. Tiempos de situaciones de contraste y de intensa carencialidad que ojal√° exciten y vigoricen alternativas.

VII

La alternativa es siempre un testimonio, nunca s√≥lo un discurso. La alternativa es conversi√≥n y trayecto. Los tiempos del desencanto, m√°s que los tiempos de la euforia, llaman a la conversi√≥n, al testimonio y al trayecto. ¬ŅC√≥mo comportarse en tiempos de penuria? Lo primero es sentir que se est√° y se vive en esos tiempos y que resulta obligatorio transitar por ellos. La sobrevivencia forma parte central de la memoria hist√≥rica de los diversos sectores que conforman los pueblos latinoamericanos.

Sobrevivir no alcanza. Se hace necesario sobrevivir con valores y ellos se leen en las ra√≠ces y en las memorias de resistencia y lucha. Desde ellas aparecen las acciones, los proyectos, los programas y los testimonios particulares y plurales de conversi√≥n y transformaci√≥n, sus formas organizativas, desde las m√°s modestas hasta las que se proyectan regional, nacional y mundialmente que potencian la autoproducci√≥n de identidad y su tensi√≥n con el horizonte de los sue√Īos, las utop√≠as varias que alientan y nutren quiz√°s porque en vida jam√°s se alcanzan.

Tiempo de esperanza, de utop√≠a, de memoria de lucha, de ra√≠ces, de org√°nica, de romper identidades prefabricadas y segmentadas para construir testimonialmente las nuevas, siempre ofrecidas para crecer y ser, para ser y crecer en una oferta hacia otros, con otros, que es la √ļnica manera de estar con uno mismo. Si se logra hacer de √©ste un tiempo de ra√≠ces, construiremos, uno con uno, un nuevo mundo.

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* Profesor universitario. Publicado en: www.kasandra.org/helio.html
Aprtura: obra de la artrista Emilia Cersósimo.

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