El “nuevo siglo occidental” de Marco Rubio: civilización, poder y tutela

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En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, presentó una visión del orden internacional bajo la fórmula de “construir un nuevo siglo occidental”. En su intervención, expuso la expansión imperial de los últimos cinco siglos como una etapa de esplendor, mientras que describía la descolonización como el inicio de un proceso de decadencia. Rubio Atribuyó el “declive terminal” de los grandes imperios occidentales tanto a las rebeliones anticoloniales como al comunismo.

En su planteamiento, Rubio retoma de hecho la denominada “leyenda dorada” del colonialismo: una narrativa que presenta la expansión europea como una empresa civilizadora, portadora de fe, progreso y orden, con misioneros, exploradores y soldados cruzando océanos, pero que minimiza la violencia, la esclavitud y la explotación.Marco Rubio defiende el discurso "histórico" de Vance en Múnich y afea ...

Esa posición se conecta con una tradición ideológica de la historia estadounidense: la del Destino Manifiesto. La convicción de cumplir una misión histórica, con un componente religioso y una presunción de superioridad civilizatoria, sirvió de justificación para la conquista sangrienta de territorios y el dominio hemisférico. El discurso de Múnich no invoca abiertamente ese concepto, pero su apelación a una civilización occidental con un destino común reactualiza esa matriz, que concibe la supremacía como mandato divino.

Occidente, culturas

Sin embargo, la historia occidental es más contradictoria que la idealización que Rubio tiene en su cabeza. No pueden obviarse las persecuciones religiosas en el mundo occidental, ni los sistemas de esclavitud y jerarquías raciales. Los valores que hoy se invocan como occidentales no existieron siempre en Occidente, sino que surgieron de rupturas recientes. La abolición de la esclavitud, la ampliación del sufragio y la secularización del Estado fueron rectificaciones, no expresiones automáticas de una esencia cultural occidental superior.

El mundo contemporáneo no se organiza en bloques culturales cerrados. Oriente y Occidente comparten modelos económicos y aspiraciones de prosperidad, estabilidad institucional, educación e innovación tecnológica. En ambos espacios han coexistido distintos sistemas políticos. Las diferencias culturales existen, pero no configuran universos morales incompatibles. La idea de un antagonismo civilizatorio funciona solo como fachada ideológica para la supremacía estadounidense.

Protectorados

En lo que se refiere a América Latina, lo más peligroso no es la evocación de la edad dorada, sino su traducción en políticas concretas de intervención para imponer el dominio estadounidense.

Aquí la tradición del Destino Manifiesto se conecta con precedentes concretos: tras la Guerra hispano-estadounidense, Cuba quedó formalmente separada de España, pero su soberanía fue condicionada por la Enmienda Platt, que otorgaba a Estados Unidos el derecho de intervenir en sus asuntos internos. No era una colonia clásica, pero tampoco una autonomía plena: era un protectorado de facto. Hoy, Washington se comporta como si existiera una enmienda Platt para todo el continente.

Rubio con el indultado expresidente hondureño J.O. Hernández. Había sido sentenciado a 35 años de cárcel por narcotráfico

El trumpismo no propone anexiones ni colonias formales, sino una tutela estructural que abarque el manejo de los recursos naturales, la orientación de la política exterior y la reconversión de las fuerzas armadas en guardias internas para la criminalidad y el narcotráfico. Y también puede extenderse al control de ingresos y de las finanzas públicas, como ocurre en el caso venezolano. La noción de “protectorado” ya no requiere ocupación formal, sino control efectivo de decisiones estratégicas.

La visión de Rubio y del trumpismo no es un simple relato histórico. Al presentar la expansión occidental como misión civilizadora, se busca justificar intervenciones militares y económicas. En este contexto, Estados Unidos actúa frente a Venezuela no como socio, sino como poder interventor de tutela. Para América Latina, el reto consiste en afirmar la autonomía frente a una forma de conquista que, aunque no se proclame como tal, produce efectos equivalentes.

 

* Politólogo y analista político venezolano. Cofundador del Movimiento al Socialismo, fue ministro de Trabajo

 

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