El Papa, Boric y Milei

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Pese al trato recibido, el Presidente chileno Gabriel Boric  lo llamó de inmediato para felicitarlo, luego anunció que concurrirá al traspaso del mando el 10 de diciembre y, para rematar, nombró inmediatamente a un embajador de lujo, como es José Antonio Viera-Gallo.

El papa Francisco fue el primero en darle una clase magistral al presidente electo de Argentina, Javier Milei. El economista lo había calificado antes de “imbécil”, de ser “el representante del maligno en la Tierra” y de tener “gran afinidad con los dictadores y los comunistas asesinos”. Pese a ello, y con una ironía que dudo que Milei haya captado –por la forma en que reaccionó–, el papa lo llamó para felicitarlo y le dijo que valoraba su “sabiduría”.

La verdad es que la sabiduría es un atributo que, precisamente, no tiene el futuro mandatario de la vecina nación. No olvidemos que Francisco no solo es el líder espiritual de los católicos –en El disfraz "libertario" de Milei que fue furor en un evento de anime - El CronistaArgentina el 76,5% se declara así– y argentino, sino que además es un diplomático de tomo y lomo. Con el llamado telefónico, le quiso decir al poco estable Javier Milei que ser presidente no es lo mismo que actuar como un payaso hilarante disfrazado de abeja.

El otro que le dio una lección fue el Presidente Gabriel Boric, que bien sabe que se puede tener un discurso y un programa duros, pero que la realidad termina imponiéndose. Pese a las barbaridades y groserías que Milei y su vicepresidenta dijeron del Mandatario chileno durante la campaña, este les devolvió la mano, pero con altura de Estado. Unos meses antes, en un teatro lleno de fanáticos en Las Condes –parecía un culto evangélico–, dijo: “Ojalá ustedes tengan la dicha y la altura como para sacarse a este empobrecedor de Boric”. El día que salió electo Gabriel Boric, Milei advirtió que se iniciaba la decadencia y miseria de Chile.

Pese al trato recibido, el Presidente chileno lo llamó de inmediato para felicitarlo, luego anunció que concurrirá al traspaso del mando el 10 de diciembre y, para rematar, nombró inmediatamente a un embajador de lujo, como es José Antonio Viera-Gallo. El exsenador y ministro no solo ya ocupó esa embajada, sino que además es un hombre con cercanía y buena relación con la derecha.

Tres señales con que Boric le dio una pequeña clase a Milei sobre lo que significa ser jefe de un Estado. Tanto para Chile como para Argentina las relaciones entre ambos países son prioritarias, independientemente de quién esté en el poder. De seguro, Milei tendrá que olvidar algunos de sus delirios, como ese de que rompería relaciones con todos los gobiernos de los “zurdos de mierda” en el mundo, partiendo por Brasil y China, sus dos principales socios comerciales.

Durante la campaña, Milei las emprendió con groserías, insultos y descalificaciones contra quien se le cruzó por delante. A todos quienes no piensan como él los desprecia. Sus insultos y calificativos, más que venir de un candidato a presidente, parecían provenir del jefe de la barra brava de un equipo argentino, pero de tercera división. Incluso trató de “montonera”, “asesina” e “imbécil” a su contendora Patricia Bullrich, lo que le valió una querella de vuelta. Bullrich le devolvió los insultos diciendo que era un hombre agresivo, que estaba solo y que su programa sin la dolarización no era nada. Pero como la esquizofrenia es parte de la política, especialmente en la Argentina, ella lo apoyó después en segunda vuelta (“nos perdonamos mutuamente”, dijo Patricia), obteniendo como premio el Ministerio de Seguridad: la primera representante de la casta entre los que odian a la casta.

Javier Milei pareciera ser un hombre de personalidad múltiple. Violento y grosero un día, escuchando voces en un estudio de TV vacío al día siguiente, conversando con su perro muerto, Conan (que, según él, se reencarnó), al subsiguiente. Durante la primera vuelta lo vimos con un desequilibrio emocional inquietante. En la segunda vuelta pareció moderar su discurso radical y refundacional –ese que la derecha ve solo en la izquierda–, levantando puentes con Macri –a quien, pese a ser amigos, también ha descalificado– y con su nuevo peón de la casta, Patricia Bullrich.Caro o barato? Qué piensa el presidente Milei de un dólar blue a $1000. FMI, shock fiscal y uSs 15.000 M para canjear las Leliq

Llegó a decir durante ese mes que a lo mejor no dolarizaría, que en una de esas no eliminaría ministerios, que tal vez no quitaría bonos. Pero la noche del triunfo –inobjetable y contundente– volvió con su discurso de división, les habló a los “verdaderos argentinos” –¿te suena conocido?– y anunció que cumpliría con todas sus promesas originales. En 24 horas advirtió que hará un ajuste fiscal brutal, que dejará de pagar obras públicas en ejecución, que eliminará la mitad de los ministerios, que privatizará Aerolíneas Argentinas, YPF y otras empresas, además de dolarizar.

Pese a estos vaivenes anímicos del mandatario electo, que suele quedarse con la mirada perdida, en general se ha visto algo más controlado. Abandonó los insultos y los gritos, por ahora. Pareciera ser que está empezando a entender que ser presidente lo obligará a dejar atrás al hombre energúmeno y brutal. Veremos cuánto le dura, porque es un hecho que los anuncios de la semana pasada ya han provocado una fuerte reacción de distintos sectores, incluidos los trabajadores de las empresas que serán privatizadas, además de la poderosa CGT. Milei dijo, en la noche de su triunfo, que va a aplicar medidas “sin gradualidad”, una advertencia que puede provocar que la pradera se incendie desde el mismo 10 de diciembre.

Esperemos que la Argentina pueda salir pronto de la crisis económica actual y que Milei entienda que gobernar un país es mucho más complejo que dar lecciones de macroeconomía, como si estuviera en un foro del FMI. En una próxima columna buscaremos comprender cuán desesperados estaban los argentinos como para dar un salto al vacío, entregándole un voto tan contundente a un hombre extremo, populista, inestable emocionalmente y brutal en sus propuestas. Quizás la más simple es lo que me dijo un analista argentino: “Si vos vas cayendo en un avión a mil metros de altura y 900 km por hora, no perdés nada con saltar, en una de esas ocurre un milagro y te salvás. De la otra manera, te vas a estrellar y morir igual”.

 

*Psicólogo, académico y consultor

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