Donald Trump demandó que el gobierno venezolano de Delcy Rodríguez rompa relaciones económicas con Cuba, Rusia, China e Irán, canalice todos los ingresos petroleros a cuentas bancarias controladas por Washington, adquiera en Estados Unidos todos los productos que necesite y entregue el crudo almacenado existente.
El gobierno de Estados Unidos aseguró que controlará por tiempo indefinido la venta del crudo venezolano, así como los ingresos generados por esas operaciones (Trump dijo que lo hará personalmente). El propio mandatario anunció que Venezuela solo podrá comprar productos estadounidenses con ese dinero. Para demostrar hasta dónde está dispuesto a llegar para sostener su bloqueo militar, incautó un petrolero de bandera rusa.
“Continuamos en coordinación cercana con las autoridades interinas y sus decisiones siguen siendo dictadas por Estados Unidos de América”, afirmó la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Agregó que su país ya empezó a comercializar el petróleo de la nación sudamericana a compradores internacionales y que “toda ganancia de la venta primero se depositará en cuentas bancarias estadunidenses para después ser compartida en beneficio de los pueblos estadounidense y venezolano”.
Las imposiciones de Estados Unidos a Venezuela no se limitan al petróleo. “Me acaban de informar que Venezuela sólo comprará productos hechos en Estados Unidos, con el dinero que recibirán de nuestro nuevo acuerdo petrolero”, anunció Trump en su red social Truth Social. “Estas compras incluirán productos agrarios, medicinas, instrumentos médicos y equipo para mejorar la red eléctrica e instalaciones energéticas” del país caribeño.
Por su parte, el cubanoestadounidense secretario de Estado, Marco Rubio describió tres etapas del plan para la “estabilización” de Venezuela: “como han visto hoy, se incautaron dos barcos más. En este momento estamos, de hecho, a punto de ejecutar un acuerdo para tomar todo el petróleo; tienen petróleo estancado en Venezuela; no pueden trasladarlo debido a nuestra cuarentena y porque está sancionado. Vamos a tomar entre 30 y 50 millones de barriles”, dijo.
“La segunda etapa será una fase que denominamos recuperación, que consiste en asegurar que empresas estadunidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano, de una manera que sea justa. Al mismo tiempo, comenzar a crear el proceso de reconciliación nacional dentro del país sudamericano para que las fuerzas de la oposición puedan recibir amnistía y ser liberadas de las cárceles, o llevadas de regreso a la nación y comenzar a reconstruir la sociedad civil”. La tercera etapa, dijo, será una de transición. Rubio rehusó ofrecer un calendario para la implementación de su plan.
Mientras Estados Unidos está tomando posesión del petróleo que ya fue producido y está almacenado, Rubio informó a los legisladores que no se permitirá a Venezuela extraer más hasta que cumpla con otras demandas.
“Primero, el país debe sacar a China, Rusia, Irán y Cuba y romper relaciones económicas (…) Venezuela debe acordar ser socio exclusivo de EU en la producción de petróleo y favorecerlo cuando vende crudo pesado”.
El presidente, el secretario de Estado y varios legisladores han expresado la esperanza de que si Venezuela suspende sus envíos de petróleo y otros apoyos a Cuba, provocará a un colapso del gobierno de esa isla.
La analogía más cercana en la historia venezolana de una propuesta parecida fue en el siglo XIX, “cuando Venezuela era una colonia española y fue obligada a exportar todo su producto por medio de autoridades imperiales”, reportó el New York Times.
Money, money
Trump aseguró que su país ya está obteniendo ganancias del crudo venezolano y dejó en claro que la intervención puede alargarse años. «Solo el tiempo lo dirá», señaló en una entrevista en The New York Times. Estados Unidos no plantea compromisos ni alianzas con otros países, sino que busca relaciones de interés y teledirigidas, además de rechazar abiertamente cualquier influencia de los «competidores no hemisféricos», o sea los que no están alineados con el trumpismo.
Trump se presenta como un defensor de la paz a través de la guerra. El texto supone una vuelta manifiesta a la ley del más fuerte: es el triunfo de la lógica colonialista. «La Doctrina Monroe -América para los (norte) americanos- es muy importante, pero la hemos superado con creces, con muchísima diferencia», declaró este fin de semana el mandatario estadounidense, después de agredir ilegalmente Venezuela y secuestrar a Nicolás Maduro.
«Estados Unidos hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental [donde engloba todos los países latinoamericanos] y para proteger nuestro territorio y nuestro acceso a zonas clave en toda la región», sostiene la Casa Blanca en su Plan de Seguridad Nacional, presentado a fines de 2025.
Las treinta y tres páginas del documento parecen cobrar ahora todo el sentido, tras la agresión ilegal del 3 de enero contra Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro. «La Doctrina Monroe es muy importante, pero la hemos superado con creces, con muchísima diferencia», declaró este fin de semana el propio Trump.

Trump también busca incorporar como aliados en su estrategia a los «campeones regionales», los gobiernos ultraderechistas latinoamericanos -en Argentina, Bolivia, El Salvador, Paraguay, Costa Rica, Guatemala, Ecuador, que no ocultan su proximidad con el trumpismo. Es diferente la situación de Colombia, México y Cuba. «Lo que le ha pasado a Maduro, puede pasarles a ellos [los dirigentes de estos tres países]», amenazó nuevamente.
No oculta sus intenciones, busca un continente que «valore sus glorias pasadas y a sus héroes, que mire hacia una nueva edad de oro». Por glorias pasadas se entiende que son los salvadores blancos y estadounidenses de siglos pasados. La nueva edad de oro, todo lo que el trumpismo tiene entre manos. Los medios que tiene previsto utilizar para perseguir el fin tampoco son ningún secreto. «Queremos desplegar la fuerza militar más poderosa, letal y tecnológicamente avanzada para proteger nuestros intereses», insiste el documento presidencial.
Colombia
El presidente colombiano, Gustavo Petro, aseguró este miércoles que mantuvo un contacto directo con su par estadounidense Donald Trump antes de encabezar la movilización convocada para Bogotá y otras ciudades del país “en defensa de la soberanía nacional” y en rechazo de las amenazas del mandatario estadounidense. Desde el estrado en la Plaza de Bolívar, Petro afirmó que ese diálogo permitió descomprimir la tensión bilateral y reveló además que ambos acordaron restablecer las comunicaciones formales y avanzar hacia una reunión bilateral en Washington.
La convocatoria se produjo en un contexto de fuerte tensión regional, marcado por la reciente operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que dejó un centenar de muertos y culminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, y por declaraciones de Trump que no descartaron una acción similar en Colombia. El Gobierno colombiano rechazó públicamente la intervención en Caracas y convocó a la movilización como respuesta política a las amenazas y como respaldo al reclamo de respeto a la soberanía nacional.
Europa preocupada por Groenlandia
La débil y dividida Europa comienza a despertarse a las consecuencias del ataque militar estadounidense contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Celia Flores. Este miércoles la reunión conjunta de los cancilleres de Francia, Alemania y Polonia coronó una serie de encuentros y declaraciones europeas contra una posible intervención estadounidense de Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca que tiene el potencial energético y de tierras raras de las que también quiere apoderarse Trump.
“Queremos coordinar una respuesta conjunta con nuestros aliados europeos. Groenlandia es un territorio europeo y seguirá siéndolo. No está a la venta”, señaló el canciller francés Jean-Noël Barrot. Y en una inusual crítica a la
política de Trump, España, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y Polonia, así como los ministros de exteriores de los países nórdicos y Canadá sumaron su respaldo a Dinamarca y Groenlandia. “Groenlandia pertenece a su pueblo. Solo Dinamarca y Groenlandia tienen derecho a decidir el futuro de sus relaciones”, señalaron.
Mientras, el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, criticó duramente la política exterior de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump e instó al mundo a no dejar que el orden mundial se desintegre en una «cueva de ladrones» donde los que carecen de escrúpulos consiguen lo que quieren. En comentarios muy duros -fuera de su estilo- deja en claro que la democracia y el orden mundial están siendo atacados como nunca antes.
* Sociólogo y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
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