Jun 21 2021
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Pol铆tica

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El precio de la perpetuaci贸n de Daniel Ortega

Las protestas en Nicaragua han erosionado la alianza entre el gobierno, el gran empresariado y las iglesias. Entretanto, la represi贸n alentada por Daniel Ortega y Rosario Murillo aumenta y las elecciones de noviembre de 2021 est谩n lejos de ser competitivas. Las fuerzas contrarias al r茅gimen se encuentran disgregadas y las detenciones de potenciales candidatos se han vuelto cotidianas.

Tom谩s Borge fue guerrillero fundador del Frente Sandinista de Liberaci贸n Nacional (FSLN) y miembro de su direcci贸n nacional durante el gobierno que sigui贸 a la revoluci贸n nicarag眉ense (1979-1990). Antes de su muerte en 2012, y tras el retorno del FSLN al poder por la v铆a electoral seis a帽os antes, dijo sobre la pol铆tica del pa铆s centroamericano: 鈥淭odo puede pasar aqu铆, menos que el Frente Sandinista pierda el poder […] Me es inconcebible la posibilidad del retorno de la derecha en este pa铆s. Yo le dec铆a a Daniel Ortega: 鈥榟ombre, podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo 煤nico que no podemos es perder el poder鈥. Digan lo que digan, hagamos lo que tenemos que hacer, el precio m谩s elevado ser铆a perder el poder. Habr谩 Frente Sandinista hoy, ma帽ana y siempre鈥.

La entrevista ayuda a entender dos cosas. Primero, la naturaleza del r茅gimen de Daniel Ortega desde 2007, que se ha empe帽ado en cooptar (y cuando fuese necesario, desmantelar) las instituciones democr谩ticas del pa铆s, y tambi茅n se ha dispuesto a vaciar el contenido ideol贸gico del FSLN, abandonando la promesa de la redistribuci贸n de la riqueza y del progresismo social con el fin de tomar y preservar el poder.Uno por uno: los diez nombres claves de la Revoluci贸n Sandinista - 19.07.2019, Sputnik Mundo

En otras palabras, Ortega ha preferido convertir al FSLN en una fuerza de derecha que permitir el retorno de 鈥渓a derecha鈥. Durante m谩s de una d茅cada, esta mentalidad ha permitido que la familia Ortega 鈥撁﹍ es presidente y su esposa, Rosario Murillo, la vicepresidenta鈥 construyera un fuerte consenso autoritario en Nicaragua, con el apoyo t谩cito de los antiguos enemigos contrarrevolucionarios de los a帽os 80.

Pero en 2018 una explosi贸n de indignaci贸n popular 鈥揳s铆 como la sangrienta represi贸n posterior鈥 pulveriz贸 el consenso autoritario y desequilibr贸 al r茅gimen. En segundo lugar, las palabras del comandante Borge ayudan a explicar por qu茅, a pesar del enorme deterioro socioecon贸mico y el aislamiento internacional que acompa帽aron el estallido de 2018, es probable que Ortega y Murillo se perpet煤en en el poder este a帽o. Bajo su mandato, el gobierno de Nicaragua ha desarrollado una especial voluntad y capacidad represiva, en proporciones que no hemos visto en Am茅rica Latina desde la ca铆da de las dictaduras anticomunistas de los a帽os 60 y 70.

Desde la crisis de 2018 muchas cosas han cambiado en Nicaragua, pero otras permanecen igual. De cara a las elecciones programadas para noviembre de 2021, la previsible victoria de Ortega ser谩 fruto de unas elecciones autoritarias en las que el r茅gimen controlar谩 las reglas del juego.

Buscando evitar el m谩s m铆nimo riesgo o quiz谩s con el prop贸sito de desafiar a la comunidad internacional, el orteguismo ya ha inhibido, enjuiciado, y encarcelado a los principales aspirantes opositores a la presidencia. Ante la problem谩tica nacional y su probable prolongaci贸n, 驴por qu茅 no ha podido la oposici贸n nicarag眉ense crear una alternativa y contrapeso al FSLN, ahora hegemonizado completamente por la familia Ortega-Murillo?

Esta 煤ltima cuesti贸n es la que se debate en este art铆culo, en el que primero se contextualizar谩 la naturaleza del r茅gimen y su reconsolidaci贸n despu茅s de la crisis pol铆tica de 2018; posteriormente se se帽alar谩 la naturaleza de la oposici贸n, con los pasivos y errores que arrastra y, finalmente, se expondr谩 cu谩l es el escenario que se prev茅 para el d铆a despu茅s de las elecciones de noviembre de 2021.

El orteguismo (2007-2018): del consenso a la crisis

Desde 2007 hasta 2018 Daniel Ortega articul贸 un r茅gimen que 鈥揳 pesar de su ret贸rica revolucionaria鈥 combinaba una alianza informal con las elites econ贸micas (el Consejo Superior de la Empresa Privada) y las elites religiosas (iglesias cat贸lica y evang茅licas), a la par que impuls贸 pol铆ticas sociales focalizadas para paliar la situaci贸n de pobreza extrema 鈥搒in combatirla sustancialmente鈥 en la que est谩 sumida la mayor parte de la poblaci贸n del pa铆s, sobre todo en el 谩mbito rural.

Apoyado en esta triple alianza 鈥搚 con el control absoluto sobre el FSLN鈥, Ortega r谩pidamente coopt贸 las instituciones del pa铆s, incluyendo todos los poderes del Estado y tambi茅n las fuerzas de seguridad, especialmente la Polic铆a Nacional.Crisis en Nicaragua, a un a帽o del inicio de las protestas: "Ortega solo va a ceder cuando la presi贸n nacional e internacional lo pongan en una situaci贸n extrema" - BBC News Mundo

El trueque autoritario del orteguismo 鈥損romesa de estabilidad a cambio de control pol铆tico鈥 se extendi贸 tambi茅n al 谩mbito internacional. A sus antiguos oponentes en Washington, Ortega se vendi贸 como un estable y efectivo socio, especialmente en comparaci贸n a sus ca贸ticos vecinos en el llamado Tri谩ngulo Norte, en la lucha contra el narcotr谩fico y la migraci贸n en direcci贸n al norte.

Respecto de la alianza con la gran empresa, cabe destacar que el gobierno no cambi贸 el modelo productivo heredado de tres lustros de desarrollo neoliberal, ni en el agro ni en los servicios. Cuando Ortega fue elegido presidente en 2006, el gran capital del pa铆s tem铆a una reestructuraci贸n al estilo de Hugo Ch谩vez. Al contrario, gracias a la inserci贸n del pa铆s en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Am茅rica (Alba) en 2007, los grupos econ贸micos m谩s poderosos pudieron usufructuar cr茅ditos blandos y expandir sus mercados durante m谩s de una d茅cada.

En cuanto a la entente con las iglesias se destac贸 el discurso que Ortega repiti贸 desde la campa帽a de 2006, que calificaba a Nicaragua como 鈥渃ristiana, socialista y solidaria鈥. Pero esta posici贸n no fue s贸lo discursiva, sino que el mismo r茅gimen ayud贸 a impulsar una de las legislaciones sobre el aborto m谩s retr贸gradas del continente (criminalizando incluso el aborto terap茅utico, derecho protegido no s贸lo por la revoluci贸n sandinista, sino tambi茅n por la anterior dictadura de los Somoza).

En lo que ata帽e al apoyo de los sectores populares, cosa dif铆cil de medir en un contexto autoritario, el gobierno cre贸 una amplia red clientelar a trav茅s de programas de transferencias (generalmente en especies) gestionados desde el aparato partidario del FSLN, que se solap贸 con la administraci贸n del Estado. Este aparato, en un inicio, se organiz贸 en todo el territorio a trav茅s de los Consejos de Poder Ciudadano, que ten铆an un claro componente pol铆tico-partidario y posteriormente se transformaron en los Gabinetes de Familia y adquirieron un perfil m谩s institucional.Fotos: Nicaragua: Tres meses de crisis pol铆tica | Internacional | EL PA脥S

Tanto unos como otros han sido 贸rganos que supon铆an, adem谩s del 煤ltimo eslab贸n en la implementaci贸n de pol铆ticas de asistencia social, un mecanismo de control partidario de naturaleza clientelar y movilizadora a lo largo de todo el territorio nicarag眉ense.

El r茅gimen goz贸 de una notable estabilidad durante m谩s de una d茅cada. Con el tiempo, las arbitrariedades (incluido un fallo judicial para permitir la reelecci贸n inconstitucional de Ortega en 2011) fueron creciendo. Pero a pesar de ello, las alianzas del FSLN con partidos de oposici贸n 鈥揺n especial, el Partido Liberal Constitucionalista del expresidente Arnoldo Alem谩n鈥, la empresa privada y las instituciones eclesi谩sticas se fueron cristalizando.

Y aunque los sucesivos gobiernos estadounidenses recortaron las ayudas, mostraron poco inter茅s en agitar las aguas en Nicaragua. Por su combinaci贸n de prudencia macroecon贸mica y programas paliativos, Ortega se convirti贸 en consentido del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, cuyos funcionarios no se preguntaron si el crecimiento econ贸mico conllevaba adem谩s el acoso a los disidentes, el desmantelamiento de las instituciones, o la articulaci贸n de un proyecto din谩stico.

La sociedad nicarag眉ense, sin embargo, pas贸 la factura en 2018 cuando miles de j贸venes salieron a las calles a protestar.

Nicaragua cambi贸': Arrecian las protestas contra Ortega - The New York TimesAl inicio, las movilizaciones se centraron en la denuncia del malestar que provocaban las reformas del sistema de pensiones y la mala gesti贸n gubernamental ante los incendios en la reserva de la biosfera de Indio Ma铆z, pero r谩pidamente se sumaron diversos colectivos que impugnaron al r茅gimen en su totalidad, por su car谩cter arbitrario, represivo y corrupto.

Con ello, las elites que hab铆an pactado con Ortega ignorar la gobernanza democr谩tica a cambio de estabilidad vieron c贸mo el sue帽o de la paz social tocaba su fin. Al final, la estabilidad que se compr贸 fue muy vol谩til, se pag贸 muy caro con la erosi贸n de las instituciones y las normas necesarias para garantizar la paz a largo plazo.

La crisis de 2018 puso a prueba la estabilidad del r茅gimen y sacudi贸 a la base hist贸rica del FSLN. En lugar de gestionarla mediante concesiones o un aut茅ntico proceso de di谩logo con los nuevos grupos, el gobierno la empeor贸, optando por la estrategia de la represi贸n.

La 鈥渙peraci贸n limpieza鈥 鈥搕茅rmino prestado de la 茅poca de los Somoza鈥 funcion贸, en el sentido de que eliminaron los tranques y barricadas. Pero adem谩s del terrible costo humano 鈥搈谩s de 300 muertos seg煤n el conteo de la Comisi贸n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), centenares de presos pol铆ticos y miles de exiliados, la mayor铆a a Costa Rica鈥 la recuperaci贸n del control territorial implic贸 un costo pol铆tico para el r茅gimen. Fue en este contexto en el que se rompi贸 la coalici贸n informal entre el gobierno, las elites econ贸micas y las iglesias, que se posicionaron en contra de la reacci贸n violenta, que ya no pod铆a seguir present谩ndose como garante de la estabilidad y de la paz.

Sin embargo, la crisis no supuso la ca铆da del FSLN. Muchos esperaban que Ortega se fuera, tal como ocurri贸 con 15 presidentes en nueve pa铆ses de la regi贸n entre 1992 y 2016. Pero si bien en la crisis de 2018 existieron algunos factores presentes en otros episodios de ca铆das presidenciales 鈥搇a recesi贸n econ贸mica, esc谩ndalos de corrupci贸n, manifestaciones masivas, etc茅tera鈥, el alto grado de control de la institucionalidad por parte de las fuerzas gobernantes contuvo el colapso del sistema.

En este caso el control se materializ贸 en el uso (y abuso) de la fuerza de la Polic铆a Nacional 鈥揳dem谩s de grupos parapoliciales鈥 para eliminar las protestas de forma violenta. Otro elemento central en la crisis fue el papel del Ej茅rcito, qu茅 si bien se neg贸 a participar directamente en la represi贸n, cedi贸 el espacio a esos grupos.El conflicto de Nicaragua, visto desde las aulas de la Universidad

Otro elemento explicativo acerca de las ca铆das presidenciales es la actitud del Ejecutivo ante ellas. En este caso el presidente, el FSLN y sus organizaciones afines nunca cedieron y enarbolaron un discurso totalmente acr铆tico. As铆, los medios oficialistas acusaron de v谩ndalos y terroristas a quienes hab铆an salido a las calles y anunciaron que la crisis ser铆a el comienzo de la 鈥渢ercera fase鈥 de la revoluci贸n popular sandinista a partir de la participaci贸n de las bases leales, la depuraci贸n de los arribistas, y la cancelaci贸n de las alianzas t谩cticas con las jerarqu铆as eclesi谩sticas y empresariales.

Bajo la narrativa de que las protestas eran parte de un 鈥済olpe de Estado encubierto鈥 de la derecha y Estados Unidos, el gobierno ignor贸 el clamor opositor de elecciones anticipadas.

Con el tiempo el gobierno logr贸 repelar esta y otras demandas de apertura democr谩tica. Mientras el orteguismo reagrupaba su base, la coalici贸n opositora de 2018 se desarticulaba. La crisis sanitaria de la Covid-19 reforz贸 ambas tendencias, pues el gobierno aprovech贸 para implementar nuevas leyes represivas, y el antiorteguismo desaprovech贸 una oportunidad para configurarse como alternativa responsable 鈥搚 cohesionada鈥 a las pol铆ticas negacionistas y err谩ticas de las autoridades. Ese es el contexto para el actual proceso preelectoral que se est谩 dando de cara al voto programado para el 7 de noviembre.

驴Qui茅n se opone al FSLN?

La Iglesia nicarag眉ense, contra Ortega: "As铆 no se construye una naci贸n, a base de miedo y de presiones"Queda claro que el r茅gimen de Ortega resisti贸 el embate opositor gracias a su control de las instituciones y al uso de la fuerza. Pero su permanencia tambi茅n se debi贸 en parte a la naturaleza de la oposici贸n y las decisiones que tom贸 su fragmentada dirigencia. Los antiorteguistas no han podido (por la feroz represi贸n) ni sabido (por sus propias limitaciones) crear un contrapeso.

Primero, porque la oposici贸n que surgi贸 a ra铆z de la crisis de 2018 fue una coalici贸n negativa amplia pero poco cohesionada. Las manifestaciones, autoconvocadas al margen de liderazgos o de organizaciones existentes, dieron cuenta de una gran pluralidad de sensibilidades ideol贸gicas e intereses sectoriales. Aunque los universitarios de Managua detonaron la explosi贸n social, en pocos d铆as se sumaron j贸venes de todos los estratos, sociedad civil, movimientos sociales y organizaciones campesinas. La iglesia cat贸lica y los empresarios del sector privado tambi茅n apoyaron el reclamo de apertura democr谩tica, que junt贸 un sandinismo disidente, que vio a Ortega como traidor a la causa, con un antisandinismo que siempre concibi贸 la revoluci贸n de 1979 como una tragedia nacional.

El desd茅n y el descr茅dito compartido por el r茅gimen permitieron que se suprimieran diferencias ideol贸gicas y conflictos de inter茅s, pero con el tiempo, las exigencias de la crisis social 鈥搒umada a la crisis sanitaria por la pandemia鈥 atentaron contra la cohesi贸n de esa coalici贸n informal, multiclasista y plurisectorial.

En cualquier caso, una cosa es la protesta en la calle y otra muy diferente, la competici贸n en la arena electoral. Las dos principales organizaciones surgidas a ra铆z del estallido 鈥揂lianza C铆vica (AC) y Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB)鈥 no lograron convertir la energ铆a callejera en moneda para negociar reformas clave ni pudieron convertirse en veh铆culo electoral o fuerza pol铆tica.

Este fracaso tambi茅n se explica en gran medida por la propia naturaleza de la oposici贸n, cuya capacidad para convertirse en alternativa de gobierno siempre ha sido condicionada por los mismos procesos de desdemocratizaci贸n que aferraron a Ortega al poder. El debilitamiento del sistema de partidos pol铆ticos creado a partir de la transici贸n de los a帽os 90 sigue jugando un papel central.

En esta foto de archivo tomada el 18 de julio de 2012 se ve a Dora Mar铆a T茅llez, ex comandante de la guerrilla sandinista y l铆der del Movimiento Renovador Sandinista, que se opone al gobierno del presidente nicarag眉ense Daniel Ortega, durante una entrevista con la AFP en Managua

Dora Mar铆a T茅llez

Al ser absolutamente controlado por la familia gobernante, el Consejo Supremo Electoral le permite al orteguismo elegir qui茅n puede participar en la competencia electoral y qui茅n no. Esto, a su vez, le da poder de veto sobre los procesos de unidad en la oposici贸n, pues el gobierno amenaza con cancelarle la personer铆a jur铆dica a cualquier partido pol铆tico que decida tensionar las reglas del juego.

Tambi茅n el peso desproporcionado de la empresa privada en el entorno opositor es un factor importante de su inoperancia. Antes de 2018, eran los grandes empresarios los principales interlocutores con el FSLN y el resto de organizaciones pol铆ticas y de la sociedad civil. Posteriormente, a pesar de que este 鈥渕odelo de di谩logo y consenso鈥 qued贸 caduco, la l贸gica no ha cambiado: la empresa contin煤a teniendo una relaci贸n privilegiada, siendo para todos los efectos la 煤nica fuerza que ha sido invitada a mesas de di谩logo con el gobierno desde la crisis.

En los 煤ltimos tres a帽os, las fuerzas opositoras m谩s cercanas a la sociedad civil y a los movimientos sociales han acusado al sector privado de estar m谩s interesados en mantener esa posici贸n preeminente que en formar parte de un 煤nico y robusto bloque opositor en favor de la democracia. Lo expuesto tambi茅n da cuenta de la paradoja de que los grandes empresarios y los partidos pol铆ticos legales exigieran un cambio de r茅gimen en 2018, a inicios de 2021, estuviesen dispuestos a aceptar condiciones electorales vergonzantes.

Tampoco ha ayudado la falta de una oferta pol铆tica l煤cida por parte del universo antiorteguista. Yuxtaponi茅ndose con el autoritarismo de Ortega, casi todos los grupos de la fragmentada oposici贸n enarbolan la promesa de un 鈥渞etorno鈥 a la democracia liberal, un reclamo con poco calado en un pa铆s que nunca ha tenido un sistema democr谩tico duradero ni una cultura pol铆tica c铆vica, y donde casi ninguno de los derechos que aparecen en la Constituci贸n son efectivos.

El r茅gimen de Ortega bloquea la candidatura de Cristiana Chamorro a la presidencia de Nicaragua | Internacional | EL PA脥SA pesar de ello, la oposici贸n recurre con cierta nostalgia al intento de construcci贸n de un sistema democr谩tico-liberal que se dio en 1990 despu茅s de las elecciones que finiquitaron la revoluci贸n popular sandinista. Cristiana Chamorro, quien se hab铆a perfilado como la candidata con mayores capacidades para unificar a la oposici贸n 鈥揾asta que el gobierno le dictara prisi贸n preventiva por supuesto lavado de dinero en la ONG que dirige鈥, ha hecho uso efectivo de la memoria de su madre, Violeta Barrios de Chamorro, vencedora de Daniel Ortega en aquella ocasi贸n.

El valor de este recurso es evidente: en 1990, la democracia electoral sirvi贸 como herramienta para poner fin a una espantosa guerra civil apoyada desde el exterior. Pero es un arma de doble filo. Con la democracia representativa y expandidas libertades individuales se impulsaron duras pol铆ticas de austeridad y ajuste que borraron varios derechos econ贸micos y sociales defendidos durante la d茅cada revolucionaria. Tampoco se atendieron los traumas rezagados del conflicto armado.

Los resultados socioecon贸micos de las tres administraciones posrevolucionarias (1990-2006) supusieron un crecimiento con desigualdad y estratificaci贸n, a la vez que introdujeron un imaginario de ostentaci贸n privada y consumismo opuesto al relato igualitarista y estatista de la d茅cada sandinista. Al obviar las condiciones socioecon贸micas que acompa帽aron la transici贸n de los a帽os 90, la oposici贸n ignora que esa misma institucionalidad liberal sirvi贸 como caldo de cultivo para la oferta autoritaria del orteguismo.

La propuesta debe ir m谩s all谩 de la defensa de la democracia, pero tambi茅n brilla por su ausencia un mensaje socioecon贸mico A帽o 2020: Informalidad y pobrezacoherente por parte de la oposici贸n con el que pueda sintonizar la mayor铆a de los ciudadanos nicarag眉enses que viven en la pobreza o que dependen de instituciones estatales. Es indispensable, pero insuficiente, reclamar justicia por los cr铆menes perpetrados durante la represi贸n, ya que las encuestas demuestran que el desempleo y la inseguridad son las preocupaciones centrales de los nicarag眉enses.

Ning煤n nicarag眉ense sabe c贸mo una alternativa democr谩tica a Ortega gestionar铆a las ganancias del crecimiento econ贸mico de manera diferente, pues el mismo liderazgo empresarial que ahora forma parte de la oposici贸n fue arquitecto y gestor de la pol铆tica macroecon贸mica bajo el sistema autoritario de la 煤ltima d茅cada.

Mientras tanto, la propaganda orteguista insin煤a que con el retorno de la 鈥渄erecha鈥 se cancelar铆an las pol铆ticas sociales focalizadas existentes que, a pesar de ser mejorables y clientelistas, representan una ayuda significativa para centenares de miles de nicarag眉enses.

Aqu铆, la memoria de la transici贸n democr谩tica coadyuva el discurso oficial: el recuerdo de las privatizaciones, los despidos de trabajadores p煤blicos, la jibarizaci贸n de la inversi贸n p煤blica durante las administraciones de Arnoldo Alem谩n y Enrique Bola帽os, la retirada del Estado en zonas rurales y perif茅ricas es a煤n traum谩tica para muchos.

En general, el gran problema de la oposici贸n antiorteguista es que no ha sido capaz de apelar a una identidad com煤n en funci贸n de un proyecto positivo. Al contrario, algunos sectores de la oposici贸n han intentado movilizar a la poblaci贸n a partir de un antisandinismo instintivo y visceral, y a menudo torpe, ya que buena parte de la insurrecci贸n c铆vica de 2018 procedi贸 de nicarag眉enses con ra铆ces o incluso historia de militancia en el sandinismo de los 80, e incluy贸 tambi茅n orteguistas que abandonaron el r茅gimen a ra铆z de su car谩cter represivo.

Rosario Murillo, la mujer que salv贸 a Ortega y hundi贸 el sandinismo | Internacional | EL PA脥S聽En este sentido, es complicado armar un discurso mayoritario si se criminaliza (y no integra) la identidad 鈥渟andinista鈥 que, de lejos, es la m谩s extendida del pa铆s. Adem谩s, el discurso antisandinista furibundo redit煤a a Ortega porque, al posicionarlo como referente 煤nico del sandinismo, favorece su consolidaci贸n dentro del partido, en vez de fraccionarlo. La polarizaci贸n (alimentada por el revanchismo) favorece a Ortega y confirma su discurso.

La oposici贸n se ha mostrado, adem谩s, excesivamente dependiente de la comunidad internacional. Los gobiernos extranjeros y las organizaciones internacionales pueden presionar a Ortega, dar ox铆geno a la sociedad civil y aminorar hasta cierto punto el clima de represi贸n.

Pero no pueden resolver los problemas de fondo ya descritos. Un creciente r茅gimen de sanciones liderado por Estados Unidos y la Uni贸n Europea ha sofocado algunas v铆as de financiamiento internacional del gobierno, pero no ha resultado en concesiones democr谩ticas o efectos positivos para los ciudadanos. Y cuando la oposici贸n ha celebrado las sanciones, el discurso orteguista ha podido alimentar su apelaci贸n a la soberan铆a nacional y al orgullo patrio.

As铆, mientras el antiorteguismo se atomiza en m煤ltiples rencillas, Ortega vuelve a componer su base pol铆tica a partir de un relato articulado de lo sucedido en 2018, apelando a la tesis de un golpe blando. Con ello la propaganda del FSLN proyecta una visi贸n tr谩gica y ca贸tica de lo que suceder铆a si fuera despojado del poder y enarbola un discurso antisandinista, a la par que apela a una supuesta 鈥渞econciliaci贸n y paz social鈥 y al nacionalismo antiimperialista.

As铆 las cosas, seg煤n la 煤ltima encuesta realizada por CID-Gallup, el FSLN mantiene un apoyo de 25% de los votantes, mientras que ninguna formaci贸n opositora llega ni a 5%. La mayor铆a de la poblaci贸n, desilusionada o enfocada en sobrevivir, no simpatiza con ning煤n partido pol铆tico.

Las elecciones de noviembre: 驴perpetuaci贸n en el poder?Poblaci贸n nicarag眉ense ratifica respaldo y confianza en el FSLN para las elecciones 2021

Con todo y la debilidad de la oposici贸n, la dictadura de Ortega ha estado a la ofensiva. A inicios de 2021, el antiorteguismo estaba dividido en dos bloques: la Alianza Ciudadana, cercana al llamado 鈥済ran capital鈥 nicarag眉ense, y la Coalici贸n Nacional, m谩s cercana a la sociedad civil y compuesta por una extra帽a amalgama de partidos pol铆ticos, movimientos sociales y agrupaciones opositoras surgidas en 2018. Entre los dos hab铆a al menos diez aspirantes a la presidencia.

Mientras los grupos opositores se atacaban entre ellos, la Asamblea Nacional (bajo el control del FSLN) impuls贸 una serie de reformas, que adem谩s de suponer un mayor control del gobierno sobre las elecciones criminalizan a la disidencia y sociedad civil bajo diversos delitos, entre ellos 鈥渢raici贸n a la patria鈥 y 鈥渓avado de dinero鈥.

A medida que se han ido acercando las elecciones, el nuevo marco legal ha sustentado una verdadera cacer铆a de disidentes. Ahora los cuatro candidatos m谩s visibles de la fragmentada oposici贸n 鈥揅ristiana Chamorro, Juan Sebasti谩n Chamorro, Arturo Cruz y F茅lix Maradiaga鈥 est谩n detenidos, junto a otros dirigentes del empresariado y la sociedad civil.

Sumada a la reacci贸n violenta contra las manifestaciones del 2018, se trata de la oleada represiva m谩s grave en Am茅rica Latina desde las transiciones a la democracia de hace tres d茅cadas.

Elecciones 2021 - 4to MonoEl contexto para la crisis nicarag眉ense no puede ser mejor para los intereses de Ortega, ya que coincide con una regresi贸n autoritaria en la regi贸n, especialmente en Centroam茅rica. Muestra de ello es el deprecio del presidente nicarag眉ense a varios organismos internacionales 鈥揺ntre ellos la Organizaci贸n de Estados Americanos y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Organizaci贸n de las Naciones Unidas鈥 que han exigido la liberaci贸n de los presos pol铆ticos. Las discrepancias internas dentro del sistema interamericano, evidenciada en la reacci贸n a la crisis boliviana de hace un a帽o, tampoco hace f谩cil un esfuerzo multilateral para encontrar una salida negociada.

鈥溌縎e puede hablar de elecciones justas, libres y transparentes en Nicaragua?鈥, pregunt贸 recientemente Sergio Ram铆rez. 鈥淟os hechos lo niegan鈥, se respondi贸. El problema de las democracias imperfectas de Latinoam茅rica es que, aunque los votos se cuenten de manera transparente, los problemas socioecon贸micos de fondo siguen sin resolverse. Por eso, en parte, las instituciones van perdiendo credibilidad. Pero en Nicaragua es peor, pues los votos no se cuentan y los electores no tienen la capacidad, como en otros pa铆ses, de 鈥渃orregir el rumbo鈥.

En Nicaragua no existe la posibilidad de competir por el poder a trav茅s de las urnas, pero eso no significa que sea irrelevante el proceso electoral de las elecciones de noviembre. Lo que est谩 en juego es la legitimidad de las gobernanzas autoritarias y democr谩ticas, as铆 como el imaginario de las opciones pol铆ticas en liza. La perpetuaci贸n de Ortega va a suponer la impunidad por los 鈥渃r铆menes de lesa humanidad鈥 identificados por la Comisi贸n Interamericana de Derechos Humanos en la crisis de 2018 y la certeza de nuevas violaciones a los derechos humanos.

Queda por ver si en su probable cuarto mandato consecutivo Ortega lograr谩 transitar hacia un nuevo modelo de estabilidad autoritaria, reforzando un sistema pol铆tico sin ning煤n tipo de rendici贸n de cuentas. En otro orden de cosas, es imposible saber si a corto plazo se generar谩n renovadas condiciones para otro estallido social, aunque, como nos demuestra la historia, las dictaduras din谩sticas siempre terminan desembocando en un callej贸n sin salida.

*Jarqu铆n, es doctor en Historia por la Universidad de Harvard y profesor de la Universidad de Chapman. Mart铆 i Puig, es catedr谩tico de Ciencia Pol铆tica en la Universidad de Girona e investigador asociado de la fundaci贸n Cidob-Barcelona. Este art铆culo fue publicado originalmente por Nueva Sociedad.

 

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