Ene 9 2023
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Política

El terror fascista y golpista sigue estremeciendo Brasil

Miles de seguidores del ultraderchista expresidente de Brasil Jair Bolsonaro sumieron el domingo al pa√≠s en la crisis m√°s grave desde el fin de la dictadura militar hace 38 a√Īos. Una multitud de bolsonaristas asalt√≥ las sedes del Congreso, del Tribunal Supremo y de la Presidencia en Brasilia para reclamar una intervenci√≥n del ej√©rcito para echar del poder al mandatario Luiz In√°cio Lula da Silva, quien asumi√≥ el cargo el 1 de enero.

La policía logró retomar el control de los tres poderes después de horas de caos, de las que no solo queda el rastro de los destrozos y los actos vandálicos, sino una herida profunda en el corazón de la democracia. Hoy, el Ejecutivo, la Justicia y legisladores exigen que la ley alcance a todos los responsables, materiales e intelectuales, de los actos vandálicos cometidos por los ultraderechistas en la capital del país.

La turba que invadió las sedes de los tres poderes constitucionales en Brasil es  golpista, justifica sus acciones en el nombre de Dios y se muestra hiperactiva en las redes sociales. Cuenta con respaldo financiero de cierto empresariado, el apoyo expreso del expresidente Bolsonaro, la connivencia de distintas fuerzas policiales y militares y, además, está armada.

La irrupci√≥n de hordas de fan√°ticos bolsonaristas en el Congreso, el Tribunal Supremo y el palacio presidencial ha sido un d√©j√† vu en clave tropical del asalto al Capitolio de EU perpetrado por los m√°s incondicionales seguidores de Donald Trump, casi exactamente dos a√Īos atr√°s, el 6 de enero de 2021.

Si Trump logró invadir el Congreso, los seguidores de Bolsonaro invadieron y destrozaron mucho más. Además del Congreso, invadieron el Palacio do Planalto, sede presidencial, y el Supremo Tribunal Federal, donde todo fue revuelto, con papeles esparcidos por el suelo y obras destrozadas, desde cuadros y esculturas a piezas de cerámica y de mármol.

Hubo destrucci√≥n en el Palacio do Planalto, en el Congreso, pero principalmente en el Supremo Tribunal Federal. Esa violencia fue algo in√©dito en la historia brasile√Īa. En el palacio presidencial, un √ļnico despacho escap√≥ de la destrucci√≥n: justamente el de Lula, porque no lograron tumbar la puerta. Todos los dem√°s fueron invadidos y vandalizados. Varios cuadros y esculturas regalados en visitas oficiales de gobiernos extranjeros fueron destruidos, sobre todo cer√°micas, algunas con miles de a√Īos, de origen chino.

Hasta el presidente Joe Biden se manifest√≥ de manera contundente contra lo que ocurri√≥ en Brasil, y que fue una copia de lo ocurrido cuando √©l se eligi√≥ y Trump intent√≥ rechazar su elecci√≥n. Alexandra Ocasio-Cortez, diputada dem√≥crata, tuite√≥ este domingo que ¬ędos a√Īos despu√©s de que el Capitolio fue atacado vemos un movimiento tratando de hacer lo mismo en Brasil, EU no debe conceder refugio a Bolsonaro en Florida¬Ľ.

El asalto de este domingo incluyó a los tres poderes, en Washington fue solo uno. Y en Brasilia hubo la simpatía u omisión de las Fuerzas Armadas, algo que no ocurrió en Washington. Brasil jamás había vivido semejante jornada de destrucción y terror, frente a la pasividad de las fuerzas de seguridad de la capital, cuyo gobernador, Ibaneis Rocha, está  plenamente identificado con el ultraderechista ex presidente Bolsonaro.

En los √ļltimos tres d√≠as gran cantidad de autobuses llegaron a Brasilia trasladando a centenares de manifestantes-terroristas. Fue un movimiento que reuni√≥ entre seis y 10 mil manifestantes, trasladados de varios estados brasile√Īos con todos los gastos cubiertos por empresarios. Miembros de la Polic√≠a Militar de la capital fueron descubiertos tom√°ndose fotos, entre sonrisas, mientras a su lado pasaban multitudes de invasores dirigi√©ndose a la Explanada de los Ministerios.

Con banderas brasile√Īas y camisetas de la selecci√≥n de Neymar, ingresaron a Planalto subiendo la misma rampa que hace exactamente una semana hab√≠a recorrido Lula tomado del brazo de un l√≠der ind√≠gena, una chica recicladora de residuos y un sindicalista antes de prometer la ¬ęreconstrucci√≥n¬Ľ del pa√≠s y la democracia. Una vez ingresados en el Planalto cargaron contra todo: muebles, decorados y obras de arte de maestros modernistas, detestados por Bolsonaro y su esposa, la evang√©lica Michelle.

La afinidad policial con los sediciosos qued√≥ clara con la ausencia en Brasilia del secretario de Seguridad P√ļblica, comisario Anderson Torres, exministro de Justicia de Bolsonaro, que viaj√≥ a Florida a pesar de los indicios claros de la insurrecci√≥n. Torres ya hab√≠a sido negligente ante el levantamiento bolsonarista del 12 de diciembre, d√≠a en el que Lula recibi√≥ el diploma de gobernante electo.

El flamante comandante del ej√©rcito, general Julio C√©sar de Arruda no pudo o no quiso levantar el campamento, tal como lo hab√≠a dado a entender al ministro de Defensa, Jos√© M√ļcio Monteiro. La tolerancia castrense con estas bandas a las que consideran ¬ęmanifestantes con derecho a expresarse¬Ľ deja en claro hasta donde lleg√≥ la bolsonarizaci√≥n de las Fuerzas Armadas con las que deber√° lidiar el gobierno democr√°tico del que forman parte ministros de varios partidos.

No hubo ninguna iniciativa tanto de las fuerzas de seguridad de la capital como del gobierno federal comandado por Lula para identificar y vigilar a los viajeros. Tal vigilancia, a propósito, sería de responsabilidad del gobierno bolsonarista de Brasilia.

Desde la Marcha sobre Roma, el movimiento fundamental y fundacional del fascismo que, a fines de octubre de 2022 cumpli√≥ su cent√©simo aniversario, la extrema derecha comprendi√≥ que el cuestionamiento a la democracia deb√≠a ser p√ļblico, a la vista de todos, directamente en las calles y en abierto desaf√≠o al Parlamento, como s√≠mbolo de todos los valores republicanos en un sistema democr√°tico y representativo.

Con el ataque estilo putsch de Munich en 1923 o asalto al Capitolio de Washington instigado por Donald Trump, la ultradrecha fascista sale definitivamente del cl√≥set en el mundo entero. La prensa report√≥ la presencia de una columna de neofascistas brasile√Īos en Ucrania meses atr√°s. No intentaba combatir a los rusos sino entrenarse y regresar a su pa√≠s.

Y apenas se cerraron las urnas de la segunda vuelta electoral, comenz√≥ la desestabilizaci√≥n, el desconocimiento de los resultados (y el golpismo) en Brasil. Lula, quien tuvo que decretar la intervenci√≥n federal de Brasilia -la capital- para detener el ataque, responsabiliz√≥ a los ‚Äúfascistas‚ÄĚ y se√Īal√≥, sin nombrarle, a Bolsonaro por instigar el rechazo del resultado electoral y alentar un clima de intolerancia ante la toma de posesi√≥n del nuevo gobierno.

La direcci√≥n del partido del bolsonarismo se desvincul√≥ enseguida de los hechos, pero Bolsonaro aguard√≥ varias horas antes de pronunciarse desde Florida, donde hab√≠a acudido para evitar asistir al traspaso de poderes. Tras el fracaso del intento de golpe, afirm√≥ que ‚Äúlas invasiones de edificios p√ļblicos escapan a la regla‚ÄĚ y repudi√≥ las acusaciones que le implican en la intentona.

Las concentraciones y movilizaciones de militantes ultraderechistas a fin de a√Īo solo eran un aviso y, aunque la ceremonia de investidura transcurri√≥ el domingo 1 de enero sin mayores incidentes, la situaci√≥n se precipit√≥ una semana dspu√©s en una jornada aciaga, con unos 150 detenidos. Y, por suerte, sin muertos.

Uno de los chats m√°s activos del bolsonarismo difundi√≥, en los d√≠as previos al ataque, una especie de manual del buen invasor, quiz√° sacado del guion de la pel√≠cula El Planeta de los Simios: ‚Äújam√°s empiecen la invasi√≥n sin una multitud que invada los tres poderes al mismo tiempo, o sea, solamente empiecen la invasi√≥n cuando haya patriotas suficientes para invadir todo‚ÄĚ.

‚ÄúEsta acci√≥n tiene que ser una acci√≥n con normas. ¬°Nadie entra ni sale! O sea, quien estuviera adentro no podr√° salir, no importa si es aliado o no, nadie saldr√° despu√©s de la toma de los tres poderes‚ÄĚ. a√Īad√≠a.

Los bolsonaristas, como los trumpistas, los macristas en Argentina, los fujimoristas en Per√ļ, los uribistas en Colombia, o los seguidores de Vox en Espa√Īa, son sectores del electorado movidos por dos grandes fuerzas: el miedo y el odio. La ultraderecha no es capaz de aceptar las reglas del juego democr√°tico y busca por todos los medios, incluida la fuerza bruta, hacerse con el poder.

Es un miedo a un mundo que ha cambiado de maneras que no entienden -con el reconocimiento social a las mujeres, el respeto a la diversidad sexual, la condena al racismo y la conciencia ecológica, a los migrantes, los extranjeros, a la pérdida de status-; y un odio a todo lo que creen que amenaza a los valores conservadores a los que se encuentran anclados, a su percepción de superioridad financiera, cultural o moral.

 (Fuente: NA)Es el fruto de a√Īos del terrorismo de campa√Īas sucias, que explican que el m√°s moderado progresismo es una amenaza totalitaria, y del uso faccioso de las instituciones por la derecha partidista para poner y quitar gobiernos a contrapelo del mandato de las urnas (en Brasil con el golpe de Estado contra Dilma Rousseff en 2016, en Per√ļ con la destituci√≥n de Pedro Castillo, en Paraguay con Lugo ¬†y en Honduras con Zelaya).

Hoy es imprescindible pasar por encima de lo anecd√≥tico para localizar las causas y los inocultables peligros detr√°s de estas manifestaciones que buscan acabar con la presidencia de Luiz In√°cio Lula da Silva. Los hechos obligan a tomarse en serio el af√°n desestabilizador de un sector ciudadano cuya primera reacci√≥n ante la victoria de Lula fue acudir a las instalaciones del ej√©rcito para exigirles a los uniformados que emprendieran un cuartelazo, ¬Ņen nombre de la democracia?

* Investigadora brasile√Īa, analista asociada al Centro Latinoamericano de An√°lisis Estrat√©gico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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