Dic 3 2021
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CulturaPolítica

Elecciones en Chile: la rabia no basta

                                                                                                                       “Queremos aquí en la tierra, el reino de los cielos construir.” Heine.

 I.-

En los últimos dos años o algo más, Chile ha sufrido de dos “pandemias”. Una, que es la asociada al “Corona-Virus”, que es pandemia en sentido estricto, con toda la carga de sufrimientos que esto conlleva. La otra, es la gran revuelta popular contra el modelo económico y político neoliberal. “Pandemia” entrecomillada y que sí nos llena de alegría.

II.-

Ninguna gran revuelta se puede dar si no satisface un primer y básico ingrediente: la espontaneidad con que “sienten”, se enojan y reaccionan los “revueltos”. Digamos que operan sentimientos muy fuertes que se han ido acumulando, los que generan un gran fastidio y que desembocan en ese grito masivo del “ya basta”, del “no soportamos más”.

Sin el ingrediente del fastidio y del enojo espontáneo, ningún cambio socioeconómico significativo puede tener lugar. Pero el enojo y la rabia (la de los “enragée” de la Revolución Francesa), no bastan. Como se suele decir, operan como condición necesaria mas no suficiente.

Los malestares y protestas que se vienen procesando en Chile, son un fenómeno complejo y que no responden sólo a situaciones de pobreza extrema, como sucede en el grueso de América Latina. De hecho, en Chile sí existen núcleos de pobreza extrema, pero son bastante menores a lo que se observa en otros países de la región. Asimismo, se tiene que el grueso de la población reside en zonas urbanas y el empleo agropecuario (que no es alto), responde casi del todo a una agricultura de tipo capitalista más o menos moderna. En suma, el componente pre-capitalista que pudiera darse en las protestas chilenas es bajo. Y valga precisar: en el Chile de hoy, la distribución del ingreso es muy regresiva. Pero esto es algo consustancial a todo régimen capitalista y con mayor fuerza aún si se trata de un capitalismo neoliberal y periférico.

Si en loor de la brevedad nos saltamos algunos pasos intermedios, podemos enunciar una primera y básica hipótesis: el actual malestar y enojo de los chilenos es contra el sistema capitalista. Así enunciada, la hipótesis puede dar lugar a malentendidos gruesos. Para evitarlos podemos tomar pie de muchas declaraciones de trabajadores jóvenes: “me gusta marchar, me siento rodeado de compañeros solidarios, me dan confianza, apoyo. Puedo compartir las alegrías, soñar junto a ellos, sentir que puede haber un mundo mejor. Nada que ver con la fábrica, allí impera la vida dura, la desconfianza, la traición, el gerente es un déspota, el capataz un hijo de puta…”. En breve, en la fábrica, en el trabajo, no se puede ser feliz.[1]

A lo señalado, de inmediato debemos agregar dos aspectos claves: a) el enojo es contra los efectos o consecuencias; b) al menos por ahora, no apunta a las raíces del fenómeno; c) para la necesaria conexión que se da entre a) y b), todavía existe una ceguera bastante extendida. Es decir, no hay claridad o conciencia socio-política adecuada sobre las raíces o fundamentos del malestar. En corto: sabemos o más bien, “sentimos” lo que no nos gusta. Lo queremos mandar a la basura. Pero hay casi nula claridad las causas reales o raíces del malestar. Por lo mismo, con qué lo debemos reemplazar.

La falta de claridad sobre los orígenes y fundamentos del malestar, implica un desconocimiento nada menor sobre los rasgos más esenciales (sus “fundamentos”) del modo de producción capitalista. A la vez, este déficit cognitivo viene determinado por un rasgo clave de la práctica política mayoritaria hoy observable: del horizonte mental histórico que manejan la gran mayoría de los insurrectos, ha desaparecido casi por completo la noción de un régimen post-capitalista. Digamos, de tipo socialista. Mucho menos cuando al régimen socialista se lo concibe como una fase de transición (no corta) a un modo de producción superior: el comunista. Entendiendo a éste no como un ideal utópico sino como algo que ya empieza a ser factible, por lo menos en el capitalismo más desarrollado.

III.-

En el movimiento actual, hay insuficiencias serias. De ellas nos podemos detener en dos: 1) la casi inexistente unificación y organización política; b) la insuficiente claridad sobre el tipo de transformaciones que se deberían buscar. En que 1) y 2) deben ser congruentes con las transformaciones que efectivamente permitan resolver el actual malestar.

Por el lado de la organización política es evidente la falta de un partido capaz de unificar políticamente a la clase obrera y, a la vez, de impulsar la creación de un amplio frente clasista. ¿Qué actividades (formas de lucha) desplegar, en qué momentos y lugares, con qué variedad y coordinación? En breve, se trata de identificar: a) las tareas de transformación a cumplir; b) La secuencia temporal de esos cambios; c) las fuerzas sociales impulsoras, las neutralizables y las enemigas; d) las formas de lucha a desplegar.

Dado lo anterior, se deberían organizar (preparar, coordinar) las actividades pertinentes, evaluar sus resultados, corregir, etc. En todos los casos, se necesita que las formas de organización y las actividades desplegadas sean congruentes con las transformaciones centrales que se buscan. Nunca olvidar que, en veces, la eficacia de corto plazo, resulta muy dañina para los propósitos centrales y de más largo plazo. Aquí, la clave es construir, fortalecer y preservar el Poder Popular que se pudiera alcanzar.

Por ejemplo: i) impulsar los Consejos Obreros de fábrica: los trabajadores deben aprender a mandar; ii) evitar que los jefes se independicen y separen del mandato de las bases: evitar, entonces, la peste burocrática siempre presente como posibilidad.  En este marco, resulta imprescindible estudiar con seriedad y rigor los errores que llevaron a degenerar los experimentos de construcción del socialismo. ¿Qué factores y circunstancias provocaron el fracaso? ¿Se pudieron advertir y corregir? ¿Qué enseñanzas se pueden deducir, qué medidas y acciones pudieran evitar las deformaciones y fracasos?

En el movimiento chileno actual parece darse una clara conciencia sobre la posibilidad de deformaciones burocráticas. No tanto sobre los modos de evitarlas sin caer en estilos anarquistas que para nada ayudan.

Valga agregar: en el plano de la economía tampoco se observa claridad. Hay manojos de medidas, pero un programa compacto de industrialización y desarrollo, no se visualiza. No basta hablar de democracia: hay que saberla materializar en el decisivo plano de la producción y el crecimiento. De lo contrario, se podrían repetir fracasos conocidos, los que insistiendo en el aspecto distribución, se olvidan del factor clave: la producción. Más aún, se observa una tendencia a preservar el modelo neoliberal adicionándole un gasto social que algo tranquilice a los pobres. De hecho, se puede hablar de “limosna estatal”.

IV.-Chile: ¿El principio del fin para el capitalismo neoliberal? | TESIS 11

Todo propósito práctico (i.e. de transformación) exige de cierto conocimiento. Mayor o menor según la profundidad de los cambios que se intenta lograr. Y si se trata de romper de cuajo con el capitalismo, se necesita de un saber muy profundo, veraz y radical. Y en este cambio, la teoría de Marx y sus sucesores es imprescindible. Y no existe, ni remotamente, algún otro paradigma que se le pueda incluso aproximar. No obstante, en el momento actual y máxime si pensamos en Chile, nos encontramos con que muy pocos, por no decir que casi nadie, se preocupa de estudiar a tales teóricos. Y mucho menos de desarrollarlos críticamente y adecuarlos al actual momento histórico. En verdad, ni siquiera El Manifiesto Comunista es un texto leído (mucho menos estudiado) por los rebeldes del momento actual. Diríamos que a no pocos, tal literatura les parece “aburrida”.[2]

Y es muy claro: si no se pretende superar al sistema capitalista, esas fuentes teóricas resultan prescindibles, algo o mucho escolásticas, soporíferas e inútiles. El impacto que genera esta carencia es brutal, equivale a “ir a la guerra sin fusil”. O pretender volar sin considerar las leyes de la gravedad. Y que esto suceda en Chile, es más que preocupante. Por ejemplo, el golpe de Estado de Pinochet y la cruenta dictadura que le siguió, es una confirmación diríamos estruendosa de la validez de la teoría de Lenin sobre la naturaleza más esencial del Estado capitalista. Pero el clásico texto de Lenin sobre “El Estado y la revolución”, es algo que hoy muy pocos conocen y menos estudian.

Al final de cuentas, nos podríamos preguntar: si no existe el afán consciente de ir más allá del capitalismo, ¿para qué estudiar las leyes que regulan un cambio social mayor, que implique romper con el capitalismo? Hacerlo, pareciera un simple deporte, apto para gente ociosa y aburrida, que recolecta y estudia papiros egipcios.

La situación es lamentable. Pero si del horizonte histórico y mental de las personas, ha desaparecido la posibilidad real de avanzar a un régimen post-capitalista, la consecuencia es inevitable. En suma, cuando en el futuro no se visualiza un régimen post-capitalista, ni siquiera como deseable, ¿para qué embarcarme en divagaciones ociosas?

V.-

En lo que hemos venido señalando emerge una disociación mayor: a nivel de la conciencia (del factor subjetivo), el socialismo no existe. Pero en el plano material (en lo técnico y económico), el capitalismo más desarrollado (el de EU, de Europa Occidental, el de Japón), está preñado de socialismo. Es como la madre que con 7 o más meses de embarazo, no tiene idea de ello.

Como sea, tal disociación responde a muy poderosas razones.Una, referida a Chile, es la cruenta derrota sufrida en 1973 y la larga dictadura que le siguió. El impacto de estos sucesos suele ser profundo: para un nuevo intento hay que pensarlo dos veces. O, peor aún, mejor borrar los ideales de la cabeza.[3] Son peligrosos y muy poco rentables.La vía chilena al socialismo

Dos, operando con fuerza mayor, tenemos las consecuencias del ruidoso fracaso y derrumbe de los experimentos conocidos de construcción del socialismo. En especial, se trata del caso de la Unión Soviética, la que de super-potencia, “madre y guía”, se desintegró en un dos por tres. Y lo que era el muy “poderoso campo socialista” (aunque de socialista ya tenía poco o nada), se cayó como castillo de naipes y dejó al desnudo dramas, engaños e insuficiencias mayores. Curiosamente, la izquierda en vez de realizar un profundo análisis auto-crítico, salvo muy contadas excepciones, cayó primero en el estupor y el desencanto. Después, en un cuasi silencio y bastante pronto, a nivel de dirigentes, se incorporó con brutal cinismo a las filas de la derecha neoliberal. A veces, disfrazados de social-demócratas.

Por cierto, el occidente cristiano aplicó rápidamente su inmenso poder mediático para clavar una consigna central: el socialismo era un fracaso total, era “feo”, “gris” y criminal. Un algo que se dirige contra la misma naturaleza humana. En suma, un imposible.

En lo señalado opera también una relación implícita: si creemos que el socialismo no puede llegar a existir, terminaremos creyendo que no hay post-capitalismo que opere como posibilidad real: la historia se acabó.[4] Luego, buscaremos resolver el hondo malestar actual dentro de los espacios del capitalismo. Como que algunos ya hablan de un “capitalismo con rostro humano” (¿¿??), que es como hablar de un cuadrado redondo.

Otros, piden volver a Keynes, el que buscara reformas que pudieran salvar al capitalismo. En la aguda síntesis de su discípula Joan Robinson, “Marx representa el socialismo revolucionario, Marshall la defensa complacida del capitalismo, y Keynes la defensa desilusionada del capitalismo. Marx intenta comprender el sistema a fin de acelerar su destrucción. Marshall procura hacerlo aceptable presentándolo bajo una perspectiva halagüeña. Keynes intenta descubrir qué ha fallado en el mismo con objeto de idear los medios para salvarlo de la autodestrucción.”[5]

Un capitalismo en la onda keynesiana pudiera llegar a imponerse, con muchas dificultades y fuertes concesiones al bando neoliberal (o neoclásico). Y no debemos olvidar que, en países dependientes y subdesarrollados como Chile, el problema clave es el del crecimiento (el industrial, en especial) y Keynes, aunque de joven trabajara en la India, jamás se preocupó por el subdesarrollo y su superación. Su teoría gira en torno a la demanda global y su impacto en los niveles del YN y el empleo. De la oferta y sus determinantes se preocupó poco o nada. Para entender el desarrollo hay que buscar por otros lados.

Por ejemplo, en el estructuralismo cepalino clásico (Prebisch, Furtado, Ahumada, Pinto, etc.), en soviéticos como Feldman, Prebisch y la evolución de su pensamiento | VA CON FIRMAPreobrallenski, Kantorovich, Nemchinov; polacos como Lange, Kalecki,  Brus; la escuela hindú (Mahalanobis y otros), en Baran, Dobb, Shaikh, Sweezy et al. Supongamos, con mucho optimismo, que en Chile se produce un quiebre del neoliberalismo y el país se ubica en una ruta parecida a la que ahora sigue Vietnam o –desde mucho antes- Corea del Sur. Si el experimento fructificara, se elevaría el PIB per-cápita y el nivel de vida material. Pero, ¿qué sucedería con el trabajo enajenado y el darwinismo social?[6] De seguro se acentuarían. Hoy, los chilenos que se rebelan, se han levantado contra sus consecuencias. No lo llaman así (no han leído al Marx de los Manuscritos) y tampoco saben bien de sus raíces. Pero lo sienten como un gran dolor, como algo a superar y podemos esperar: cuando sepan de sus raíces, su lucha se dirigirá contra el capitalismo a secas, sin adjetivos.[7]

VI

A fines de noviembre (de 2021), tuvo lugar la primera vuelta para elegir Presidente. Al finalizar octubre, el favorito en las encuestas era Boric, un ex-izquierdista. En las elecciones, primera vuelta, resulta segundo, después de Kast. En una segunda vuelta, podría ganar el candidato de la derecha Kast, una especie de reedición chilensis del brasileño Bolsonaro. Este Boric (un oportunista mayor) maneja un programa con basamento neoliberal, acompañado de algún mayor gasto social y su gobierno causará una gran frustración en los sectores populares.[8] Y como suele suceder en ausencia de una alternativa de izquierda sólida, la gente pudiera irse con algún derechista como Kast, gran admirador de Pinochet y del nazismo hitleriano.

Tal como sucedió en Brasil, en el que la derechización de Lula terminó por provocar el apoyo al nefasto Bolsonaro. O en la Alemania de fines de los veinte e inicios de los treinta del siglo pasado, en la que la traición de la socialdemocracia terminó por alimentar el ascenso de Hitler. Los chilenos deberán, si quieren salvarse, recordar el lema de Rosa Luxemburgo “socialismo o muerte”. Y actuar en consecuencia.

Valga agregar: con la irrupción de la pandemia, la insurgencia popular se tuvo que retirar de las calles y plazas por donde exhibía su musculatura. Y se empezó a apagar, a perder fuerza. Y lo que ella perdía lo ganaba la política tradicional, la que desde siempre ha gestionado el modelo neoliberal. La que ejerce una férrea dictadura mediática y vive en los pasillos de las grandes corporaciones y de los diversos aparatos de Estado.

En las elecciones para Presidente (también las hay para diputados y senadores), en primera vuelta encontramos siete candidatos. De ellos, seis optaban por preservar el “modelo neoliberal” (las muy leves diferencias giran en torno a las aspirinas que se recomiendan para el dolor), ninguno propone un capitalismo de tipo diferente (como, vg., los que se dan en el sudeste asiático) y solo uno de los siete, Eduardo Artés, con no poca vaguedad, apuntaba a una ruta más o menos anti-capitalista. Aunque su campaña fue casi anónima y quedó por debajo del 2% de los votos totales.

En realidad, como bien se ha apuntado, el efectivo triunfador fue el abstencionismo, el que logró mayoría absoluta. También destaca el desplome de los partidos políticos tradicionales, de centro y de derecha, todos comprometidos con el neoliberalismo. Lo cual, nos señala el profundo descrédito del sistema político vigente. También, lo que parece incapacidad del progresismo para aprovechar esta situación y sepultar del todo al estilo neoliberal. Se dan, en el Chile de hoy, algunos de los componentes que tipifican a una situación revolucionaria, pero éstos no dan el ancho, son todavía muy insuficientes.

En suma, en Chile se nos muestra que la pura rabia no alcanza para derribar y sepultar al gran capital financiero.

VII.-La coyuntura electoral. Disyuntivas.

La reacción y actitud de Boric y su equipo ante los resultados de la primera vuelta electoral han sido significativos: acercarse a los núcleos dirigentes de la centro-derecha y buscar los ajustes (recortes, cambios, etc.) al programa original. Se trata de dejarlo “más amable” para los gustos de la derecha. Asimismo, se observa un claro afán por dejar en una especie de penumbra al Partido Comunista. Si se pudiera, lo mandarían al hoyo más profundo. Pero los votos del PC son demasiados. Iguales o mayores a los del actual Partido Socialista, el de “próceres” como Camilo Escalona y Ricardo Lagos, esos grandes adalides del entreguismo y del “socialismo” neoliberal.

Este movimiento hacia la derecha es significativo y conviene comentarlo. Uno: obviamente, no puede pretender atraer a los grandes capitalistas (los que controlan a las   grandes corporaciones). Dos: si algo pudiera lograr es atraer a la clientela electoral (i.e., no burguesa sensu-stricto) de la derecha. O sea, grupos de obreros, de pequeña burguesía independiente (vg. pequeños comerciantes), pequeña burguesía asalariada (empleados, técnicos, profesionales, etc.), marginales y demás que siguen a la derecha política. Máxime si son “duros”, como Kast. O sea, en este caso, la derecha más extrema, ya con ribetes fascistoides.

Adviértase, además: a esas bases sociales de apoyo de la derecha se busca llegar por la vía de asumir buena parte de lo que predica la extrema derecha: “mano dura contra los ladrones, asaltantes de bancos” y demás. Tres: lo más significativo es el método que se sigue: acomodando el programa de Boric (que ya es bastante aguado) a las exigencias de la derecha. Con lo cual queda en evidencia que no se busca romper la falsa conciencia socio-política de esos segmentos de la población.

En realidad, términos como “conciencia de clase”, alienación social y política, e incluso el de “clases sociales”, están excluidos del lenguaje dominante. Y bien se podría sostener y con buenos argumentos que el movimiento de Boric hacia la derecha, busca ganar votos preservando la “falsa conciencia de clase” que tipifica a las bases sociales de apoyo que, en política, maneja el gran capital. Pero si así son las cosas, el mensaje que Boric y cía. le envían al capital monopólico hegemónico es evidente: “oye, nosotros somos hoy más útiles (o eficaces) en la preservación del régimen.” Es decir, en la conservación del patrón de acumulación neoliberal. “Lo hacemos por una vía pacífica, sin usar la represión y, por ende, sin sacar a los soldados de sus cuarteles. Algo que debe hacerse sólo en casos muy extremos (como en 1973); ¡Chico, que no somos república.

Valga agregar: ante el peligro que representa Kast, hay segmentos que no creen en Boric y menos en el régimen político tradicional, segmentos que empiezan a alertarse. Es decir se empieza a perfilar una ruta del tipo: no creo ni me gusta Boric. Es casi como volver a la Concertación, no va a resolver nuestros problemas. Pero mucho peor sería caer en manos de Kast. Y entre la Concertación (incluso la de Lagos) y el pinochetismo, me quedo con la primera. En corto: voto por Boric y si éste gana, respiro y paso a la oposición de inmediato. ¿Por qué? Porque se trata de derrumbar al modelo neoliberal, algo que Boric no hará.

VII.- Algo sobre el programa económico de Boric.

            El problema de la distribución del ingreso.

Para el régimen, este factor es clave para recuperar legitimidad. Pero… los afanes por mejorar significativamente la distribución del ingreso sin modificar las bases o fundamentos del patrón neoliberal, como regla, están condenados al fracaso.

Un teorema económico muy general sostiene que no se puede alterar la pauta de distribución sin modificar el sistema de producción. Si lo particularizamos, sostiene que una distribución medianamente equitativa (digamos con un Gini del orden de 0.25-0.35), no se puede conciliar con los fundamentos del patrón neoliberal. Y la verdad es que con un Gini bastante mayor, vg. del orden del 0.40 y hasta algo más, lo que suele suceder son desequilibrios macroeconómicos muy fuertes y que llegan a ser inmanejables. Aquí, las manifestaciones más evidentes son procesos inflacionarios desbocados (hiper-inflación) y crisis muy hondas en la Balanza de Pagos.

Crecimiento e industrialización.

El país debe elevar fuertemente su nivel de PIBh y, para ello, dar saltos en la productividad del trabajo. Lo cual, debe estar sustentado en un fuerte proceso de industrialización: en breve, sin un sólido crecimiento industrial no hay desarrollo económico sustantivo.[9] Este crecimiento, se debe subrayar, también es imprescindible para mejorar la distribución del ingreso: se trata de desplazar la fuerza de trabajo hacia sectores que pueden operar con altos salarios. El crecimiento, a su vez, exige un muy fuerte esfuerzo de inversión, que ésta se asigne a sectores estratégicos (con alto poder de irradiación), que disponga del financiamiento necesario y que se haga con la mayor eficiencia. En todo lo cual, el papel directo del Estado es imprescindible.[10] Todo esto exige numeritos. O sea, aterrizar en un modelo (cuantitativo) de programación del desarrollo. El cual, o no existe o no se ha difundido.

Necesidad de integración regional por economías de escala.

La industria moderna opera con muy fuertes economías de escala. Por ello, no  encaja en tamaños de mercado pequeño. Chile, por su misma baja población, opera con obvias limitaciones en este respecto y, por lo mismo, debe obligadamente impulsar procesos de integración industrial regional, en especial con países cercanos como Perú, Bolivia, Argentina y demás. Y se debe advertir: si en estos países hay regímenes de extrema derecha (casos hoy de Ecuador, Colombia, Brasil, etc.) la integración industrial progresista será desahuciada en favor de las grandes cadenas de valor manejadas por las trasnacionales.

El caso de Ciencia y Tecnología (C&T)

El programa enfatiza la necesidad de elevar el gasto en C&T y pareciera aceptar que la economía moderna no puede ya funcionar sin este componente clave. Pero resulta sorprendente que no se advierta de la fortísima dependencia de la C&T, de la industria pesada más sofisticada. La ciencia de hoy, ¿de dónde obtiene sus ultra-sofisticados instrumentos de tratamiento y exploración de ondas y de materiales, de medición y de pruebas? Pudiera ser que Galileo construyera artesanalmente sus telescopios, pero hoy eso no sirve. De seguro Chile no puede hoy aspirar a tener una industria pesada como la de China. Ni siquiera como la de Corea del Sur. Pero hay un mínimo-minimorum a satisfacer.[11] Lo preocupante es que nada se dice sobre este muy decisivo aspecto.Reflexión académica sobre ciencia, tecnología e innovación - Gaceta UNAM

Hay dirigentes del grupo de Boric (no sólo ellos) que apuntan a dificultades no menores para el intento de romper con el modelo neoliberal. Y tienen razón. Pero, ¿a quién se le ocurre pensar que pasar del capitalismo neoliberal a otro tipo de capitalismo pudiera ser algo fácil? Agreguemos que hay una vasta experiencia histórica que señala el carácter vacilante de la burguesía progresista (especialmente en el tercer mundo) en sus propósitos de cambio. Lo que suele aumentar en ausencia de un bloque popular de izquierda medianamente sólido.[12] Luego, ¿cómo elevar la fuerza política de la izquierda?

En breve, empujando por la ruta de la lucha de masas, asentándose en la clase trabajadora y creando Poder Popular. Hay aquí una estrategia de acumulación de fuerzas que difiere bastante de la vía parlamentario-electoral (ver Apéndice II). Aquí, se llega al pueblo para apoyar sus luchas, impulsar su organización política y el desarrollo de su conciencia de clase. O sea, se trata de llegarle por abajo, generarle poder y dominio en sus centros de vida y de trabajo, y no por la ruta de las negociaciones y acuerdos super-estructurales con las cúpulas partidarias que defienden el statu-quo.

IX.- Sobre la dictadura mediática y sobre el Partido Comunista de Chile

Junto con el MIR, el PC fue el partido más duramente combatido por la dictadura pinochetista. Con militantes perseguidos, encarcelados y asesinados. Solo infames pueden olvidarse de esto. Hoy y en los últimos años y décadas, no parece muy preocupado de las metas centrales: las de llegar a un sistema social socialista, para, desde allí, avanzar a una sociedad comunista, aquélla en que el “libre desarrollo de cada uno, será la condición para el libre desarrollo de todos”. Por lo menos a nivel de su alta dirección, tales ideales (“utopías” en el mejor sentido -que no literal- de la palabra), parecen del todo olvidados. Y si con Allende se situaron en el lado derecho de la Unidad Popular, en los tiempos de la Concertación, limaron aún más sus propósitos transformadores.

Con todo, han mantenido una virtud: estar siempre al lado de las luchas populares. Lo que les ha ganado el respeto de las partes más avanzadas (i.e., con más conciencia política), de la clase trabajadora y que se ha reflejado en el nada bajo porciento de votos que han alcanzado en las últimas elecciones, Ello, en un marco de ataques mediáticos masivos e histéricos. Y que recuerdan al franquismo-pinochetismo más cerril y abyecto. Para nuestros propósitos, los puntos a destacar serían: i) todo grupo progresista[13] debe combatir sin vacilaciones la feroz dictadura mediática que funciona en el país. Eliminar esta dictadura es condición indispensable para que pueda existir un mínimo democrático.

En el país, hablar de democracia sin resolver este problema no es más que una pura y grotesca farsa; ii) la relativamente alta votación lograda por el PC, también nos muestra que la dictadura mediática puede ser, en algún grado, rebasada por una organización política que sea fiel a las luchas populares, que no se “arratone” frente al poder. Y ojo que hablamos de un partido que no parece especialmente rupturista, más allá de su nombre.

X .- Algo sobre la izquierda.

 Por izquierda, entendemos los frentes, partidos y/o grupos que buscan romper con el capitalismo a secas, sin apellidos. Para el Chile de hoy, ésta no es una posibilidad realizable en el corto plazo, en lo inmediato. Por lo mismo, se trata de acumular fuerzas para tornar factible dicho propósito. Y que esta acumulación de fuerzas sea congruente con las transformaciones que se busca materializar. Lo cual también demanda: no solamente tener clara la exigencia de romper con el capitalismo a secas; también tener una idea clara del sistema social con el cual se pretende reemplazar al capitalismo.

No se trata aquí de una elección u opción que quede al arbitrio de la gente, de lo que a veces algunos llaman “libre albedrío”. No, así no funciona la historia. Se trata, en rigor, de lo que posibilita y exige la evolución del mismo capitalismo.[14] Y aquí, nos encontramos con una Formación Económica y Social que se denomina socialismo. La cual, además de sus rasgos específicos, porta otro: ser una fase preparatoria de un sistema superior, el comunista.

Pero, ¿cuáles son los rasgos específicos del socialismo? ¿Cuáles los de la fase comunista? Más aún, ¿por qué en prácticamente todas las experiencias o intentos por construir un régimen socialista, se observan deformaciones nada menores y que han llevado, fatalmente, al derrumbe de esos regímenes?

¿Estos fracasos son inevitables? ¿Se pueden revertir? ¿Dónde radica la raíz de esas deformaciones? ¿Se pueden corregir o declaramos que el socialismo (y con mayor razón el comunismo) son imposibles, que atentan contra la misma naturaleza humana? La respuesta de los ideólogos del sistema es conocida: el socialismo es contrario a la naturaleza humana (la que es esencialmente egoísta. Bentham dixit). Y claro está, tal tipo de respuestas son pura ideología: visiones deformadas e interesadas de la realidad.

Debemos rechazar esas posturas interesadas. Pero subsiste el problema sustantivo: ¿por qué el fracaso de los ensayos de construcción del socialismo? El tema es complejo y aquí no lo podemos abordar. Pero es una exigencia que la izquierda no debe soslayar. No sólo para no repetir los fracasos históricos conocidos. También, porque saber el cómo, es indispensable para que la acumulación de fuerzas en el momento actual pueda ser exitosa.[15]

Notas

[1] Si el volar fuera una fuente de dolor para los pájaros, ¿qué podríamos decir? Y si la actividad denominada trabajo, que es la constitutiva del mismo “homo sapiens”, deviene un algo doloroso y mortificante, ¿qué podemos decir?

[2] Amén de que la cultura contemporánea castiga bastante el arte de la lectura y del estudio.

[3] Ante la Comuna de París, con su derrota y la durísima represión que le siguió, Thiers juraba que el socialismo había muerto para siempre. Pero casi medio siglo después tuvo lugar la revolución bolchevique, dirigida por un Lenin que mucho aprendió de esa derrota. Y en Chile, también casi medio siglo después, las masas vuelven a rebelarse, sino contra el capitalismo a secas, por lo menos contra su variante neoliberal.

[4] Valga señalar: en los últimos años, algunos antropólogos y “filósofos” tercer-mundistas y pre-lógicos, se pronuncian verbalmente contra el capitalismo, sobremanera en su aspecto distributivo. Y muy curiosamente, no postulan avanzar a sociedades post-capitalistas sino volver a pasados pre-capitalistas (feudales, campesinos, tribales, etc.), los que se pasan a idealizar en términos aberrantes. En esta postura, la emergencia y desarrollo del capitalismo (y todo lo que ha implicado), se entiende como un retroceso histórico que ha degradado al ser humano y al planeta tierra. Por lo mismo, serían los países más subdesarrollados y atrasados los que, eventualmente, se habrían salvado de ese “retroceso histórico” ligado al capitalismo. Es lo que el profesor López Arévalo ha designado como “teoría del salvaje feliz”.

[5] J. Robinson, “Teoría del desarrollo. Aspectos críticos”, pág. 11. Edic. Martínez Roca, Barcelona, 1973.

[6] Recordemos al personaje de Brecht: “si alguno patea, que sea yo. / Y si hay algún pateado, que seas tú.”

[7] Importa advertir: en tanto no surja por lo menos un país socialista importante en el “primer mundo”, el avance de este régimen en el “tercer mundo” se complica bastante.

[8] Para oportunistas como Boric, llegar al poder es ser reconocido como “viable” por el gran capital financiero y trasnacional.

[9] Un alto asesor de Boric habla de “complejizar” la economía, “un concepto difícil de explicar. Porque no es ni diversificar la matriz exportadora ni agregar valor a los productos exportados”. Entrevista a Diego Pardow, en La Tercera, 29, agosto, 2021. O sea, lo que está muy claro es no romper con el neoliberalismo. Y el hacia dónde dirigirse, “lo tenemos bastante confuso”.

[10] Esto no significa socialismo. A lo más, se podría hablar de capitalismo de Estado.

[11] Como no es cosa de pasar en un año a puestos de vanguardia, se suele enfatizar que una primera tarea es desarrollar la capacidad de adaptación-modificación de las tecnologías importadas.

[12] No siempre una izquierda fuerte envalentona a la burguesía progresista. A veces la puede asustar. Siente que puede perder el control del proceso y que éste puede ir más allá de los límites permisibles.

[13] Por progresismo entendemos los partidos o grupos que buscan romper con el modelo neoliberal avanzando a un capitalismo más dinámico, industrializador, con mejor distribución del ingreso y nacionalmente menos dependiente. Por izquierdismo, el movimiento que busca romper con el capitalismo (en cualesquiera de sus modalidades) y avanzar a un régimen socialista.

[14] Un árbol, que sepamos, puede dar hojas, flores o frutas. Pero no animales.

[15] Bien se sabe que las deformaciones que surgieron en la Unión Soviética se trasladaron –mutatis mutandis- al funcionamiento de partidos comunistas que operaban en lugares muy distantes. Como fue el caso del PC chileno y muchos otros de América Latina.

* Doctor en Economía por la Universidad Estatal de Moscú, M. Lomonosov. Profesor–Investigador Titular del Departamento de Economía, en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Presentación del libro “CHILE: sueños, derrotas, esperanzas”; Ediciones INEDH, Concepción, Chile, 2021. Palabras del autor, José C. Valenzuela Feijóo.

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