Nov 22 2004
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Economía

Escuela de violencia

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¬ęCuatro j√≥venes de la cuadrilla1 van a Zuaza en √Ālava, de campamento de verano y se fuman unos porros. Un profesor los descubre; son chavales (muchachitos) de 14 a√Īos y hace lo que debe hacer: dar fe enviando una carta a los padres, pero como la anuncia, todos se preocupan de sustraer la misiva del buz√≥n, menos Jokin… Empieza el acoso terminal¬Ľ (Gregorio Mor√°n, La √ļltima lecci√≥n del inocente, La Vanguardia 9/10/04).

Los tres afectados por la ‘negligencia’ escogen el acontecimiento m√°s a mano para iniciar una escalada de agresiones: la diarrea por la que, un a√Īo ha, la v√≠ctima se cag√≥ encima, una circunstancia c√≥mica se torna en arma de destrucci√≥n sicol√≥gica.

¬ęEl lunes 13, con la resaca de las fiestas y el cuerpo baldado por sus colegas de cuadrilla -los expertos en torturas llaman a esta introducci√≥n ablandar las resistencias-, Jokin asiste a la primera jornada de clase donde literalmente le forran a collejas y bofetones.

¬ęEl martes 14 le someten a una sesi√≥n de balonazos en la que se ampl√≠a la cuadrilla y participa el p√ļblico menudo en general. El mi√©rcoles 15, aniversario de la cagada, le reciben con un surtido de papel higi√©nico diseminado por todo el aula y el descojone absoluto¬Ľ (Gregorio Mor√°n).

Derecho, moral y vida social

La libertad no es aquello que da por supuesto la Declaraci√≥n Universal de los Derechos Humanos, no es inherente a nosotros, es una construcci√≥n y una lucha, cuya continuidad, avance o retroceso, depende de la evoluci√≥n de tres √°mbitos fundamentales. Uno, pol√≠tico: la estructura y el sistema de derecho que te permite o no, con las menores trabas, expresarte, ser, hablar, sentir, dar, recibir, crear seg√ļn tus opciones, tus necesidades y tu historia de vida.

Otro, social y moral: un sistema de valores, formas y normas, más o menos explícitos, implícitos o hipócritas, por los que cada persona o grupo, renuncia a la posibilidad de aniquilar a sus semejantes, y sobre el que se basa la convivencia posible.

Un tercero y subjetivo: que es el sentimiento personal y colectivo de que eso es realmente cierto, que funciona, que en él se puede vivir, amar, elegir y crecer.

En el caso Jokin naufraga el sistema en pleno. Su decisi√≥n refleja lo que los m√©dicos llamar√≠an un fracaso org√°nico m√ļltiple de todo el cuerpo social, moral y pol√≠tico, que se manifiesta en algo tan grande y tan peque√Īo como la vida de Jokin, en algo tan simple y tan complejo como la soledad de Jokin.

Fall√≥ el ¬ęsistema de derecho¬Ľ, ya que la v√≠ctima no ten√≠a un solo mecanismo de autodefensa, fallaron quienes de alguna manera lo gestionan en el caso de un menor ‘sin responsabilidad’ sobre su propia vida y por tanto sin derechos efectivos que ejercer.

¬ęLos padres y los responsables del colegio, el instituto Talaia, muy bonito, moderno, con mucha luz, comprensivos ellos, le permitieron que se ausentara el lunes, ese maldito lunes 20 de septiembre, porque iban a hablar con la otra parte, con los verdugos, claro, pero que el martes, ya me entiendes, deb√≠as volver a la sala de torturas, y asumirlo, chaval, porque la vida es dura y te vas a joder tu solo… ‘Cuando vuelvas el martes, ll√©vate un m√≥vil, por si tienes problemas’.¬Ľ (Gregorio Mor√°n).

Quienes detentan los resortes de poder se inhiben ante lo que son ‘cosas de ni√Īos’ (inocentes, inconscientes, pasajeras), dan tiempo al tiempo, pero con su propio reloj, obviando el tempo emocional de la v√≠ctima, la claustrofobia que hasta el futuro vuelve irrespirable. Miden los acontecimientos desde el sentido com√ļn (todo-pasa, la-vida-sigue) para el que la profunda emoci√≥n y sicolog√≠a de ¬ęuno solo¬Ľ es exageraci√≥n y paranoia.

Por lo que conocemos, ni siquiera utilizan los medios a su alcance para proporcionarle un m√≠nimo sentimiento de seguridad sobre su integridad f√≠sica y personal. Incluso contando con que a√ļn a unas edades se magnifica la magnitud de un acontecimiento -hasta el punto, por cierto, que se puede convertir en traum√°tico-, tampoco se le puede exigir a quien vive bajo amenaza que deje pasar las cosas sin un horizonte definido para vivir-en-paz.

A√ļn as√≠, hay que reconocer que las medidas coercitivas o de otro tipo, probablemente se hubieran mostrado fr√°giles, insuficientes e incluso contraproducentes ante algo roto de antemano. Antes que los titulares hablaran de que un cuerpo cayera tras la muralla del casco viejo de Hondarribia, antes de que escribiera una despedida con los dedos cansados de apretar los pu√Īos, antes de que agotado de un minuto que dura tanto mantuviera una √ļltima conversaci√≥n, incluso antes de que su cuerpo fuera presionado, golpeado y puesto al filo de la muralla del casco viejo de Hondarribia, cualquier moral por hip√≥crita, burguesita o ramplona que fuera, se hab√≠a evaporado.

Si observamos algunos comportamientos previos y posteriores al suicidio, los hijos y los padres de los hijos, incluso alguna profesora, olvidan que no-hay-derecho que permita aniquilar a un semejante.

¬ęEl mi√©rcoles 15, aniversario de la cagada, le reciben con un surtido de papel higi√©nico diseminado por el aula y el descojone es absoluto, por supuesto. La profesora encargada … participando del jolgorio colectivo le pide a la v√≠ctima que recoja los rollos¬Ľ (Gregorio Mor√°n).

En los d√≠as previos al suicidio la madre de uno de los asesinos se permite acusar a la v√≠ctima en el o√≠do de su madre de haber roto ¬ęla lealtad de la cuadrilla¬Ľ. Tras el suicidio un padre excusa a su hijo ¬ęresponsable de lo ocurrido el primer y el tercer d√≠a de clase pero nada m√°s¬Ľ, trasladando las formas y los l√≠mites del poder judicial a la vida social en un recurso m√°s que t√≥pico. Igual que un juez no puede entrar a moralizar sobre la vida personal y se ha de limitar a establecer ‘responsabilidades probadas’, la responsabilidad de un individuo no se limita a lo ‘probado’ -o sea, a la imagen p√ļblica, a lo que se ha visto o no se ha visto- sino a su capacidad para discernir si se ha comportado como un animal o no.

Seg√ļn Avenarius, en palabras de Anton Pannekoek ¬ęaceptamos impl√≠citamente que los movimientos y fonemas de mis semejantes tienen un sentido equivalente a los m√≠os, aunque no como resultado de una experiencia estricta, sino como mera hip√≥tesis -ciertamente una hip√≥tesis necesaria- si no queremos desembocar en un mundo imposible y ficticio¬Ľ (Lenin, fil√≥sofo, Ed. Ayuso, Madrid 1976).

Quiebra la balanza, cuando el miedo se ha metido en el cuerpo, y la razón y el espíritu sólo indican desesperanza, cuando la convivencia y la libertad son sólo una hipótesis, la más inverosímil, imposible, irrisoria, ridícula, patética, tanto si hablamos de la vida inmediata como del medio plazo o el horizonte más lejano.

La subjetividad de Jokin quiebra no por una debilidad especial o la particular crueldad de sus torturadores, quiebra porque todo lo que sostiene una comunidad ha saltado por los aires ante sus ojos.

Ausentarse entonces es regalarse la paz, una paz justa y vengativa. Un testimonio sin réplica para no dejar a nadie excusarse, lamentarse, flagelarse, reconciliarse. Es decirles ya nadie puede perdonarte / no hay dios a quien puedas dirigirte, hermano / solo tu mismo / a ver como lo haces.

Unas veces con raz√≥n y otras sin ella, cualquiera a qui√©n alguna vez se le halla pasado por la cabeza la sola posibilidad de hacerlo, sabe que el suicida busca sobre todo venganza y justicia irrevocables. Pero hay algo m√°s importante. Hemos dicho que un trauma es fruto de la incapacidad para medir un acontecimiento, y muchos son atisbos de lucidez sobre la realidad debajo de la realidad que nos rodea, miserias desnudas para los que no se tienen instrumentos de medida y uso, por eso se vuelven dolor dormido y latente a lo largo de los a√Īos.

La decisi√≥n de Jokin que deb√≠a haberse evitado a toda costa, no era la exageraci√≥n de un ni√Īo desbordado, sino un atisbo de lucidez, y una lecci√≥n √©tica y pol√≠tica, vital, que se hizo tr√°gica: que no merece la pena vivir de cualquier manera.

La mirada del criminalista

Roberto Rey, miembro del Consejo Escolar del Estado afirma que ¬ęel matonismo escolar afecta a pocas personas pero es muy grave¬Ľ (El Peri√≥dico Mediterr√°neo, 11/10/04), en concreto al cuatro por ciento seg√ļn el Instituto de Evaluaci√≥n y Asesoramiento Educativo (IDEA) aunque las situaciones de acoso ¬ęocasional¬Ľ alcanzan el 30 por ciento.

Frente a √©ste y otros hechos como agresiones de alumnos a profesores, que en los √ļltimos tres a√Īos aproximadamente se ha convertido en el fen√≥meno medi√°tico y social de la ¬ęviolencia en las aulas¬Ľ, se dispara en seguida la mirada del criminalista. La mirada del criminalista es un vicio o un riesgo de ¬ęlos especialistas¬Ľ, de la necesidad de construir la l√≥gica de un problema social, ¬ęaislando¬Ľ las causas, las conductas y los sujetos para encontrar la soluci√≥n, lanz√°ndose a una carrera de definiciones con la que trata de atrapar la realidad.

La pedagoga Nora Rodr√≠guez ha escrito un libro, Guerra en las aulas, que aparte del m√°rketing editorial describe un campo de batalla. En palabras suyas al El Peri√≥dico Mediterr√°neo afirma que ¬ęlos bulls (toros, as√≠ se llama a los acosadores) son adolescentes ‘acomplejados y d√©biles’ que sufren ‘graves carencias afectivas'¬Ľ. ¬ŅQui√©n no sufre hoy de complejos, debilidades y graves carencias afectivas? ¬ŅAcaso no son las propias v√≠ctimas ¬ęadolescentes ‘acomplejados y d√©biles’ que sufren graves carencias afectivas'¬Ľ? Esto lo dice todo y no dice nada, porque describe la soledad mediocre que en mayor o menor medida sufren todos los adolescentes. La figura del bull se acerca m√°s a ser un principio de estigma que una aportaci√≥n sociol√≥gica o pedag√≥gica rigurosa.

Durante los √ļltimos tres a√Īos aproximadamente, esta cuesti√≥n est√° generando un discurso netamente criminalizador: construcci√≥n de perfiles delincuentes entre los escolares, sobreproducci√≥n de mercanc√≠a informativa, alarma social y recuperaci√≥n de discursos securitarios en torno a la educaci√≥n. En el punto de mira una generaci√≥n (X, Y, Z…) que en 10, 15, 20 a√Īos estar√° plenamente incorporada a una sociedad, si todo sigue este mismo curso, con derechos sociales, laborales y colectivos esquel√©ticos, con menos recursos de autodefensa com√ļn, mayor exigencia de competitividad, y por tanto mayores √°mbitos y formas de violencia e impunidad.

Por lo que vamos viendo, no se ha aprendido mucho del proceso de comprensión y lucha contra la violencia de género. Si algo ha quedado demostrado es que, en un conflicto social como éste, para nada sirven los perfiles y las generalizaciones más o menos innovadoras, que producen certezas falsas y falsa conciencia. Sólo puede comprenderse desde el conocimiento del contexto social, ético, económico e ideológico en que se producen.

La cuesti√≥n no es relativizable y necesita de medidas que permitan a las v√≠ctimas defender su integridad f√≠sica y personal. Pero la proyecci√≥n medi√°tica y la cantidad de producci√≥n intelectual y period√≠stica sobre ella en tan poco tiempo, aporta pocos instrumentos de comprensi√≥n, y se a√Īade a la cortina de humo bajo la que se oculta como una serie de hechos, √°mbitos y sucesos aislados una situaci√≥n de violencia generalizada, un suicidio callado que moja millones de s√°banas cada noche de cansancio, miedo y miseria emocional.

A través de un corazón roto

Siempre hay una pregunta, un por qu√© entrel√≠neas, que debe llevarnos mucho m√°s lejos que la an√©cdota, el morbo y el espect√°culo. Hay una grieta que se abre para mirar el mundo a trav√©s de un coraz√≥n roto. La vida y la muerte de una persona, pueden ser el ojo de una cerradura, la llave y la mirada de los secretos a voces de la condici√≥n humana, de la vida que nos ha parido y los a√Īos que nos quedan por vivir.

Una pel√≠cula como Smoking Room ha descrito con la precisi√≥n del cirujano la relaci√≥n entre la soledad mediocre, el miedo y la competitividad, reflejado adem√°s en esa presunta ¬ęclase media acomodada¬Ľ que sirve como base para rechazar cualquier discurso que denuncie explotaci√≥n y violencia en nuestro espacio-tiempo. La doble moral de una estructura empresarial que mientras mantiene todo un sistema de explotaci√≥n y control, se permite ordenar la conducta de los empleados prohibiendo fumar en sus instalaciones.

La espiral de violencia y ostracismo generada cuando un empleado intenta conseguir una habitación para fumar, en la que mientras cada uno trata de salvarse a sí mismo sólo contribuye a la degradación y la destrucción colectiva.

Nos escandalizamos de que una panda de adolescentes lance a un otro al suicidio b√°sicamente porque -creo que salvo qui√©n ha sufrido la violencia infantil de una manera m√°s o menos sistem√°tica- la mayor√≠a sigue convencida de la intr√≠nseca inocencia infantil, y olvidan como indica Gregorio Mor√°n ¬ęque el ingenio adolescente para hacer el mal es inconmensurable¬Ľ. Pero ¬Ņson acaso mejores sus mayores? ¬ŅDentro de la poblaci√≥n escolar se produce acoso s√≥lo entre alumnos, de alumnos a profesores, o de profesores a alumnos?

Las direcciones de los centros que controlan la informaci√≥n que se ofrece al p√ļblico, ¬Ņpodr√≠an indicarnos si existe violencia sicol√≥gica y moral tambi√©n entre el profesorado? ¬ęAlrededor de 700.000 funcionarios sufren un grave riesgo psicosocial en el trabajo que incrementa el n√ļmero de bajas laborales, de los que medio mill√≥n padece lo que se conoce como ¬ęmobbing¬Ľ o acoso psicol√≥gico en el trabajo, y el resto coincide con un cuadro de Burnout o s√≠ndrome de estar quemado. Adem√°s, uno de cada tres de los funcionarios de la Agencia Tributaria (AEAT) y de la Intervenci√≥n General del Estado (IGAE) padecen uno de estos cuadros, colectivos analizados en este estudio¬Ľ (www.cgt.es).

El informe realizado por el profesor de la Universidad de Alcal√° de Henares I√Īaki Pi√Īuel y Zabala, tambi√©n indica que ¬ęel √≠ndice de cansancio emocional estar√≠a en el 25,5 por ciento de los afectados y del 16,6 por ciento los que no padecen acoso.

Los encuestados aseguran que un 70 por ciento de ellos ha padecido anteriormente en su desarrollo profesional situaciones de hostigamiento o acoso en el trabajo. Adem√°s, un 87% manifiestan haber presenciado en su entorno comportamientos de ‘mobbing'¬Ľ.

Seg√ļn Marina Pal√©s Soliva, ¬ęen funci√≥n de los estudios psiqui√°tricos realizados, se ha constatado que dos de cada cinco suicidios estaba inmerso en un proceso de acoso psicol√≥gico en el trabajo¬Ľ Consultar: http://mobbingopinion.bpweb.net

Se a√Īaden las situaciones de violencia legislada e institucionalizada: ¬ęun 80 por ciento de los menores encarcelados son medicados incluso sin el consentimiento de padres o madres y con extra√Īos diagn√≥sticos; la ley y los reglamentos permiten aislar a un menor durante diez d√≠as seguidos, como l√≠mite de toda una serie de sanciones que cuadriculan la vida del menor.¬Ľ (Octavilla repartida en Valladolid, Contra la ley del menor y el negocio de su aplicaci√≥n, http://www.nodo50.org/desdedentro, 29/04/03).

Si seguimos hablando de c√°rceles y acoso con resultado de muerte, es una t√≥nica de nuestro sistema penitenciario. Seg√ļn Cesar Manzanos Bilbao, de Salhaketa, entre 1998 y 2002 se produjeron ¬ę8.000 muertes prematuras¬Ľ que pudieron ser evitadas s√≥lo con ser aplicada en rigor la legislaci√≥n penitenciaria. ¬ęLos suicidios oficiales en prisi√≥n representan un tasa de 68 anuales por cien mil habitantes, lo que significa que en una instituci√≥n p√ļblica supuestamente dedicada a la rehabilitaci√≥n de las personas sujetas a su custodia, la tasa de suicidios es 11 veces superior a la de la poblaci√≥n total que en el estado se sit√ļa entre el 4 y el 6 anuales por cien mil habitantes.

Las tasas de suicidios s√≥lo son superadas por Francia y el Reino Unido, pa√≠ses europeos donde al igual que en el caso espa√Īol, se dan los mayores √≠ndices de masificaci√≥n y hacinamiento en prisi√≥n… Seg√ļn las fuentes oficiales en los √ļltimos cinco a√Īos se ha producido un incremento progresivo de los suicidios en prisi√≥n (de 20 en el 2001 a una estimaci√≥n de 34 para este a√Īo)¬Ľ.

¬ŅQue dibujo una ley de la selva? La ley de la selva es un clima, un caldo de cultivo, un sistema de relaciones sociales, econ√≥micas, morales, de poder. Ah√≠ est√° cada d√≠a, en la vida como un campo de batalla. Basta observar un poco para verlo, basta ensimismarse en el desahogo de un salario, un concurso, un coche o una pesadilla, para no mirar y hacer o√≠dos sordos.

1 Pandilla, banda, grupo, patota, en este caso de ni√Īos.

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* Colectivo C√°diz Rebelde (www.cadizrebelde.com).

Tomado de: http://mobbingopinion.bpweb.net/artman/publish/printer_1454.shtml

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