Ago 16 2014
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CulturaPolítica

Espionaje y amenazas a la libertad de prensa en EE.UU.

Seg√ļn lo previsto, pronto se iniciar√° el juicio en la causa por espionaje iniciada por el gobierno de Obama contra el presunto informante de la CIA Jeffrey Sterling, seis a√Īos despu√©s de la presentaci√≥n de cargos en su contra. Aparte de Sterling, se llevar√° a juicio adem√°s a uno de los principales pilares de nuestra sociedad democr√°tica: la libertad de prensa.

Los fiscales federales alegan que Sterling filtr√≥ informaci√≥n confidencial al autor y periodista del New York Times, James Risen. Risen ha escrito varios art√≠culos en los que saca a la luz asuntos de seguridad nacional. En uno de ellos, publicado en su libro de 2006 ‚ÄúState of War‚ÄĚ (en espa√Īol: ‚ÄúEstado de Guerra¬Ľ), Risen detalla una operaci√≥n fallida de la CIA cuyo objetivo era hacer entrega de planos defectuosos de bombas nucleares al gobierno de Ir√°n a fin de perjudicar el supuesto programa de armamento de ese pa√≠s.

Los fiscales consideran que fue Sterling quien filtr√≥ los detalles de esa operaci√≥n a Risen y pretenden que √©ste haga p√ļblica su fuente ante la justicia. Risen se ha negado hasta el momento a divulgar su fuente, ampar√°ndose en las protecciones a la libertad de prensa establecidas en la Primera Enmienda y ha jurado ir a la c√°rcel antes que ‚Äúrenunciar a todo aquello en lo que creo‚ÄĚ, seg√ļn sus propias palabras.

El rol que juegan las fuentes confidenciales en el periodismo de investigaci√≥n tal vez haya sido demostrado de manera fehaciente por los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein. Woodward y Bernstein ten√≠an una fuente confidencial apodada ‚ÄúGarganta Profunda‚ÄĚ que les dio pistas, les confirm√≥ informaci√≥n y les sugiri√≥ ‚Äúrastrear la ruta el dinero‚ÄĚ. Con ayuda de esa fuente descubrieron actos il√≠citos llevados a cabo en las m√°s altas esferas del gobierno, los cuales posteriormente llevaron a presentar su renuncia al Presidente Richard Nixon hace m√°s de 40 a√Īos, en 1974, a fin de evitar un juicio pol√≠tico.

Aproximadamente en el mismo momento, revelaciones acerca de hechos ilícitos y rotundos delitos en el seno del FBI, la CIA y la NSA suscitaron investigaciones por parte del Congreso que derivaron en la aprobación de nuevas leyes, como la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés), la cual se suponía debía controlar los abusos, al exigir órdenes judiciales para la vigilancia.

Pero luego tuvieron lugar los ataques del 11 de septiembre de 2001, y como da cuenta actualmente el sentido com√ļn, ‚Äútodo cambi√≥‚ÄĚ. El gobierno de George W. Bush dio inicio a una amplia gama de actividades, entre ellas, tortura, secuestros, escuchas telef√≥nicas sin orden judicial y, por supuesto, la invasi√≥n y ocupaci√≥n de Irak sobre la base de informaci√≥n de inteligencia falsa y de una extensa campa√Īa propagand√≠stica, llevada a cabo con amplia complicidad de los medios masivos de comunicaci√≥n.

Estos abusos salieron a la luz gracias a la labor de periodistas de investigación como James Risen y de informantes que corrieron grandes riesgos, a nivel personal y profesional, para llamar la atención de la población sobre los abusos de poder cometidos. Risen llevó su caso ante la justicia y logró que un juez de distrito dejara sin efecto la citación que pendía sobre él. El Tribunal de Apelaciones del Cuarto Circuito, que tiene jurisdicción sobre Virginia y Maryland, donde la CIA y la NSA tienen sus respectivas sedes principales, reinstauró la citación. Posteriormente, la Corte Suprema de Estados Unidos, a instancias del gobierno de Obama, se negó a tratar el caso. Risen agotó entonces sus posibilidades de apelación y deberá testificar en el juicio de Sterling o enfrentar cargos por desacato, que podrían implicar importantes multas y tiempo de reclusión.

Jeffrey Sterling

Jeffrey Sterling

‚ÄúMientras sea Fiscal General‚ÄĚ, sostuvo el Fiscal General Eric Holder, ‚Äúning√ļn periodista que est√© haciendo su trabajo ir√° a la c√°rcel‚ÄĚ. Pero si los fiscales federales del caso Sterling obligan a Risen a atestiguar, no queda claro de qu√© servir√° la promesa de Holder.

Uno de los motivos por los que el juez federal dej√≥ sin efecto la citaci√≥n de Risen fue que, seg√ļn razon√≥ el juez, los fiscales ya ten√≠an un caso firme contra Sterling y no necesitaban que Risen confirmara que Sterling fue la fuente. Las evidencias contra Sterling incluyen los estados de cuenta de las tarjetas de cr√©dito y cuentas bancarias de James Risen, as√≠ como sus registros telef√≥nicos y otra informaci√≥n que presuntamente los vincular√≠a. He aqu√≠ otra profunda amenaza al periodismo: el nivel sin precedentes de vigilancia de todas las personas, incluidos los periodistas. Parad√≥jicamente, fueron James Risen y su colega Eric Lichtblau quienes primero sacaron a la luz el programa de escuchas telef√≥nicas sin orden judicial del gobierno de Bush en un art√≠culo escrito en el a√Īo 2004 que fue retenido por el entonces editor en jefe, Bill Keller, hasta despu√©s de las elecciones presidenciales del 2004, en las que result√≥ reelecto el Presidente Bush.

La organizaci√≥n Human Rights Watch y la Uni√≥n Estadounidense por las Libertades Civiles emitieron conjuntamente en el mes de julio un informe titulado: ‚ÄúCon libertad para vigilar a todos: C√≥mo la vigilancia a gran escala de Estados Unidos perjudica al periodismo, a la ley y a la democracia estadounidense‚ÄĚ. Al detallar los impactos negativos que tiene la vigilancia masiva sobre el periodismo, citan a Brian Ross, corresponsal en jefe de investigaciones de ABC News, quien expres√≥: ¬ęSiento que tenemos que actuar como si fu√©ramos de la mafia. Tenemos que ir por ah√≠ con un monedero lleno y si se encuentra un tel√©fono p√ļblico, hay que usarlo, o como hacen los traficantes de drogas, hay que usar tel√©fonos prepagos desechables. Estos son los pasos que tenemos que dar para librarnos del rastreo electr√≥nico. Tener que tomar este tipo de medidas hace que los periodistas nos sintamos como si fu√©semos criminales y como si estuvi√©semos haciendo algo malo. Y no creo que sea as√≠. Creo que estamos brindando un servicio √ļtil a los estadounidenses para que sepan lo que est√° pasando en su gobierno y lo que est√° sucediendo‚ÄĚ.

No, los periodistas de investigaci√≥n no son culpables de hacer nada malo. La organizaci√≥n activista online Roots Action ha publicado una solicitud, que cuenta con m√°s de 125.000 firmas, en la que exhorta al Presidente Obama y al Fiscal General Holder a detener las acciones judiciales contra James Risen. Varias organizaciones en favor de la libertad de prensa han expresado su apoyo a Risen p√ļblicamente, al igual que lo han hecho veinte ganadores de Premios Pulitzer. En definitiva, reprimir a la prensa viola el derecho de la poblaci√≥n a saber. Existe una raz√≥n por la que el periodismo se encuentra amparado por la Constituci√≥n de Estados Unidos: la libertad de prensa es una instancia fundamental de control y equilibrio, necesaria para que quienes detentan el poder rindan cuentas ante la sociedad. El periodismo resulta esencial para el funcionamiento de una sociedad democr√°tica.

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