Sep 26 2014
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Despacito por las piedras

ESQUIZOFRENIA (de EEUU en Siria)

El gobierno de Estados Unidos anunci√≥ ayer que bombarde√≥ posiciones de las organizaciones fundamentalistas Al Qaeda y Estado Isl√°mico en la provincia siria de Alepo. Fuentes independientes afirmaron que en esos ataques, perpetrados con misiles crucero, cazabombarderos y drones, murieron unas 70 personas. Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos √Ārabes Unidos, Qatar y Jordania prestaron la cobertura pol√≠tica y diplom√°tica para las primeras incursiones, al incluirse en una coalici√≥n que, seg√ļn el presidente estadunidense, Barack Obama, tiene entre sus filas a unos 40 pa√≠ses, aunque por ahora el √ļnico socio de Washington del que se ha confirmado su participaci√≥n en la escalada es el Ej√©rcito del Aire franc√©s.

De entrada, cabe se√Īalar que no hay elementos para creer a priori que los fallecidos hayan sido, al menos en su totalidad, combatientes de las organizaciones mencionadas. Es pertinente recordar los numerosos precedentes en los que las fuerzas estadunidenses han lanzado ataques a√©reos en Afganist√°n y Pakist√°n contra formaciones terroristas que resultaron ser bodas o fiestas populares, y que han dejado miles de v√≠ctimas civiles.

Por otra parte, si bien Obama se abstuvo de incurrir en cualquier cortes√≠a para el gobierno sirio, al cual no solicit√≥ autorizaci√≥n alguna para efectuar los ataques, √©stos contribuyen, objetivamente, a fortalecer al r√©gimen de Bashar Assad, en la medida en que debilitan a los grupos m√°s beligerantes que se le enfrentan con las armas. Y no se puede olvidar que hace justamente un a√Īo, en septiembre de 2013, Obama estuvo a punto de ordenar ataques militares en contra de las autoridades de Damasco, y que fue contenido mediante una negociaci√≥n de √ļltimo minuto protagonizada por el presidente ruso, Vladimir Putin.

Por a√Īadidura, Washington se coloca ahora, en el escenario de Medio Oriente y el golfo P√©rsico, en el bando del que ha declarado su archienemigo, Ir√°n, para el cual Al Qaeda y el Estado Isl√°mico son adversarios naturales.

Semejante realineamiento es expresi√≥n, en primer lugar, de una falta de conocimiento y comprensi√≥n del entorno regional, de la improvisaci√≥n y de la falta de estrategia y de objetivos claros. Por lo dem√°s, constituye una vuelta m√°s en el c√≠rculo vicioso en el que Estados Unidos ha estado entrampado desde hace d√©cadas: respaldad, financiar y armar a grupos irregulares extremistas que terminan por convertirse en una pesadilla para la seguridad nacional de Washington. As√≠ ocurri√≥ con los combatientes isl√°micos que combat√≠an la invasi√≥n sovi√©tica de Afganist√°n, pertrechados y entrenados por el Pent√°gono y la CIA, y quienes posteriormente conformaron la primera generaci√≥n de dirigentes y militantes de Al Qaeda. Otro tanto sucede ahora con el Estado Isl√°mico, el cual formaba parte de la coalici√≥n de facciones que busca hasta la fecha deponer por las armas al gobierno de Damasco. Si el a√Īo pasado Washington respaldaba ‚Äďincluso con armamento‚Äď al conjunto de esas formaciones, ahora ataca a dos de ellas y facilita de esa manera la persistencia de Assad en el poder.

A lo que puede verse, los c√≠rculos del poder estadunidense no calcularon que el gobierno de Assad en Siria es un factor de contenci√≥n secular frente a los integrismos armados, un papel muy semejante al que desempe√Ī√≥ Saddam Hussein en Irak hasta que los propios estadunidenses destruyeron su r√©gimen, lo capturaron y lo entregaron a sus enemigos locales para que √©stos lo ejecutaran. En consecuencia, Irak se ha visto hundido en una guerra civil sin t√©rmino y las organizaciones fundamentalistas han adquirido un poder que habr√≠a resultado impensable bajo la dictadura del partido Baaz.

En suma, el gobierno de Barack Obama mantiene, en lo fundamental, las estrategias belicistas, intervencionistas y disociadas de sus predecesores ‚Äďde Ronald Reagan a George W. Bush‚Äď en Medio Oriente. Y ello no puede dar frutos positivos para los pa√≠ses de la regi√≥n, para la estabilidad y la paz mundiales ni para el propio Estados Unidos.

Editorial de La Jornada de México

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