May 13 2005
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Opinión

Fidel-Lagos-terrorismo. Cuentas claras y chocolate espeso

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Luis Posada Carriles ‚Äďa la espera de refugio pol√≠tico en Estados Unidos‚Äď es un terrorista. En 1976 su negra estrella se ti√Ī√≥ dos veces con sagre: por una esperan justicia 73 muertos: las v√≠ctimas de un vuelo de Cubana de Aviaci√≥n; la otra ‚Äďun secreto a voces apenas se cometieron los asesinatos‚Äď se refiere al atentado, en W√°shington, donde quedaron entre el metal retorcido del aut√≥m√≥vill en que viajaban, a Osvaldo Letelier, ex canciller del gobierno de Salvador Allende, y la se√Īora Ronnie Moffit, estadounidense, su secretaria.

Ambos cap√≠tulos estremecen, pero no son los √ļnicos que componen la larga historia criminal-pol√≠tica de un hombre que desde principios de la d√©cada de 1961/70 ha estado al servicio de los aparatos ocultos del espionaje y la intervenci√≥n a menudo brutal de EEUU en tierras ajenas a la propia.

En 1985 Posada, preso en Venezuela por la masacre del ‚Äújet‚ÄĚ de Cubana de Aviaci√≥n, logr√≥ huir con ayuda de la CIA y de la corrupci√≥n imperante en ese pa√≠s.

La sola capacidad econ√≥mica y log√≠stica del llamado anticastrismo resulta insuficiente para haberle permitido llenar los macabros versos de su saga, cuyo final parece escrito en 2000 cuando su plan para hacer volar al presidente Fidel Castro durante la ‚Äúcumbre‚ÄĚ de Panam√°. Zaf√≥ al poco tiempo de la carcel paname√Īa por gracia de la presidenta Moscoso, que lo indult√≥ poco antes de dejar el gobierno.

Desde entonces quienes le ayudaron a esfumarse y su paradero son misterios bien conocidos

FIDEL ATACA

Luis Posada Carriles es mucho m√°s que una personalidad violenta. Su curr√≠culo en los campos del terror lo ponen, si no por encima, por lo menos al mismo nivel del legendario Carlos, ‚Äúel chacal‚ÄĚ, que cumple sentencia de prisi√≥n en Francia. Tal vez el hecho de que sus andanzas hayan golpeado las tierras ‚Äďdevaluadas‚Äď de los pa√≠ses de Am√©rica Central no le dieron la notoriedad de otros asesinos. La protecci√≥n de EEUU tambi√©n juega un rol importante en este aspecto.

Lo curioso es la tranquilidad, fea parsimonia en verdad, de los países latinoamericanos ante su condición de criminal terrorista; acaso las alas protectoras del Estado al que sirvió tengan influencia en el asunto. O el hecho de que su acción haya jugado contra Cuba.

La ceniza y rasgar de ropas luego del 11/S por parte de Iberoam√©rica no tiene, a√ļn no tiene, un espejo al hablar de Posada Carriles. Se es culpable ‚Äďcon o sin pruebas‚Äď s√≥lo si el golpe duele al amo. El caso del terrorista cubano-estadounidense (aunque ha utilizado pasaportes de otros paises) en cierto modo evidencia la sujecci√≥n del continente al poder que sobre sus gobiernos se ejerce. Puede evidenciar tambi√©n una suerte de ‚Äúsindrome de Estocolmo‚ÄĚ de sus estamentos pol√≠ticos o acaso, simplemente, su entrega a la majestad de ese poder.

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Fidel Castro, as√≠, se dej√≥ llevar tal vez por una muy justa, pero subjetiva, ira. Como no es la memoria la principal cualidad de los gobernantes latinoamericanos quiz√° convenga que √©stos busquen y lean ‚Äď¬Ņrelean?‚Äď sus declaraciones a prop√≥sito del atentado de setiembre en EEUU y su recuerdo del avi√≥n saboteado. Dijo entonce el presidente del Consejo de ministros de Cuba que su pa√≠s conoc√≠a de cerca el terrorismo. Cabe destacar que el atentado al avi√≥n en 1976 mat√≥ un equipo de muy j√≥venes deportistas cubanos.

El cuando menos extra√Īo desmontar del canciller mexicano horas antes de la elecci√≥n de la OEA ‚Äďy la posterior, ¬Ņconsecuente?, actitud del gobierno de M√©xico‚Äď que entreg√≥ la Secretar√≠a General del organismo al candidato chileno (no mal visto por Cuba durante el proceso eleccionario) se liga no m√°s fuere protocolarmente con Posada Carriles.

En efecto, el ya anciano criminal da rostro y figura al mayor terrorista de Am√©rica ‚Äďtal vez con la excepci√≥n de Henry K√≠ssinger y algunos presidentes estadounidenses‚Äď; result√≥ extra√Īo, entonces, que el se√Īor Insulza, fuera de algunas frases-maniobra sin mayor enjundia, no se refiriera a esta ‚Äúpapa caliente‚ÄĚ de la pol√≠tica y el sistema de justicia interamericano.

Sobre todo cuando existe una orden de arresto emanada de los tribunales venezolanos ‚Äďprevia al gobierno de Ch√°vez‚Äď. Si se considera, ademas, que Posada est√° vinculado √≠ntimamente a la muerte de Letelier en W√°shington, el silencio del gobierno de Chile, al cual Insulza pertenece todav√≠a, llamaba la atenci√≥n.

Sin consideraciones formales Castro llam√≥ a las autoridades chilenas, y al electo secretario general de la OEA, a pronunciarse sobre la presencia, no oficial pero evidente, del terrorista Luis Posada Carriles en Estados Unidos. Fidel Castro consider√≥ una indignidad para con los que murieron luchando contra Pinochet que en Chile se anduviera ‚Äúcon chanchullos‚ÄĚ c√≥mplices con Estados Unidos y sus aprestos anticubanos.

Y lanzado por la calle de la √©tica, record√≥ algunas declaraciones de funcionarios chilenos que han puesto en duda la democracia en su pa√≠s. Hablan ‚Äďdijo‚Äď como si aqu√≠ no se hubiera salvado ni una vida, como si este no fuera el pa√≠s de menor √≠ndice de analfabetismo, desempleo, de desnutridos, y en condiciones de bloqueo.

Incontenible salt√≥ los buenos modales y remont√≥ la historia: record√≥ lo que Cuba hizo por Chile en los tiempos de la dictadura pinochetista. Para remnatar: ¬ęLuego se tardaron a√Īos para restablecer las relaciones¬Ľ.

LLOVER SOBRE MOJADO

Mucho debi√≥ doler en La Moneda esta frase de Fidel Castro: ¬ęEn este mundo no se puede ir simulando, hay que andar con la verdad¬Ľ. Ya hab√≠a soltado: ¬ęSe creen que aquello es democracia y que la nuestra no¬Ľ, para recordar que una parte de los miembros del Congreso chileno fueron impuestos por la dictadura.

Record√≥ al pasar los 17 a√Īos de dictadura en Chile, cuyo pueblo fue v√≠ctima del terrorismo de Estado promovido y apoyado por Estados Unidos ‚Äďcomo ha sido archiprobado, incluso por documentos estadounidenses‚Äď.

Un d√≠a despu√©s respondi√≥ el presidente chileno. Ricardo Lagos ‚Äďque por otra parte nunca fue revolucionario‚Äď dijo que Posada Carriles debe ser juzgado como terrorista. ¬ę… Si hay acusaciones de terrorismo no me cabe la menor duda que debe ser sancionado como tal¬Ľ. Dijo el primer mandatario sure√Īo: ¬ętodo terrorista debe ser condenado¬Ľ.

Los roces entre los gobiernos de Chile y Cuba no son nuevos. Obedecen tanto a cuestiones de estilo como a razones ideol√≥gicas. Chile busca su desarrollo como democracia en la ‚Äúglobalizaci√≥n‚ÄĚ mercantil neoliberal-conservadora, Cuba se aferra al socialismo que pone en primer lugar el bienestar de la persona humana seg√ļn la concepci√≥n marxista de la segunda mitad del siglo XX.

Ambos pa√≠ses cuentan con presos condenados por sus respectivos tribunales de justicia, pero mientras a los presos chilenos se les niega calidad de presos pol√≠ticos, los cubanos son considerados como tales. Unos, los chilenos, fueron condenados por leyes y procedimientos impuestos por la dictadura ‚Äďa√ļn vigentes‚Äď; los cubanos por actos de sabotaje comprobados.

Chile, la m√°s competitiva y ‚Äúsaludable‚ÄĚ econom√≠a latioamericana no ha podido acercarse a la soluci√≥n de los dramas de la poblaci√≥n de menores recursos: la previsi√≥n social, la educaci√≥n y la salud est√°n en manos privadas y fuera del alcance de la mayor parte de la poblaci√≥n.

No es de Cuba, empero, la lluvia que cae sobre el final del gobierno de Lagos.

Una mujer ‚Äďpor ejemplo‚Äď que arrastra ante las c√°maras de TV una hernia que padece desde hace una d√©cada sin haber logrado atenci√≥n m√©dica; obreros que amenazan con suicidarse porque no se les paga sus salarios ‚Äďy otros que cotidianamente sufren accidentes del trabajo por falta de controles de seguridad‚Äď; cientos de miles, quiz√° millones, de alevines ‚Äďsalmones en la primera etapa de su vida‚Äď que se ‚Äúfugan‚ÄĚ de los criaderos, poniendo en riesgo la fauna aut√≥ctona; miles de estudiantes en las calles, agobiados por el costo de su educaci√≥n; pescadores enfrentados con la polic√≠a por reclamar soluciones a su miseria, en fin, son hechos que empa√Īan el final del tercer gobierno de la Concertaci√≥n ‚Äďaun cuando muchos de estos probemas son agitados por la extrema derecha con miras a las pr√≥ximas eleciones presidenciales no es menos cierto que existen‚Äď.

Tampoco es clara en Chile la rigurosidad de la informaci√≥n que entregan los medios, comenzando por canal de TV del Estado. Los observadores imparciales se preguntan por qu√© desde los primeros d√≠as de mayo ha ‚Äúdesaparecido‚ÄĚ una de las candidatas del oficialismo mientras insidiosamente se muestran coincidencias o encuentros p√ļblicos entre la otra dama y el postulante de la derecha extrema.

En el plano internacional hiere la campa√Īa ‚Äďma√Īosa es el t√©rmino‚Äď iniciada por el debilitado gobierno del Per√ļ a prop√≥sito de una venta de armas chilenas a Ecuador cuando esos pa√≠ses se disparaban en la Sierra del C√≥ndor. ¬ŅVendi√≥ Chile, o permiti√≥ que llegaran armas a Ecuador, una vez entablados los combates? S√≠, afirma Toledo. Todo se aclar√≥ hace 10 a√Īos, dice Lagos. El se√Īor Insulza, que dirigir√° la OEA en pocas semanas, era el ministro de RREE chileno en esa √©poca. Pero ¬Ņy las armas?

Bolivia, con todo y sacud√≠rsele el piso al defraudador de esperanzas presidente Mesa, lenta e inexorablemente suma simpat√≠as ‚Äďcuando no apoyo, incluso dentro de Chile‚Äď a su causa por una salida al mar. En La Moneda se habla de tratados y acuerdos ‚Äúintangibles‚ÄĚ, lo que es, cuando menos, una idiotez en las relaciones internacionales.

Con la Argentina hay poco que negociar, a√ļn cuando todo est√° por hacerse, y la llave o canilla del gas permanece a medio cerrar. ¬ŅAcaso las autoridades chilenas y su ‚Äúpujante‚ÄĚ empresa no sab√≠an que Argentina no es, definitivamente, un pa√≠s gas√≠fero o que, si lo fuera, hab√≠a entregado esa riqueza a los muchachos de REPSOL?

El manto de dignidad ‚Äďa la De Gaulle‚Äď con que pretende vestirse el estamento en el poder en Santiago deja demasiadas porciones de piel al descubierto. Ning√ļn gobierno puede lucir digno mientras uno solo de los habitantes del pa√≠s que rige pase hambre, fr√≠o, carezca de trabajo o ‚Äúlas leyes del mercado‚ÄĚ le impidan atenci√≥n m√©dica o una educaci√≥n acorde con las necesidades de la sociedad.

O cuando a una jueza los tribunales le niegan la tenencia de sus hijos porque es lesbiana.

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