¿Frankenstein, el moderno Prometeo?

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Hace unos meses se estrenó en la plataforma de Netflix la última versión cinematográfica de Frankenstein, dirigida por Guillermo del Toro,  basada en la célebre novela de Mary Shelley. Uno de los clásicos de terror más populares de la literatura, que guarda algunas similitudes con otro clásico del género: Drácula, de Bram Stoker.

Ambas novelas fueron escritas y publicadas en el siglo XIX (Frankenstein, 1818; Drácula, 1897) y están ambientadas en una atmósfera gótica que, en el caso de la adaptación de Guillermo del Toro, constituye uno de los elementos estéticos más logrados del film, a partir de la elección de escenografías, fotografía y otros recursos visuales.Frankenstein Teatro Madrid - Bea.gg | Studio

Pero las novelas de Shelley y Stoker, además, también recurren a ciertos tópicos temáticos que las asemejan, como el de la inmortalidad o el amor frustrado, que las inscriben en el ámbito del género melodramático. No obstante, las circunstancias que dan origen a las criaturas que tienen como protagonistas difieren bastante. En el caso de Drácula, su existencia es el producto de elementos esotéricos de carácter mágico y religioso, a diferencia de la criatura concebida por el doctor Víctor Frankenstein, que es un producto de la ciencia moderna, lo cual también ubica a la obra de Shelley como un exponente del género de la ciencia ficción.

En la novela, la forma en que el doctor Frankenstein le da vida a su creación estuvo inspirada en algunos experimentos científicos, como los realizados por Luigi Galvani en el siglo XVIII, ligados a la electricidad, que consistían en mover los miembros de algún animal —como la pata de una rana— mediante una descarga eléctrica, y que en la época incitaban a especulaciones sobre la posibilidad de devolver a la vida tejidos muertos.

Pero el modo en que su creador construye a su criatura a partir del ensamble de órganos de cadáveres anticipó, con más de un siglo de antelación, el primer trasplante de órgano exitoso en humanos, realizado en 1954, cuando Joseph E. Murray, junto con Merrill y Harrison, lograron llevar a cabo un trasplante renal entre los gemelos Ronald y Richard Herrick.

En la actualidad, desde el campo de la medicina se han logrado realizar trasplantes de todos los órganos del cuerpo humano, con excepción del cerebro. Sin embargo, las técnicas cada vez más precisas y sofisticadas de mapeo cerebral habilitan especulaciones sobre la posibilidad de que, en un futuro no tan lejano, se puedan transferir los contenidos del órgano que nos define como especie a un nuevo soporte biológico, material o virtual.

No obstante, en el campo de la biología celular, algunos hitos —como la decodificación de más del 90 % del genoma humano, fruto de veinte años de investigación, colaboración y trabajo conjunto de investigadores de todo el planeta—, sumados a los avances en técnicas de nanotecnología que posibilitan la intervención y manipulación genética a escala molecular, abren las puertas a un escenario que excede las fantasías más ensoñadas de la imaginación de Logran secuenciar por primera vez en la historia todo el genoma humanoShelley.

Estos avances ya no plantean la posibilidad de rediseñar el cuerpo humano a partir de una suerte de collage de órganos, como proponía la autora en su novela, sino desde su génesis más profunda: el ADN que los constituye. Incluso, excluyendo sus objeciones éticas, podría extrapolarse a los humanos técnicas que han demostrado ser exitosas en otras especies, como la clonación, dando origen —al igual que la criatura concebida por Víctor Frankenstein— a un ser humano sin progenitores.

Mary Shelley publicó la primera versión de su novela el 1 de enero de 1818 con el título Frankenstein o el moderno Prometeo, en alusión al mito griego de Prometeo, el titán que robó el secreto del fuego a Zeus para entregárselo a los hombres.

El mito de Prometeo ha sido interpretado como una metáfora del inicio de la civilización y la tecnología, puesto que fue el fuego el primer elemento de la naturaleza —al que hasta entonces se le atribuía un origen divino— que los hombres lograron dominar para su propio beneficio.Big Bang Theory Stock Photos, Images and Backgrounds for Free Download

Desde el Neolítico hasta nuestra era, los Homo sapiens, a partir de la mitología y las religiones hemos pergeñado diversas narrativas —de las que la ciencia moderna no está exenta—, con la finalidad de otorgarle cierto grado de comprensión y previsibilidad a la sensación de incertidumbre que nos genera el principio de la entropía, que desde los orígenes del Big Bang gobierna el universo que nos rodea.

Una angustia que posiblemente nos remita a la madre de todos los enigmas, que paradójicamente es aquello de lo que, por lo menos hasta ahora, tenemos una certeza absoluta: que nacimos para morir.

En tal sentido, en 2025 la empresa OpenAI anunció que había diseñado un modelo de IA con el objetivo de impulsar la investigación sobre la longevidad humana a partir de los factores Yamanaka, un conjunto de proteínas cruciales para el rejuvenecimiento celular, que llevan su nombre en honor al Premio Nobel de Medicina de 2012.

Dichos factores tendrían la propiedad de, a partir de células madre, regenerar tejidos, crear órganos humanos e incluso generar células de reemplazo.La revolución de la Inteligencia Artificial en el cuidado: hacia un ...

La noticia da cuenta de la interacción de dos tecnologías que desempeñarán un rol central en el devenir del siglo XXI: la biogenética y la inteligencia artificial (IA).

La IA funciona a partir de un sistema de nodos neuronales interconectados que se asemejan a la estructura del cerebro humano y que se tornan más eficientes a medida que incorporan más información, lo que les permite desarrollar fórmulas algorítmicas capaces de generar procesos de autoaprendizaje, modelos predictivos cada vez más certeros e incluso interpretar conceptos abstractos.

Estos atributos se verán incrementados en los próximos años por los nuevos superconductores y por la aplicación de conceptos de la mecánica cuántica a estas tecnologías, lo que les otorgará una velocidad prácticamente ilimitada en el procesamiento de datos y un rol cada vez más protagónico en campos tan diversos como las finanzas, la medicina, la ingeniería, la defensa, la administración de la burocracia estatal y la ciencia aplicada en general. Razón por la cual no son pocos los que se aventuran a definir al siglo XXI como el siglo de la IA Zen.

Es posible que en los años venideros herramientas combinadas como la IA y los avances de la biotecnología celularEl mito de Prometeo: resumen y análisis - Cultura Genial nos aproximen al umbral en el que, al igual que Prometeo, podamos arrebatarles a los dioses dos de sus secretos más celosamente guardados: el de la inmortalidad y el del conocimiento ilimitado.

En el mito de Prometeo, Zeus decide castigar al titán por su traición encadenándolo al monte Cáucaso, donde un águila devoraba todas las noches su hígado, que cada día se regeneraba para renovar su tormento. Es probable que Mary Shelley haya tomado de este fragmento del mito la idea de la auto regeneración de las heridas, que era uno de los atributos de la criatura de su novela.

Pero quizás, en retrospectiva, dicho pasaje también pueda ser interpretado como una metáfora de las enfermedades, como otras maldiciones que, al igual que las águilas, son enviadas por los dioses sobre nuestros cuerpos mortales, y de las que podríamos recuperarnos indefinidamente gracias a nuevos y prometedores hallazgos científicos aplicados a la medicina, como los patrocinados por OpenAI.

No obstante, como se exhibe en la versión fílmica de Guillermo del Toro, al igual que la criatura de Frankenstein, también es posible que nos resulte más fácil recuperarnos de las heridas físicas que de sus secuelas emocionales y de su capacidad para redefinir el rumbo de nuestras vidas. En los años venideros, los avances en el campo de la biotecnología proporcionarán auspiciosas noticias sobre tratamientos para la resolución definitiva de enfermedades como el Alzheimer, diversos tipos de cáncer, deformaciones degenerativas y patologías autoinmunes, entre otras.Guillermo del Toro’s Frankenstein Trailer Is Delightfully Gothic

Sin embargo, en el contexto de un capitalismo en el que el 10 % de la población se apropia de más del 50 % de la riqueza generada a nivel global —y que al interior de ese porcentaje solo el 1 % concentra casi el 20 %—, y donde dichos sectores están mayoritariamente vinculados a corporaciones tecnológicas dirigidas por nuevos magnates a los que el escritor y ensayista Yanis Varoufakis define como los señores de una suerte de tecnofeudalismo, no resulta inoportuno preguntarse acerca de quiénes tendrán acceso a estos nuevos avances científicos y quiénes quedarán excluidos de ellos.

También es predecible que, como ya ha sucedido a lo largo de la historia con otros descubrimientos y tecnologías que los precedieron, los avances en biotecnología se conviertan en un botín codiciado por las principales potencias militares de turno, en el contexto de sus partidas de ajedrez geopolíticas.

En lo que respecta a la IA —a la que en los próximos años le iremos delegando cada vez más funciones—, se trata de una tecnología a la que, como nunca antes con otras que la precedieron, le estamos otorgando una capacidad que hasta ahora era exclusiva de los humanos: la facultad del autoaprendizaje.

Retos de la Inteligencia Artificial y su impacto en la economía digitalRazón por la cual el historiador Yuval Noah Harari considera que la IA ya no puede ser considerada simplemente como una herramienta, sino como una entidad en sí misma.

En la novela de Shelley, la criatura se revela ante los designios de su creador, y no son pocas las obras —tanto literarias como cinematográficas— de ciencia ficción que han representado futuros distópicos en los que tecnologías similares a lo que hoy definimos como IA terminan tomando el control de la humanidad.

Ante el escenario del devenir de tecnologías que tendrán un rol protagónico en lo que resta del siglo, quizá sea prudente adentrarnos en las dudas y vacilaciones que en su tiempo interpelaron a los miembros del equipo del Proyecto Manhattan sobre las características de la criatura que surgiría de la primera explosión atómica, y que propiciaría la confección de las bombas arrojadas  sobre  Hiroshima y Nagasaki, antes de que —como el doctor Víctor Frankenstein— bajar sin el último interruptor que nos separa de aquellos dioses que, desde nuestros orígenes, siempre anhelamos ser.

* Licenciado y Profesor en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA).

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