Jul 16 2015
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Opinión

Frente al saqueo

Hace no tantos siglos como nos gustar√≠a, en esa √©poca en la cual las naciones europeas estaban a√ļn forj√°ndose, cada vez que las arcas de sus amos se vaciaban los ej√©rcitos de conquista de estas naciones sol√≠an financiarse mediante el saqueo y el pillaje de las poblaciones donde guerreaban. A veces, la perspectiva de conseguir un buen bot√≠n hac√≠a que los asaltantes mantuvieran largos asedios de las amuralladas ciudades, que acababan por caer m√°s por raz√≥n del hambre que por las escaramuzas militares.

En algunas ocasiones, los defensores se resistían a su destino final y, quizá movidos por la desesperación, lanzaban un osado ataque a los sitiadores con la esperanza de romper el asedio; en los muchos casos en que esta medida precipitaba la caída de la ciudad, el saqueo se volvía más despiadado, con un peaje de víctimas indefensas superior al que los asaltantes se habrían cobrado si el arrojo de los asediados no les hubiera enardecido y el rencor por las propias bajas sufridas no los hubiera cegado de furia. Así los pueblos frecuentemente asediados aprendían una dura lección: por mal que causase el pillaje final, a veces era muy inferior al que sobrevenía si te resistías.

Estos d√≠as pasados me han venido a la cabeza estas im√°genes de asedios medievales (y no tanto) al leer tantas noticias sobre lo que est√° pasando en Grecia y ver c√≥mo evoluciona la situaci√≥n de este pa√≠s a√ļn europeo y reputado como la cuna de la democracia.

Asumo que están Vds. al tanto de las principales noticias, así que me permitirán que haga un resumen de los hechos con un enfoque un tanto diferente al que han oído en los noticieros de estos días.

La ratio de endeudamiento p√ļblico al PIB de Grecia ha crecido a buen ritmo durante los √ļltimos a√Īos, hasta llegar a ser el 177% del PIB de ese pa√≠s. Y eso ha pasado a pesar de que los sucesivos gobiernos de ese pa√≠s (incluyendo el tecnocr√°tico que se impuso en 2011 con un golpe de estado blando)¬†han aplicado a rajatabla el recetario que le ha ido marcando el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisi√≥n Europea (a veces travestida de ¬ęEuroGrupo¬Ľ o grupo de ministros de finanzas de la UE). Estos tres organismos se han constituido en una especie de organismo tripartito, denominado en la prensa ¬ęla troika¬Ľ, que esencialmente est√° representando los intereses econ√≥micos de los grandes poderes econ√≥micos que tienen la mayor√≠a de la deuda griega (y de otros pa√≠ses). En vez de representar los intereses de una mayor√≠a de ciudadanos, esta troika est√° representando a los intereses privados de una minor√≠a, eso s√≠, muy poderosa.

El caso es que los griegos, cansados de tantos recortes y tantas medidas de austeridad (como tambi√©n lo est√°n tantos ciudadanos europeos, de Londres a Berl√≠n, de Par√≠s a Dubl√≠n, de Madrid a Lisboa, y de Roma a Bruselas), decidieron confiar en un nuevo partido, Syriza, calificado habitualmente al menos en los medios espa√Īoles de ¬ęizquierda radical¬Ľ (aunque si uno mira su programa parece m√°s bien socialdemocracia bastante cl√°sica pero, eso s√≠, democr√°tica, que parece que es eso lo que ya no se lleva). Y resulta que ese Gobierno nombr√≥ como ministro de econom√≠a a Yanis Varoufakis, doctor por la universidad de Essex, profesor de econom√≠a en varias universidades del Reino Unido, Australia y √ļltimamente de Atenas, y por encima de todo un autor reputado por su condena del ultraliberalismo econ√≥mico que asfixia el mundo. As√≠ que cuando este profesor asumi√≥ el cargo pens√≥ que se pod√≠a convencer a la troika con argumentos l√≥gicos y razonados de que las medidas que estaban imponiendo a los griegos eran un suicidio econ√≥mico y que llevar√≠an a una situaci√≥n de endeudamiento insostenible; y que por el contrario otra pol√≠tica har√≠a viable la econom√≠a griega y el pago razonable de la deuda. Tras muchos encontronazos con los responsables de la troika lleg√≥ el momento de renegociar un paquete de deuda que Grecia ten√≠a contra√≠da con el FMI y que venc√≠a el 30 de Junio de 2015.

Renegociar, seg√ļn la troika, consist√≠a en pedir un nuevo cr√©dito (con su plazo de vencimiento y sus intereses) para poder pagar la deuda que venc√≠a. Pero, como cualquier hijo de vecino puede darse cuenta, financiar deuda vencida con m√°s deuda es la receta segura hacia el desastre, pues los intereses hacen crecer la cantidad adeudada a un ritmo exponencial. Pues no se enga√Īen: si la deuda supone ahora el 177% del PIB de Grecia no es porque los griegos sean unos manirrotos o unos vagos. Los ejemplos concretos de abusos y despilfarro cometidos por administraciones griegas, que por lo dem√°s podr√≠an encontrarse por toda la geograf√≠a europea si se toman la molestia de buscarlos, se convierten en los medios de comunicaci√≥n en categor√≠as universales, como si esos excesos explicasen todo el drama griego; pero no es verdad. Lo que verdaderamente ha llevado la deuda p√ļblica griega a la estratosfera (y tambi√©n lo que la hace crecer enormemente en los dem√°s pa√≠ses europeos) son dos factores: por un lado, el absurdo de financiar deuda con m√°s deuda, y por el otro, la transferencia de deuda privada de los bancos hacia el sector p√ļblico mediante el truco aberrante de pedir prestado a bajo inter√©s al BCE para despu√©s prestarlo al estado griego a un inter√©s mayor.

El gran pecado de Varoufakis fue creer que, porque ten√≠a la raz√≥n de su lado, podr√≠a argumentar con un discurso construido a fuerza de datos y hechos y mostrando un plan alternativo y viable que llevar√≠a a Grecia a un futuro mucho mejor de lo que le propon√≠a la troika. Lo que se encontr√≥ delante fue un ej√©rcito de matones disfrazados de ministros y altos funcionarios que hac√≠an el trabajo sucio a ciertos intereses que en realidad no son los de ninguna naci√≥n, sino los del gran capital. Daba igual lo que dijera y que hasta sus interlocutores reconocieran que Varoufakis ten√≠a raz√≥n: iban a machacarle. Con la opini√≥n p√ļblica europea en contra, retratados por los medios occidentales como poco menos que una pandilla de descerebrados radicales incapaces de comprender la inexorable y evidente l√≥gica del ultraliberalismo, el Gobierno de Alexis Tsipras convoc√≥ de urgencia un refer√©ndum para consultar al pueblo griego para saber si aceptaba las condiciones del acuerdo de ¬ęrescate¬Ľ ofrecido por la troika; y a pesar de que los medios occidentales anunciaban una y otra vez que el refer√©ndum ser√≠a re√Īido la realidad mostr√≥ que casi dos tercios de los griegos rechazaban las condiciones que se les quer√≠a imponer.

Al convocar el refer√©ndum el Gobierno de Syriza hab√≠a cruzado un punto de no retorno para la troika. Al apelar a la voluntad del leg√≠timo poseedor de la soberan√≠a griega para que decidiese sobre un asunto de tanta enjundia para su futuro, Tsipras dejaba claro que la troika era un organismo no s√≥lo no democr√°tico, sino contrario a la democracia. El da√Īo a la imagen del FMI, el BCE y la CE ha sido grande, pues, a pesar de toda la cantidad de ruido medi√°tico volcado para intentar confundir a los pueblos soberanos del resto de naciones europeas, no son pocos ya los ciudadanos europeos que est√°n convencidos de que la troika es solamente una pandilla de extorsionadores a sueldo. As√≠ que la canciller alemana dej√≥ claro que no quer√≠a ning√ļn trato con Grecia hasta que se supiese el resultado del refer√©ndum, con la esperanza de que √©ste fuera desfavorable a Tsipras y as√≠ se viese obligado a dimitir y convocar elecciones. No tuvo suerte, pero para la troika el objetivo prioritario fue, desde ese momento, derribar al gobierno griego. Y el proceso ha sido implacable: primero consiguieron forzar la dimisi√≥n de Varoufakis y despu√©s endurecieron a√ļn m√°s el paquete de medidas que exigen a Grecia. ¬ŅQu√© l√≥gica tiene que, despu√©s de recibir un mandato popular tan claro (que no s√≥lo obliga al Gobierno Griego sino a la Comisi√≥n Europea, pues Grecia es parte de la UE) la troika decida que tal mandato puede ser avasallado y, a modo de escarmiento, decide incrementar el pillaje? El caso es que, con la probable complicidad del Banco de Grecia (no olvidemos que las personas en el gobierno de estas instituciones centrales suelen pertenecer al mismo grupo de intereses), consiguieron asustar lo suficiente a Tsipras para que sucesivamente echase a Varoufakis y despu√©s aceptase un paquete de medidas peor que el que su pueblo rechaz√≥ no hace ni dos semanas. En este mismo momento el Parlamento griego vota en una tempestuosa sesi√≥n la implementaci√≥n de tales medidas, que ser√°n aprobadas con el apoyo de la oposici√≥n y de la mitad de Syriza que a√ļn es leal a Tsipras, mientras su Gobierno salta por los aires, las protestas se multiplican en la calle y el pa√≠s se ve abocado a unas nuevas elecciones en unos pocos meses; elecciones en las que su partido ser√° enterrado junto con las ilusiones que se albergaron durante estos pocos meses.

¬ŅQu√© ha pasado aqu√≠? ¬ŅC√≥mo puede ser que se hayan torcido tanto las cosas? ¬ŅC√≥mo puede haber fracasado en un lapso tan breve el √ļnico Gobierno que se ha atrevido a plantar cara a los matones financieros?

La clave de todo est√° en la orientaci√≥n que Syriza le ha dado y le da a esta crisis. La lectura que hace Syriza, al igual que la que est√°n haciendo otros movimientos pol√≠ticos surgidos de la protesta popular como el espa√Īol Podemos y el italiano Movimiento 5 estrellas, es que esta crisis es una estafa del gran capital y que podemos salir de ella con un plan sensato para reactivar la econom√≠a y con una mejor distribuci√≥n de la riqueza; y que de hecho aceptar ese plan tambi√©n ser√≠a del inter√©s del gran capital, porque garantiza un retorno viable de la deuda (en un plazo m√°s extendido, eso s√≠). Esta lectura de la situaci√≥n, como ahora explicar√©, es profundamente err√≥nea y por eso el resultado m√°s probable para los partidos que la sustentan es el fracaso m√°s estruendoso y la condena a desaparecer r√°pidamente por ese desag√ľe de la Historia por donde fluyen las grandes desilusiones.

F√≠jense que una de las ra√≠ces de la actual crisis griega est√° en la imposibilidad, debido a la normativa que lo regula, de que el BCE pueda financiar directamente a los pa√≠ses de la zona euro. Seg√ļn los mil y uno analistas econ√≥micos que menudean en nuestras teles, es ¬ęevidente¬Ľ que tal posibilidad debe estar prohibida porque si no los Estados abusar√≠an de la ¬ębarra libre¬Ľ que les dar√≠a el BCE. Sin embargo, tal argumento es obviamente espurio, desde el momento en que los bancos privados usan esa facilidad de cr√©dito a buen inter√©s para en cuesti√≥n de segundos prestar ese mismo dinero a los Estados a trav√©s de la compra de deuda soberana, eso s√≠, a un mayor inter√©s. Si el BCE fuese un organismo p√ļblico, no tendr√≠a demasiado sentido que favorezca un infundado beneficio privado que se basa en este espurio arbitraje.

Y si el BCE fuese un organismo privado, deber√≠a ser de su mayor inter√©s ahorrarse los intermediarios y obtener √©l directamente un mayor beneficio por el dinero que presta. Planteo las dos hip√≥tesis (que el BCE sea un organismo p√ļblico o un organismo privado) puesto que, como suele pasar con los bancos centrales en Occidente, no est√° del todo claro qu√© es; ¬†se rige por la legislaci√≥n europea pero tiene capital social y acciones. Esa extra√Īa dicotom√≠a del BCE, an√°loga en ciertos aspectos a la que tiene el FMI, explica muchas de las cosas que suceden hoy en d√≠a, pues mientras que los medios presentan al BCE y al FMI como organismos p√ļblicos, en realidad sus medios y fines dejan claro que est√°n al servicio de intereses privados. S√≥lo desde la perspectiva del inter√©s del gran capital internacional se explica esa extra√Īa normativa del BCE: por medio de la financiaci√≥n de la deuda p√ļblica, el BCE garantiza el negocio de la banca privada, y en caso de emergencia el rescate ¬ęinvisible¬Ľ de la misma transfiriendo su deuda privada a deuda p√ļblica de pa√≠ses que luego ser√°n acusados de ¬ęvagos¬Ľ e ¬ęincumplidores¬Ľ. Un saqueo m√°s perfecto que los de la antig√ľedad (aunque no menos cruento, puesto que sus v√≠ctimas se cuentan por millones).

¬ŅY por qu√© el BCE ha pasado de simplemente garantizar un lucrativo negocio a la banca a orquestar un saqueo, que hoy se cobra Grecia, ma√Īana Portugal, Italia y Espa√Īa, y en unos a√Īos Francia o Holanda? La raz√≥n es, en realidad, bastante simple: porque hemos llegado a un momento hist√≥rico del capitalismo, el fin del crecimiento.¬†El crecimiento econ√≥mico toca a su fin porque, simplemente, la oferta de recursos naturales que ha de impulsar la actividad econ√≥mica se est√° estancando,y cuando la oferta caiga as√≠ tendr√° que hacerlo la demanda y la actividad: es el Peak Everything¬†y su consecuencia, la Gran Escasez.¬†No faltar√°n los expertos de turno¬†que nos asegurar√°n que, con el progresos tecnol√≥gico y las mejoras en la eficiencia, la demanda material y energ√©tica estar√≠a llegando a su m√°ximo sin que eso suponga que la actividad econ√≥mica tenga que resentirse: es la vieja falacia del pico de demanda.

Sin embargo, es dif√≠cil argumentar que se est√© produciendo una mejora en eficiencia en medio de una crisis econ√≥mica que no acaba,¬†justamente porque ese (falso) argumento¬† es que la mejora en eficiencia permite producir m√°s con menos; ¬Ņd√≥nde est√°, entonces, esa prosperidad sin consumo de recursos? Lo que se ve, por el contrario, es la ca√≠da econ√≥mica acompa√Īada de la ca√≠da del consumo de recursos (hecho que se disimula tanto como se puede con otra recurrente falacia, la de la mejora de la intensidad energ√©tica, la cual se consigue en los pa√≠ses civilizados externalizando a otros pa√≠ses las actividades m√°s sucias y intensivas en recursos que luego son transportados para ser consumidos en Occidente, con un mayor gasto energ√©tico implicado). En realidad, que la ligadura entre econom√≠a y energ√≠a es tan estrecha que cualquier mejora tiene un recorrido limitado es f√°cil argumentar cient√≠ficamente, aunque eso no guste a los economistas.

Hace ya cinco a√Īos, apuntaba a una hip√≥tesis que cada d√≠a va cobrando m√°s sentido: si el crecimiento se detiene y, peor a√ļn, comienza el decrecimiento forzoso, las inversiones financieras, sin fundamento en el mundo material, simplemente no tienen sentido. Los agentes financieros m√°s poderosos intentar√°n, por tanto, ir liquidando activos financieros y los ir√°n convirtiendo en activos tangibles, bienes f√≠sicos, mientras la situaci√≥n econ√≥mica a su alrededor se va progresivamente agravando. Analicen a la luz de esta √ļltima reflexi√≥n la situaci√≥n actual de Grecia: en el paquete de medidas que la troika conseguir√° imponer en el altar de la inmolaci√≥n pol√≠tica de Syriza est√° la obligaci√≥n de que¬†Grecia ponga activos p√ļblicos por valor de 50.000 millones de euros en un fondo que ser√° gestionado por la troika y que servir√° como aval¬†en caso de impago. Impago que est√° asegurado, en realidad. Si estuvi√©ramos en el siglo XIV, los asediados dir√≠an que los asaltantes est√°n penetrando por la brecha de la muralla de Atenas. Pero estamos siete siglos m√°s tarde y los griegos no tienen la suerte de verse con los almog√°vares.

Los hechos que vemos y estamos viviendo nos indican que, en realidad, el capital es perfectamente consciente de la llegada del fin del crecimiento. Ya no basta con saquear pa√≠ses considerados perif√©ricos por el gran capital, como se hizo en las √ļltimas d√©cadas del siglo XX y principios del XXI (lo que magistralmente retrataba el documental Memoria del saqueo). Agotados los objetivos menores, los saqueadores van m√°s hacia el Norte, y eso ya no nos gusta, porque no nos vamos a beneficiar de ello sino que lo vamos a padecer. En cierto modo se podr√≠a decir que el capital internacional es plenamente decrecentista, pues entienden el momento que estamos viviendo y propone medidas para √©l razonables con el fin de adaptarse al decrecimiento inevitable. Adaptarse a su manera, claro est√°, y con una estaci√≥n de llegada a la que seguro no queremos ir.

Y √©sa es la gran paradoja de nuestro tiempo: posiblemente el gran capital internacional es la √ļnica gran instituci√≥n decrecentista del mundo (como m√≠nimo, la mayor). Como su plan de decrecimiento incluye una activa desinformaci√≥n (puesto que su plan de liquidaci√≥n de activos no podr√≠a prosperar si todo el mundo comprendiera que el decrecimiento es inevitable), la poblaci√≥n est√° completamente confundida sobre qu√© es lo que pasa. Y como consecuencia, tampoco los partidos pol√≠ticos son capaces de tomarle el pulso al momento.

Desde los partidos de derecha, la comuni√≥n con los preceptos del liberalismo econ√≥mico es tan generalizada que la simple menci√≥n a la necesidad de decrecer econ√≥micamente o simplemente a ser m√°s sostenible lleva aparejada un aluvi√≥n de cr√≠ticas descarnadas, muchas veces sustentadas argumentalmente por los expertos a sueldo de los intereses del capital. Lo peor es la tergiversaci√≥n de los argumentos: as√≠, un d√≠a sale el consejero de turno diciendo que ¬ęel decrecimiento lleva a la destrucci√≥n del empleo y a la pobreza¬Ľ, mientras que otro d√≠a el ministro nos ense√Īa que los partidos que tibiamente coquetean con el decrecimiento ¬ęquieren la redistribuci√≥n de la miseria¬Ľ, d√°ndole propagand√≠stica pero efectivamente la vuelta al cada vez m√°s conocido concepto de ¬ęredistribuci√≥n de la riqueza¬Ľ. Lo m√°s triste del caso es que se necesitan opciones decrecentistas ¬ęde derechas¬Ľ; de hecho, con el tiempo acabar√°n surgiendo, puesto que el decrecimiento es un hecho f√≠sico y por tanto transversal a cualquier ideolog√≠a. Sin embargo, el ba√Īo de propaganda hace que estos partidos a√ļn no recorran el necesario trecho, y por fuerza se ir√°n separando cada vez m√°s de un electorado cada vez m√°s menguado.

En cuanto a los partidos de izquierda, sobre todo los de nuevo cu√Īo, falta a√ļn la voluntad decidida de apostar por el decrecentismo, a pesar de que no pocos decrentistas militan ya en sus filas. Estos partidos intentan a√ļn negociar con el sistema, en el convencimiento de que la √ļnica manera de ganar una amplia base electoral es tener un discurso m√°s moderado y convencional. Sin embargo, el ejemplo de Syriza nos demuestra que no se puede negociar con el actual sistema econ√≥mico y financiero, que la actual manera de funcionar y lo que est√° pasando no es una casualidad, y que cuanto m√°s tiempo se pierda intentando contemporizar se avanza m√°s en la direcci√≥n del fracaso pol√≠tico de estas opciones y en el descr√©dito generalizado de toda la clase pol√≠tica. Lo cual, por otra parte, conviene al gran capital, ya que el desgobierno pol√≠tico le favorece.

Si de verdad queremos hacer frente al saqueo, si de verdad queremos sobrevivir como sociedad frente al mayor desaf√≠o de nuestras vidas, tenemos que estar decididos a plantar cara, con la fuerza de la raz√≥n pero tambi√©n con la de la voluntad, y simplemente decir que no. Que no pagaremos. Que no nos someteremos. Que no nos rendimos. Que no tenemos miedo. Tomar el libro de la Historia y escribir nuestro destino de nuestro pu√Īo y letra.

*Publicado en The Oil Crash

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