Jun 12 2022
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EconomíaSociedad

Fruto amargo: La industria del aceite de palma rehace Guatemala

Cuando los Q’eqchi’ se trasladaron por primera vez hacia el norte, a un lugar entonces deshabitado, la tierra era tranquila y abundante. Hab√≠a ma√≠z para cosechar, frondosa hierba mora para forraje, venados y el roedor manchado tepezcuintle para cazar. Si quer√≠as pescado, hab√≠a mucho. Si necesitabas agua para cocinar, ba√Īarte o beber, era abundante. Pero hab√≠a una regla: nadie deb√≠a sumergirse en el peque√Īo r√≠o que cortaba un camino sinuoso a trav√©s de la nueva tierra de la comunidad ind√≠gena.

No hab√≠a nombre para este para√≠so aparente, por lo que la autodenominada comunidad de creyentes se dirigi√≥ a un lugar por el que Jes√ļs camin√≥ una vez y bautiz√≥ la aldea Palestina II, la segunda Palestina. Entonces no hab√≠a forma de saber que una bendici√≥n podr√≠a convertirse en una maldici√≥n.Cultura Maya Q¬īeqchi: ECONOM√ćA Q'EQCHI'

Bajo la sombra de una palapa con techo de paja , con las brasas encendidas de un fuego bajo en el centro, Mar√≠a Alciro Bolon revuelve una olla ennegrecida de atol de pl√°tano ‚ÄĒuna bebida espesa y especiada a base de pl√°tano‚ÄĒ de la que el vapor se eleva en remolinos en medio de la apat√≠a, aire de septiembre. A su alrededor, perros canela y negros se escabullen debajo de las mesas en busca de sobras y afecto. Una adolescente moldea masa fresca en tortillas redondas. Afuera, un cami√≥n de reparto de agua retumba a lo largo del camino de grava blanca que bordea la cocina al aire libre y divide el centro de Palestina II.

Bolon, un l√≠der comunitario, da la bienvenida a una docena de mujeres, cada una con un huipil de encaje brillante y una falda tejida que llega hasta los tobillos. Algunas llegan con beb√©s a la espalda, con el cabello oscuro despeinado por el sudor. Con una sonrisa amplia y gomosa, Bolon saluda a Maria Tec Pop, una mujer mayor con cabello oscuro tirado en la nuca y estrellas doradas presionadas en sus dientes delanteros. Ambos tienen una antig√ľedad que se remonta a la fundaci√≥n de su pueblo hace unos treinta a√Īos. Recuerdan una √©poca en que todos ten√≠an tierra para cultivar, cuando el agua la llevaban las corrientes y no los camiones. Recuerdan a Rudy, el hombre de ojos claros.

√Čl era un intermediario. Un ladino. Alguien que no fuera ind√≠gena, como ellos lo eran. Lleg√≥ a Palestina II con la esperanza de comprar tierras a una comunidad que reci√©n las hab√≠a adquirido. Durante los treinta y seis a√Īos de guerra civil de Guatemala, Bolon, Tec Pop y muchos otros q’eqchi’ abandonaron su hogar natal en la regi√≥n de Alta Verapaz y siguieron la pendiente de la monta√Īa hacia el norte hasta el departamento m√°s grande del pa√≠s, Pet√©n.

La muerte r√°pida y lenta del curanderismo Q'eqchi' ‚ÄĒ Debates Ind√≠genasEn la franja sur de este mar verde, en el lugar que llamaron Palestina II, encontraron la tierra que les hab√≠an negado sistem√°ticamente en otros lugares. Ser√≠a suyo para tomarlo prestado, para transmitirlo, dice Bolon. Cuando Rudy hizo su oferta, la comunidad la rechaz√≥. Como un pueblo repetidamente desplazado durante unos quinientos a√Īos, un pueblo que une la palabra loq’laj , o sagrado, a ch’och‘, o tierra, los q’eqchi’ no la ceder√≠an tan f√°cilmente. No esperaban que el √ļltimo enga√Īo vendr√≠a de uno de los suyos.

Ahora sentada en un banco de madera, con Tec Pop a su derecha y una torre de vasos de plástico vacíos, pegajosos de atol, sobre una mesa a su izquierda, Bolon me habla del hombre de Palestina II. Encargado de persuadir a la comunidad para que vendiera su tierra, prometió que les pagarían muy bien. Algunos, confiando en su vecino, decidieron vender e hicieron planes esperanzadores para alquilar tierras en otro lugar. Otros se negaron. Luego vinieron las amenazas. Como cada parcela de maíz, cada cuadrado de tierra labrada, estaba rodeado de propiedad privada, a familias como la de Bolon se les advertía que si cruzaban tierras que no les pertenecían, algo podría suceder. En Guatemala, tales implicancias no se hacen sin intención, y uno por uno, la mayoría de la gente en Palestina II accedió a vender. Pero dos familias lucharon por conservar su tierra. Uno de ellos era la de Bolon.

En el l√≠mite m√°s alejado de la casa de su familia, m√°s all√° de la palapa , m√°s all√° de las gallinas enlodadas y libres, m√°s all√° de los ni√Īos trepando √°rboles flacos que se doblan bajo sus pies, comienza un terreno disputado. Es un paisaje ininterrumpido de palmeras cortas y robustas que se despliegan en ondas de fronda curva y hoja emplumada. Cada parcela de la antigua finca familiar en Palestina II se ha convertido en parte de una plantaci√≥n de palma, transformando una cosecha de subsistencia en una de capital. Ha puesto el hambre de una industria global a las puertas de Bolon. E incluso lo protegido, lo reverenciado, ahora est√° en peligro.

Bordeado de palmeras, el √ļnico r√≠o de Palestina II es un s√≠mbolo opaco y manchado de aceite de lo que se ha perdido. Una vez se us√≥ para cocinar, limpiar, ba√Īarse y beber, ahora se dice que el agua del r√≠o causa muertes inexplicables de peces y erupciones irritantes que se extienden por todo el cuerpo. La piel sangra, me dicen. Las mujeres de Palestina II sospechan que son los pesticidas y el veneno de palma utilizados para mantener a raya a las ratas. Le han dicho a la empresa Nacional Agro Industrial, SA, que las plantaciones est√°n demasiado cerca de sus casas y de su r√≠o. Han hablado de ello, una y otra vez, dando a conocer su deseo, su demanda inquebrantable: las palmas no deber√≠an estar aqu√≠. Pero nadie escuchar√°, dice Bolon. A las empresas no les importa el pueblo de Palestina II. Es la fortuna de unos pocos enfrentada a la carga de muchos.

Hacer una matanza

Guatemala. El conflictivo avance de la palma aceitera - Resumen LatinoamericanoEs algo as√≠ como una verdad universal que en 2022, el aceite de palma es tan omnipresente como despreciado. Todas las econom√≠as de la palma, desde la floreciente industria en Guatemala hasta el epicentro en Indonesia, est√°n plagadas de problemas provocados y facilitados por el apetito mundial por grasas vegetales baratas. El aceite de palma industrial ahora se encuentra en aproximadamente el 50 por ciento de los productos de los supermercados, desde galletas y mantequilla de man√≠ hasta champ√ļ y l√°piz labial. Si bien el aceite en s√≠, extra√≠do de la pulpa de la fruta de palma roja y bulbosa, es un alimento b√°sico local apreciado en su √Āfrica occidental nativa, el ingrediente industrial, la versi√≥n que consume la mayor√≠a de la gente, es el subproducto de procesos violentos infligidos en el hombre y la tierra.

A familias como la de Bolon se les advirtió que si cruzaban terrenos que no son de su propiedad, algo podría suceder.

El acaparamiento de tierras desplaza a las comunidades. Los monocultivos despojan de la biodiversidad. Los pesticidas envenenan las vías fluviales. Los trabajadores son explotados como mano de obra barata en trabajos peligrosos. Algunos prosperan, la mayoría no. Los disidentes son silenciados. Se produce aceite de palma. Se obtienen ganancias. Es un ciclo impregnado de colonialismo y perfeccionado por el capitalismo global moderno, un ciclo que se basa en la violencia de la extracción para tener éxito. No es coincidencia que en todo el mundo en 2020, la cantidad de defensores de la tierra asesinados mientras se oponían a la agroindustria coincidiera con los asesinados mientras se oponían a la minería y otras industrias extractivas.

Guatemala. El conflictivo avance de la palma aceitera - Resumen LatinoamericanoPero incluso los paisajes manufacturados requieren m√°s que fuerza bruta para tener √©xito. En la industria del aceite de palma, el control de la imagen es un medio de supervivencia, y lo que se dice (en vallas publicitarias, reuniones en l√≠nea) puede ser incluso m√°s nefasto que lo que se hace. Los intereses corporativos se marcan como sostenibilidad. Las promesas no cumplidas se publicitan como realidad. Y el mundo, desesperado por un respiro, considera que estos esfuerzos son una ‚Äúsoluci√≥n‚ÄĚ. Pero alguien como Bolon sabe lo contrario.

Hacia el final de la palapa reunidos, antes de un almuerzo de caldo de pollo ‚ÄĒlas mejores partes repartidas equitativamente entre los presentes, como es costumbre q’eqchi’‚ÄĒ pregunto si las plantaciones de palma han tra√≠do alg√ļn beneficio a Palestina II. Una habitaci√≥n llena de mujeres niegan con la cabeza. Bolon dice que todo lo que me han dicho no es cierto. Ha sido invitada a algo llamado ‚Äútaller ambiental‚ÄĚ, un evento recibido con indignaci√≥n por parte de la comunidad ind√≠gena. Ha visto las vallas publicitarias al borde de la carretera que anuncian los actos de caridad de la empresa palmera: se instal√≥ un nuevo tanque de agua, se repar√≥ un camino de terracer√≠a. Incluso ha estado en reuniones en las que la empresa se jacta de estas mismas contribuciones, de todo lo que ha hecho y de todo lo que ha gastado. Pero las palmeras siguen rodeando las casas de Palestina II. El r√≠o sigue inutilizable. Las amenazas a√ļn pesan. Nadie se deja enga√Īar.

‚ÄúNo tenemos nada‚ÄĚ, dice Bolon. ‚ÄúY ellos son los que nos est√°n matando‚ÄĚ.

Masacre de la motosierra

Alrededor de una hora al norte de Palestina II, el pueblo de Sayaxch√© surge de las orillas del r√≠o Pasi√≥n, una cacofon√≠a de autobuses llenos de gente, camiones de campo polvorientos y motos de dos ruedas estrechas que se balancean a lo largo de anchos caminos de tierra. Sayaxch√© es algo as√≠ como una frontera agroindustrial, donde los vendedores ambulantes pregonan pollos crudos y sostenes usados, hombres con sombreros de vaquero de copa alta charlan afuera de las carnicer√≠as y tiendas adornadas con letreros pintados a mano que anuncian de todo, desde el costo de un corte de cabello hasta los pesticidas de Bayer. Una sofocante ma√Īana de domingo, en medio de una calle de hoteles y tiendas, me encuentro con Ramiro Hern√°ndez en el caf√© m√°s popular del pueblo.

Hern√°ndez, l√≠der local elegido para un consejo de desarrollo comunitario rural conocido como COCODE, lleg√≥ a Sayaxch√© a principios de 1986 con la intenci√≥n de quedarse solo unos meses. Luego vio los √°rboles, los venados, el r√≠o, los coyotes, y se enamor√≥ de un lugar que entonces era hermoso. Pero unos seis a√Īos despu√©s de su vida pastoral, Hern√°ndez comenz√≥ a escuchar motosierras. Hab√≠a un constante y desconocido aceleramiento, gemidos y cortes a trav√©s de la paz de su hogar elegido. Sol√≠a ‚Äč‚Äčllevar bastante tiempo talar un √°rbol. Hombres equipados con algunas sierras y un hacha constru√≠an camas entre las ramas mientras cortaban cedro y caoba gruesos e imponentes de arriba a abajo. Pero con la llegada de las motosierras, la gente atravesaba el bosque r√°pidamente, destruyendo, destruyendo, destruyendo, dice Hern√°ndez, hasta que no qued√≥ nada.

En ese momento, Petén, que representaba un tercio de Guatemala pero albergaba alrededor del 3 por ciento de su población, ya tenía cierta exposición al aceite de palma. Uno de los mayores terratenientes del país, la familia Molina, introdujo la palma africana para reemplazar sus cultivos de algodón a fines de la década de 1980. Pero la región seguía siendo en su mayor parte territorio ganadero. Desde la década de 1960, aproximadamente la mitad del Petén, que alguna vez estuvo densamente boscoso, ha sido talado para el ganado. El conflictivo avance de la palma aceitera en Guatemala - No-ficción

En un enfoque familiar, los ranchos grandes y peque√Īos capitalizaron programas gubernamentales preferenciales y adoptaron t√°cticas agresivas para adquirir tierras. Pero mientras los ganaderos compraban la tierra familia por familia, las compa√Ī√≠as palmicultoras que les siguieron pod√≠an comprar pueblos enteros. Entre 2003 y 2013, la tierra para el cultivo de aceite de palma casi se cuadruplic√≥ en todo el pa√≠s. Hoy, Guatemala es el sexto productor mundial de aceite de palma.

‚ÄúEstamos rodeados de palmeras por todos lados‚ÄĚ, dice Hern√°ndez. ¬ęEn todas partes¬Ľ.

Al otro lado de Sayaxché, al otro lado del Petén, estas palmeras reemplazaron y reutilizaron, si no completamente, antiguos ranchos ganaderos. Pero las plantaciones también han absorbido tierras que alguna vez se usaron para cultivar maíz y frijol como parte del sistema de cultivo de milpa, o tierras que se dejaban en barbecho entre cosechas. Hoy en Sayaxché, la agricultura de cultivos como maíz, frijol y plátano no es más que un recuerdo, dice Hernández. Pero sería negligente decir que el Petén está yermo, vacío o desatendido. Las plantaciones de palma han replicado la idea de un bosque de la misma manera que la agricultura industrial ha redefinido lo que es alimentar a las personas. Ambos utilizan la ilusión de la abundancia para enmascarar prácticas extractivas que socavan la producción local de alimentos.

En el café de Sayaxché, a solo cuatro cuadras de la orilla del Pasión, Hernández traza un mapa del río y sus afluentes, trazando un contorno sobre un mantel tejido de color rosa y rojo. Gris verdoso y sinuoso, el Pasión ondula, se arruga y se despliega a lo largo de unas doscientas millas a través del Petén. Se origina en las cabeceras que fluyen hacia el norte que bordean Sayaxché y tienden hacia el oeste antes de desembocar en el río Usumacinta de México.

En Sayaxch√©, donde no hay un puente que atraviese las amplias orillas del r√≠o, la gente es transportada en botes de madera pintada, mientras que los autom√≥viles y camiones, cargados con vacas o racimos de frutos rojos de palma, son transportados en barcazas. No hace mucho, dice Hern√°ndez, el r√≠o se llenaba de todo tipo de peces, buenopeces, del tipo contra el que las comunidades que viven a la orilla del agua protegen sus medios de subsistencia. Pero hace siete a√Īos, todo eso cambi√≥.

La Pasión de Petén

Guatemala produciendo aceite de palma certificado y sostenible | Noticias GreenEn junio de 2015, durante la temporada de lluvias de Petén, los estanques de oxidación en una plantación de palma local y un molino se desbordaron, derramando una mezcla biocida del insecticida malatión y efluentes de palma en la vía fluvial. El efluente de palma está compuesto por desechos orgánicos generados por el proceso de convertir la fruta de palma en aceite.

Si no se trata, es cien veces m√°s contaminante que las aguas residuales dom√©sticas. Pronto hubo miles de peces muertos cubriendo la superficie del Pasi√≥n y un hedor nauseabundo flotando en el aire. Rigoberto Lima Choc, un maestro de escuela y activista de veintiocho a√Īos, fue uno de los primeros en presenciar y documentar la destrucci√≥n. Cien millas del Pasi√≥n fueron envenenadas. Veintitr√©s especies de peces fueron diezmadas. Y una veintena de comunidades ind√≠genas, que depend√≠an del pescado que ya no pod√≠an pescar, se arruinaron. En Sayaxch√© surgi√≥ un nuevo t√©rmino: ecocidio.

Es la fortuna de unos pocos enfrentada a la carga de muchos. Y la industria del aceite de palma no es m√°s que rapaz.

Durante los meses siguientes, la creciente evidencia rastre√≥ el derrame hasta el mayor productor de palma en el √°rea, Reforestadora de Palma del Pet√©n SA, o REPSA. Propiedad de la familia Molina como subsidiaria de la empresa agroindustrial Grupo HAME, REPSA ocupa alrededor del 10 por ciento de la tierra en el municipio de Sayaxch√©. Si bien la tierra es poder en Guatemala, especialmente cuando su distribuci√≥n desigual favorece a los ricos, activistas como Hern√°ndez y Lima Choc exigieron que la empresa rinda cuentas, si no se cierra permanentemente. En septiembre de 2015, tres meses despu√©s del derrame, un juez guatemalteco orden√≥ a REPSA que cesara temporalmente sus operaciones mientras se realizaba una investigaci√≥n.La industria palmera guatemalteca deja a lugare√Īos contemplando un futuro incierto | Global development | The Guardian

Nunca sucedió. Al día siguiente, tres activistas fueron secuestrados cuando se dirigían a Sayaxché. En la ciudad, seiscientos trabajadores de REPSA, agraviados por la propuesta de cierre y la posibilidad de un despido masivo, tomaron como rehenes a los que estaban dentro de un edificio del gobierno local. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos pidió la intervención del gobierno, a cualquier nivel. Pero no hubo respuesta. Alrededor del mediodía, cuando el sol estaba en su punto más alto, Lima Choc fue baleado frente al Juzgado de Paz de Sayaxché. Los asaltantes encapuchados se dieron a la fuga en motocicletas. Los activistas secuestrados y los rehenes fueron liberados. REPSA negó cualquier participación y nunca se acusó a nadie.

Durante los siguientes tres a√Īos, cuando Nestl√© y el gigante estadounidense de alimentos Cargill rompieron lazos con REPSA, la empresa se embarc√≥ en una amplia campa√Īa de relaciones p√ļblicas. Adopt√≥ una pol√≠tica de no violencia e intimidaci√≥n, estableci√≥ un plan de sostenibilidad y produjo un video de doce minutos eludiendo la responsabilidad por la contaminaci√≥n del Pasi√≥n, en lugar de culpar a las comunidades ribere√Īas. Un sitio web de turismo de Sayaxch√©, creado un a√Īo despu√©s del ecocidio pero sin v√≠nculos manifiestos con REPSA, regurgit√≥ los puntos de conversaci√≥n de la empresa. Las publicaciones en el sitio afirmaban que la contaminaci√≥n del Pasi√≥n era una oportunidad, no una crisis; otros acusaron a los activistas de derechos humanos de incitar al odio; y dos exaltaron a Lima Choc como un h√©roe local mientras culpaban de su muerte a ‚Äúenamorarse de la persona menos conveniente‚ÄĚ.

El revisionismo de REPSA ha tenido mayor √©xito. No se le ha hecho responsable legalmente por la contaminaci√≥n de Pasi√≥n ni se le ha admitido haber actuado mal. En los √ļltimos tres a√Īos, algunas de las corporaciones que cortaron lazos con la empresa los han reincorporado. Los activistas, mientras tanto, contin√ļan organiz√°ndose. Pero la violencia en Sayaxch√© ha hecho que muchos sean un poco m√°s cautelosos. En nuestra mesa de caf√© en el coraz√≥n de la ciudad, Hern√°ndez habla en voz baja y tranquila, sus palabras salen apenas por encima de un susurro.

‚ÄúSeguimos defendiendo‚ÄĚ, dice. ‚ÄúPero tenemos que ser m√°s cuidadosos, donde hay palmeras, hay violencia‚ÄĚ.

Y, seg√ļn me han dicho, las empresas tienen o√≠dos en todas partes.

Crueldad certificada

A unas treinta millas al suroeste del centro de Sayaxché, donde el río Chixoy marca la frontera con México, comienza la microrregión de Tierra Blanca. Calles llenas de baches, inundadas por un aguacero matutino, están rodeadas de perros lánguidos, tiendas de cemento pintadas de vivos colores y extensas plantaciones de palma que operan bajo el dominio de la empresa Palmas del Ixcán. Es a mediados de octubre cuando visito, hace calor y humedad, y el aire está henchido de mosquitos apáticos.Palmas del Ixcán

En una casa celeste en el pueblo de Roto Viejo, me encuentro con Vicente P√©rez Ram√≠rez, otro l√≠der del COCODE. Desde su cocina – sala de estar, un televisor pasa una telenovela apagada mientras Ram√≠rez me cuenta sobre una reuni√≥n a la que fue invitado tres meses antes en Rubelsanto, a unas dos horas de distancia. Los l√≠deres locales de toda la regi√≥n se hab√≠an reunido para hablar sobre Palmas del Ixc√°n. Una ‚Äúmujer profesional‚ÄĚ, como la describe Ram√≠rez, quer√≠a saber qu√© impacto hab√≠a tenido la empresa en sus comunidades. Nadie de Palmas del Ixc√°n estaba presente ni escuchando, les dijeron. Los l√≠deres comunitarios pod√≠an hablar libremente. Y su lista de agravios era larga.

Desde que las plantaciones se mudaron a la zona hace unos quince a√Īos, una vez m√°s utilizando la intimidaci√≥n y el cerco para comprar tierras, incluida la peque√Īa parcela de Ram√≠rez, las condiciones de la comunidad hab√≠an empeorado. Cada verano, el lago cercano, con forma de luna creciente, casi se vac√≠a para saciar las palmas sedientas. Las moscas, que muchos en la comunidad creen que est√°n vinculadas a la plantaci√≥n, han descendido en hordas. Los trabajadores, tanto locales como migratorios, est√°n mal pagados, son despedidos con facilidad y tienen que vadear zanjas de drenaje profundas de agua mezclada con productos qu√≠micos para cumplir con las cuotas diarias. Alrededor de la √©poca de la reuni√≥n en Rubelsanto, el r√≠o San Rom√°n hab√≠a sido contaminado, los peces flotaban en su superficie.

‚ÄúLas empresas solo han perjudicado a las comunidades‚ÄĚ, dice Ram√≠rez. ‚ÄúEsa es su intenci√≥n‚ÄĚ.

La reuni√≥n se hab√≠a realizado para discutir la potencial certificaci√≥n de Palmas del Ixc√°n como productor de aceite de palma sustentable. Desde mediados de la d√©cada de 2000, cuando la deforestaci√≥n y la desaparici√≥n del orangut√°n de Sumatra arrojaron luz sobre los problemas de la industria del aceite de palma del sudeste asi√°tico, la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible, o RSPO, ha abordado las demandas de un producto m√°s sostenible. Compuesta por diferentes miembros de toda la industria del aceite de palma (productores, fabricantes, inversores y organizaciones sin fines de lucro), la RSPO utiliza criterios sociales y ambientales para evaluar si una empresa produce lo que considera ¬ęAceite de palma sostenible certificado¬Ľ.La UE vota por detener la deforestaci√≥n del aceite de palma

La certificaci√≥n es un proceso que puede llevar varios meses. Implica auditor√≠as independientes y reuniones comunitarias como a la que asisti√≥ Ram√≠rez. Alrededor del 19 por ciento de la producci√≥n mundial de aceite de palma ha sido certificada como sustentable por la RSPO, incluidas m√°s de noventa y cinco mil hect√°reas de tierra productora de palma en Guatemala. Sobre el papel, la iniciativa global parece efectiva y encomiable. Pero en las comunidades de palmeras, en los pueblos sin agua, en las casas de los lugare√Īos y los defensores de la tierra, la realidad es m√°s complicada.

En la casa de Ram√≠rez en Roto Viejo, donde algunos gallos bulliciosos cantan bajo el calor del mediod√≠a, se nos une Ra√ļl, otro l√≠der de la comunidad, quien me ha pedido que solo use su nombre de pila. Ram√≠rez es parte del COCODE a nivel de pueblo; Ra√ļl representa a las veintid√≥s comunidades Q’eqchi’ en su mayor√≠a ind√≠genas que conforman la microrregi√≥n Tierra Blanca. Al igual que Ram√≠rez, asisti√≥ a la reuni√≥n de la RSPO sobre Palmas del Ixc√°n y, junto a l√≠deres de dos municipios y otras dos microrregiones, firm√≥ una carta dirigida a los auditores independientes de la RSPO. La carta detall√≥ el da√Īo causado a sus comunidades por Palmas del Ixc√°n y enumer√≥ recomendaciones sobre lo que deber√≠a suceder a continuaci√≥n: no nuevas plantaciones; reubicar un molino de procesamiento de palma; revisar las cuotas de trabajo para los trabajadores; hablando con las comunidades afectadas.El aceite de palma en √Āfrica | Por fin en √Āfrica

Despu√©s de la reuni√≥n y la carta, alguien que sab√≠a que trabajaba para la empresa se acerc√≥ a Ra√ļl y lo invit√≥ a compartir un refresco en una tienda local. Ra√ļl obedeci√≥, aunque sospechaba que no ser√≠a un encuentro amistoso. El hombre enumer√≥ las idas y venidas de Ra√ļl del edificio municipal, donde sol√≠a ir a trabajar. En su mano tra√≠a una lista de nombres, y Ra√ļl not√≥ que el suyo estaba marcado. Sin dudarlo, le dijo al hombre que sab√≠a que la empresa lo estaba investigando e intimidando. Pero no hab√≠a hecho nada malo. Como l√≠der comunitario, Ra√ļl siempre dice que ‚Äúno se puede servir a dos se√Īores‚ÄĚ. Son las plantaciones, o es la gente. Y siempre elegir√° a las personas.

‚ÄúSomos los due√Īos de la tierra. Nos ven como enemigos‚ÄĚ, dice Ra√ļl sobre empresas como Palmas del Ixc√°n.

En Roto Viejo, mientras el olor del almuerzo cierra la conversaci√≥n, Ram√≠rez pregunta por qu√© alguien de la RSPO ‚ÄĒde su oficina en Guatemala, del extranjero, de cualquier parte‚ÄĒ no visita comunidades como la suya. Si lo hicieran, dice, ver√≠an lo que est√° pasando. Es el fracaso de un sistema de arriba hacia abajo como la RSPO que las necesidades de las corporaciones y los inversores prevalecen sobre las voces de aquellos que literalmente viven a la sombra de la industria del aceite de palma. Puede ser inconveniente para toda una agroindustria abordar, si no expiar, los pecados del pasado, pero es mucho m√°s oneroso vivir entre las plantaciones, devorado por el monocultivo, y enfrentarse a un mundo que est√° convencido de que lo est√° intentando.

‚Äú¬ŅA qui√©n creer√° la RSPO?‚ÄĚ ‚ÄĒpregunta Ram√≠rez, antes de salir de su casa. ‚Äú¬ŅLe creer√°n a las empresas palmeras o a nuestras comunidades?‚ÄĚ

A principios de 2020, Palmas del Ixc√°n se certific√≥ como sustentable. El informe de auditor√≠a afirma que existe ‚Äúuna buena relaci√≥n entre la empresa y las comunidades‚ÄĚ. La RSPO no est√° al servicio de dos amos. Ellos han hecho su elecci√≥n. ¬ŅY Ram√≠rez? √Čl tiene su respuesta.

Crónicas de muertes anunciadas

En el camino de regreso a Sayaxch√© ‚ÄĒlejos de la serpenteante frontera con M√©xico, m√°s all√° del macizo monta√Īoso de la Sierra de Chinaj√° y hacia el norte hacia Palestina II‚ÄĒ la avaricia de la industria del aceite de palma se siente palpable. Las plantaciones, algunas protegidas con guardias, bordean los caminos. Las g√≥ndolas, repletas de racimos de frutas de palma, pasan rodando. Un cami√≥n que transportaba agroqu√≠micos, como indica un cartel de advertencia, da vuelta en la entrada de una plantaci√≥n de REPSA. Trabajadores con machetes atados a la espalda arrastran los pies bajo el peso del sol. Las vallas publicitarias descoloridas colocadas fuera de las escuelas y los peque√Īos pueblos al borde de la carretera insisten: construimos esto, hicimos esto, pagamos por esto.Procedimiento de tratamiento de efluente garantiza el buen uso del agua en REPSA - Grupo Hame

En la industria del aceite de palma, el control de la imagen es un medio de supervivencia, y lo que se dice puede ser incluso m√°s nefasto que lo que se hace.

Guatemala se ha convertido en el principal productor de aceite de palma certificado por RSPO en Am√©rica Latina, y m√°s de la mitad de la tierra cultivada para la producci√≥n de palma ahora se considera ¬ęsostenible¬Ľ. Pero en todo el pa√≠s, desde los confines m√°s lejanos del oeste hasta el territorio ocupado del este, lo que diferencia el presunto bien de la tala y quema cotidiana sigue siendo imperceptible.

A principios de 2020, a unas doce millas de la casa de Ram√≠rez en Roto Viejo, doscientas familias, en su mayor√≠a ex trabajadores palmeros q’eqchi’, se asentaron en tierras de plantaciones propiedad de Industria Chiquibul SA. La ocupaci√≥n, en parte protesta, en parte recuperaci√≥n de tierras, se produjo despu√©s que A√Īos de pr√°cticas laborales de explotaci√≥n, generalizadas en las plantaciones de Chiquibul, dejaron a los trabajadores sin los salarios y beneficios a los que ten√≠an derecho. Tres meses despu√©s, los guardias de seguridad privada de la empresa intentaron desalojar a la fuerza la comunidad, disparando a los residentes e hiriendo a Iz√°is Tiul Pop, de 30 a√Īos. Cuatro defensores de los derechos humanos de la ocupaci√≥n fueron posteriormente condenados a cuatro a√Īos de prisi√≥n por cargos que incluyen ‚Äúusurpaci√≥n agravada‚ÄĚ.

En el pueblo de Chinebal, a unas siete horas al sureste, cerca de las fronteras de Belice y Honduras, otra disputa por la tierra alcanz√≥ un punto culminante a fines de 2020. Los agentes de polic√≠a desalojaron por la fuerza a una comunidad Q’eqchi’ que hab√≠a estado ocupando tierras en disputa reclamadas por la empresa certificada RSPO NaturAceites. Contra un paisaje de tocones de palmeras y casas de madera, la polic√≠a dispar√≥ gases lacrim√≥genos y municiones contra un centenar de familias, muchas de las cuales huyeron a las monta√Īas cercanas para escapar. En medio del desalojo, Jos√© Choc Cham√°n, padre y esposo local, fue asesinado. Un a√Īo despu√©s, NaturAceites, con la ayuda de la polic√≠a, desaloj√≥ por la fuerza a los q’eqchi’ una vez m√°s. Esta vez, prendieron fuego a sus casas y sus pertenencias. Llamas anaranjadas y oscuras columnas de humo se elevaban sobre las palmeras.

Se cre√≠a que el resplandeciente quetzal, un s√≠mbolo maya de la libertad y hom√≥nimo de la moneda de Guatemala, mor√≠a en cautiverio. Incapaz de volar sobre las monta√Īas y los bosques nublados de Alta Verapaz, se convertir√≠a en un caparaz√≥n de todo lo que fue y podr√≠a ser. Si bien desde entonces se ha adaptado al entorno de un zool√≥gico, el quetzal ahora est√° casi amenazado en la naturaleza, otra v√≠ctima de una tierra irreconocible por la agroindustria y la industria.

En ese mismo paisaje, entre las palmas, las plantaciones y el exceso de saqueo empresarial, tambi√©n se ven amenazados los defensores de la tierra. Pero saben que no hay futuro en una econom√≠a basada tanto en su explotaci√≥n como en su eliminaci√≥n. Por eso defienden sus r√≠os y lagos, resisten el abuso de su trabajo, rechazan las falsas promesas que les venden como verdades y luchan, como dice Ra√ļl en Tierra Blanca, aunque el precio de la libertad sea su vida.

Así también persiste el quetzal, forjando un hogar para sí mismo, un lugar para aparearse, un lugar para cantar, y se eleva por encima del dosel, un choque de verde y una raya de rojo contra un cielo brumoso. Los sacrificados no tienen que rendirse.

*Periodista australiana basada en Los √Āngeles. Sus trabajos enfocan los conflictos clim√°ticos internacionales y los derechos humanos. Publicado en Thebaffer.com

 

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