Gabriel Boric, entre la ternura y la cosa ninguna

62

El presidente Gabriel Boric invitado a intervenir en la reunión impulsada por Ucrania en Suiza a la cual fueron invitados 180 países, que fue un fracaso en toda la línea, afirma con desparpajo o franca ignorancia, que el conflicto no tiene que ver con la OTAN. Sería un disparate a esta altura defender a la guerra como mecanismo de resolución de los conflictos. Pero debemos reconocer que, si se trata de enfrentar al imperialismo y a sus satélites, muchas veces no queda mucho más.

No hay retórica más belicista, guerrerista, agresora, avasalladora y criminal que la política estadounidense que considera todo el planeta como un espacio de su propiedad y no se detiene en las razones para destruir países: si no las tiene la inventa. Desconocer las profundas razones históricas que hay detrás del conflicto ruso ucraniano, es no saber como ha funcionado el mundo desde el año 1990 hasta la fecha, a lo menos.

La caída del socialismo del este de Europa significó el establecimiento de un mundo unipolar en el que USA ordenó las cosas de acuerdo a sus intereses con el concurso de las sometidas y añejas democracias europeas y su expresión guerrerista la OTAN, desplumando a ricos países empobrecidos y demoliendo los regímenes que no se alinearon con los dictados del imperio.

Lo que vino a continuación fueron las violaciones de los acuerdos de Minsk luego de la caída de la URSS, que limitaban la expansión de la OTAN hacia el este de Europa. Veinte años más tarde, Rusia, continuadora de la URSS, estaba rodeada de países adscritos a la OTAN. La guerra de Ucrania es una extensión de los tentáculos norteamericanos y sus súbditos europeos en su enfrentamiento más de fondo con China. Se trató desde el inicio de debilitar el poderío militar ruso y su economía, para quitarla de en medio en su enfrentamiento con China.

Para USA y la OTAN, los aliados superan las treinta naciones, Ucrania y los ucranianos son conceptos desechables, utilitarios, simple carne de cañón en un enfrentamiento de mayor alcance por la hegemonía que USA viene perdiendo. Han reconocido que apoyarán a Zelensky “hasta el último ucraniano”.

C

La de Suiza es la cuarta iniciativa que impulsa Zelensky en orden a imponer su propia iniciativa de paz, la que sabe será despreciada por la parte Rusa que le lleva un 20% del territorio tomado irreversiblemente y sigue dominando el teatro de operaciones. Fidel Castro, que se adelantaba al tiempo, dijo con relación a la guerra de Angola que no es posible ganar en una mesa de negociaciones lo que se pierde en el campo de batalla.

En Suiza también se perdió la batalla. De los países invitados solo asistió la mitad, y quince de estos no firmaron la declaración final en la cual solo se consideran tres de las propuestas originales de Zelensky y ni siquiera se nombra a Rusia: Arabia Saudita, Armenia, Baréin, Brasil, Colombia, Emiratos Árabes Unidos, India, Indonesia, Libia, México, Sudáfrica, Tailandia, El Vaticano, Irak y Jordania. Peor aún, ni siquiera el presidente de USA asistió al evento.

Sin Rusia ni China, la reunión más pareció una gira de turismo por el cero absoluto de sus resultados.

En este escenario, el presidente chileno, Gabriel Boric parece no saber que en Ucrania domina una camarilla nazi, que su pueblo está siendo utilizado como carne de cañón de los afanes expansionista de Estados Unidos. Ni que las sanciones contra Rusia se han vuelto hacia los países que las impulsaron. Ni que Ucrania ha perdido no solo gran parte de su territorio, sino que a centenares de miles de soldados a pesar de los ingentes recursos que se le han inyectado a la guerra. Ni que parte importante del apoyo financiero al régimen de Zelenzky ha ido a parar a las corruptas manos de sus dirigentes. Y, de paso, para enriquecer el complejo militar industrial de Estados Unidos.

¿Sabrá Boric que, en marzo de 2022, se había logrado un acuerdo de paz que fue desechado por la imposición de Gran Bretaña y que terminó con los negociadores ucranianos asesinados por la inteligencia ucraniana?

Boric se alinea con el imperialismo norteamericano y abraza tiernamente a un nazi, sin ningún tapujo y haciendo gala de una ignorancia majestuosa. Olvida la Matanza de la Casa de los Sindicatos en Odessa. O las decenas de miles víctimas civiles que los nazis hicieron en años de bombardeos indiscriminados al Donbás, hoy liberado.

Boric quiere ser el niño bueno a los ojos de un occidente decadente y no hace sino un ridículo monumental.

En los campos de Ucrania se enfrenta Rusia y la OTAN. Se disputa no solo un territorio. En el trasfondo lo que se bambolea es el mundo unipolar que le ha servido al imperialismo norteamericano para hacer del planeta su coto de caza. Se vislumbra un nuevo rebaraje del poder global. Aparece el concepto de multipolaridad. China y Rusia ocupan el lugar de las metrópolis colonialistas en partes importantes de África, acordando relaciones económicas y de defensa que ya no tienen el peso de lo colonial.

La irrupción de las economías BRICS, cuyo PIB superará el del G-7, y la tendencia a liberarse del dólar como moneda de intercambio, tendrá un impacto severo en la economía mundial dominada por USA. Esta comunidad emergente tiene al menos tres garantías por sobre el G-7: gran extensión territorial, riqueza en recursos naturales y población absolutamente mayor que occidente. Su recién creado Nuevo Banco de Desarrollo, con sede en China, ofrecerá opciones de desarrollo a países emergentes en condiciones que no son las que han venido imponiendo el BID y el banco Mundial.

El escenario del teatro del mundo es otro.

Ya Estados Unidos no puede hacer lo que le venga en ganas. Pronto China se alzará como la mayor potencia económica. Ni estados Unidos ni toda la OTAN reunida se compara al poder militar de Rusia. Los rusos se han dado el gusto de meter un submarino nuclear a 25 kilómetros de las costas de Estados Unidos sin que Biden y los suyos pudieran hace nada de lo que estaban acostumbrados. Europa decae. Sus principales economías están en recesión y la crisis que ha generado curiosamente el bloqueo a Rusia que se suponía debía afectar a esa nación, tiene tanto a la Unión Europea y a la OTAN, al borde del despeñadero.

Aún así, el presidente chileno no duda en alinearse con el imperio a contrapelo de la tendencia de la historia y posa abrazado con un nazi contemporáneo, con el más dulce de los gestos.

Un verdadero fraude.

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.