Haití no encuentra salidas

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Las negociaciones emanadas del Acuerdo de Montana, promovido por el primer ministro Ariel Henry para alcanzar la pacificación y la normalización de la vida política y social de Haití, volvieron a estancarse este martes, luego de que los dos grupos fundamentales que lo animaban se levantaran de las negociaciones.

Delegaciones del Gobierno y la oposición dos semanas atrás el segundo intento de un encuentro para abordar la crisis política que afecta al país en medio de un agravado clima de inseguridad, tras el primer fracaso de mayo.

Esta suspensión del diálogo es la segunda del año, luego de que la delegación encabezada por el primer ministro Ariel Henry y el denominado equipo Montana dialogaran el pasado mes de mayo, ocasión en que se interrumpieron las negociaciones.

Si bien Henry no ha sido capaz de mejorar la violenta situación del país ni realizar las reformas constitucionales y políticas que prometió, la oposición no ha logrado alcanzar un consenso para establecer un gobierno de transición. A su vez, el equipo Montana, como su contraparte, no ha cedido en sus posturas, lo cual ha entorpecido el diálogo.

De acuerdo con la Red Nacional en Defensa de los Derechos Humanos, las bandas criminales armadas controlan alrededor del 60 por ciento del territorio y los enfrentamientos entre ellas dejan ya un saldo de un centenar de muertos, dos decenas de  desaparecidos y al menos 74 heridos.

Cerca de un millón de haitianos sufre de inseguridad alimentaria. El enviado del Programa Mundial de Alimentos, Jean-Martin Bauer, señaló que “estamos viendo un aumento significativo del hambre en la capital y el sur”.

Nueva (o la misma) crisis

Lo ocurrido esta semana es una división entre los aliados del Gobierno y otro síntoma de la crisis política que enfrenta Haití, donde no se han realizado elecciones a pesar de que ya transcurrió un año del magnicidio de Jovenel Moïse. Tampoco se han hecho modificaciones a la Constitución, y ha aumentado la violencia debido al accionar de grupos criminales armados.

Una franja del movimiento político haitiano Sector Democrático y Popular (SDP) declaró que abandona el acuerdo firmado el 11 de setiembre pasado.

Por su parte, el negociador y excandidato presidencial Leslie Voltaire, señaló la fragilidad institucional de Haití: “Estamos en una situación en que el Poder Ejecutivo no es legal, el Legislativo solo tiene 10 senadores, de 30 que debe tener, y no hay diputados porque no se han hecho nuevas elecciones. Y la Corte Suprema está amputada de tres o cuatro de sus miembros y no puede decidir nada”.

El asesinato del presidente Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021 creó un vacío de poder que fue llenado, primero brevemente por el primer ministro interino Claude Joseph y luego por el actual primer ministro Ariel Henry, a quien el expresidente había designado en ese cargo dos días antes de su asesinato.

En medio de esta tensión, el llamado Grupo Núcleo, al que pertenecen representantes de la OEA, la ONU, la Unión Europea y los embajadores de Estados Unidos, Francia, Alemania, Canadá, Brasil y España, publicó en una cuenta de Twitter que Henry debería ser el primer ministro, con el compromiso de celebrar elecciones en enero de 2022, lo cual no ha hecho.

Arremete la OEA

Mientras, la Organización de Estados Americanos (OEA) reconoció el fracaso de la intervención internacional en Haití tras 20 años de presencia en el país, que “significan uno de los fracasos más fuertes y manifiestos que se haya implementado y ejecutado en ningún marco de cooperación internacional”, y

admitió que la política internacional fue errada y fermentaron y germinaron las bandas criminales que hoy asedian a su pueblo, además de gestarse el proceso de desinstitucionalización y crisis política actual.

«Es absurdo pretender que bajo ese esquema de destrucción los haitianos completamente solos, polarizados y con muy menguados recursos puedan reconstruir o construir un proyecto de seguridad, reinstitucionalización y desarrollo que les permita a 12 millones de habitantes recomponer la coexistencia pacífica», aseguró, más tarde, la OEA.

Señaló que resulta difícil que el país encuentre una solución completamente nacional sin recursos, en un clima de violencia, sin capacidades tecnológicas y acumulación financiera. La OEA incluso sugiere que, en la salida de la Misión de la ONU para la Estabilidad, intervinieron fuerzas internas y externas que pretendían abonar el camino para que un escenario como el actual pudiera darse.

A la par del diálogo y la institucionalización, el organismo –que generalmente sigue las líneas trazadas por el gobierno estadounidense- insiste en la necesidad de revertir la violencia de las pandillas y desalentar el crimen organizado, para lo cual, señala, son indispensables los recursos humanos y financieros de la comunidad internacional, lo cual significaría otro capítulo de la injerencia extranjera en los asuntos internos haitianos.

De acuerdo con la OEA los países deben tomar la decisión de industrializar la nación caribeña para asegurar trabajo a nueve millones de haitianos o aceptar que es más redituable seguir absorbiendo la masiva migración.

*Periodista venezolana, analista de temas de Centroamérica y el Caribe,  asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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