Ago 12 2005
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Economía

Hambre

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Existen en nuestro planeta 852 millones de personas con desnutrición aguda mientras el gasto anual en armamentos supera el millón de millones de dólares.

Cada cinco segundos muere un ni√Īo por hambre o por
enfermedades relacionadas con el hambre. Cada veinticuatro horas mueren de hambre cien mil personas, de las cuales treinta mil son ni√Īos menores de cinco a√Īos, much√≠simas veces m√°s que las v√≠ctimas de los atentados terroristas de Nueva York, Madrid, Londres, Bali y Sharm el Sheij.

Setenta y dos millones de latinoamericanos viven en pobreza extrema y sufren hambre. Sin embargo, un estudio citado por la
Organizaci√≥n para la Agricultura y la Alimentaci√≥n de la ONU(FAO por sus siglas en ingl√©s), afirma que bastar√≠an 25 millones de d√≥lares anuales para reducir considerablemente los indicadores de desnutrici√≥n en Am√©rica Latina y salvar a 900 mil ni√Īos de la muerte.

Casi una tercera parte de los ni√Īos del Tercer Mundo sufren retraso en el crecimiento y tienen estatura y peso inferiores a lo normal debido a la desnutrici√≥n, situaci√≥n que podr√≠a revertirse con la suma empleada por Estados Unidos para pagar apenas unos d√≠as de su criminal intervenci√≥n en Iraq.

Mientras esto ocurre, sobran, se derrochan y destruyen alimentos, basándose en patrones de distribución y consumo egoístas e
irracionales y en la ganancia por encima de la satisfacción de las necesidades humanas. De hecho, se dispone de capacidades productivas para alimentar al doble de la población del planeta.

El hambre, por lo tanto, es un problema eminentemente relacionado con el sistema de producción y distribución social dominante.
Su pervivencia es responsabilidad de la privilegiada nómina de potencias capitalistas opulentas y de las enriquecidas elites locales que utilizando al Banco Mundial, al FMI, la OMC y los leoninos tratados de libre comercio dictan el actual orden económico
mundial.

Y es que sin mucho esfuerzo podrían poner fin al bárbaro holocausto del hambre con sólo un poco de voluntad política. Curiosamente, son estas mismas potencias, que han adquirido su riqueza saqueando cada vez más a los países pobres, las que presumen de civilizadas. Ellas y su aparato mediático reparten
hipócritamente a las demás naciones amenazas y sanciones sobre el ejercicio de la democracia y de los derechos humanos.

Una democracia que funciona espléndidamente con legiones de hambrientos, en la que estar debidamente alimentado no forma parte de aquellos derechos.

Las pol√≠ticas privatizadoras y de liberalizaci√≥n comercial impuestas a los pa√≠ses subdesarrollados por esas potencias, la deuda externa que ya han cobrado varias veces y contin√ļan cobrando ad infinitum y los flujos incontrolables de capital especulativo han agravado y seguir√°n agravando el flagelo del hambre.

Millones de personas están siendo desplazados de sus lugares de origen en Asia, Africa, Oceanía y América Latina por la quiebra de las agriculturas campesinas y el deterioro ecológico causados por el monopolio de la producción y distribución de alimentos de cuatro o cinco empresas transnacionales.

√Čstas, subvencionadas generosamente por sus gobiernos imponen precios bajos artificialmente, con los cuales los campesinos no
pueden competir. Junto a esto, la desindustrialización y el desempleo ocasionados por esas políticas han contraído a tal extremo los mercados nacionales que la producción agrícola ya no encuentra salida en ellos.

Africa ha sido la víctima más sufrida de la ofensiva neoliberal, particularmente en la zona del Sahel debido a la desertificación ocasionada por el cambio climático. Cuando, como ocurre ahora en Níger, millones de personas que podrían haberse salvado están
a punto de morir de hambre porque no se actuó a tiempo, el macabro espectáculo se vuelve noticia por unos días para luego desaparecer hasta que ocurra una nueva hambruna.

Pero esos mismos que ofrecen la noticia obvian el análisis de sus causas al punto que parecería lo más natural que la condición de habitante del Tercer Mundo equivalga intrínsecamente a la de
hambriento. As√≠ es la democracia. Adem√°s, la guerra de Bush ‚Äúcontra el terrorismo‚ÄĚ no deja tiempo ni mucho menos dinero para ocuparse de semejantes minucias.

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* En el diario La Jornada de México.

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