Ago 20 2007
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Política

HISTORIA MINERA CONTADA DESDE EL LUGAR DE UN TRABAJADOR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

He estado en Codelco desde la gloriosa √©poca en que Chile alcanz√≥ la Nacionalizaci√≥n del Cobre, el entonces llamado ‚ÄúSueldo de Chile‚ÄĚ y que hoy sigue siendo un capital de primera importancia en las exportaciones que se hacen desde nuestro territorio y de primera importancia para financiar las pol√≠ticas sociales del Estado. Desde que Chile se ve√≠a obligado a comprar a los gringos los repuestos e insumos para evitar las represalias del capital extranjero.

Sobreviv√≠ a la √©poca oscura de la dictadura militar, con sus despidos masivos y la persecuci√≥n de dirigentes sindicales, particularmente durante el movimiento del a√Īo 1983 que luch√≥ ‚Äďcomo tantos otros chilenos‚Äď por la recuperaci√≥n de la democracia que hoy parece una lucha in√ļtil a la luz de la interminable y restringida transici√≥n que vivimos. Muchos de nuestros compa√Īeros de trabajo y lucha terminaron en el doloroso exilio acogidos por pa√≠ses extranjeros en Australia y Canad√° principalmente.

He visto c√≥mo incluso hubo generales de la dictadura ‚ÄďGast√≥n Frez y Luis Danus‚Äď que defendieron nuestra riqueza mineral de la ambici√≥n desmedida del capital extranjero, y supieron evitar la desnacionalizaci√≥n de nuestro oro rojo, a pesar de la presi√≥n que ejercieron desalmadamente la escuela de Chicago y los neoliberales que tanto ayer como hoy gobiernan las decisiones del Estado, para tragedia del pueblo chileno, y para tragedia del movimiento obrero.

No me deja de sorprender y frustrar que hayan sido los gobiernos democráticos por los que tanto luchamos, los que entregaran nuestra riqueza a las trasnacionales, renegando de la histórica lucha que dieran los trabajadores y el pueblo chileno para conquistar sus riquezas naturales.

Fui testigo del surgimiento de l√≠deres destacados como Manuel Bustos y Rodolfo Seguel, este √ļltimo hoy entregado sin escr√ļpulos a la decadencia en el ejercicio del poder, d√°ndole vuelta la espalda y desconociendo el esfuerzo y el apoyo que los trabajadores le di√©ramos para construir su liderazgo. No me olvido de Hugo Estivales S√°nchez quien, a pesar de ser un hombre de derecha, supo mantener al sindicato de los trabajadores de Andina en pie y capaz de proteger los derechos de los trabajadores.

Sin embargo, si hay una parte de la historia que verdaderamente me duele y resiento, es esta √ļltima parte, la m√°s reciente, la de estos tiempos de desarticulaci√≥n y desuni√≥n de los trabajadores mineros, cuando desaprobamos a nuestros hermanos subcontratistas por su lucha, sabiendo o debiendo saber que la justicia no es un regalo de los dioses, sino m√°s bien, esfuerzo, ayuno, dolor y trabajo incesante, es decir, el fruto de reconocernos hermanados en el sufrimiento y en el trabajo com√ļn para superar las siempre resurgentes cuotas de injusticia que caracterizan la vida de los hombres, m√°s a√ļn cuando esta vida esta gobernada por las ambiciones del capital indolente y tantas veces cruel en su af√°n de lucro y ganancia.

Me duele esta historia que había elegido a los trabajadores como sus hijos predilectos y los condenó nuevamente al abuso y al descarte, prefiriéndose a un Codelco más económico que social, más productivista que solidario y conciente de las necesidades y sufrimientos de nuestro pueblo. Un Codelco que en vez de acoger a los trabajadores los expulsa con planes de retiro apresurados y bien pensados desde los intereses de la administración que, finalmente, no han servido sino para abrir paso al fenómeno de la subcontratación y a todos los problemas humanos y sociales que de allí se desprenden.

C√≥mo no me puede doler el estigma de ‚Äúprivilegiados‚ÄĚ que debemos a uno de los prohombres de la actual y d√©bil democracia, el ex presidente Patricio Aylwin, haci√©ndonos cargar con esta fama como una lepra contagiosa que nos a√≠sla de otros trabajadores y nos niega el derecho a surgir y superar nuestras condiciones de vida.

Estos ‚Äúprivilegiados‚ÄĚ trabajamos en turnos pesados, aislados, con enfermedades que, a pesar de los cambios en la medicina, a√ļn pesan como pecados originales de nuestra actividad, la temida silicosis que afecta a tantos trabajadores de Codelco que hoy son negadas y desconocidas por las cifras oficiales, con viejos que a los 50 a√Īos tiene severas deformaciones √≥seas y musculares por el trabajo pesado y por las horas extraordinarias que debemos hacer para tener mejores sueldo.

Con esta historia en el cuerpo y con el peso de este mi √ļltimo y m√°s reciente dolor, creo tener el acervo moral para saludar a mis hermanos mineros, tanto contratistas como de planta, y pedirles que en el nombre de sus hijos y descendientes y en el nombre de nuestros compatriotas que esperan de nosotros mucho m√°s que producir cobre, trabajemos unidos avanzando hacia la globalizaci√≥n de las organizaciones sindicales. Si el capital se globaliza es tambi√©n un imperativo pol√≠tico la globalizaci√≥n del trabajo y de la lucha sindical.

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* Dirigente del Sindicato Unificado de Trabajadores,
División Andina, Codelco-Chile.

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