Jun 30 2006
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Sociedad

Historia y memoria. – ALLENDE Y EL MAR BOLIVIANO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La entrevista concedida por Salvador Allende, entonces Presidente de Chile, al boliviano Néstor Taboada Terán, contiene expresiones relevantes del principal de los chilenos que concibió una justa solución al pedido boliviano de salida al mar. Deseo noble y reparador que no pudo cumplirse por la violenta y dramática forma con que los militares chilenos encabezados por Pinochet truncaron la vida del presidente y la esperanza boliviana.

Este cronista tuvo conocimiento a grandes rasgos del pensamiento de Salvador Allende en torno del problema vital que atinge a cerca de nueve millones de habitantes de nuestra hoy enclaustrada geografía, pero recién ahora, 30 años después, gracias a la memoria del notable escritor Néstor Taboada Terán, nos enteramos con cierto detalle y grata sorpresa de la agudeza de juicio del Presidente Mártir, que en un gesto hermoso de solidaridad continental se expresó así ante su interlocutor.

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«Caminaremos juntos en la gran tarea histórica de América Latina. Ha llegado la hora de la gran reparación de una injusticia cometida contra Bolivia. Chile tiene una centenaria deuda con Bolivia y estamos dispuestos a emprender una solución histórica. Bolivia retornará soberana a las costas del Pacífico».

¿Puede haber mayor contundencia en una declaración presidencial? ¡Qué nobles sentimientos los del socialista Salvador Allende! ¿Quién podía poner en duda sus claras intenciones de avenirse con Bolivia y sellar para siempre jamás la amistad chileno boliviana? Fue una fatalidad para Bolivia que el Presidente hubiese resultado entregando su vida en el asalto a La Moneda aquel fatídico 11 de septiembre.

Que Taboada Terán traiga a la memoria colectiva aquel pasaje debidamente documentado en su momento, resulta oportuno y necesario cuando estamos a tan pocos días del 14 de febrero cuando tuvo lugar el asalto de las tropas chilenas al puerto de Antofagasta, en un acto de prepotencia, inexplicable e innecesario, sin que mediara un antecedente valedero, y arriara el coronel Sotomayor la
bandera tricolor del edificio de la Prefectura, para sustituirla por la del usurpador.

Esto ocurrió en 1879, cuando después de la toma del indefenso territorio, fue declarada la guerra, lo que dejó estupefacto al presidente Hilarión Daza, generalote surgido del tropaje y que se tomó el poder a la fuerza, cuando semanas más tarde llegó al campo de operaciones al mando de un Ejército mal armado, ya los invasores estaban a las puertas de Tacna en la frontera con Perú.

Mal puede ser un sentimiento chauvinista el que alberga cada boliviano, porque la amputación del territorio con que nació la República en 1825 por la clase dominante de Chile, no fue de ninguna manera un acto justificable, sino una demostración defuerza al más puro estilo prusiano o nazista.

Algún glosista ignorante de nuestra historia, pretende advertir en el movimiento que sacude el Cono Sur, resabios de revanchismo y nada más,
cuando es bien sabido que la carencia de mar, hace de Bolivia un país maltrecho, carente de los pulmones con que respirar el aire cultural, solidario e internacional que le está negado, sin contar los inconmensurables efectos en la economía y su desarrollo.

Nos encontramos además, a escasos meses del centenario de la suscripción del documento mal denominado Tratado de Paz y Amistad entre Bolivia y Chile, del 20 de octubre de 1904, que le puso punto final a la guerra iniciada 15 años antes. El documentó lo refrendó el Congreso de Representantes, bajo la presión de la espada y el fusil con que Chile continuó apuntando a los dignatarios de Bolivia.

Tenían que elegir entre la continuación de la guerra o la imposición chilena
de hacer las paces.

Dejando de lado los negros nubarrones del pasado y el intento de encontrar culpables, lo más cuerdo resulta reconstruir el escenario en que Allende promete resolver la cuestión marítima. El visionario socialista reclama del periodista que «en esta operación el pueblo boliviano, sus organizaciones políticas, democráticas, sindicales, sus intelectuales, los estudiantes, deberían disponerse a jugar un papel protagónico decisivo. Desempeñar el gran rol democrático de pueblo a pueblo. No de oligarquía a oligarquía. No de momios ni rosqueros».

Sigue diciendo el gran amigo de Bolivia. «Los escritores y todos los hombres y mujeres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear condiciones objetivas y subjetivas en el pueblo chileno para poder llegar al feliz entendimiento…

«No nos guían intereses de clase dominante. No le pedimos nada al sufrido pueblo trabajador bolivianos, queremos solamente reparar el despojo cruel de que ha sido víctima. Un pueblo que esclaviza a otro pueblo no es libre. Busco el entendimiento de los pueblos hermanos en el mutuo respeto y en la paz que nos encamina a soluciones del siglo venidero».

Este escenario quiere decir que serán los trabajadores, los movimientos populares de Bolivia y Chile, las organizaciones populares que lograrán el acuerdo que ni militares ni terratenientes, ni ricos ni poderosos podrán hacerlo. Con esta idea, busqué a un amigo muy cercano al desaparecido líder Juan Lechín y ausculté su pensamiento. Claro que sí, entre Allende y Lechín hubo una gran amistad. Chile nos acogió en su suelo cuando el dictador Banzer nos echó de Bolivia.

En las interminables tertulias santiaguinas, fue testigo del profundo sentimiento de gratitud de Salvador Allende hacia los trabajadores mineros bolivianos, que a la cabeza de su conductor Juan Lechín, lehabían brindado un apoyo más allá de las palabras, cuando el Partido Socialista concurrió a las urnas en enorme desventaja a los partidos de derecha. Esto no todos los conocen, los mineros solidarios con sus hermanos chilenos.

Talvez en este segmento vital de ambos pueblos radica el reinicio de un diálogo que nos pudiera conducir a soluciones viables, de consenso en la proximidad de cumplirse los cien anos de aquella firma a un acuerdo que selló, por el momento, nuestro destino aciago.

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* Periodista boliviano. Reside en Suecia.
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Néstor Taboada –linotipista, periodista, escritor– ha publicado, en su país y el extranjero, las que suelen considerarse entre las mejores novelas bolivianas de la segunda mitad del siglo XX.

Salvador Allende: ¡Un mar para bolivia! es el título de su libro publicado en 2004 por el Centro de Documentación e Información Bolivia, de Cochabamba.

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