Jun 28 2004
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Economía

Impacto Global: Lula dijo lo que se debe decir

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), que reemplazó a la Sociedad de las Naciones, después de la II Guerra Mundial como intento de instituir un foro igualitario en el que los Estados pudieran discutir sus diferencias en un mundo entonces bipolar -las democracias capitalistas bajo el paraguas estadounidense; las democracias socialistas bajo el paraguas soviético- difícilmente puede ser definida hoy como el mismo instrumento.

El retiro de la URSS de Afganist√°n -en parte gracias a la tarea bien cumplida del mimado de turno de la CIA, un √°rabe llamado Osama ben Laden (los Ben Laden ten√≠an y mantienen excelentes relaciones con el sector energ√©tico de EEUU y con la poderosa familia estadounidense Bush) fue el comienzo no s√≥lo del anunciado final del socialismo real, sino de un nuevo dise√Īo en las relaciones internacionales.

El reparto de América

Durante la √ļltima d√©cada del siglo XX se construye un mundo en el que los acuerdos entre las ¬ęgrandes¬Ľ potencias tiene como √ļnico objeto la aceptaci√≥n de las acciones del poder mayor; el di√°logo ser√° por cuestiones secundarias, por detalles, y en su mayor parte para que las otrora grandes salven la cara u obtengan alguna migaja sobrante del apetito imperial.

Con la URSS mueren adem√°s los viejos pactos -escritos y t√°citos- que hab√≠an presidido el reparto del mundo a lo largo de dos siglos. En el caso de Am√©rica el asunto hab√≠a sido simple: tras el desastre del imperio afrancesado en M√©xico y la torpeza del bombardeo naval europeo en Venezuela -la deuda externa no es un fen√≥meno del siglo XX- las zonas de influencia quedaron delimitadas: Centroam√©rica y el Caribe -engullidas La Espa√Īola y Cuba- eran coto de caza privado estadounidense; Am√©rica del Sur -fundamentalmente Brasil, que deja de ser la sede de la Casa de los Braganza hacia 1884-, Argentina y Uruguay son ¬ęparques naturales¬Ľ de Europa.

El capital alem√°n conserv√≥ algunos cafetales en Salvador, el de EEUU control√≥ la extracci√≥n y comercializaci√≥n el cobre en Chile, europeos y estadounidenses beb√≠an del mismo petr√≥leo venezolano y, hasta la mitad del siglo XX, guapos expedicionarios de ambas orillas del Atl√°ntico probaban su valor y punter√≠a en la caza de ¬ęindios¬Ľ en Amazonia y su periferia.

América -salvo la América de los que dicen americanos- no importaba mucho: países enormes, pero vacíos, gentes pacíficas a cuyas elites no molestaba servir de bisagra -o de almohadón- entre los poderes foráneos y la explotación local.

Los Sandino, Haya de la Torre, Vargas, Lech√≠n, Per√≥n o Arbenz que surg√≠an aqu√≠ y all√° no pasaban de molestias pasajeras. Y hacia 1950/60 y hasta el umbral del XXI la preocupaci√≥n fue el ¬ępeligro comunista¬Ľ.
Que desde 1960 ese maldito lunar que parece ¬ęun gran lagarto verde¬Ľ sea m√°s una cosa de intolerante orgullo herido y lobby de la mafia debe anotarse, pero no altera lo esencial: Am√©rica no sajona estaba repartida y en paz. Los que buscaron perturbar esa paz, como lo averiguaron nicarag√ľenses y chilenos, fueron prontamente devueltos al molde.

Afrosambas en alem√°n

Las cosas jam√°s son demasiado simples. El desmoronamiento de la URSS clarific√≥ algunas cosas y complic√≥ otras; hacia Oriente China sac√≥ sus propias conclusiones: son√≥ una alerta para dentro de 20 a√Īos.
Lo más preocupante en términos estratégicos ocupa territorios lejos de América: Palestina, Asia occidental y esa marea de cientos de millones de musulmanes que amenaza con echar a andar -y ocuparse por sí mismos de su gas y petróleo.

La actividad industrial desenfrenada comienza a preocupar en serio vivida ya m√°s de la mitad del siglo XX. Madre natura se queja, no resiste la inmundicia. Los peces se agotan, los mares mueren; el agua potable est√° en alerta amarilla.

Y lo que es m√°s extra√Īo, ese extenso potrero de Am√©rica Latina deja de ser rural con guitarras, marimbas, se√Īoritas y playas ¬ęde ensue√Īo¬Ľ.

Pese a haber perdido un territorio rico e inmenso, y a la corrupci√≥n desaforada, M√©xico creci√≥. La soluci√≥n fue incorporarlo a un tratado comercial exclusivo con EEUU y Canad√°, el Tratado de libre comercio de Am√©rica del norte. Alg√ļn d√≠a los mexicanos sabr√°n lo que les cost√≥ que Fox y Bush, estadistas al fin, y rancheros, comparen la artesan√≠a de sus botas vaqueras.

Lo grave sucede en Brasil. Casi sin que nadie se diera cuenta, a fines de los a√Īos noventas Brasil era la octava o novena econom√≠a mundial. 185 millones de habitantes -en 1996- no pod√≠an ser ignorados.

Brasil dejó de ser el Carnaval de Río para convertirse en la pesadilla de São Paulo. Poderosamente industrializado, con millones de vacas en sus campos y una agricultura en varios rubros demasiado competitiva para el gusto del buen vecino del norte.

Entre 1950 y 1960, mientras asomaba el bossa nova, empresas alemanas invirtieron en Brasil. Luego llegaron otras, pero lo alemanes fueron los m√°s activos. Instalaron en S√£o Paulo talleres, f√°bricas, tecnolog√≠a que Europa prohibir√≠a poco despu√©s por contaminantes. En los a√Īos sesentas el gran temor europeo eran las ¬ęlluvias √°cidas¬Ľ producto de la industrializaci√≥n sin controles.

El samba aprendi√≥ alem√°n. La enorme mayor√≠a de los camiones que transportan las mercanc√≠as en Am√©rica del Sur los fabrica Scania Vabis, sueca, o Mercedes Benz, alemana, en sus grandes f√°bricas brasile√Īas. El calzado brasile√Īo camina por calles de ciudades que los obreros que los cosen ni saben que existen. Millones de litros de jugo de naranja se exportan a todo el orbe, tambi√©n carne de vaca y harina de soja.

Los aviones medianos made in Brasil compiten y ganan, pero la mitad de sus habitantes tiene hambre.

Cuando el dise√Īo del mundo unipolar perge√Īado por Reagan y sus asesores se convirti√≥ en hecho consumado, el imperio -¬Ņporque qu√© otra cosa que un imperio es la potencia que mete sus narices en todo y todo lo organiza para servir a sus necesidades?- elabor√≥ su mejor remedio: un Tratado de Libre Comercio para toda Am√©rica. Recordemos,.ya se hab√≠a atado el de Am√©rica de Norte.

Fue entonces que Brasil pateó el tablero.

La profunda mirada del hambre

En 2003 Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay -pese a los recelos de sus sectores dominantes- acuerdan revitalizar el alica√≠do MERCOSUR; Bolivia secunda, Per√ļ manifiesta inter√©s en participar, Venezuela promete sumarse -esto es, si Ch√°vez logra un m√≠nimo de paz social-, Colombia observa, Ecuador mira, Cuba no es indiferente, Chile firma un TLC con EEUU.

En la estrategia de Planalto el MERCOSUR permite negociar en mejores condiciones el TLC con EEUU, pero tambi√©n saber ¬ęcu√°ntos pares son tres moscas¬Ľ en la UE. Y extender el comercio hacia Oriente Medio y -puertos chilenos mediante- al Asia.

Los convenios comerciales no son panacea. Los países venden lo que tienen para vender y compran lo que necesitan, si pueden. América del Sur vende básicamente materias primas y productos agrícolas y ganaderos. Tarea difícil, porque las economías del norte (Europa y EEUU) subsidian a sus productores agrícolas.

Estos subsidios equivalen a cerrar el comercio de los países del Hemisferio Sur, o desarrollarlo en medio de una situación miserable, procaz.

Atados con deudas -en algunos casos, como los de Argentina y algunos pa√≠ses africanos, de origen confuso y montos que las hacen impagable-, impedidos de desarrollar su propia industria farmac√©utica o electr√≥nica -las benditas patentes- y adem√°s con los subsidios por delante, ¬Ņcu√°l ser√° el destino post firma de cualquier acuerdo?

Brasil, eficazmente secundado por Argentina -las econom√≠as con mayor diversificaci√≥n en Am√©rica de Sur- no suscribe el tratado comercial para toda Am√©rica e insiste en cuanto foto puede llegar, que las econom√≠as ricas eliminen tales subsidios y cumplan las ¬ęmil promesas y una¬Ľ hechas, tambi√©n en cu√°nto foro se expone el tema, en el sentido de contribuir con un porcentaje m√≠nimo de su PIB, el 0.7 por cientro, para que los pa√≠ses pobres puedan proceder al desarrollo de pol√≠ticas econ√≥micas autosustentables, de salud y educaci√≥n que mejoren la condici√≥n de sus habitantes.

Tal es el sentido de la pr√©dica -por lo dem√°s cristiana- de Lula Da Silva englobada en la consigna ¬ęhambre cero¬Ľ:
¬ęNo hay arma de destrucci√≥n masiva m√°s potente que el hambre¬Ľ, dijo el presidente de Brasil a los representantes de 1.500 empresas y 50 ONG de unos 70 pa√≠ses en la cita convocada por Kofi Annan, para humanizar la globalizaci√≥n.
¬ęNo mata soldados. Mata ni√Īos, mujeres y j√≥venes¬Ľ.

En su discurso, el mandatario brasile√Īo tambi√©n arremeti√≥ contra los escandalosos subsidios agr√≠colas de los pa√≠ses ricos y pidi√≥ una movilizaci√≥n pol√≠tica internacional para luchar contra el hambre.

Fue el √ļnico impacto de la conferencia Impacto Global, si se except√ļa la rara franqueza del secretario general de la ONU, Kofi Annan, que al pedir a empresarios, gobernantes y sociedades llanas un esfuerzo com√ļn para ¬ęrealizar la promesa de un mundo m√°s justo y estable¬Ľ, aventur√≥:
¬ęQuiz√°s nadie tenga m√°s cosas en juego que la propia comunidad financiera. Ayudaron a dirigir la globalizaci√≥n. Se han beneficiado mucho de ella (…) y todav√≠a esperan mucho de ella en el futuro¬Ľ.

Suponiendo que de verdad haya un futuro com√ļn.

…………………………….
*Periodista y escritor.

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