Inundación de aguas y mentiras martiriza el sur de Brasil

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Una lluvia de informaciones falsas enturbia más aún el caos que vive Río Grande do Sul, el estado del extremo meridional de Brasil, que sufre un tsunami fluvial desde el 27 de abril, producto de lluvias torrenciales y una topografía adversa. Más de 610.000 personas perdieron sus casas, y unas 77.199 están alojadas en escuelas, universidades, iglesias, estadios deportivos y otros inmuebles grandes, públicos o privados.

Una ciudad entera, Eldorado do Sul, de 39.559 habitantes en el censo de 2022, quedó sumergida bajo el agua, que inundó la mitad de los 94 barrios, incluso el centro histórico de Porto Alegre, la capital del estado, con 1.332.845 habitantes. Se estiman en 2,1 millones las personas afectadas en un estado de 10,9 millones de habitantes, pero en realidad todos sufrieron los daños, ya que hay más de un centenar de carreteras bloqueadas, muchos tramos inundados y decenas de puentes destruidos. Del total de 497 municipios, 446 sufrieron los efectos de la gigantesca inundación.

Militares usan tanques anfibios en operaciones de salvamento de personas aisladas por la crecida del lago dos Patos, en Pelotas, una de las grandes ciudades inundadas por el tsunami fluvial que azota el sur de Brasil. Imagen: Michel Corvello

Los 151 muertos y 104 desaparecidos hasta ahora parecen pocos ante la extensión del desastre. Por eso las noticias falsas y malintencionadas, mundialmente conocidas por su expresión inglesa, fake news, tratan de aumentar esas cifras, buscando diseminar el pánico y desacreditar a los gobernantes y  las instituciones.

Algunos ejemplos son los miles de muertos que las autoridades tratan de ocultar en Canoas, una de las ciudades más inundadas, con 347.000 habitantes, según uno de los rumores más difundidos. Otro decía “que el lago Guaíba estaría ‘lleno de cuerpos y restos cadavéricos’ y por eso la población de Porto Alegre debería esperar un mínimo de 15 días para consumir el agua suministrada en las residencias”, según Afonte Periodismo de Datos, iniciativa de una red de periodistas creada por Taís Seibt, profesora de la Universidad del Valle del Río de los Sinos (Unisinos).

Afonte se dedica a desnudar mentiras, además de promover conocimientos en materia de comunicación. “Las informaciones falsas confunden a la población sobre la asistencia, que involucra rescates (salvamento), refugios y donaciones, además de servicios básicos como tránsito, suministro de agua, energía e internet, hacen mucho daño”, señaló Seibt a IPS por teléfono desde Porto Alegre.

Guerra ideológica

Variadas mentiras se difundieron por las redes sociales diciendo que las autoridades, incluso los gobiernos locales, estarían incautando donaciones de alimentos enviados desde otros estados por falta de facturas. Otra decía que la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria impidió el arribo de medicamentos, lo que frenó su distribución. O también señalaban que algunos gobernantes estarían desviando en provecho propio donaciones, según mentiras recurrentes.

“Quieren politizar la dramática situación que vivimos. Por eso el gobierno del estado creó un grupo para combatir la diseminación de fake news, al igual que la policía civil, que viene sufriendo muchos ataques”, observó Silvia Marcuzzo, periodista ambiental también de Porto Alegre. La alcaldía de Canoas es uno de los blancos preferidos. Circuló una información sobre que el alcalde decretó el “robo” de donaciones a grupos de voluntarios que asisten a las víctimas, al autorizar su incautación por la Defensa Civil oficial. En realidad, el decreto solo facilita las compras de alimentos, agua y productos de higiene por la alcaldía, informó la agencia de chequeo Lupa.

La movilización masiva de ciudadanos comunes, como voluntarios que están salvando a personas aisladas por la crecida de las aguas o administrando los 770 locales de acogida de desplazados, permite limitar la cantidad de muertos y sufrimientos mayores. De eso se aprovechan los diseminadores de fake news para decir que solo “el pueblo está salvando al pueblo”, ya que los gobiernos e instituciones estatales “no hacen nada” o sabotean el esfuerzo civil. Las Fuerzas Armadas también son blanco de ataques.

En gran parte de los centenares de ciudades afectadas se interrumpió el suministro de agua, electricidad y alimentos, y se cortó la comunicación. Cocinas solidarias distribuyen miles de comidas empaquetadas. Personas que se niegan a dejar sus apartamentos en edificios donde la planta baja está inundada, ante el temor de saqueo de sus bienes, reciben por las ventanas alimentos y agua distribuidos en embarcaciones.

Tragedia prolongada

El centro de Canoas, otra gran ciudad en la orilla del lago Guaíba, bajo el agua el 5 de mayo, cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva visitó el area afectada por las inundaciones. Imagen: Ricardo Stuckert / PR

La pesadilla de la mayoría de las ciudades se prolongará por meses. En algunos casos debido a que barrios enteros y la misma ciudad quedaron totalmente destruidas. En otros, porque el agua baja muy lentamente por los inmensos lagos creados. Las condiciones topográficas de la llamada Región Hidrográfica del Guaiba, donde vive cerca de 60% de la población gaúcha (gentilicio de los ciudadanos de Río Grande do Sul), contribuyen al drama recurrente de las inundaciones locales.

Al lago Guaíba confluyen ocho cuencas hidrográficas. Sus aguas escurren desde las montañas del noreste y centro del estado, a alta velocidad por las pendientes hasta arribar a las llanuras donde inundan ciudades y se demoran en bajar. El caso más dramático es el río Taquari. “Sus aguas caen de una altitud de 800 metros, como en un tobogán, hasta la base de unos cien metros, provocando erosión en las orillas y con agua viscosa de fango”, describió el geólogo Rualdo Menegat, profesor del Instituto de Geociencias de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS).

En la tempestad del inicio de mayo, su crecida alcanzó más de 30 metros al pie de las montañas, fatal para las ciudades en sus orillas, como Lajeado (93.600 habitantes) y Muçum (5.000) que sufren la tercera inundación en nueve meses. Su cauce son “valles profundos, verdaderos canions”, según Menegat.

De los cinco grandes ríos que “caen” de las montañas, el Jacuí es el más caudaloso y largo, forma un delta antes de desembocar en el lago Guaíba. “Son 17 islas, allí el agua no fluye”, destacó el experto a IPS por teléfono desde Porto Alegre. El agua casi estancada se acumula en el Guaíba, con crecidas de más de cinco metros, y enseguida en otro lago, el dos Patos, que se denomina laguna aunque sea más grande, con 265 kilómetros de largo y 60 kilómetros de ancho, y desemboque en el océano Atlántico por un estrecho canal que tampoco ayuda a escurrir el agua excedente.

Ocho cuencas hidrográficas con cinco grandes ríos, cuyos caudales convergen hacia el lago Guaíba y cuya crecida superior a tres metros inunda la región metropolitana de Porto Alegre, que tiene 3,16 millones de habitantes. El sistema de protección, con 60 kilómetros de muros y diques y 23 estaciones de bombeo del agua de vuelta al lago, construido en los años 60 y 70, no operó satisfactoriamente, por falta de mantención, apuntó Menegat. Será necesario recomponerlo y fortalecerlo con nuevas tecnologías, evaluó.

El Guaíba, en una altitud promedio de 22 metros, tiene 50 kilómetros de extensión, con anchura variable de uno a 20 kilómetros. Como las aguas escurren lentamente por los dos lagos, la crecida en el lago dos Patos ocurre días después de la crecida de los ríos.

Las ciudades en sus orillas cerca del mar, como Pelotas (325.000 habitantes) y Río Grande (192.000), esperan mayor inundación en los próximos días, cuando el lago Guaíba empiece a bajar. La vuelta al nivel normal de los lagos puede demorar meses, según los especialistas. El aeropuerto de Porto Alegre, totalmente inundado desde el 3 de mayo, solo podrá reactivarse en septiembre, prevén las autoridades.

Un refugio para las personas que perdieron sus casas por las inundaciones en la región metropolitana de Porto Alegre. Las víctimas se acomodan en la cancha de básquetbol.  Hay familias que acamparon en las carreteras. Imagen: Joédson Alves / Agencia Bra

Factores del tsunami fluvial

Además de la topografía, un conjunto de factores contribuye a las inundaciones repetidas de la Región Hidrográfica del Guaíba, matizó Jorge Borbarotto, hidrólogo del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden).

En la actual oleada de lluvias contribuyeron los llamados “ríos voladores”, la humedad que viene desde los bosques amazónicos, pasando por Bolivia, Paraguay y el noreste de Argentina, apuntó a IPS por teléfono, desde la sede de Cemaden en São José dos Campos, a 100 kilómetros de São Paulo.

Además, a Río Grande do Sul es donde llegan los frentes fríos que hacen caer las lluvias. Uno de esos frentes agrava la tragedia local desde el 13 de mayo. La temperatura cayó a siete grados en Porto Alegre, después de casi un año de calor arriba de los 20 grados.

Los vientos son otro factor del drama, porque al soplar de sur a norte aumentan el nivel del mar. De esa forma, el agua del lago dos Patos no escurre, sino que al revés sube más, prolongando las inundaciones en las orillas de los dos lagos y el infortunio de millones de gaúchos.

 

*Periodista de IPS desde 1978,  escribió también para Cuadernos del Tercer Mundo y fue asistente de producción de filmes, donde trabajo con el célebre realizador luso José da Fonseca e Costa (1933-2015). Corresponsal de Inter Press Service en Brasil desde 1980. Es miembro de consejos y de asambleas de socios de varias organizaciones no gubernamentales.

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