Ago 11 2009
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Opini贸n

Javier Villasmil, opini贸n / Telesur perdi贸 el norte

Muchos hablan de Telesur pero pocos la ven. Hoy por hoy, su audiencia no pasa de 100 mil televisores prendidos a la vez incluyendo los de Venezuela. Un informe que reposa desde hace meses en las gavetas del Ministerio del Despacho de la Presidencia en Miraflores señala cómo, pese a lo mucho que se ha invertido en esfuerzo y dinero, Telesur llega hoy a muy poca gente. El canal, tiene un cuerpo hipertrofiado (no ha crecido sino que se ha ensanchado), y ha perdido credibilidad
 

En pocas palabras, se está matando el sueño de tantos latinoamericanos por incapacidad, por no creer en el proyecto original. "Si hubiera interés, queda tiempo para salvarlo.

Pero para ello hay que hacer efectivo el canal multiestatal latinoamericano, dotar de transparencia a todas las acciones, reconstruir un formato de decisiones colectivas, y recomenzar el trabajo en la penetración en América Latina, con alianzas estratégicas en los países para la difusión por señal abierta", plantea el polémico dossier.

Como corolario, se señala que para salvar a Telesur hay que hacer transparente la administración del canal y poner los recursos para el crecimiento del proyecto, no para su ensanchamiento y el enriquecimiento de unos pocos", concluye el informe.

El camino perdido

Telesur surgió como un proyecto estratégico orientado a "contrarrestar el mensaje hegemónico del Norte" mediante la creación de un canal multiestatal latinoamericano. La idea era cristalizar aquel sueño acariciado durante décadas por los comunicólogos de ofrecer la imagen y la voz de América Latina a todo el mundo, y, a la vez, ver el mundo desde una perspectiva propia.

Por primera vez se gestaba un espacio público multiestatal en televisión para difundir una realidad latinoamericana que era, en buena medida, invisibilizada o minimizada por los grandes medios de comunicación de los países desarrollados e incluso por los medios comerciales de la región.

Como señal alternativa Telesur dejó de repetir a los mismos mensajes e imágenes de siempre. Nuevos actores se fueron sumando a la pantalla, y aquellos que durante muchos años no habían tenido voz ni imagen comenzaron a informar y ser informados. Pero hoy poco queda del proyecto original que tenía dos vertientes: una, el canal, y la otra la Factoría Latinoamericana de Contenidos.

Hoy por hoy, muchos hablan de Telesur pero pocos la ven. La realidad es que no pasa de cien mil los televisores prendidos a la vez (incluyendo los de Venezuela) para ver algún programa del canal, salvo las dos horas diarias que se transmiten en Cuba.

Desde hace dos años se abandonó en la práctica la política de penetración en canales de cable y abiertos de América Latina y, en su lugar, se contrató con empresas españolas la difusión en Europa por costos exorbitantes sin garantía de audiencia alguna. La idea de convertir a Telesur en una empresa multiestatal
latinoamericana también fue frustrada: a cinco años de su creación, todavía sigue siendo una empresa estatal venezolana, y pareciera que no hay interés en que se convierta en multiestatal.

Quienes dirigen Telesur (sin participación de ningún Estado, salvo el cubano) no tienen interés en que se multinacionalice, porque, entonces, deberá presentar cuentas a varios Estados y las decisiones no serán verticales sino colegiadas y colectivas.

La razia de Izarra

De los pioneros de Telesur, quedan hoy muy pocos. El presidente del directorio del canal, Andrés Izarra, fue quitando a gestores del proyecto como Jorge Enrique Botero y Ricardo Font, en tanto que Ana de Skalon falleció. De la Junta original queda solamente el brasileño Beto Almeida. Los profesionales que llegaron de otras latitudes a sumarse al proyecto, también fueron siendo expulsados y hoy restan pocos.

Tras sacar del juego a Botero, Izarra dejó el cargo de Director de Información vacante por casi un año, cuando designó al cubano Armando Jiménez, un burócrata sin experiencia en materia de información, con total desconocimiento de los tiempos, las fuentes, el balance y la dinámica periodísticos, pero siempre de acuerdo con los cambios de opinión del presidente del canal.

Jiménez se dio a la tarea de sacar de la redacción de Telesur a todo aquel que tuviera calidad profesional, como William Parra, Marcos Salgado, Hernán Cano, Andrés Sallari, Pedro Hernández, Ernesto Navarro. Todos ellos siguen tratando de aportar al sueño de una comunicación alternativa, anti-hegemónica desde otros ámbitos.

Con los "amigos del sueño latinoamericano", el equipo fundacional de Telesur logró crear un Consejo Asesor, integrado por personalidades e intelectuales de América Latina, Europa y Estados Unidos, todos dispuestos a colaborar con Telesur de diferentes formas. Pero sólo se los reunió dos veces: la primera el día del lanzamiento de la señal y la segunda en mayo de 2007.

Nunca se le dio seguimiento a sus propuestas sobre contenidos, consultas, proyectos, colaboraciones. La proyectada Escuela de Formación John Reed, propuesta por este Consejo Asesor, fue dejada en el olvido, mientras se contrató a la empresa española Mediapro para hacer un diagnóstico del canal (entregándoles toda la información sensitiva) y dictar supuestos cursos de inducción a periodistas y editores, por enormes sumas en euros y viajes permanentes a las corresponsalias.

Así como existe un desdén de la Presidencia de Telesur hacia las personalidades e intelectuales del Consejo Asesor, coexiste la manipulación de la Junta Directiva (nombrada hasta ahora por el único accionista, el Minci en representación del Estado venezolano). Al no haberse creado la empresa multinacional, la Presidencia intenta que las escasas reuniones de la misma sirvan para avalar balances (del cual solo se conocen cifras finales) y medidas ya tomadas por Izarra.

La maniobra se concretó en enero de 2008, cuando prosperó el desplazamiento de Aram Aharonian coautor del proyecto del canal y fundador del mismo, de la Dirección General del canal y de Vicepresidencia del canal, para poner en su lugar a Yuri Pimentel, quien anteriormente había heredado de Izarra el cargo de ministro de
Comunicación e Información.

Sólo un copia

El proyecto de Telesur no trataba de hacer una CNN latinoamericana o de izquierda sino de revolucionar la televisión, con rigor periodístico, veracidad, calidad y entretenimiento, información y formación de ciudadanía.

Los documentos preparatorios de la televisora multiestatal investigaban sobre la identidad (diversa, plural) de los latinoamericanos, e identificaban algunas peculiaridades: la informalidad del latinoamericano, el uso coloquial del lenguaje y su sentido del humor.

Quien más debió adaptarse a estos mensajes alternativos, fue CNN en español. Pero la estación de noticias con sede en Atlanta fue más allá, y aprovechó la timidez y la falta de confianza de los directivos de Telesur en el proyecto propio. Telesur no aplicó su propia fórmula y sigue imitando el formato anglosajón de vestimenta y discurso. En cambio en CNN en español, los presentadores aparecen hoy en magas de camisa, conversan la información y hasta se dan el lujo de incrustar algún dejo de humor.

Ministerio de Propaganda

Desde la salida del canal, los aparatos administrativo y jurídico sembraron trabas para impedir un desarrollo del canal y el cumplimiento de los planes originales, tan vastamente difundidos antes de la salida al aire de Telesur.

La presidencia del canal confunde Telesur con el Minci (incluso tiene una especie de ministerio paralelo funcionando en el canal), la proyección de Telesur con el mercado local venezolano y el equilibrio informativo con la simple difusión de los mensajes del presidente Chávez, sin siquiera el necesario contexto.

Como en cualquier otro ente del Estado venezolano, en Telesur campea la burocracia, la corrupción, la ineficiencia, la ineficacia y el destrato al trabajador. Los trabajadores han denunciado en varias oportunidades (y muchos fueron perseguidos y botados por ello) que se recita socialismo pero se practica el más puro verticalismo capitalista.

Las decisiones se toman sin consulta a la Junta Directiva (que está formalmente integrada por representantes de los "socios", pero que no funciona). Hoy, Telesur tiene más de 530 empleados directos (en su mayoría de baja profesionalidad) , pero es incapaz de producir una sola hora de televisión, más allá de los informativos. Según los cálculos de expertos, sobran unos 200 trabajadores, sobre todo por elsobredimensionamiento de las áreas de apoyo.

Mientras, se han realizado verdaderas "purgas" y, precisamente, de periodistas de izquierda, nacionales y extranjeros. Los malos manejos administrativos se remontan al nacimiento mismo del canal, cuando el
teniente de fragata Raymond Palmero fungió como administrador (también fue directivo de VTV, donde se lo recuerda) e hizo una serie de contrataciones de obras con empresas de papel o sin experiencia, las que fueron avaladas por la Presidencia.

A Palmero lo sucedió su jefa, la capitan de navío Jagheima Garcés, que secuestró la administración e implantó sistemas de persecución laboral. Aun hoy nadie puede explicar la compra con sobreprecio del local de CMT (no hubo ninguna decisión de la Junta Directiva, sino que la hizo directamente el presidente aunque no tiene potestad para ello), que incluyó una serie de equipamiento que no coincide con la realidad. La remodelación de la obra llevó más de año y medio y tres veces el costo presupuestado.

La Procuradora dictaminó el sobreprecio (dicen que de más de seis millones de dólares), pero nunca llegó sanción alguna para tantas irregularidades, Estos malos manejos administrativos se traducen en demorar hasta la eternidad el pago a proveedores de contenidos e incluso a corresponsales y colaboradores, quienes en muchas oportunidades deben costear de su bolsillo algunas coberturas, para que la información llegue a tiempo. Con la reducción presupuestaria, llegó el cierre de corresponsalías.

¿Todavía hay chance?

Lo más grave de todo es que la gran mayoría (más del 80% en los informativos) de las imágenes que maneja Telesur son de dos transnacionales, Associated Press Television News (APTN) y de la agencia Reuters. También la agenda de imágenes la imponen desde el Norte. Hoy aquellos que dirigen Telesur no creen en ese proyecto democratizador, tratan de imitar y copiar el modelo de la CNN (en español), e incluso la información es primordialmente reactiva y dependiente de la agenda informativa y política que dictan en el Norte.

Mucho se habla de la necesidad de adueñarse de la tecnología para poder dar "la batalla de las ideas". Telesur adquirió desde el comienzo tecnología de punta (el sistema fue comprado al cuñado de Izarra, pero solo por casualidad), porque el desafío era no solo tener los equipos sino saber utilizar esas herramientas en la batalla de las ideas.

Todo se fue desvirtuando en una compra incoherente de equipos (en buena parte por catálogo), sin personal capacitado para usarlo y sin siquiera la seguridad de que fueran necesarios. Ahora la inversión es enorme en la tecnología tapeless (sin cinta)… Por ejemplo, se compraron todos los periféricos, pero se carece de un sistema de transmisión efectivo desde las corresponsalías, satelital y/o de fibra óptica.

En Telesur se perdió, hace tiempo ya, la mística necesaria para emprender un proyecto político de tal envergadura. Hay quienes sostienen que el proyecto original de Telesur se perdió, en manos de burócratas, ineficientes, ineficaces y, por qué no, corruptos (para usar la terminología bolivariana) .

Otros siguen creyendo que todos los problemas se vana a corregir y que hay que seguir adelante con una televisora que es hoy más una señal internacional de Venezuela que una multiestatal latinoamericana con presencia relevante en la región. Finalmente, algunos críticos señalan que la mejor etapa de Telesur fue la anterior a su salida, cuando la idea, el proyecto, fue ganando adeptos… y también enemigos.


Artículo publicado en la revista venezolana Tal Cual.

 

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