May 6 2022
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Literatura

Kintto Lucas: Guerra en Macondo

Cuando lleg√≥ a Macondo o a un lugar que se le parec√≠a, el √öltimo de los Locos record√≥ el caf√© en Tierra Negra y las conversaciones con el √öltimo de los Tontos, La Telegrafista, con las brujas, los ruise√Īores, El Monstruo del Agua, las hormigas, la Bruja m√°s Sabia.

Cuando tomamos una taza de café, no pensamos en el camino que recorrió por distintos lugares, ni en los hombres y mujeres que lo cultivan, pensamos en el aroma que invade el ambiente y en el gusto de saborearlo.

Si miramos a través de la borra del café, podemos ver que apareció en Etiopía donde las cabras alucinaban con sus frutos. Pero también se tomaba en Persia mucho antes. Cuando tomamos una taza de café, no pensamos que hay una historia detrás del intenso sabor que nos cautiva. Siempre hay una historia detrás.

El √öltimo de los Locos nunca pens√≥ salir de Tierra Negra, pero hay una historia detr√°s de su salida. Ahora en este lugar extra√Īo que dicen que se llama Macondo, describe otro lugar pensando en este, otra historia detr√°s de la historia.

Muchos a√Īos despu√©s, frente al Mar Mediterr√°neo, una mujer hab√≠a de recordar aquella tarde en que empez√≥ la guerra. Alepo no ten√≠a veinte casas de barro y ca√Īa brava como Macondo. Era una ciudad grande. La sangre se precipitaba por las calles ante el asombro de muchos que no encontraban respuestas.

Ahora, en esta balsa que se mueve en el mar como el zapato de un ni√Īo que ayer esperaba llegar a un sue√Īo, todas las preguntas empiezan con un por qu√©. La balsa y el zapato no son inventos de Melqu√≠ades. Flotan a pesar de que hay un im√°n escondido en el fondo del mar. El im√°n atrae a los seres humanos. La guerra no es un im√°n pero al igual que las cosas en Macondo tambi√©n tiene vida propia. Muerte propia.

Cuando a alguno se le ocurri√≥ despertar el √°nima escondida, un im√°n atrajo armas, bombardeos, escombros, sangre en el agua di√°fana. La guerra era tan reciente que parec√≠a no tener nombre. Todos saben que vino de alg√ļn lugar, pero ya no importa su nombre. Tampoco importa si Jos√© Arcadio encontr√≥ finalmente el oro o alguna armadura del siglo XV. Solo importan los miles de nombres en el mar, las balsas y los zapatos a la deriva. ¬ŅImportan? No importan.

El mundo es como un huevo prehistórico en el cual no importan las balsas y los zapatos, y mucho menos los nombres, o sea las vidas. Ustedes amigos, amigas, enemigos, enemigas, que miran el huevo por los noticieros de televisión sin pensar en los nombres, tampoco se salvarán del pelotón de fusilamiento de la culpa, con dioses o sin ellos, con juicio final o sin él… en Macondo y en cualquier lugar.

* Del libro ¬ęComo en Aquelarre¬Ľ.

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